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ıllı Arquitectura de Colombia

salud  Arquitectura de Colombia 


<strong>Colombia</strong>Torres del parque, Bogotá.

Por arquitectura de Colombia se comprende la existente en lo que hoy día es territorio colombiano y la efectuada por arquitectos colombianos en el planeta. La arquitectura colombiana ha tenido multitud de influencias y manifestaciones, primordialmente por la arquitectura de España, a lo largo de la temporada de la colonización de España en Colombia.

La arquitectura colombiana se divide en los periodos de arquitectura indígena, colonial (religiosa y militar), de siglo XIX, republicana (mil ochocientos ochenta-mil novecientos treinta), de transición (mil novecientos treinta-mil novecientos sesenta), modernista (mil novecientos setenta-dos mil quince) y actual (dos mil quince -presente).​

En el periodo prehispánico se resaltan la utilización de materiales naturales y/o caducos, propios del sitio de ocupación, y las distintas formas de morar durante este periodo, por este motivo se opta por dividirlos en cuatro niveles; para el establecimiento de los diferentes “estadios culturales” que se pueden reconocer en el territorio colombiano, se adoptó el esquema propuesto por el antropólogo Gerardo Reichel-Dolmatoff​que distingue, en general, 4 niveles básicos, los que son:

 

Nivel Paleoindio

Correspondiente en América al paleolítico, caracterizado por la existencia de conjuntos nómadas de cazadores y colectores, periodo en el que se da la manera de residencia más primitiva encontrada en territorio colombiano, la que consistió en la utilización de los abrigos rocosos naturales o bien grutas, que servían de residencia temporal o bien estacional a los pequeños conjuntos tribales que se alojaban en ellas a forma de campamentos de cacería de animales como venados y roedores, la recolección de frutos y de caracoles y gasterópodos de tierra firme que completaban la dieta básica. La estructura de ocupación consistía, en una zona del fogón, otra zona destinada a la fabricación de instrumentos de piedra para la cacería, y otra zona cara el exterior del abrigo, probablemente destinada a otras tareas como la preparación de presas de cacería, arreglo de pieles y madera y asimismo talla de piedra. La basura se tiraba en una zanja al exterior del abrigo, que se fue rellenando con el tiempo. El yacimiento arqueológico de Tequendama, es el ejemplo más evidente de este periodo.​

 

Nivel Formativo

Caracterizado por la transformación de una vida tribal nómada, a conjuntos sedentarios tribales, causados por la aparición de la agricultura de raíces, la domesticación de animales y la realización de las primeras cerámicas, la casa comunal fue probablemente la primera forma propiamente arquitectónica de residencia, pertinente probablemente a este periodo, amoldada al medio circundante, está construida con materiales de la zona, por norma general madera y palma. Su duración puede ser de unos diez a quince años. La manera de su planta puede cambiar entre circular, ovalada o bien cuadrangular y su tamaño depende del conjunto y del avance en tecnología aplicado en su construcción.​

La urbe perdida, de la cultura Tayrona, compuesta fundamentalmente por terrazas y prevalencia de la piedra como material.Aldea Kogui actual, lo más próximo a la representación de una casa de la temporada precolombina.

 

 

Nivel de Cacicazgos

Se trata de conjuntos parcialmente abundantes que dominan el territorio equivalente a una hoya hidrográfica, sus asentamientos pueden cambiar de casas apartadas a aldeas agrupadas que tienen relación entre sí y que se reconocen como pertenecientes a una misma cultura, caracterizados por el manejo de cultivos estacionales, la creación de jerarquías, produciendo la aparición de familias que ejercitan el control social, económico y religioso, como la organización de la población en oficios especializados: ceramistas, orfebres, militares, sacerdotes, tejedores, etcétera Este desarrollo social está asociado a el resto expresiones culturales: una porcelana más rica, a veces estatuaria, prácticas funerarias más complejas y, obviamente asimismo, formas arquitectónicas más elaboradas, como son los casos de los hipogeos de la cultura de Tierradentro y la necrópolis de San Agustin.​

 

Nivel de Federaciones de Aldeas

Es un estadio superior al de los cacicazgos, con estructuras de clases distinguidas, comienzos de capacitación del estado y dominio de un amplio territorio, esto al semeja solo fue alcanzado por las etnias Tayrona y Muisca, en paralelo a las otras etnias que todavía se hallaban en el nivel de cacicazgos, y que fue interrumpida por la conquista de España.

