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salud  Historia de la Iglesia católica en Entre Ríos hasta 1810 


Por bula del papa Pablo III del 1 de julio de mil quinientos cuarenta y siete fue erigida la diócesis del Río de la Plata con sede en Asunción del Paraguay. Este obispado, sufragáneo del arzobispado de la ciudad de Lima, entendía teóricamente la totalidad del territorio entrerriano incluso sin conquistar por los españoles y bajo dominio indígena.


El quince de noviembre de mil quinientos setenta y tres Juan de Garay creó la urbe de santa Fe en el emplazamiento de la presente Cayastá, asignándole por jurisdicción de su cabildo hasta cincuenta leguas al oriente del río Paraná. Quedó asimismo establecida una parroquia, de Todos y cada uno de los Santos, con exactamente la misma jurisdicción que el cabildo, comprendiendo la mayoría del centro y norte entrerriano.


El once de junio de mil quinientos ochenta Garay refundó Buenos Aires estableciendo la iglesia mayor parroquial de la Muy santa Trinidad, cuya jurisdicción incluía una parte del sur de Entre Ríos.


Hernandarias, como gobernante de Asunción y después de la ciudad de Buenos Aires, condujo múltiples expediciones a Entre Ríos, la primera de las que fue en mil seiscientos siete. En esa expedición cruzó el río Paraná por el paso Cabayú (de los Caballos) y atravesó la provincia desde la presente localidad de Hernandarias hasta el salto Grande, lugar desde el que cruzó el río Uruguay. Efectuó campamento en la zona del Rincón de Montiel -el día de hoy Sauce de Luna- en donde halló guaraníes que vaqueaban para los jesuitas del instituto de la urbe de Corrientes y que comprendían el idioma de España. Como un sacerdote acompañaba a Hernandarias, los historiadores entrerrianos suponen que allá se ofició la primera misa en Entre Ríos.


El veinte de julio de mil seiscientos nueve fue erigida la archidiócesis de Charcas, quedando entre sus sufragáneas la diócesis del Río de la Plata.


El territorio entrerriano quedó incluido en la gobernación del Río de la Plata en razón de la cédula real del dieciseis de diciembre de mil seiscientos diecisiete, que subdividió la gobernación originariamente concedida a Pedro de Mendoza. El treinta de marzo de mil seiscientos veinte fue erigida por el papa la diócesis de la ciudad de Buenos Aires (o bien del Río de la Plata), segregándola de la de Asunción y como sufragánea de Charcas, quedando Entre Ríos en su jurisdicción. El diecinueve de enero de mil seiscientos veintiuno tomó posesión su primer prelados.


En mil seiscientos cincuenta y siete Cristóbal de Garay y Saavedra vendió una mitad de las estancias que había heredado de su padre Juan de Garay a Antonio de Vera Mujica y la otra parte la donó en mil seiscientos cincuenta y nueve al instituto de santa Fe de la Compañía de Jesús, con ellas los jesuitas formaron la Estancia San Miguel entre el arroyo de las Conchas y el arroyo de la Ensenada. En mil seiscientos setenta y nueve esa estancia jesuita fue cedida a los herederos de Hernandarias (representados por Gerónimo Luis de Cabrera) a cambio de veinte leguas de tierra desde la boca del riachuelo Feliciano cara el norte (más o menos hasta la boca del río Guayquiraró). Esta transacción produjo un litigio, el que, una vez resuelto, dejó el nordoeste del territorio entrerriano bajo propiedad de los jesuitas.


Con confías de indígenas mepenes Hernandarias, Diego Ramírez y Feliciano Rodríguez tenían reducciones en sus tierras entrerrianas, las que para mil seiscientos diez ya no existían.


En mil seiscientos sesenta y dos el dominico Antonio Suárez (o bien Juárez) estableció la reducción de Yaguarí Miní (probablemente trasladando la de la isla del Vizcaíno en la Banda Oriental) en la zona de Puerto Landa sobre el riachuelo Malo, departamento Gualeguaychú (disputado por historiadores uruguayos que la ubican en una isla de ese nombre cerca de la del Vizcaíno), con doscientos indígenas de la zona y otros procedentes de la reducción de la ciudad de Santiago de Baradero en la ciudad de Buenos Aires, que habían escapado de la viruela en mil seiscientos cincuenta y uno. En mil seiscientos ochenta y nueve el corregidor de Santo Domingo Soriano, Juan de Brito y Alderete, llevó trescientos chanás y charrúas a esa reducción y a la de Yaguarí Guazú (situada sobre el río Gualeguaychú hasta mil setecientos quince). El capitán Pedro Millán entre mil seiscientos ochenta y tres a mil seiscientos ochenta y cinco trasladó la reducción de Yaguarí Miní a la isla del Vizcaíno.


