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ıllı Generación del 80 wiki: info, historia y vídeos


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salud  Generación del 80 


Para el movimiento científico y artístico de mil ochocientos ochenta en España, véase Generación de Sabios.wikiEl General Roca frente al Congreso Nacional (c. mil ochocientos ochenta y seis-mil ochocientos ochenta y siete) por Juan Manuel Blanes.

Bajo la denominación de la Generación del ochenta se conoce a la elite gobernante de la República Argentina a lo largo del vital periodo de la República Conservadora que se extendió entre mil ochocientos ochenta y mil novecientos dieciseis.


Procedente de familias aristocráticas de las provincias y de la capital, se nucleó primero en la Liga de Gobernantes y después en el Partido Autonomista Nacional, fusión de las fuerzas dominantes en el periodo precedente, el Partido Autonomista de Adolfo Alsina y el Partido Nacional de Nicolás Avellaneda, que al lado del Partido Nacionalista de Mitre eran las 3 ramas en las que se había dividido el Partido Unitario. En mil ochocientos ochenta, lanzó la candidatura a la presidencia del general Julio Argentino Roca, que había dirigido la Conquista del Desierto un año ya antes, y que fue el autor de la generación y del modelo de país que esta representó.


Tuvo a su cargo las más esenciales funciones políticas, económicas, militares y religiosas, manteniéndose en el poder a través de el fraude electoral. A pesar de la creciente oposición, nucleada en lo político en torno a la Unión Civil Radical y el Partido Socialista y las corrientes sindicalesanarquistas, socialistas y sindicalistas revolucionarias, ejercitó el gobierno a lo largo de más de 3 décadas a través del Partido Autonomista Nacional, hasta la sanción de la Ley Sáenz Peña, de sufragio secreto y obligatorio para varones, impulsada a instancia de sus representantes como contestación a la presión de las revoluciones radicales, que marcó la transición a la Argentina moderna.


El término "Generación del ochenta" apareció por vez primera durante la década de mil novecientos veinte, y se refería a una generación de literarios. En su Historia de la Literatura Argentina, Ricardo Rojas le dio ese nombre de forma marginal, en tanto que el conjunto que después llevaría el nombre de Generación del ochenta es llamado "Los modernos". El primer autor que reunió a los autores del periodo con ese nombre fue Arturo Giménez Pastor, con un trabajo titulado Los del 80; aunque emplea ese nombre en especial para escritores, asimismo mienta intelectuales y científicos. Simultáneamente, el historiador Rómulo Carbia, en su Historia crítica de la historiografía argentina, reunía a los historiadores del periodo como "Los ensayistas". Finalmente, en 2 artículos aparecidos en el diario La Nación a fines de los años treinta, Manuel Mujica Lainez mienta a la "Generación del ochenta" con su significado actual, mas circunscripto al planeta literario.


La peculiaridad de que la mayor parte de los escritores del periodo fueron asimismo políticos de mucha figuración dejó extender el término a los políticos, mas ese proceso no se dio con claridad hasta mediados de los años mil novecientos cincuenta, cuando Carlos Ibarguren se refirió al conjunto de los intelectuales y políticos del periodo con ese nombre. El término fue usado asimismo por un historiador de izquierda como Jorge Abelardo Ramos en Revolución y contrarrevolución en la Argentina (mil novecientos cincuenta y siete), y por Enrique Barba en un artículo de mil novecientos cincuenta y nueve, en que declaraba que esta generación era descendiente directa de la Generación del treinta y siete por sus ideales y filosofía. La delimitación más precisa del término "Generación del ochenta", como un conjunto de líderes intelectualizados, herederos siendo conscientes de la del treinta y siete, oligárquicos y ligados a la producción ganadera, llegó de la mano de David Viñas, en Literatura argentina y realidad política: Auge de la oligarquía (mil novecientos sesenta y cuatro). Ya en El desarrollo de las ideas en la Argentina del siglo veinte, José Luis Romero charlaba de la Generación del ochenta como un término por entero conocido por el lector.


Desde mil novecientos setenta de ahora en adelante, el término se emplearía en el sentido que le dio Viñas, con matices aproximadamente convenientes o bien desfavorables conforme el punto de vista del autor. Mas desde este periodo aparecieron ciertas vaguedades en lo que se refiere a los límites que dejan acotar quién perteneció a esa generación y quién no. Identificada la Generación del ochenta con el extenso periodo pasado entre mil ochocientos ochenta y mil novecientos dieciseis, se ha tendido a dejar a un lado las peculiaridades de los líderes y también intelectuales más jóvenes aparecidos en los primeros años del siglo veinte, que mostraron una orientación meridianamente distinguida de la precedente, con lo que no cabría incluirlos en la del 80; por servirnos de un ejemplo, los intelectuales y científicos no tuvieron, prácticamente sin salvedad, aspiraciones políticas.


