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ıllı Bandas emergentes en Colombia


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salud  Bandas emergentes en Colombia 




Las Bandas emergentes en Colombia o bien bandas delincuentes emergentes (BACRIM) es el nombre que identifica a una serie de organizaciones mafiosas que operan en Colombia​ y que son una parte del conflicto bélico interno. Esta denominación fue concedida por el ex- presidente colombiano Álvaro Uribe, al fenómeno o bien reestructuración del crimen organizado,​ después de un proceso de desmovilización de prácticamente treinta y dos cero mil combatientes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), el fortalecimiento de la implementación de la política de seguridad democrática y la repercusión del narcotráfico.​

Las bandas delincuentes operan en todo el territorio nacional, si bien asimismo sostienen presencia en otros países como Venezuela y Panamá.​​ Sus aliados estratégicos son el ELN, la disidencia del EPL, la vieja guerrilla de las FARC, conjunto desmovilizado en dos mil diecisiete, y múltiples narcotraficantes,​​​​ debido a que su primordial actividad es el control sobre el tráfico de estupefacientes.​ Asimismo se tiene rastros sobre los vínculos con múltiples mafias mexicanas, entre aquéllas que figuran el Cártel de Sinaloa,​ y Los Zetas.​

Entre sus activares se halla el ataque, la extorsión y el rapto a la población civil y miembros de la fuerza pública.​​​ Al paso que otras de sus actividades obedece al reclutamiento forzado de menores de edad​ y el impuesto revolucionario, una modalidad extorsiva que busca la intimidación y el desembolso de dinero por la parte de mercaderes, empresarios y, en determinadas ocasiones, a compañías y empresas de distintos campos.​

A partir de Mayo de dos mil dieciseis, las bandas delincuentes pasan a ser llamadas por el gobierno colombiano como Conjuntos Armados Organizados (GAO) a través de la Directiva quince del Ministerio de Defensa Nacional, dando facultades a las Fuerzas Militares (Ejército, Armada y Fuerza Aérea) para combatir estos conjuntos tal y como si fuesen rebeldes, incluyendo bombardeos a campamentos de estas organizaciones.​ Previamente, el combate a estos conjuntos delincuentes era exclusivo de la Policía Nacional. Desde Noviembre de dos mil diecisiete las disidencias de las FARC, conjunto guerrillero que se desmovilizó con los pactos de paz firmados a fines de dos mil dieciseis, las que no se acogieron a estos pactos, son consideradas GAO´s por el estado colombiano; en consecuencia, las Fuerzas Militares están autorizadas a agredir y bombardear estos conjuntos disidentes.​

La conformación de estas agrupaciones paramilitares se dio a fines de dos mil seis, una vez que las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) pactaran un proceso de desmovilización a lo largo del orden del ex- presidente Álvaro Uribe Vélez.​ El quince de agosto de dos mil seis se desmovilizaron treinta y uno seiscientos setenta y uno combatientes, conforme un reporte de la alta concejería presidencial.​ No obstante, después de acabar con todo el proceso, múltiples ex--miembros de este conjunto se rearmaron de nuevo, con lo que comenzó una nueva avalancha de criminalidad común.​ Conforme la Organización de los Estados Americanos (OEA), la estructuración de estos conjuntos se dio por los efectos económicos convenientes del narcotráfico.​ Cerca de cuatro mil hombres se levantaron en armas, repartidos en 22 columnas, unas cantidades que se manejaron después de una serie de investigaciones y análisis por la parte de múltiples funcionarios de la fuerza pública.​ Por último, estas agrupaciones se expandieron durante todo el territorio colombiano, donde han llegado a operar en diecisiete departamentos y ciento cincuenta y dos ayuntamientos.​

A mediados de dos mil once, la conformación de las bacrim se redujo a menos de diez comandos armados: Clan Úsuga (conocidos hoy en día como el Clan del Golfo), Los Rastrojos, el Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia (ERPAC), las Águilas Negras, Los Paisas, la Oficina de Envigado y otras facciones menores como Los Machos y Renacer.​ Conforme la opinión pública y múltiples analistas del conflicto bélico en Colombia, las 4 primeras organizaciones eran consideradas las más esenciales y peligrosas en su instante, debido a su activar violento y la compleja estructura que las conforma.​​

 