Hacia mil seiscientos sesenta y cuatro existía un reducción charrúa en la zona de Sauce de Luna perteneciente a los mercedarios del convento de santa Fe (instalados en esa urbe en mil seiscientos sesenta y uno). Estaba al cargo de un sacerdote llamado Francisco, nombre del que deriva el topónimo del riachuelo Pay Ticú (padre Francisquito en idioma guaraní) situado en sus cercanías. El padre Francisco se internó hasta el sitio, edificó un oratorio y después la reducción.


Según el jesuita Guillermo Furlong Cardiff en su obra Cartografía Jesuítica del Río de la Plata, al estudiar mapas de la Compañía: mapa VIII de mil setecientos veintidos marcado seis, H; mapa XV de mil setecientos treinta y dos marcado seis, H; mapa XV de mil setecientos cuarenta y nueve marcado nueve, D; se halla en ellos en la margen occidental del río Uruguay la palabra "Ytú" (salto en idioma guaraní, al tiempo que salto de aguas es "ytuí") y sobre la margen oriental la palabra "Salto" en unos y "Arrecife" en otros, que eran la referencia al accidente geográfico. Lo que interpreta que existía un paradero llamado Ytú por lo menos desde la data del primero de los mapas en mil setecientos veintidos en el emplazamiento actual de la urbe de Concordia. El teniente cura de la estancia de Jesús del Yeruá, padre Carlos Molina, notificó en mil ochocientos seis que en una expedición de Yapeyú en mil setecientos dieciocho los jesuitas se establecieron en la zona. Erigieron un oratorio puesto bajo la advocación de san Antonio de Padua protegido por una pequeña guarnición de indígenas misioneros reducidos y plantaron los primeros naranjos.


Debido a los ataques indígenas sobre santa Fe se establecieron pobladores en La Bajada (la presente Paraná). La atención religiosa se hacía periódicamente por el presbítero Profesor Miguel de Barna en la capilla de la Inmaculada Concepción, que se levantó en forma de modesta construcción en el lugar en que se yergue en nuestros días la catedral de Paraná. Esta capilla era muy pobre, con lo que el sargento mayor Esteban Marcos de Mendoza -encargado de la defensa de la población- edificó a costa suya una nueva. El cabildo eclesiástico de la ciudad de Buenos Aires convirtió la capilla en parroquia bajo la advocación de la Virgen del Rosario. El veintitres de octubre de mil setecientos treinta el gobernante del Río de la Plata, Bruno Mauricio de Zabala, aprobó la creación de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario en La Bajada, siendo su primer sacerdote Francisco Arias Montiel, quien tomó posesión el veintisiete mayo de mil setecientos treinta y uno.


La iglesia la reducción de Yapeyú -Nuestra Señora de los Reyes Magos- fue erigida en parroquia por edicto del prelados de la ciudad de Buenos Aires, fray Cristóbal de la Mácula y Velasco, el diecisiete de diciembre de mil seiscientos cuarenta y ocho. A lo largo de la guerra Guaranítica, el seis de febrero de mil setecientos cincuenta y siete el gobernante de la ciudad de Buenos Aires, Pedro de Cevallos, ordenó fundar el fuerte de San Antonio del Salto Chaval en jurisdicción de Yapeyú en la Banda Oriental (actual Salto). La capilla del fuerte se puso bajo la advocación de san Antonio de Padua, mas el fuerte fue descuidado en mil setecientos sesenta y tres.