La Generación del ochenta fue la continuadora de las Presidencias históricas que supo aprovechar la conclusión de las crisis políticas y la superación de los avatares de la economía dominados por el tercer y último presidente de ese periodo, Nicolás Avellaneda.


Esta superación dio paso a que la sociedad fuera caracterizada por el optimismo y el convencimiento de un futuro espléndido que aguardaba a Argentina para los años venideros.


Los políticos de la Generación del ochenta defendían posturas positivistas, simbolizando su actuación con el leimotiv de Auguste Comte, de Orden y progreso. Los líderes de esta generación creían de forma ciega en el progreso, identificando tal término con el desarrollo económico y modernización; el orden era considerado una condición precisa de semejante progreso, puesto que fijaba las condiciones de calma en las que debía encontrarse el pueblo para permitir la proyección del progreso. Con afín contenido, las 2 presidencias de Julio Argentino Roca se crearon en el leimotiv "Paz y administración", que sintetiza el pensamiento liberal y conservador.


A lo largo de prácticamente toda su existencia, los hombres de la Generación del ochenta creyeron en un destino de progreso indefinido para su país y para la humanidad. Se aguardaba ver un desarrollo del país en todos y cada uno de los aspectos, tanto económicos, como sociales, culturales y materiales. En determinado sentido, no creyeron preciso hacer más que crear las condiciones para ese desarrollo, puesto que daban por hecho que el progreso respondía más bien a la naturaleza de las cosas. El único periodo que cuestionó esa esperanza fue la crisis económica de mil ochocientos noventa, mas el optimismo general regresó al poco tiempo.


Ideológicamente, esta generación se consideraba tributaria de la Generación del treinta y siete, a la que habían pertenecido sus progenitores o bien abuelos —aunque muchos líderes eran descendientes de personajes señalados del Juan Manuel de Rosas— y mantenían como dogmas los principios enumerados por muchos de los miembros de esa generación; particularmente, el de regir es poblar de Juan Bautista Alberdi, del que heredaron únicamente parte de sus prejuicios culturales y raciales, el rechazo de las tradiciones retrógadas que nos subordinan al viejo régimen de Esteban Echeverría y el enfrentamiento entre civilización y barbarie de Domingo Faustino Sarmiento.


Las ideas positivistas de esta generación estaban de forma notable influidas por el pensamiento de Herbert Spencer, que amoldó los principios evolucionistas de Converses Darwin a las sociedades modernas. De esta manera, conforme al modelo sarmientino, gauchos y también indios eran salvajes, personas iletradas inútiles de estimar los beneficios de una vida social fundada sobre los principios liberales que garantizaban el camino cara el progreso. Mantenían por esta razón la necesidad de suprimir la barbarie a través de el orden y consolidar la civilización, trayendo población europea para entrar en las vías del progreso. No hallaban contradicciones morales en la supresión cultural y hasta física de la población nativa, puesto que el destino de las razas y etnias europeas —consideradas más "capaces" para vivir en el planeta moderno— era predominar sobre ellas, y tarde que temprano desplazarían a las "menos capaces".


Enfrentaron las situaciones tradicionales de la Iglesia católica y bajo su impulso se trató de acotar la separación entre la Iglesia y el Estado con la sanción de las leyes de Matrimonio Civil, Registro Civil y Educación Común, la última de las que estableció la enseñanza primaria pública, obligatoria, gratis y laica. De todas maneras, jamás se procuró con seriedad separar absolutamente la Iglesia del Estado, sino más bien únicamente de disminuir al mínimo la repercusión institucional de exactamente la misma.


Estas últimas medidas llevaron a un enfrentamiento incesante con la Iglesia, que procuró ser protegida por una fracción ideológicamente marginal de la Generación del 80: los líderes católicos, como Estrada, Emilio Lamarca o bien Pedro Goyena, cuestionaban las posturas anticlericales del conjunto líder, mas compartía sus ideas liberales.


La Generación del ochenta llevó adelante un proceso de inmigracióneuropea sin precedentes en Argentina acompañado por una etapa de expansión de la economía nacional.


Llevó adelante una política economía liberal que acabó de organizar un modelo agroexportador, compatible con la división internacional del trabajo impuesta por el Imperio británico, que un poco antes había derrotado al Imperio chino en la Segunda Guerra del Opio (mil ochocientos cincuenta y seis-mil ochocientos sesenta).


El país concentró su actividad económica en la zona pampeana con eje en la urbe-puerto de la ciudad de Buenos Aires, con la intención de generar carnes (ovinas y vacunas), cuero, lana y granos (trigo, maíz y lino), primordialmente para el mercado británico, a cambio de importar manufacturas industriales. Mientras que el noventa y cinco por ciento de las exportaciones eran de productos agrarios, Argentina importaba el setenta y siete por ciento de su consumo textil y el sesenta y siete por ciento de su consumo metalúrgico. Simultáneamente el capital inglés se encargó de la mayoría de las actividades logísticas, como los bancos, trenes, frigos, etc.


