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ıllı Huelga Ferroviaria de Tolosa de 1896 wiki: info, historia y vídeos


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salud  Huelga Ferroviaria de Tolosa de 1896 


wikiEstación Ferroviaria de Tolosa

Huelga ferroviaria de Tolosa de mil ochocientos noventa y seis da inicio a la llamada “Huelga Grande” o bien “Huelga Monstruo”, esto es a una huelga de carácter general, que se genera entre los meses de agosto y noviembre del año mil ochocientos noventa y seis, puesto que esta huelga se empieza en los talleres ferroviarios de diferentes zonas y provincias mas asimismo se expande a otras actividades de la producción.Los primordiales reclamos de los obreros ferroviarios de Tolosa consistían en la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas de trabajo con exactamente el mismo sueldo que recibían al trabajar diez horas, la supresión del trabajo por pieza, la suspensión del trabajo los días domingos, y el pago doble por horas excepcionales. Sin existir un sindicato ferroviario a nivel nacional, el enfrentamiento consiguió extenderse durante más de tres meses a múltiples provincias -entre ellas Buenos Aires, santa Fe y Córdoba-. Y aunque los diferentes talleres y gremios, no solo ferrocarrileros sino más bien como ya afirmamos de diferentes actividades productivas eran muy, muy diferentes entre si, puesto que cada uno de ellos tenía diferentes demandas y inconvenientes y no todos tenían una tradición manifestante, no obstante todos tenían como fin exactamente el mismo reclamo: la reducción de la jornada de trabajo, normalmente a ocho horas y la abolición del trabajo a destajo.Esta huelga general encara a uno de los capitales extranjeros claves del modelo agroexportador: las compañías ferroviarias inglesas instaladas en el país, que contaban con el respaldo de los gobiernos nacionales.



Contextualización


La Huelga ferroviaria de Tolosa de mil ochocientos noventa y seis se anota en un contexto de la expansión capitalista, la que traía aparejada distintas tensiones asociado-económicas realmente fuertes.


Tras la primera gran crisis capitalista internacional, iniciada en mil ochocientos setenta y tres, dio inicio un periodo de mayor simbiosis entre las economías “desarrolladas” y “subdesarrolladas”, acompañado por grandes migraciones desde distintas unas partes de Europa cara el continente americano; aproximadamente incesante hasta la Primera Guerra Mundial. A mediados de la década de mil ochocientos noventa, la inmigración había alcanzado en Argentina uno de los puntos más altos de la historia. Privados del acceso a la tierra, la mayor parte de los recién llegados debía resignarse a un empleo en el estridente conjunto de talleres y factorías de diferente extensión, dedicados esencialmente a la producción y reparación de recursos de consumo o bien la provisión de diferentes servicios requeridos por la población, continuamente en incremento. Las experiencias de los trabajadores fueron de lo más variadas; sin embargo, existían fluidos vínculos entre los diferentes conjuntos, normalmente potenciados por la opresión a la que eran sometidos por los gobiernos oligárquicos, o bien por la inestabilidad laboral de la temporada.


En el marco de una industrialización elemental, sumada a esa expansión demográfica estimulada por la inmigración; la situación de la explotación y marginación era un medio de proliferación de cara al desarrollo de una experiencia y una acción colectiva de los trabajadores. Se sumaban a esto ciertas ideas que muchos de ellos traían consigo desde el Viejo Continente, (esencialmente ácratas y socialistas), que formaba un marco de pensamiento a través del que encauzar su descontento. Por último, la experiencia compartida se consolidaría en un proceso de agitación manifestante que, desde mil ochocientos setenta y ocho, no dejaría de medrar. Alcanzaría un récord histórico en mil ochocientos noventa y seis, con esta primera huelga sectorial general de Argentina.