A mediados de mil setecientos sesenta y ocho los jesuitas fueron expulsados del Imperio de España y sus tierras en Entre Ríos pasaron a ser administradas por la junta de temporalidades de santa Fe hasta su remate público, entre ellas las situadas en el presente parque nacional El Palmar en donde tenían una calera (se piensa que desde mil seiscientos cincuenta) adquirida por Manuel Barquín (calera de Barquín). En mil setecientos sesenta y nueve Francisco Bruno de Zavala como gobernante interino de los diez pueblos de las Misiones del Uruguay admitió el pedido del cabildo de Yapeyú de restituir su posesión de los territorios entre el río Miriñay y el riachuelo Yuquerí Grande. Ese cabildo indígena decidió el veinte de noviembre de mil setecientos sesenta y nueve reconstruir el poblado del Salto Chaval en la ribera occidental del río Uruguay. La nueva fundación en la presente Concordia preservó el oratorio dedicado a san Antonio de Padua.


Entre mil setecientos setenta y seis y mil setecientos setenta y siete el teniente gobernante del departamento de Yapeyú en la gobernación de las Misiones Guaraníes, Juan de San Martín, mando ocupar las tierras vacías hasta el riachuelo Yeruá y creó las estancias ganaderas comunitarias (o bien tupambaé) de Concepción de Mandisoví (julio de mil setecientos setenta y siete en las cercanías de la presente urbe de Federación) y Jesús del Yeruá (al sur de Concordia) restaurándose la senda oriental de la hierba mate y el puerto de San Antonio del Salto Chaval. Entre mil setecientos setenta y ocho y mil setecientos ochenta y dos la zona quedó ciertamente poblada y también integrada a las Misiones, cuyo límite sur se estableció en verdad en el riachuelo Yeruá. De este modo la zona entre los ríos Uruguay y Gualeguay al sur del río Mocoretá y hasta el riachuelo Yeruá quedó bajo la dependencia de la parroquia de Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú, atendida por sacerdotes dominicos desde mediados de mil setecientos sesenta y ocho hasta mil setecientos ochenta y dos cuando pasó al clero regular de la diócesis. El geógrafo Francisco de Aguirre escribió en su Diario de viaje que San Antonio del Salto Muchacho ya tenía una capilla cara mil setecientos ochenta.


En la capilla de la estancia de Mandisoví se adoraba una imagen de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción que Juan de San Martín hizo llevar desde Yapeyú, tallada por indígenas misioneros en un leño de ceibo, exactamente la misma se halla el día de hoy en la iglesia primordial de Federación y fue designada por el papa Juan Pablo II como patrona de la diócesis de Concordia.


En mil setecientos setenta y uno unas cuarenta familias se ubicaron en la presente Gualeguaychú, en donde en mil setecientos setenta y siete fue construida una capilla pública consagrada a san José y a la Virgen del Rosario, servida por fray Mariano Amaro.


En mil setecientos setenta y seis fue creado el virreinato del Río de la Plata, con lo que el territorio entrerriano, ya antes una parte del virreinato del Perú, quedó comprendido dentro de él. Desde mil setecientos ochenta y dos formó una parte de la intendencia de la ciudad de Buenos Aires. El patronato regio pasó a ser ejercido por el virrey de la ciudad de Buenos Aires, y por el intendente mientras que existió como cargo aparte, en calidad de vice patrono. Por este patronato la autoridad real estaba al cargo del mantenimiento de la Iglesia católica y debía confirmar toda resolución temporal (esto es no espiritual) tomada por las autoridades eclesiásticas (creación de lugares de culto, nombramiento de sacerdotes, etcétera)


Luego del pedido efectuado por los vecinos, el veintisiete de mayo de mil setecientos setenta y ocho el virrey Ceballos autorizó la edificación de una capilla en el Arroyo de la China (el día de hoy Concepción del Uruguay). El 1 de junio lo autorizó asimismo el vicario general de la diócesis, nombrando teniente cura a fray Pedro de Goitía. El teniente gobernante de santa Fe, Melchor de Echagüe y Andía, comisionó a León Almirón para levantar la capilla en mil setecientos setenta y nueve, quien después de edificarla notificó al cabildo de santa Fe el veinticuatro de diciembre. Se encontraba situada a una legua de la futura villa, entonces se trasladó al Pueblo Viejo y por último a la villa. Su primer cura vicario fue Antonio Mariano Alonso.


Antes de mil setecientos setenta y cinco cien pobladores se estableció en una zona anegable a unos quince km al sudoeste de la presente Gualeguay en el distrito Albardón. Uno de ellos de apellido Méndez levantó una capillita de paja y barro, colocándose en ella una imagen de san Antonio de Padua propiedad del vecino Antonio Luna, catamarqueño que la había llevado desde Buenos Aires. Poco después la capilla tuvo un sacerdote de apellido Miño. El sitio pasó a ser conocido como La Capilla y tras su abandono como Capilla Vieja.