La urbe perdida, de la cultura Tayrona, compuesta por conjuntos de terrazas inter conectadas por caminos que se alternan con zonas libres probablemente empleadas para los cultivos. Una red de desagües encauza el agua que se desliza por las terrazas y los caminos, eludiendo la erosión. Se hallan igualmente en diferentes lugares estratégicos, puentes, aljibes, escaleras y basureros, mostrando una entendimiento arquitectónica más avanzada; las terrazas cambian en forma y tamaño, lo que insinúa diferencias de empleo y jerarquía; mientras que la mayor parte de las terrazas están apartadas y tienen un solo anillo interior, ciertas están entrelazadas y poseen conjuntos de dos o bien tres basamentos de construcciones. Las terrazas con cuatro o bien más basamentos, corresponden a anillos grandes y atípicos. los descubrimientos dan a conocer que el patrón más extendido era el de residencias circulares de madera sobre zócalos de piedra, muy semejantes, probablemente, a las residencias de los Kogui actuales.

Los muiscas, edificaban sus casas usando como primordial material la caña y el barro para hacer las tapias llamadas bahareque, estas unas cónicas y otras rectangulares. Las primeras consistían en una pared en círculo hecho de palos sepultados como pilares más fuertes sobre los que se mantenía de lado y lado un doble entre tejido de cañas cuyo intersticio era tupido de barro. El techo era cónico y cubierto de pajas aseguradas sobre encallas. Tanto las construcciones cónicas como las rectangulares tenían puertas y ventanas pequeñas, estas edificaciones conformaban grandes aldeas, siendo lo más próximo a una urbe por sus dimensiones y organización.

Las edificaciones levantadas por los españoles en tierras americanas proseguían los principios edificantes y tipológicos de la metrópolis, adaptándolos aproximadamente a las condiciones del sitio y a su función en un medio natural, social y económico diferente. Las iglesias, con su lenguaje espacial de naves, capillas, cúpulas, bóvedas y campanarios, seguían la tradición establecida desde los principios de la cristiandad, aplicando en la composición de estos elementos los principios renacentistas y más tarde barrocos actuales en España. En lo que se refiere a la arquitectura familiar, las casas neogranadinas, construidas como estancias en torno a uno o bien múltiples patios, reflejaban no únicamente la proveniencia andaluza o bien extremeña, en su mayoría, de los conquistadores, sino más bien al tiempo la herencia árabe y, ya antes que esta, romana y griega de las casas de dichas zonas peninsulares. Merece la pena apreciar, como lo asevera el arquitecto técnico y también historiador Germán Tellez,​ que los componentes de la arquitectura familiar urbana del sur de España se hallan tanto la arquitectura familiar urbana como en la rural de la Nueva Granada; en balde –afirma Tellez–, se deben buscar los antecedentes de esta última en las casas rurales de Andalucía o bien Extremadura, pues los modelos de explotación agrícola de las haciendas en las que dichas casas se asentaban eran fundamentalmente diferentes. Las peculiaridades de la arquitectura colonial neogranadina están marcadas por su condición de colonia con una economía de subsistencia, donde la explotación de oro y plata no jugó el esencial papel que tuvo en Nueva España (México) o bien Perú, joyas de la corona de España. Esto se hace patente en la comparativa sobriedad de las testeras de las catedrales de Santa Fe (Bogotá), Popayán o bien Cartagena, donde los recursos no daban para la magnificencia de las testeras barrocas de sus pares en la ciudad de Lima, México o bien Puebla. Digno de mencionarse, entre los arquitectos de este periodo, son el alemán Simón Schenherr quien edificó iglesias de estilo barroco como la de los jesuitas en Cartagena de Indias y la iglesia de La Encarnación en Popayán. Del mismo modo se resalta el mestizaje arquitectónico propio de la temporada, representado en la Catedral Basílica Metropolitana Santiago de Tunja, es la iglesia catedralicia de culto católico más vieja de Colombia y de estilo Gótico Isabelino.