Inicio de la huelga y expansión del conflicto


El desencadenante del enfrentamiento tuvo lugar el día ocho de agosto, en el momento en que una comisión obrera de los talleres de Tolosa presentó frente a la gerencia del Tren del Oeste sus demandas. Los encargados que se presentaron a la patronal, Mansera Herrero y Echevarria, eran los primordiales líderes de la “Sociedad de Mejoramiento de los Obreros de Tolosa”, donde se reunían los activistas de los talleres de esa localidad, que contaba con su local situado en la calle 1 entre treinta y cinco y treinta y seis y estaba muy relacionada con el Partido Socialista. La patronal rechaza las demandas efectuadas por los trabajadores, y a consecuencia de este rechazo, el día nueve los obreros se reúnen en reunión en su local, y deciden declararse en huelga desde el día después.


Por lo tanto, el diez de agosto de mil ochocientos noventa y seis, día en que empezó la huelga, “(t)odos los obreros, sin quedar uno solo, abandonaron el trabajo”. Sumaban setecientos cuarenta trabajadores, que además de esto contaban con buenos recursos y firmeza:

Los manifestantes no volverán al trabajo hasta tanto la compañía no acceda a sus demandas y cuentan con capital suficiente para mantenerse un par de meses sin precisar trabajar, contando no solo con recursos propios sino más bien asimismo en caso preciso con los que le han ofrecido diferentes sociedades obreras de la capital federal (El Mercurio, once de agosto de mil ochocientos noventa y seis).Diario El Mercurio - ocho de agosto de 1896

Los trabajadores sabían que para sostenerse en huelga y que esta consiga éxito precisaban una acción conjunta y de ahí que se pide la solidaridad de los compañeros de todos y cada uno de los talleres ferroviarios de la República, mediante la capacitación de comisiones que se ocuparon de dirigirse a los talleres de diferentes zonas como los talleres Solá en el Distrito Barracas, los talleres de Caballo y los existentes en Rosario, y repartir manifiestos que los invitaban a participar en la huelga. Se consideraba precisa la extensión de la huelga para eludir que se deriven reparaciones a otros talleres o bien se manden obreros rompehuelgas. Ese día se unen a la huelga los ajustadores del taller del Tren Oeste.


Para el doce de agosto empieza el contagio de la huelga, puesto que los obreros de estos talleres se solidarizan con sus compañeros de Tolosa y adhieren a la huelga. Al poco tiempo, la medida se robustece y se expande cada día como a los talleres de los Trenes Sur, Oeste, Buenos Aires, Ensenada, Rosario, Córdoba, etcéteraEste movimiento huelguístico se generó sin tener una organización nacional que nucleara sus fuerzas, y las escasas organizaciones sindicales existentes empezaron a relacionarse, buscando darle dirección y unificación al reclamo frente al enfrentamiento, llegando a formar un Comité Mixto integrado por manifestantes de los diferentes talleres. El veintidos de agosto un esencial despliegue policial no atemoriza a los manifestantes, que se hallan poco a poco más robustecidos por la extensión de la queja a lo ancho y largo del país. Otros campos de trabajadores vinculados al tren, como las cuadrillas de mantenimiento, enganchadores, cambistas y peones de la estación, se pliegan con sus reivindicaciones. Con el fondo de huelga se asegura el comestible preciso para mantener la adhesión de las bases.


Las empresas solicitan ayuda al Estado, puesto que la huelga ponía en riesgo el circuito de la producción y comercialización. Con el trascurso de los días la agitación no se limitó a los trabajadores calificados de los oficios técnicos y mecánicos sino se extendió a otros gremios, poniendo de manifiesto un “efecto contagio”. Cada gremio y taller se reunía en reuniones donde redactaban los petitorios con sus demandas y organizaban comisiones de encargados para conectarse con todos y cada uno de los campos.