En mil setecientos setenta y ocho el territorio comprendido entre el río Paraná, el riachuelo Nogoyá, el riachuelo Raíces, el río Gualeguay, el riachuelo Lucas, el riachuelo Yeruá y el río Uruguay pasó a depender del cabildo de la ciudad de Buenos Aires.


En mil setecientos setenta y nueve la zona fue visitada por el nuevo prelados de la ciudad de Buenos Aires, Sebastián Malvar y Pinto, quien desde Santo Domingo Soriano pasó a Gualeguaychú y prosiguió cara Misiones. El diecinueve de junio de mil setecientos ochenta solicitó al virrey que erigiese parroquias en los 3 lugares poblados, lo que fue autorizado el tres de julio del mismo año. El veintiocho de septiembre de mil setecientos ochenta el prelados erigió canónicamente las parroquias de:



  • San Antonio del Gualeguay: la jurisdicción de la parroquia, desmembrada de la de La Bajada, fue establecida comprendiendo prácticamente hasta La Bajada. Se instaló bajo el título de San Sebastián el veinticuatro de noviembre de mil setecientos ochenta y uno en la Capilla Vieja, siendo su primer cura Fernando Andrés de Quiroga y Taborda. Entonces fue trasladada al lugar llamado la Cuchilla y por último, el veintidos de septiembre de mil setecientos ochenta y cuatro, a la Villa de Gualeguay, pasando a llamarse San Antonio.


  • Arroyo de la China: instalada el 1 de noviembre de mil setecientos ochenta y uno.Sus límites fueron fijados como: setenta leguas de frente desde el Gualeguaychú hasta los Ituis (saltos Grande y Muchacho) o bien Mocoretá, y desde el Uruguay hasta el Paraná, produciendo entonces un inconveniente de límites.


  • San José de Gualeguaychú: instalada el dos de marzo de mil setecientos ochenta y uno, englobando el territorio entre los ríos Gualeguay y Gualeguaychú. Al instante de su erección tenía una capilla servida por fray Mariano Amaro de la orden de los reverendos.

La demora en la construcción de las iglesias, motivó a que el prelados llevase sus protestas contra el virrey al rey Carlos III, quien ordenó al virrey Juan José de Vértiz y Salcedo por carta del doce de septiembre de mil setecientos ochenta y uno que se ajustara a las reales cédulas en la materia.


El doce de noviembre de mil setecientos ochenta y uno llegó al partido de Gualeguay Grande el presbítero Andrés Fernando Quiroga y Taboada, como sacerdote de la nueva parroquia que el prelados Malvar y Pinto y el virrey Vértiz y Salcedo habían mandado crear. Dado a que la capilla situada en el sitio llamado La Capilla se inundaba, el sacerdote decidió trasladarla a La Cuchilla, 2 leguas al norte de la presente Gualeguay y a treinta cuadras del río Gualeguay. Decidió además de esto que el Santo patrono de la nueva parroquia fuera san Sebastián —en homenaje al obispo— y no san Antonio. Se produjo de esta manera una disputa entre los pobladores por esos temas, con el sacerdote en un lado y el juez comisionado Francisco Méndez en el otro, produciéndose altercados que el comandante del partido de Gualeguay, Agustín Wright, debió solucionar por orden del teniente gobernante de santa Fe, Melchor de Echagüe y Andía. Este notificó al virrey, quien comisionó el veintisiete de febrero de mil setecientos ochenta y dos al capitán de dragones Tomás de Rocamora para solventar la disputa, encargándole además de esto que planteara un plan para asegurar la paz de los vecinos del territorio con la fundación de villas, puesto que se encontraba preocupado por la proximidad de los portugueses.


Rocamora resolvió el enfrentamiento fundando Gualeguay en una sitio intermedio y el virrey sustituyó al sacerdote —que continuaba renuente en La Cuchilla— por Agustín Rodríguez en el tercer mes del año de mil setecientos ochenta y dos, el sacerdote alejado fue mandado a formar una viceparroquia en el pago de Nogoyá Abajo dependiente de Gualeguay, lo que hizo a inicios de julio de mil setecientos ochenta y dos, produciéndose la capilla de Carmen del Nogoyá en el paso del Nogoyá Abajo. El nuevo virrey, Nicolás del Campo, aceptó en el mes de febrero de mil setecientos ochenta y cuatro y destinó a Rocamora a Montevideo, con lo que este no pudo efectuar la fundación de una villa al lado de la capilla del Carmen de Nogoyá, ni tampoco en La Bajada.