Mafias del narcotráfico

Algunas organizaciones no gubernativos ( ONG) y la Organización de Estados Americanos (OEA) han descrito a las bandas emergentes como un híbrido entre mafias, y bandas de criminalidad común más relacionados con el narcotráfico que con el paramilitarismo.​ Ciertas de estas agrupaciones ejercitaron presión sobre múltiples aspirantes a lo largo de las Elecciones regionales de Colombia (dos mil siete), para infiltrar y corromper al Estado en todos y cada uno de los niveles y favorecer sus negocios ilegales.​

Un informe de la Misión de la OEA y Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia (MAPP) aseveró que las bacrim conminan a víctimas y desmovilizados de ciento cincuenta y tres ayuntamientos de Colombia, que procuran afianzar un corredor al servicio del narcotráfico con conexiones cara Panamá y Venezuela.​

Según el analista León Valencia, miembro de la Empresa Nuevo Arco Iris, las agrupaciones ilegales «destruyen el orden social para poder florecer (...) y allá está su gran peligro para la seguridad de los ciudadanos, por el hecho de que atacan a las instituciones, a los líderes sociales, a los políticos francos, a las familias unidas a los trabajadores organizados».​ Valencia aseveró que hay 3 géneros de bandas criminales: las emergentes, las de rearmados que tras desmovilizarse volvieron a las armas y al negocio; y las de disidentes, aquellos ex- paramilitares que se salieron del proceso del Acuerdo de Ralito o bien jamás desearon entrar.

Diversos campos políticos califican a las bacrim como «el nuevo contrincante y la mayor amenaza a la seguridad»,​ debido a que son conjuntos organizados, con fuerza armados, con capacidad para planear ataques. No obstante, el presidente de Colombia, Juan Manuel Beatos, no le aplica el título de conjuntos o bien organizaciones ilegales, por el hecho de que estas son controladas solamente por el crimen organizado.​

Las bandas delincuentes se extienden por múltiples ayuntamientos de Colombia, mas se calcula que se concentran más en ayuntamientos como Envigado, Tuluá y Villavicencio, situándolos como los ayuntamientos más peligrosos de país. Bandas Delincuentes, como la Oficina de Envigado, se dedica a extorsión y tráfico de drogas ilegales en Envigado, Antioquia, y es quien se encarga de una gran parte de la violencia en este ayuntamiento.​Tuluá, un ayuntamiento del Val del Cauca, figura entre los diez ayuntamientos más violentos de Colombia, sobre urbes capitales como Bucaramanga, Manizales, Ibagué, Popayán, Cinegética, Pasto, Neiva y Riohacha.​ En el año dos mil doce en la urbe de Villavicencio por hechos violentos murieron ciento setenta y cinco personas, conforme las autoridades de Colombia esta problemática se debe a enfrentamientos entres bandas delincuentes que operan en esa zona.​

Una de las zonas más disputadas y de mayor operatividad es el departamento de Antioquia, donde no solamente se delinque por el tráfico de drogas, sino más bien asimismo por la extorsión a empresas y negocios del departamento, aparte de las actividades de minería ilegal que hay en la zona.​ Entre múltiples facciones de los conjuntos guerrilleros, las Bacrim emplean estas coaliciones como una parte de su modus operandi, dado a que las guerrillas presentan un alto poder militar y económico, conforme las investigaciones de las autoridades.​ La extorsión a las minas ilegales que no están bajo el control de estas organizaciones juega asimismo un papel esencial en sus áreas de repercusión, pues los dueños y trabajadores de las minas están en la obligación de anular una cuota mensual, así sea para desarrollar la actividad o bien por el empleo de las maquinarias con las que se trabaja en la mina.​ Otras zonas con mayor repercusión son la Zona Caribe y Pacífica.​

En trescientos cuarenta y siete ayuntamientos del territorio colombiano operan los conjuntos ilegales, conforme un informe efectuado en dos mil doce por el Instituto de estudios para el desarrollo y la paz (INDEPAZ).​ El Clan Úsuga y Los Rastrojos eran reconocidas como las 2 grandes agrupaciones que han conseguido una expansión territorial considerable​ con más de mil novecientos noventa y mil seiscientos cincuenta efectivos respectivamente,​ con lo que el panorama de las bandas emergentes se había visto reducido a estas 2 primordiales organizaciones que han conseguido extender sus actividades a otros países vecinos como Panamá y Venezuela.​​ En estos lugares, los conjuntos disputan determinadas áreas, las que, sirven como sendas estratégicas por donde se procesan y trafican estupefacientes.​ El negocio del contrabando de gasolina, es otra modalidad que sirve como fuente de ingresos, una la tarea ejercida en la frontera entre Colombia y Venezuela.​ Hasta dólares americanos quinientos cero pesos se puede cobrar por el paso de una pimpina de hidrocarburos, debido al impuesto revolucionario.​ En los últimos tiempos, la banda delincuente de "Los Rastrojos" ha sido dezmada en número de miembros debido a la entrega voluntaria y/o atrapa de múltiples de sus miembros, entre ellos sus primordiales cabecillas: Los Hermanos Calle Serna (Luis Enrique y Javier Antonio), conocidos como los "Hermanos Comba" y Diego Pérez Henao, alias "Diego Rastrojo"; lo que dejó un vacío de poder en esta organización delincuente, que se ha ido desmantelando de forma lenta hasta contar a dos mil catorce con un tanto más de cuatrocientos miembros; situación aprovechada por el "Clan Úsuga", que ha reclutado a ex--miembros de los Rastrojos y Los Paisas para acrecentar su pie de fuerza en más de dos mil efectivos a dos mil catorce, más que la guerrilla del ELN, a pesar de la caída en dos mil doce de uno de sus primordiales líderes: Juan de Dios Úsuga David, alias "Giovanny".