Divisiones y ofensiva patronal


Para el cinco de septiembre, los manifestantes prosiguen firmes en sus demandas, alén de que el gremio de maquinistas y foguistas, que se había lanzado al paro, levantó la medida por haber logrado sus objetivos: reducción de la jornada, pago mayor por horas extras y incremento de sueldos. Los patrones apostaban con esta división a doblegar a los obreros de paro. Mientras, se generaban boicots en diferentes puntos de la red ferroviaria. “Sin novedad. Los obreros prosiguen de paseante en corte y los talleres en pleno silencio” (El Mercurio, veinticuatro de septiembre de mil ochocientos noventa y seis), era todavía la situación pasando mediados de septiembre.


Ante la intransigencia obrera, la gerencia empieza una campaña de contratación de rompehuelgas. Por fuerza van a ser extranjeros, puesto que es bastante difícil lograrlos en el país por la adhesión que consigue la medida y asimismo por los altercados que se provocan en Junín y Campana. Los ferroviarios no eran los únicos trabajadores en enfrentamiento en la zona, en tanto que por diferentes reivindicaciones otros gremios realizaban quejas si bien no de tanta magnitud: telefónicos, barrenderos, dependientes de almacén y empleados del correo. La opresión estuvo presente en toda la huelga.


Represión y desgaste


A principios de octubre la policía penetra en una asamblea de obreros del tren en Tolosa, deteniendo a múltiples y buscando provocar, según lo que parece, contestaciones violentas por la parte de los manifestantes. Recién el diecinueve de octubre se genera el primer hecho violento registrado en la zona, cuando ciertos obreros deciden regresar a los talleres:

Los recalcitrantes que piensan que la ociosidad que se deparan debe eternizarse, en conocimiento del hecho se prepararon a molestar aquel propósito, resultando un choque que costó a un contramaestre de la herrería de los citados talleres, una herida en el cráneo, proeza que hace doblemente vituperable la conducta de los manifestantes, puesto que la víctima es un anciano. La policía aceptó desde aquel instante la actitud que le correspondía, reduciendo a cárcel a treinta los perturbadores del orden (El Mercurio, veinte de octubre de mil ochocientos noventa y seis).

El movimiento ascendiente de la movilización obrera se sostuvo a lo largo de todo el mes de agosto y en los primeros días de septiembre mas, no obstante, cara mediados de ese mes el punto más alto de la conflictividad había pasado, puesto que múltiples gremios se retiraron de la huelga y volvieron a trabajar, y además de esto ya prácticamente no se sumaban al enfrentamiento nuevos trabajadores. Este debilitamiento que se generó en la segunda mitad de septiembre se debe a la opresión efectuada por el gobierno y asimismo a la imposibilidad material de proseguir con la huelga, en tanto que los trabajadores en sus hogares vivían una situación realmente difícil. Aparte de la opresión, los empresarios se ocupaban de armar listas con los nombres de los trabajadores que se consideraban como los “cabecillas” y también impulsores de la movilización en sus respectivos talleres, para asegurar de que ninguna otra empresa los contratase.


Los obreros que prosiguieron con la huelga eran los pertenecientes a los talleres mecánicos y ferroviarios, que habían dado comienzo al enfrentamiento y se sostendrían en esa situación durante más de un mes. Después de más de dos meses de huelga, se empiezan a apreciar signos de desgaste y división. De todas y cada una formas, el paro se mantiene en Tolosa hasta el diez de noviembre, cuando se levanta sin haber podido lograrse ninguna de las demandas que la motivaron. La prensa local, transformada en uno de los actores del enfrentamiento, registra además de esto los movimientos persecutorios patronales, que venían siendo ya proclamados por la Unión Industrial Argentina viendo que la creciente conflictividad laboral que se iba generando en todo el país:

El día de ayer asieron sus herramientas cuatrocientos cincuenta obreros y si el número no fue mayor es pues los cabecillas y exaltados fueron rechazados, quedándoles cerradas las puertas de los talleres de todas y cada una de las compañías de tren, que han hecho causa común para precaver la reiteración de estos trastornos (El Mercurio, once de noviembre de mil ochocientos noventa y seis).

