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salud  Francisco Ramírez 


Francisco Ramírez .

Francisco "Pancho" Ramírez (Concepción del Uruguay el día de hoy Entre Ríos, Virreinato del Río de la Plata, trece de marzo de mil setecientos ochenta y seis – Chañar Viejo, cerca de Villa de María del Río Seco, Córdoba, Argentina, diez de julio de mil ochocientos veintiuno), conocido como el Supremo Entrerriano, fue un caudillofederalargentino, uno de los líderes de la provincia de Entre Ríos a lo largo de los años de capacitación de la República Argentina, creando la República de Entre Ríos. Formó una parte del partido artiguista, dirigido por el orientalJosé Gervasio Artigas, a quien entonces encaró hasta derrotarlo, obligándolo a exilarse. Poco después perdió la vida en un encuentro con las fuerzas de quien previamente había sido su aliado, Estanislao López.


Era hijo de un mercader paraguayo, Juan Gregorio Ramírez, y Tadea Florentina Jordán. Tuvo 2 hermanas de madre y padre: Estefanía y Marcela. Por la parte de su madre, quien —tras el fallecimiento de Ramírez— se casó con Lorenzo José López, tenía diez medios hermanos, entre ellos Ricardo López Jordán (padre).


Al reventar la Revolución de Mayo prestó servicios como correo al ejército patriota y cobró fama, todavía joven, en la organización de las milicias de su villa natal, Concepción del Uruguay. En el mes de octubre de mil ochocientos once, los milicianos de la villa la recobraron para los patriotas, dirigidos entre otros muchos por Ramírez.


Adquirió cierta fama combatiendo al lado del caudillo federal José Artigas contra las fuerzas realistas en la Banda Oriental. Leal a la causa artiguista, cuando el Directorio porteño se enemistó con este, Ramírez emprendió su defensa, luchando bajo el mando de Eusebio Hereñú, el encargado de Artigas en la zona. Tras la derrota del Barón de Holmberg, comandante del ejército centralista, Ramírez acompañó a Hereñú en la defensa de la Banda Oriental contra la invasión portuguesa y en la toma de la provincia de santa Fe en coalición con Estanislao López.

Segunda guerra entre el Directorio y Artigas en Entre Ríos

Sin embargo, Hereñú acordó con el directivo Juan Martín de Pueyrredón la reincorporación de Entre Ríos a la facción porteña. Ramírez tomó las armas contra él y lo derrotó en mil ochocientos diecisiete, quedando al cargo de la zona del río Uruguay como encargado de Artigas. La zona de La Bajada del Paraná estaba bajo el mando de otro oficial, mas en la práctica, este dependía de Ramírez.


Estando las fuerzas orientales concentradas en la defensa contra los portugueses del Brasil, Ramírez debió hacer frente al ejército directorial que invadió su provincia en mil ochocientos dieciocho. Derrotó al coronel Luciano Montes de Oca, atacando a su tropa apenas desembarcada en las cercanías de Arroyo de la China y en el tercer mes del año de nuevo rechazó la incursión del general Marcos Balcarce cerca de Paraná. Poco después, debió defenderse de las incursiones luso-brasileiras en su provincia.


Ese mismo año, Ramírez avanzó sobre la provincia de Corrientes, deponiendo al gobernante mandado por el Directorio. Mas el agudo enfrentamiento con las fuerzas porteñas lo forzó a resaltar a su medio hermano Ricardo López Jordán en socorro de Estanislao López, atacado por Juan Ramón Balcarce, y poco después a recular mismo para enfrentar de nuevo a Hereñú.


Entre los caudillos de esa temporada, Ramírez se resaltó como uno de los más capaces; no sería derrotado hasta tras ser traicionado y quedar en seria desventaja numérica. Múltiples cronistas testimoniaron que sus tropas eran muy disciplinadas, más que las de Artigas o bien las de López, y que estaba de manera regular uniformadas. Luchaban en perfecto orden y proseguían las órdenes de sus superiores con considerablemente mayor precisión que muchas de las tropas del resto caudillos, aun más que las del Directorio.