Ante la inserción masiva de los conjuntos armados ilegales y el inminente activar violento, cerca de mil ochocientos actos delincuentes se cometieron hasta principios de dos mil doce,​ una cantidad que aumenta la crisis sobre el conflicto bélico en Colombia.​ La Empresa Nuevo Arco Iris (CNAI) señaló que las bacrim cometen mayor cantidad de actos violentos que exactamente la misma guerrilla: «las bacrim aportan más acciones ilegales y violentas que las guerrillas».​

El gobierno de Juan Manuel Beatos ha clasificado a las bandas delincuentes en 3 (tres) clases de estructuras:

    • Estructura Tipo A: Conjuntos que tienen repercusión en múltiples departamentos al mismo tiempo; tienen una organización definida, jerarquizada, con mandos de poder perceptible y especializado, aparte de una esencial infraestructura para infringir la ley. Solo estaría clasificado en este conjunto el Clan del Golfo, la banda delincuente más grande del país con más de dos mil miembros. El conjunto de Los Rastrojos estuvo clasificado un tiempo en esta categoría, mas con los golpes a su infraestructura y las atrapas de sus miembros por la parte de las autoridades, aparte de las deserciones de sus miembros a su antaño contrincante "Clan del Golfo"; fueron reducidos a pequeñas células que se desmantelaron con la atrapa y muerte de sus últimos jefes en dos mil dieciseis.

 

    • Estructura Tipo B: Conjuntos que tienen repercusión en determinada zona o bien departamento; su organización es menos jerarquizada, opera en ciertas ocasiones como redes de apoyo de otras bandas más poderosas como el Clán del Golfo y su radio de acción está limitado a territorios definidos. En este conjunto estarían clasificados 3 (tres) conjuntos delincuentes, cada uno de ellos entre cien y ciento cincuenta integrantes: Los 2 conjuntos disidentes del ERPAC (Bloque Meta y Bloque Libertadores del Vichada, reunificados bajo el nombre de Los Puntilleros, la que se desarticuló en dos mil diecisiete al atrapar a su último líder) y la disidencia del Ejercito Popular de Liberación (EPL); este último de origen rebelde, mas calificado como banda delincuente por su prácticamente exclusiva financiación del narcotráfico.

 

  • Estructura Tipo C: Conjuntos que tienen operatividad local; se identifican por tener un portafolio delincuente extenso y se llaman como bandas de “mercenarios” que prestan sus servicios al mejor pujador, incluyendo a otras bandas delincuentes, transformándose esta clase de estructuras como "enormemente peligrosas". En esta categoría se incluirían la Oficina de Envigado, la Constru en Putumayo, la Empresa en Buenaventura, la Cordillera en Pereira, Clan Pachencha en Santa Marta, entre otras muchas.​

 

Relaciones entre bacrim y guerrillas

Las bandas delincuentes emergentes o bien neoparamilitares, son redes delincuentes que hacen una parte de ejércitos privados que se formaron desde refugios de combatientes que no se desmovilizaron así como las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia, de desmovilizados reincidentes de dicha organización y de nuevos miembros reclutados en los últimos tiempos.​ En contraste a sus predecesores, no tienen de entrada una motivación antisubversiva, sino más bien de ejercer el narcotráfico,​ observar cultivos ilegales,​ cooptar rentas ilegales,​ invertir las ganancias en negocios legales y efectuar tareas de contrabando,​ desposeer de sus tierras a campesinos​ y hacer coaliciones con políticos corruptos para amedrentar y matar a sus opositores.​ Para lograr sus fines, se han aliado con sus viejos contrincantes como las guerrillas de las FARC (desmovilizadas en dos mil diecisiete) y ELN.​

