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ıllı Guerras calchaquíes wiki: info, historia y vídeos


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salud  Guerras calchaquíes 


Durante todo el periodo de la conquista los españoles no habían conseguido penetrar en los Vales Calchaquíes, donde se habían asilado la cultura diaguita, una avanzada confederación de señoríos agroalfareros independientes perteneciente a la Cultura santa María, unidos por una lengua común, el cacán, y parte por su parte del gran conjunto de la civilización andina. Estos señoríos estaban reunidos en 3 grandes naciones: pulares al norte, diaguitas al sur y al oeste y calchaquíes en los vales que el día de hoy llevan su nombre; estos últimos se calcula que habrían sido unas doce quinientos personas —2.500 indios tributarios— conforme Sotelo Narváez (mil quinientos ochenta y tres). El nombre de "calchaquíes" les fue dado tras el primer gran levantamiento, protagonizado por el curaca Juan Calchaquí.


Mientras los pulares y los diaguitas vivían en terrenos abiertos, donde los españoles pudieron establecer urbes, los calchaquíes vivían situados entre altas montañas, en un territorio salvaje, bastante difícil de agredir y parcialmente simple de defender; posiblemente la población de los vales haya aumentado con indígenas escapados de los territorios controlados por los españoles establecidos en las urbes de la Gobernación del Tucumán.


En los levantamientos participaron otras parcialidades no pertenecientes al conjunto de habla cacana, mas culturalmente muy afines, como los ocloyas —una parcialidad con cerca de dos mil miembros— y los omaguacas de la presente provincia de Jujuy.


Los españoles empezaron la conquista del territorio del Tucumán justamente por los Vales Calchaquíes, donde por 3 veces procuraron fundar ciudades: El Navío en mil quinientos cincuenta y uno, Córdoba de Calchaquí en mil quinientos cincuenta y nueve, y Nuestra Señora de Guadalupe de Calchaquí en mil seiscientos treinta y uno. Todas y cada una fracasaron frente a la hostilidad de sus habitantes, que continuaron en verdad independientes del dominio de España.


En mil quinientos cincuenta y nueve, el gobernante Juan Pérez de Zurita creó la urbe de Córdoba de Calchaquí; aguardaba poder someter a los indígenas a la confía, mas estos se defendieron enérgicamente. El capitán Julián Cedeño atrapó a un curaca llamado Chumbicha, y Zurita lo empleó para negociar con su hermano, el curaca del pueblo de Tolombón, llamado Calchaquí; este admitió bautizarse como una parte de las negociaciones, adoptando desde ese momento el nombre de Juan Calchaquí.


Pero en el momento en que hubo comprendido la naturaleza violenta, despótica y asimétrica de la corporación de la confía, Calchaquí se lanzó al ataque contra los españoles, a los que atacó, expulsándolos de las 3 urbes fundadas por Zurita: Córdoba de Calchaquí, Londres en la presente provincia de Catamarca y Cañete. Tras la destrucción por los omaguacas de la urbe de Nieva, la presente San Salvador de Jujuy, la totalidad de la población de España del Tucumán fue obligada a reunirse en su capital, Santiago del Estero, con lo que la historiografía latinoamericana ha considerado a esta guerra como "una de las mayores desgracias de nuestra historia".


En mil quinientos sesenta y tres, el Rey de España dictaminó la separación del Tucumán de la Capitanía General de Chile, de la que hasta ese momento había dependido. El primer gobernante tucumano, Francisco de Aguirre, prefirió no agredir los Vales, sino más bien rodearlos de nuevas fundaciones: de este modo refundó Londres cerca de la presente Andalgalá y creó San Miguel de Tucumán en el lugar conocido como Ibatín y Esteco en el norte, de modo de impedir la expansión de la rebelión calchaquí cara otras áreas.


Reconquistada su independencia, los pueblos de los Vales Calchaquíes dejaron de lado la autoridad de Juan Calchaquí, y esta desunión les impidió preservar el fugaz control que habían conseguido a ciertas localidades fuera de su territorio. El gobernante Gonzalo Abreu de Figueroa lanzó 4 ataques sobre los Vales, que no consiguieron someter a los indígenas mas desvistieron la pérdida de poder ofensivo de Calchaquí.


La fundación de la urbe de Brinca en mil quinientos ochenta y dos forzó a los pulares a someterse a la confía, al tiempo que Juan Ramírez de Velasco creó las urbes de La Rioja y San Salvador de Jujuy. Mientras que los diaguitas se sometieron sin mucha resistencia a los habitantes de La Rioja y Londres, los indígenas de la presente provincia de Jujuy se sublevaron en mil quinientos noventa y cuatro contra la urbe de Jujuy. El cacique del pueblo de Purmamarca, llamado Viltipoco, reunió un ejército de hasta diez cero guerreros de la Quebrada de Humahuaca, puso lugar a la urbe de Jujuy y conminó la urbe de Brinca. No sus guerreros pertenecían a la etnia omaguaca, y una parte esencial semeja haber sido de pulares y calchaquíes. A esta rebelión se alió el curaca de los ocloyas, llamado Laisa, establecido cerca de la presente Perico, que asedió Jujuy desde el sur.