Los imprecisos límites dados a la parroquia de Gualeguay produjeron en mil setecientos ochenta y dos un enfrentamiento con la parroquia de La Bajada, la que quedaba prácticamente absorbida en la de Gualeguay. En mil setecientos ochenta y cuatro el prelados Benito Lué y Riega precisó los límites de la parroquia de Gualeguay como el río Gualeguay por el este y el Nogoyá de una y otra banda, mutilando uno y otro término de la parroquia de La Bajada por distar sesenta leguas


Debido a que el nuevo sacerdote de Concepción del Uruguay, José Bonifacio Redruello, pretendió establecer los límites de su parroquia conforme a lo decidido en mil setecientos ochenta, solicitó al virrey mil setecientos ochenta y dos que los deslindase, quien accedió nombrando el seis de febrero de mil ochocientos cinco al agrimensor teniente Julio Ramón de César para efectuar la labor. César reunió información y decretó que los límites debían ser:


Según el dictamen, la parroquia de La Bajada quedaba comprendida como posesión en la de Concepción del Uruguay, puesto que había sido erigida temporalmente. Las capillas de Alcaraz, Salto Chaval y Mandisoví quedaban asimismo en su jurisdicción. Redruello demandó al cura de Mandisoví, fray Carlos Molina, que le entregase las llaves de su capilla y las de Salto Muchacho, lo que hizo que Molina presentase un alegato a las autoridades defendiendo la jurisdicción de Yapeyú. El 1 de noviembre de mil ochocientos cinco, estando el prelados en Concepción del Uruguay, después de contrastar que los partidos de Guerreros, Diego López y la Mula estaban al norte de los riachuelos Lucas y Yeruá y al este del Gualeguay, determinó que pertenecían a la parroquia de La Bajada. Dispuso además de esto que el partido de Moreira no pertenecía a ninguna parroquia y sus fieles habían de ser atendidos provisoriamente por el sacerdote de Concepción del Uruguay.


El veintiocho de enero de mil ochocientos ocho Lué y Riega, a través de un oficio al virrey Santiago de Liniers ignoró la intención territorial del sacerdote Redruello, determinando a su juicio que la parroquia de Concepción del Uruguay debía tener por límites los ríos Gualeguay, Gualeguaychú y Uruguay y los riachuelos Yeruá y Lucas. Después de ello, las autoridades fijaron el resto límites:



  • Parroquia de La Bajada: entre los ríos Paraná y Gualeguay y el riachuelo Nogoyá.
  • Parroquia de Gualeguay: entre el río Gualeguay y el riachuelo Nogoyá.
  • Parroquia de Gualeguaychú: entre los ríos Gualeguay y Gualeguaychú.

Al norte de los riachuelos Yeruá y Lucas y entre el Gualeguay y el Uruguay, proseguía en dependencia de la parroquia de Yapeyú.


El veintinueve de julio de mil setecientos noventa y nueve un conjunto de vecinos de los partidos del Tala, Prelados, Altamirano y Raíces, firmaron un petitorio dirigido al cura de Gualeguay pidiendo la erección de una capilla. El siete de noviembre el virrey Gabriel de Avilés y del Hierro firmó la autorización para la construcción de la capilla de San Bernardo Abad del Tala que dio origen a la localidad de Rosario del Tala. El veintiocho de julio de mil ochocientos cuatro aceptó en ella el monje mercedario Manuel de la Torre como teniente cura dependiente de Gualeguay, sirviendo hasta el nueve de diciembre de mil ochocientos cuatro.


En mil ochocientos cinco, al visitar Lué y Riega Gualeguay, estableció que los partidos de Tigre, Mojones, y Sauce de Luna fuesen separados de la jurisdicción de La Bajada y puestos bajo la de la posesión de parroquia de Tala, a la que ya pertenecían los partidos de Sauce, Tala, Prelados, Raíces, y Puntas del Clé.