 

La urbe colonial

Al igual que en el resto de la América hispánica, los conquistadores llegados al Nuevo Reino de Granada crearon gran cantidad de urbes en un anhelo de supervisar de manera rápida el territorio, de forma que la mayoría de estas poblaciones ya estaban fundadas para cuando Carlos II decretó la Colección de las Leyes de los Reinos de Indias en mil seiscientos ochenta, en las que aparecían detalladamente las medidas y formas que debían continuar los trazados urbanos, como todo lo que respecta a su gobierno. Sin embargo, ya en mil quinientos cuarenta y dos, Carlos I había decretado, en las Leyes Nuevas su Instrucción y reglas para poblar. Código para todas y cada una de las colonias y Felipe II en mil quinientos setenta y tres había expedido ordenanzas bajo el título de El orden que se tiene que tener en descubrir y poblar; estas son consideradas el primer código de urbanismo de la Edad Moderna.​

De esta forma, las urbes fundadas a lo largo de la Conquista y la Colonia en la Nueva Granada prosiguen, en mayor o bien en menor medida, las reglas expedidas desde la metrópolis arriba citadas, lo que se patentiza en especial en los Conjuntos Monumentales de Popayán, Tunja (al estilo castellano manchego), Pamplona y Villa de Leyva. Esto queda evidente en su trazado común, formado por manzanas cuadradas organizadas en una cuadrícula cuyo centro era la plaza mayor, sobre la que se edificaron el templo católico y demás edificios del poder religioso y civil. Las residencias de los conquistadores y demás personas que los acompañasen se situaban sobre la plaza o bien en las manzanas lindantes, apartándose de la plaza conforme descendiesen en rango y también relevancia.

La arquitectura colonial, en sus técnicas más retrasadas, se alargará en un inicio por largas décadas, hasta principios del siglo XIX, que va a estar marcada por el proceso de Independencia de Colombia, y el establecimiento de una república liberal; siguiente a estos echos las continuas guerras civiles, produjeran un cómputo económico negativo; en estas circunstancias va a haber poquísimo dinero para edificar, aun se presenta un retroceso técnico por la desaparición de maestros, carpinteros y arquitectos españoles. Para mediados del siglo se habían perdido ya las tradiciones edificantes y artísticas de finales de la Colonia y es preciso reiniciar este proceso educativo con arquitectos traídos del exterior. Una de las labores específicas que se confiaron en los diferentes contratos a arquitectos era la de adiestrar obreros y maestros en el arte de edificar. El incremento demográfico de la república se concentró en los campos, incluso de esta forma, el sistema de ocupación territorial en los campos colombianos es dual: por una parte, seguirá y se diversificará el sistema de haciendas y por otro, se formarán pequeñas poblaciones con habitantes que trabajan en los campos alrededores, fundando poblaciones nuevas.

Precisamente por estas condiciones, las pocas obras arquitectónicas de alguna extensión que se acometen van a estar marcadas por un muy, muy alto grado de significación, en su mayor parte efectuadas por extranjeros. El Capitolio Nacional, se transformará en la obra arquitectónica más esencial del siglo, por su valor significativo para la nueva república, la Catedral Primada, la Catedral de la ciudad de Medellín, el panóptico el día de hoy Museo Nacional, fueron otras de las pocas obras que se afianzaron en esta temporada.

El siglo veinte significó un cambio radical en las tendencias del arte y la arquitectura. El surgimiento de la arquitectura moderna se caracterizó por una rotura entre el academismo y los jóvenes arquitectos de principios de siglo. Los primeros enseñaban en las escuelas de preciosas artes fomentando la preservación y el empleo de los estilos tradicionales y los segundos veían en la industrialización y las nuevas tecnologías un potencial enorme para desarrollar nuevas formas de expresión y pensamiento.La arquitectura debía redefinirse en la era industrial y crear un estilo para el siglo veinte, basado en los desarrollos tecnológicos de construcción y usando nuevos materiales como el específico armado, acero, vidrio y materiales sintéticos; el paso de lo artesanal a los procesos industriales de producción debía sentar las bases para una forma nueva de expresión.