La situación era en especial crítica para los españoles, en tanto que les cortaba toda relación con el Alto Perú, zona de la que procedían los refuerzos y armamento que podían llegar a percibir.


Los españoles resistieron de forma exitosa el ataque de Laisa, que escapó cara territorios controlados por los chiriguanos, a quienes fracasó en unir a la rebelión. El creador de Jujuy, Francisco de Argañaraz y Murguía se inflitró ahora en la Quebrada de Humahuaca y atacó por sorpresa el campamento contrincante, matando a los primordiales jefes y capturando a Viltipoco, que fue llevado a San Salvador de Jujuy y después a Santiago del Estero, donde murió en cárcel ciertos años después.


La situación de los indígenas encomendados era durísima, mas la escasez de españoles en el Tucumán les dejaba un cierto grado de autonomía. Cuando el gobernante Felipe de Albornoz llegó a Santiago del Estero a aceptar su cargo, los curacas de los pueblos de indios mandaron sus representaciones a saludarlo, conforme a una tradición que llevaba ya múltiples décadas. Entre ellos iban doscientos indígenas diaguitas de Hualfín, con los que el gobernante se enfadó y castigó mandándolos golpear y recortar el cabello; este último era el máximo insulto que se le podía hacer a un hombre de esa comunidad, de forma que el curaca de Hualfín, de nombre Chalimín —también convocado como Chelemín— empezó un levantamiento contra los españoles.A su convocatoria, los diferentes pueblos intercambiaron flechas como símbolo de coalición y expulsaron o bien mataron a sus encomenderos. Las comunidades que participaron más activamente fueron los diaguitas de las presentes provincias de Catamarca y La Rioja, mas asimismo tomaron parte de ella los calchaquíes, pulares y olongastas.


El levantamiento se comenzó en el mes de julio de mil seiscientos treinta, con la matanza del encomendero Juan Ortiz de Urbina y su familia en el pueblo de Malcachisco, y ahora hubo otros levantamientos en otras localidades. El gobernante Albornoz respondió con velocidad desde Brinca, donde se hallaba, y dirigió una veloz expedición con doscientos esañoles y trescientos indígenas cara los Vales Calchaquíes, donde en mayo de mil seiscientos treinta y uno creó una urbe que llamó Nuestra Señora de Guadalupe, si bien se limitó a edificar un fuerte. Satisfecho de la pacificación que había conseguido en los Vales, retornó a Santiago del Estero, mas poco después le llegaron las noticias de un ataque al fuerte de Guadalupe en que habían sido fallecidos la mayor parte de sus ocupantes, y otro en las cercanías de la ciudad de Londres, donde habían sido fallecidos once españoles.


Albornoz procuró una nueva campaña, mas antes que esta diese resultado llegaron noticias de nuevos ataques en la ciudad de Londres y en la estancia de Pipanaco. El capitán Salvador Correa de Saá consiguió someter a los indígenas del val de Aconquija, cuyos guerreros fueron capturados y ejecutados en San Miguel de Tucumán. Mas una expedición en socorro de Guadalupe fue destrozada y el fuerte hubo de ser descuidado. Por su lado, Chalimín empezó ataques masivos contra la urbe de la ciudad de Londres, en la que ocasionó grandes bajas y a la que privó de prácticamente todo su ganado y caballos, aparte de recortar la provisión de agua. El teniente de gobernante Luis de Cabrera se vio obligado a evacuar la urbe, y toda la población escapó cara La Rioja.


En diciembre de mil seiscientos treinta y uno, Cabrera procuró agredir a los indígenas reunidos en Machigasta, mas fue derrotado y los diaguitas pusieron lugar a La Rioja, a la que atacaron violentamente por 3 veces, si bien sin conseguir su destrucción. Cabrera fortificó entonces la quebrada por donde llegaba el agua a la urbe, y mandó al capitán Gregorio de Luna cara la sierra de Los Planos a perseguir a los indios del pueblo de Atiles —de la etnia olongasta— a quienes ocasionó gran cantidad de bajas. Un nuevo ataque en el fuerte de la toma de agua acabó en una matanza de indígenas. Un refuerzo venido desde San Miguel a través del val de Catamarca calmó la situación angustiante que vivía La Rioja.


El gobernante de Chile, Francisco Laso de la Vega, mandó un contingente a asistir a los españoles del Tucumán; en el camino derrotó a los indígenas que se habían rebelado en San Agustín del Val Fértil y desde allá marchó cara Guandacol, donde mató a muchos indígenas y atrapó a sus mujeres y pequeños, retornando entonces a Chile.