Los trabajadores de los talleres de Solá son los únicos que sostienen la resistencia hasta el final, mas la llegada de quinientos obreros italianos desgastó su resistencia puesto que conminaban su puesto.


Pocos días después, el gerente del tren del Sud anunciaba que:

El día lunes “tocaría el pito normalmente” a fin de que los trabajadores que deseen presentarse generalmente con el viejo horario lo hagan (LP, 12/1896).

Consecuencias de la huelga


Si bien la huelga concluyó en una derrota, en lo inmediato tuvo un esencial impacto en ola de huelgas que se desató en la capital del país en la segunda mitad del año mil ochocientos noventa y seis, siendo la mayor de todo el fin de siglo.Cobró por instantes asimismo rasgos de 'huelga general' puesto que arrastró tras de sí a sindicatos de otros oficios e inclusive a zonas enteras como el distrito de Barracas. No obstante a nivel local la huelga transcurrió con un ritmo propio, y por este motivo puede aparecer abriendo y cerrando un ciclo mayor de quejas obreras.


Aunque no fue la primera huelga que llevaron adelante, quedó como un jalón de lucha fundante para la tradición de los trabajadores ferroviarios a lo largo de décadas, siendo además de esto la Seccional Tolosa la que desata la enorme huelga ferroviaria a lo largo de fines de mil novecientos cincuenta y principios de mil novecientos cincuenta y uno, contra las medidas del gobierno de Juan Domingo Perón.


Suele vincularse asimismo a la extensión de la lucha, el siguiente traslado de los talleres ferroviarios a Liniers, lo que repercutió en el vaciamiento y abandono de estos enormes y pertrechados talleres en mil novecientos cinco. Tal vez deba ponderarse asimismo el descalabro del proyecto portuario platense en frente de la hegemonía del puerto de la ciudad de Buenos Aires.


Pero además de esto, la huelga tuvo un papel esencial en el proceso de conformación de la conciencia de clase de los trabajadores de la urbe, y hasta determinado punto del país. La huelga de mil ochocientos noventa y seis concluyó un proceso empezado en mil ochocientos ochenta y cuatro-mil ochocientos noventa y cinco, a través del que los trabajadores de diferentes oficios empezaron a afianzar sus nudos comunes y su identidad como “trabajadores”. La huelga dañó a un campo poderoso de la burguesía nacional que ahondaba su política anti obrera, demandando la intervención represiva del Estado, y trayendo de Europa un sinnúmero de trabajadores para reemplazar a los manifestantes. Asimismo redactaban proyectos de leyes que fomentaban la expulsión de los “cabecillas extranjeros”. Estos proyectos, desembocaron pocos años después en la sanción de la Ley de Vivienda.



  1. ?Lobato y Suriano, Mirta Zaida y Juan (dos mil seis). Atlas Histórico, Nueva Historia Argentina. Editorial De Sudamérica. ISBN 9789500717175.
  2. ?«Los socialistas y la huelga grande de mil ochocientos noventa y seis. Rastros para el análisis de una crisis de representación.». Consultado el diecinueve de octubre de dos mil diecisiete.
  3. ?«Huelga Ferroviaria de Tolosa mil ochocientos noventa y seis.». Consultado el doce de mayo de dos mil quince.
  4. ?Hobsbawn, Eric (dos mil trece). La Era del Imperio, (mil ochocientos setenta y cinco-mil novecientos catorce). Crítica. ISBN 9788484326618.
  5. ?«Historia obrera platense.». Consultado el doce de mayo de dos mil quince.
  6. ?Poy, Lucas. «"La “huelga grande” de mil ochocientos noventa y seis en los orígenes del movimiento obrero de la ciudad de Buenos Aires".». A contracorriente. Consultado el doce de mayo de dos mil doce.






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