Entre mil setecientos setenta y ocho y mil setecientos ochenta se edificó un oratorio o bien capilla en la Estancia Grande de Juan Ventura Déniz, situado unos trescientos m al norte del riachuelo Feliciano cercano a la confluencia del riachuelo Ortiz cerca de santa Elena.


Francisco Colobrán y Andreu administró y consiguió autorización en mil setecientos noventa y siete para edificar un oratorio público en su propiedad, que fue construido entre mil setecientos noventa y siete y mil setecientos noventa y nueve a unos mil doscientos metros al norte del riachuelo Alcaraz bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. El cuatro de agosto de mil ochocientos cuatro se encargó del oratorio como teniente cura el sacerdote Juan Estanislao de la Mata (o bien de la Mancha), empezando los libros parroquiales de bautismos, matrimonios y defunciones, bajo dependencia de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario en La Bajada. El nueve de mayo de mil ochocientos cinco el prelados de la ciudad de Buenos Aires, Benito Lué y Riega, quien recorrió la zona en ese año y el año precedente, ordenó que la capilla de Alcaraz pasase a ser una ayuda de parroquia o bien viceparroquia con un sacerdote permanente para asistir al cura de La Bajada del Paraná. Esa capilla funcionó hasta mil ochocientos treinta y nueve, debido que la población fue trasladada a la nueva villa de La Paz, y quedó destruida por un incendio en mil ochocientos sesenta.


Entre mil setecientos setenta y ocho y mil setecientos ochenta fue construido el oratorio de la Calera de Barquín en el presente parque nacional El Palmar, siendo posible que anteriormente existiese allá un oratorio jesuita. En mil setecientos ochenta y tres se dispuso que el capellán nombrado para ejercer en esa zona de Entre Ríos ocupase el oratorio de la calera: a fin de que se cumpliese la predisposición testamentaria del fenecido Domingo Medina, sobre erección de un oratorio ... dispuso al Capellán cumpliese sus funciones ... hasta tanto que se haga el oratorio, en el de don Manuel Barquín ... En mil setecientos noventa y seis Andrés de Oyarvide escribió:


En mil ochocientos cinco la capilla de Mandisoví (Nuestra Señora del Mandisoví Grande) fue declarada posesión de la parroquia de Yapeyú, después de que en mil ochocientos tres Santiago de Liniers llegase a Mandisoví de paso cara Misiones, auspiciando entonces la radicación de un sacerdote allá. El sacerdote tenía 2 ayudas de parroquia en Salto Chaval y en Belén. Su jurisdicción se extendía a los dos lados del río Uruguay, desde los riachuelos Yeruá y Lucas por el sur, al río Mocoretá por el norte hasta el inicio de la cuchilla divisoria de aguas; al oeste el río Gualeguay y el partido de Moreyra; al este en la Banda Oriental el río Daymán lo apartaba al sur del curato de Paysandú.


En mil ochocientos cinco el prelados dictó un auto autorizando la construcción de capillas en el riachuelo Villaguay y en las puntas del Guayquiraró, bajo la jurisdicción de Concepción del Uruguay, no obstante, no se establecieron.


En marzo de mil ochocientos ocho se autorizó la construcción de un oratorio en La Matanza (actual Victoria), el que fue erigido el trece de mayo de mil ochocientos diez.


En mil ochocientos nueve el prelados Lué autorizó la construcción de una capilla en riachuelo Palmar, costeada por el vecino Cristóbal Espino, siendo su primer cura fray Joaquín de Oliden.


En mil ochocientos tres el prelados de la ciudad de Buenos Aires mandó a efectuar un censo con empadronamiento en Entre Ríos. El sacerdote de Gualeguay llevó adelante el censo en el mes de septiembre de mil ochocientos tres, siendo -aparte de la villa de Gualeguay- dieciseis los rincones poblados de su dependencia: del Abra, de La Cuchilla, de Capilla Vieja, de la Costa, del Arrecife, de Las Piedras, de las Viscachas, de Jacinta, del Cortado del Sauce y Lagunas, del Albardón, del Clee, del Riachuelo Negro y Rincón del Vecerro, del Tala, del Prelados y Altamirano, de Las Raices, de Nogoyá.


En la viceparroquia de Alcaraz el censo fue completado el doce de noviembre de mil ochocientos cinco por el sacerdote de La Bajada presbítero Luis Manuel Cabiedes. Los rincones poblados eran:






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