El teniente de gobernante Cabrera marchó cara Famatina y Guandacol, encontrando los pueblos vacíos: las parcialidades indígenas se habían retirado cara el norte; de tal modo que atacó en el destruido pueblo de Tinogasta, donde consiguió primero una victoria y logró capturado al cacique calchaquí Coronilla —que fue ejecutado por descuartizamiento— mas entonces fue derrotado y obligado a retornar a La Rioja. A pesar de que Chalimín continuaba en armas, estimó que había conseguido pacificar la jurisdicción de La Rioja.


La Real Audiencia de Charcas decidió relevar del mando militar a Albornoz y sustituirlo por el diplomado Antonio de Ulloa, que además de esto sustituiría al gobernante por un año en sus funciones civiles. A fines de marzo de mil seiscientos treinta y tres, Ulloa hizo una entrada con doscientos setenta españoles y quinientos indios yanaconas a los Vales Calchaquíes, donde consiguió ocasionar ciertos daños y destruir sus cabalgaduras, con lo que se vio obligado a retornar a Brinca. Por su lado, Cabrera atacó desde La Rioja los pueblos del oeste de la sierra de Ambato, consiguiendo someter a Saujil, Pisapanaco, Mutquín y Colpes. El quince de septiembre de mil seiscientos treinta y tres refundó la urbe de la ciudad de Londres, en Pomán, con todas y cada una de las formalidades de la ley, y donde forzó a asentarse a quienes habían escapado de la urbe precedente cara La Rioja.


A principios de mil seiscientos treinta y cuatro, el gobernante Albornoz tomó de nuevo el mando de la guerra y refundó Guadalupe de Calchaquí. Cabrera, enfadado con el gobernante, abandonó el mando de las tropas, que pasaron a ser lideradas por Pedro Ramírez de Contreras, teniente de gobernante de la ciudad de Londres. Chalimín atacó Famatina, con lo que solamente consiguió fue atraer al grueso de las tropas españolas en su prosecución. Tras un primer ataque ineficaz, Ramírez de Contreras persiguió a Chalimín y a sus hombres a lo largo de un par de años, fundando entre medio el fuerte del Cenagal en Machigasta y el de San Felipe de Andalgalá. Por último, en mil seiscientos treinta y siete ingresó al val de Hualfín y consiguió apresar a Chalimín, que fue ahorcado y descuartizado. Los supervivientes escaparon a los Vales Calchaquíes.


Por su parte, el gobernante Albornoz hizo una campaña prolongada en los Vales Calchaquíes, en que no hubo grandes batallas mas consiguió acosar a los indígenas lo bastante para que se sometieran a la confía. No creó urbes, y los jesuitas crearon 2 misiones permanentes en santa María y San Carlos. Una vez rendida la resistencia en los Vales, Albornoz volvió sobre los hualfines, dirigidos por el hijo de Chalimín, y los derrotó y capturó. Desde allá, los cuatrocientos hualfines y abaucanes supervivientes fueron mandados a la urbe de Córdoba en carácter de encomendados.


El resultado de los 7 años de guerra fue un sinnúmero de fallecidos entre los indígenas, que además de esto debieron aceptar su completo sometimiento a la confía, por lo menos en la zona diaguita. Los Vales Calchaquíes fueron sometidos a una confía más nominal que real, y ejercitaron como cobijo a los indígenas escapados desde el sur.


La Tercera Guerra Calchaquí se extendió por 8 años (mil seiscientos cincuenta y ocho-mil seiscientos sesenta y siete). Esta guerra tuvo la peculiaridad de que, en sus principios, actuó un aventurero andaluz, Pedro Bohórquez, quien mantenía ser inca, el Inca Hualpa, fue admitido como líder militar por los paziocas. Bohórquez maniobró con argucia, consiguió aun el apoyo de los jesuitas y organizó un sólido ejército indígena de seis mil guerreros con el que sostuvo el control de la zona a lo largo de múltiples años. No obstante en mil seiscientos cincuenta y nueve se entregó a los españoles con la pretensión de ser perdonado, quienes lo mandaron a Lima y por último lo ejecutaron. La confederación siguió la guerra dirigida por José Henriquez. Siendo vencido el señorío de los quilmes en mil seiscientos sesenta y cinco, que condujo la tercera guerra, los españoles dispusieron su completo desarraigo y deportación a los pagos pampeanos, próximos a Buenos Aires, de sus once miembros donde por último desaparecieron como etnia.En ese sitio el día de hoy se levanta la urbe de Quilmes. La guerra acabó el dos de enero de mil seiscientos sesenta y siete siendo vencido el último de los señoríos paziocas, los acalianes o bien calianos. Los vales quedaron despoblados y la economía de Tucumán con seriedad perjudicada por décadas. Respecto de los deportados, de forma rápida perdieron población por las enfermedades (al tener mayor contacto con los europeos) y fugas. En mil ochocientos doce la reducción fue derogada por el gobierno revolucionario, quedando en sus manos la mayor parte de la tierra y fundándose una villa.






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