En mil ochocientos ochenta y siete, poco tras haber finalizado su primera presidencia, Julio Argentino Roca visitó Londres y sintetizó las relación entre Argentina y G. Bretaña con estas palabras:


Gerchunoff y Llach han estimado que a inicios del siglo veinte, la mitad del PBI argentino era aportado por las importaciones y exportaciones. En mil ochocientos ochenta y ocho Argentina era el sexto exportador de granos, pasando a ser el tercero en mil novecientos siete, solo superada por USA y Rusia.


El modelo liberal agroexportador ha sido criticado desde diferentes ámbitos por no impulsar suficientemente los eslabonamientos, primordialmente en los ámbitos textiles y metalúrgico.


El modelo agroexportador argentino fue impulsado y sostenido eminentemente por los latifundistas bonaerenses (llamados estancieros), organizados en la Sociedad Rural Argentina, la primera entidad gremial del país, fundada en mil ochocientos sesenta y ocho. Los estancieros consiguieron bloquear el proyecto de ley de tierras del presidente Domingo F. Sarmiento (mil ochocientos sesenta y ocho-mil ochocientos setenta y cuatro), que bajo el leimotiv de "¡100 Chivilcoys!", pretendía dar tierras a los inmigrantes con el objetivo de establecer un sistema de colonias chacareras (granjas) trabajadas por sus dueños. La Ley de tierras N.º ochocientos diecisiete de Nicolás Avellaneda anuló ese proyecto y consagró el dominio de la estancia.


Sin embargo, la utilización de estas políticas económicas librecambistas propiciadas desde el gobierno fueron complementadas por el conjunto gobernante con un claro refuerzo de la acción del Estado en aquellas áreas que se consideraban esenciales al contrato social como la educación, la justicia, la obra pública y la expansión de dicha acción estatal a todo el extenso territorio del país./P>

Los distintos tratados con los países vecinos pusieron fin a las primordiales cuestiones de límites, consolidando el control del territorio nacional y trayendo paz a la población, en contraste al permanente estado de beligerancia que experimentaba la Europa de entonces.


La desprendida y extensa política basada en las ideas liberales dejó el conveniente promuevo de la inmigración, cumpliendo las prescripciones contenidas en la Constitución Argentina; pero este muy, muy amplio régimen de promoción de entrada al país de millones de nuevos habitantes fue parcialmente limitado con leyes represivas como la «Ley de residencia» de mil novecientos dos y la «Ley de defensa social» de mil novecientos diez, a fin de supervisar la expansión del socialismo y del anarquismo.


La enorme expansión poblacional dio nacimiento a movimientos obreros que empezaron a demandar por la mejora de sus condiciones de vida, de forma especial, de trabajo incorporando en sus acciones a la huelga como herramienta de presión social.


La inmigración dio paso, merced a las políticas públicas incorporadas por la Generación de los ochenta, a que en el lapso de una cuarta parte de siglo, se generara un sensacional movimiento social ascendiente que dio paso a la poderosa clase media argentina, que llegó al poder con el radicalismo.


Durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca se sancionó la Ley cuatro mil ciento cuarenta y cuatro de Vivienda, que dejaba la expulsión inmediata de extranjeros activistas contrarios al régimen. Su concuñado, Miguel Juárez Celman, se había enfrentado en mil ochocientos noventa a la Revolución del Parque, y en mil novecientos cinco el radicalismo volvería a las armas en un levantamiento ordenado en múltiples provincias. En mil novecientos diez y frente a la cercanía de los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, se sancionó la Ley de Defensa Social, instituyendo de esta manera el arresto precautorio de sospechosos de anarquismo. En el gobierno hubo asimismo tibios avances para procurar aliviar los reclamos obreros al crear el Departamento Nacional de Trabajo en mil novecientos siete. De esta manera el conservadurismo dictó las primeras leyes laborales de la temporada, que resultaron deficientes frente al gran desarrollo del campo obrero, producto de la masiva inmigración y el desarrollo económico registrados para entonces.


Ante la incesante de los nuevos campos medios de la sociedad, las huelgas incesantes, las críticas en la prensa y el Congreso, la Generación del ochenta ya encabezada por la línea modernista del Partido Autonomista Nacional se vio en la necesidad de dar contestaciones a la nueva realidad y amplió la participación política desde la sanción de la Ley Sáenz Peña de mil novecientos doce, de sufragio secreto, universal y obligatorio. En mil novecientos dieciseis, en las primeras elecciones en que se aplicó, el régimen conservador perdía por vez primera las elecciones presidenciales a cargo del radicalHipólito Yrigoyen, quien aceptó su primera presidencia con el respaldo mayoritario de los ámbitos medios del pueblo argentino.






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