Un hecho esencial marcó el enfrentamiento entre las 2 tendencias y el nacimiento oficial de la arquitectura moderna, este fue el Concurso para el Palacio de las Naciones en Ginebra en mil novecientos veintisiete. La participación fue muy significativa, se presentaron trescientos sesenta y siete proyectos. El arquitecto técnico suizo-francés Le Corbusier en un inicio consiguió el primer puesto, mas la corriente del academismo consiguió quitarle su sitio. Se desarrollaron los planos del proyecto por la academia, mas para contestar al programa copiaron el proyecto de Le Corbusier. A causa de este escándalo nacieron los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna – “CIAM”, en el castillo de la Sarraz en mil novecientos veintiocho.

Le Corbusier, así como otros arquitectos como Walter Gropius y Ludwig Mies Van der Rohe, entre otros muchos, propusieron y plasmaron los principios esenciales que debían regir la nueva arquitectura. Entre ellos se distinguen el rechazo de los estilos arquitectónicos tradicionales, el funcionalismo, entendiendo que los materiales y los requisitos funcionales determinan el resultado de la obra, una arquitectura sin ornamentación y basada en formas puras, espacios concebidos con plantas libres y movimiento; estructura y materiales perceptibles, entre otros muchos.

La modernidad y sus ideas revolucionarias llegaron por último a Colombia. Esta transición cara lo moderno se empezó en la década de los años mil novecientos treinta, donde ciertos arquitectos como Carlos Martínez y el alemán Leopoldo Rother, entre otros muchos, comienzan a introducir estos conceptos en su ejercicio profesional. La arquitectura desarrollada en la ciudad de Bogotá, por ser la capital, es de suma importancia y también repercusión, primordialmente por el hecho de que en ella se centralizaba la toma de resoluciones sobre la construcción y diseño de las construcciones públicos en el resto del país.

Adicionalmente, la Universidad Nacional de la ciudad de Bogotá, jugó un papel esencial en la capacitación de los arquitectos, por un lado con la creación de la capacitad de arquitectura en mil novecientos treinta y seis y con la orientación de ciertos de sus profesores europeos como Bruno Violi y Leopoldo Rother, grandes impulsores de los principios modernos. El campus de la urbe universitaria fue un caso estimulante para los estudiantes de arquitectura. La generación de arquitectos formada entre las décadas de mil novecientos cuarenta y mil novecientos sesenta, se graduaron prácticamente todos de esta corporación y más tarde fomentaron en todas y cada una de las zonas del país los nuevos postulados y caminos de la arquitectura moderna mundial.

Las décadas de los años mil novecientos cincuenta y mil novecientos sesenta fueron un periodo excepcional de la arquitectura colombiana, de una producción fecunda y también renovadora, arquitectos como Rogelio Salmona, Guillermo Bermúdez, Germán Samper Gnecco, Dicken Castro, Gabriel Serrano, Rafael Esguerra, Fernando Martínez, Hernán Vieco, Manuel Lago, Raúl Fajardo y firmas como Cuéllar, Serrano Gómez, Pizano, Pradilla y Caro; Esguerra, Sáenz y Samper, Lago y Sáenz hacen una parte de la generación de jóvenes arquitectos colombianos que impulsaron y definieron la arquitectura moderna en el país.

El legado que esta generación ha dejado en el país es de suma importancia, representa un instante histórico particular que respondió entre otras muchas cosas a las necesidades y realidad del país, eminentemente por el desarrollo desmedido de las urbes, debido a las migraciones que se dieron a causa de los sucesos políticos y sociales derivados del nueve de abril de mil novecientos cuarenta y ocho.

En la actualidad se puede mentar una nueva generación de esenciales arquitectos como Simón Vélez, quien emplea la guadua como componente arquitectónico principal y Daniel Bermúdez con múltiples edificios públicos y en centros académicos.


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