La coalición entre bacrim y guerrilla obedece eminentemente a temas relacionados con el narcotráfico y las sendas de envío.​ Del mismo modo que los campos de la minería y el petróleo asimismo se ven perjudicados.​ Para finalizar, una nueva alianza en pos de nuevos intereses de tipo económico ha surgido como una alternativa: el contrabando. Cerca de dólares americanos doce cero cero cero cero de pesos se pierden anualmente en materia de contrabando y dólares americanos ochocientos ochenta y siete cero cero cero se han conseguido contrarrestar, conforme datos oficiales de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia (DIAN).​

Grandes líderes de las más esenciales estructuras paramilitares han sido capturados o bien abatidos. Uno de los casos más convocados es el de Diego Pérez Henao, conocido en el planeta delincuente como Diego Rastrojo, quien fuera uno de los narcotraficantes más peligrosos del país y líder de la bacrim Los Rastrojos.​ Pérez Henao fue capturado en el país vecino de Venezuela, después de una serie de operaciones ejecutadas por las autoridades venezolanas y colombianas. El ministro Tareck El Aissami declaró que la atrapa es una de las más esenciales en la historia de Venezuela y aseveró: «ha sido capturado uno de los hombres más buscados de Latinoamérica, no es cualquier jefe de las mafias que hemos capturado (...)».​ Tanto las autoridades, como el Gobierno de Colombia, lo estudiaban por cometer cerca de quinientos asesinatos, durante su largo historial delictivo, que se produjo a inicios de la década de dos mil.​

Mientras que el Gobierno de los USA ofrecía una recompensa de dólares americanos cinco cero cero de dólares estadounidenses por su atrapa,​ por vincularlo a los negocios del Cartel del Norte del Val, ser uno de los primordiales traficadores de drogas y ser el creador de Los Rastrojos.​ Asimismo presentaba una circular azúl por la parte de la Organización Internacional de Policía Delincuente (INTERPOL).​

Otra atrapa y siguiente extradición a los E.U. se dio en Medellín, después de que la policía realizase una serie de seguimientos al ex--paramilitar Luis Fernando Jaramillo Arroyave, conocido por el alias de Nano.​ Luis Fernando era señalado por múliples delitos, entre ellos, en la participación y siguiente fundación de la bacrim Los Paisas, en complicidad con otros individuos.​ Por tal motivo, el ex- jefe paramilitar se transformó en el primer alto mando de una banda emergente en ser extraditado a los U.S.A..​

Otros acontencimientos relevantes sucedieron en torno a las bajas de 2 reconocidos jefes narcoparamilitares: Juan de Dios Úsuga David, alias Giovanny, ex- jefe del Clan Úsuga y Pedro Oliviero Guerrero Castillo, alias Cuchillo, ex- jefe del Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia (ERPAC). El primero, miembro de un conjunto de delincuentes que previamente estaba al servicio del ex--paramilitar Daniel Rendón Herrera, conocido por Don Mario, que empezó las actividades de lo que se conoció después por la opinión pública colombiana como narcoparamilitarismo.​ La administración de Juan Manuel Beatos llegó a ofrecer una recompensa de dólares americanos dos con cinco millones de dólares estadounidenses por su atrapa,​ al paso que por Pedro Oliviero se entregaron dólares americanos cinco mil cero cero de pesos.​ Los dos fueron abatidos en enfrentamientos con las autoridades.

El reclutamiento indiscriminado de menores, una labor que sirve para expandir y ejecutar las actividades delictivas. La coyuntura económica y laboral del país, es uno de los primordiales factores a fin de que los jóvenes se vinculen, conforme múltiples investigaciones efectuadas.​ Para la Organización de las Naciones Unida (Organización de la Naciones Unidas) «(...) las Águilas Negras, el Erpac, Los Rastrojos, Los Paisas y el Clan Úsuga prosiguieron reclutando y utilizando menores para sus actividades delictivas».​ Si bien gran cantidad de jóvenes han sido liberados, las cantidades revelan que cuando menos dieciocho cero pequeños han conformado las filas de las bacrim,​ después de una investigación efectuado por ochenta estudiosos.​ Al paso que las fuerzas militares señalan que cerca de cien cero pequeños trabajan para los conjuntos emergentes, especialmente al Clan Úsuga.​ Las zonas donde se presenta un reclutamiento masivo son: Magdalena Medio, Golfo de Urabá, Macizo Colombiano y una gran parte del departamento de Antioquia.​

El Derecho internacional humanitario (DIH), como organismo interventor de la población infantil, manifiesta que las únicas 2 opciones viables para disminuir al mínimo la práctica son «la demanda y la capacidad del Estado de judicializar».​

 

Narcotráfico, extorsión y minería ilegal

Luego del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), las zonas donde se traficaban drogan quedaron literalmente descuidadas, con lo que múltiples guerrilleros por último decidieron seguir con los negocios.treinta y uno seiscientos setenta y uno combatientes se acogieron al programa de desarme, conforme un reporte de la alta concejería presidencial, mas poco después, cerca de trece cuatrocientos ex- guerrilleros decidieron reanudar las actividades del narcotráfico.​ Conforme con las palabras del ex- directivo de la Policía Nacional de Colombia, GeneralÓscar Naranjo, las bandas emergentes sostienen el negocio del tráfico de drogas como una de sus primordiales actividades, por el hecho de que «están supeditadas sus finanzas al narcotráfico».​ Conforme unas investigaciones efectuadas por el diario El Tiempo, las primordiales bacrim manejan cerca del cincuenta por ciento de la coca producida,​ una cantidad parcialmente alta, dado a que la guerrilla de las FARC manejaba el setenta por ciento de toda la droga producida y distribuida.​

La extorsión es otra de las actividades ventajosas ejecutadas por las bandas emergentes, «más de mil millones de pesos ganan las bacrim por extorsión» anualmente, en la zona fronteriza con Venezuela.​ Las actividades extorsivas no solamente se relacionan con el desembolso de grandes cantidades de dinero, las bacrim asimismo trafican otros productos como la gasolina y todo género de mercaderías comercializadas en guardes concretos.​ Al paso que el acoso y la intimidación a mercaderes, empresarios y ciertas empresas de distintos campos, asimismo representa una problemática para los ámbitos industriales.​​

Mención aparte se debe hacer con la minería de carácter ilegal, o sea, aquella que no está regulada por el gobierno colombiano; esta actividad ha ido ganando terreno en las finanzas de las bandas delincuentes desde el año dos mil diez más o menos. Esto dado a que las actividades relacionadas al narcotráfico han sido reducidas por la acción de la fuerza pública, lo que los ha obligado a localizar una fuente de financiación opción alternativa y también igualmente rentable. La minería ilegal, de forma especial la explotación de oro, aparte de la extorsión a los dueños de minas ilegales que no están al cargo de las bandas delincuentes, han sido esa fuente de financiación debido a los altos costos del oro en el mercado internacional, además de esto que los delitos por minería ilegal, en contraste a los relacionados con el narcotráfico, no son castigados de forma severa por la ley colombiana, aun en ciertos casos son excarcelables. De la misma manera que en el narcotráfico, el daño ambiental ocasionado por la explotación desmandada de estas minas ilegales es grave y también irreparable habitualmente, producto de la vegetación y fauna destruidas por acción de las máquinas retroexcavadoras para hallar el mineral en el subsuelo, además de esto que el mercurio y cianuro que se emplea para localizar el oro no se le da la predisposición conveniente, y acaban contaminando las fuentes de agua que alimentan la agricultura y pesca y que nutren los acueductos de veredas y ayuntamientos próximos a estas minas.​

Aunque brota como un activar menos usual que otros como el tráfico de drogas o bien la extorsión, múltiples atentados perpetrados por ciertas bandas emergentes brotan como una estrategia delincuente previamente empleada por las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). La policía establece que uno de los motivos por el que estas organizaciones al lado de la ley ejecutan atentados, obedece a un control territorial sobre otros conjuntos.​

A dos mil diecisiete, la enorme mayoría de estos conjuntos fueron disueltos, eliminados por la fuerza pública o bien limitados a determinadas zonas del país como la Oficina de Envigado, que concentran sus acciones en el Área Metropolitana de la ciudad de Medellín. Conforme informe del gobierno colombiano en dos mil dieciseis, solo el El Clan del Golfo tiene repercusión a nivel nacional.[80]​ Si bien su origen sean de conjuntos rebeldes, las Disidencias de las FARC establecidas en el sur del país (Guainia, Guaviare, Vichada y Nariño, entre otros muchos departamentos) y la del Ejercito Popular de Liberación (EPL) en el Catatumbo son consideradas bandas delincuentes y/o Conjuntos Armados Organizados, por la prácticamente totalidad de sus actividades ilegales relacionadas con el narcotráfico.






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