Poco después, Ramírez y López tomarían la ofensiva contra Buenos Aires frente a la sanción de la Constitución unitaria del '19 en la ciudad de Buenos Aires, que imponía un régimen inadmisible para las provincias. Por otra parte, Artigas le había ordenado obligar a Buenos Aires a unirse a su lucha contra los portugueses.


Pueyrredón renunció al directorio y aceptó su remplazo el general José Rondeau. El directorio ordenó al Ejército de los Andes que retornase cara la capital para refrenar a los caudillos, mas su comandante José de San Martín se negó a hacerlo, como lo haría el Ejército del Norte al cargo de Manuel Belgrano.


Historiadores lo criticarían por esto, como Vicente Fidel López en su Historia de la República Argentina, quien prácticamente llega a justificar la invasión portuguesa de la Banda Oriental como la única opción para terminar con Artigas, lo que significó con el tiempo la separación del Uruguay. Otros, en cambio, arguyen que de no haber invadido Perú cuando lo hizo el virrey Pezuela hubiese tenido más tiempo para preparar su defensa.


En estas circunstancias, la detención de un conjunto de encargados de la ciudad de Buenos Aires que atravesaba santa Fe por la parte de López sirvió a Rondeau de disculpa para reiniciar la guerra civil. Ramírez se movió más veloz y desde santa Fe invadió el norte de la provincia de la ciudad de Buenos Aires, asaltando las estancias de ganado y dinero, para después retornar a santa Fe.


Desde un poco antes de comenzar la campaña, Ramírez llevaba 2 aliados tan inusuales como contraproducentes. Uno era el general chilenoJosé Miguel Carrera, quien últimamente se había dedicado, a través de una imprenta, a generar publicidad anti-unitaria y pro-federalista. Su intención era retornar a su país y deponer a Bernardo O’Higgins. El otro era el ex- Directivo Supremo Carlos María de Alvear, quien pretendía lo mismo respecto de la ciudad de Buenos Aires.


Rondeau dejó el Directorio a cargo de Juan Pedro Aguirre y marchó contra las fuerzas del protectorado artiguista. Mas antes que el Ejército del Norte se le pudiese unir, sus oficiales se rebelaron, dirigidos por Juan Bautista Bustos, para regresar al frente norte contra los realistas.


Con solo su ejército porteño, Rondeau encaró a los federales Ramírez, López y Pedro Campbell en la batalla de Cepeda, en que prácticamente inocentemente dispuso a su ejército en una situación protectora exageradamente recia. Ramírez los rodeó y los atacó por la retaguardia, destruyendo a la caballería unitaria en minutos. Rondeau fue arrastrado en la escapada, y la batalla hubiese acabado en desastre para los porteños si no fuera por la ordenada retirada que efectuó Balcarce.

Tratado del Pilar

Victoriosos, los federales avanzaron sobre Buenos Aires, donde expusieron pacíficamente sus demandas al cabildo de la ciudad: tenían diez días para sustituir el gobierno directorial por autoridades provinciales. La situación en la capital se convirtió de súbito en un completo caos. Rondeau renunció y el Congreso se disolvió. Una Junta de Representantes fue nombrada como autoridad legislativa provincial, y escogió gobernante a Manuel de Sarratea, recién llegado desde las filas de López. La constitución unitaria fue declarada caduca.


En la localidad de Pilar los caudillos federales victoriosos, el santafesino Estanislao López y el entrerriano Francisco Ramírez firmaron con el negociador unitario porteño el Tratado de Pilar; por este tratado, las provincias (incluida Buenos Aires) reasumían su soberanía particular, las provincias firmantes se pronunciaban por la federación, y se llamaba a un congreso general que se reuniría en San Lorenzo (Santa Fe). Finalmente, los jefes federales recordaban a Buenos Aires su deber de proteger a la Banda Oriental, si bien no se la comprometía a nada con respecto a esto. Ramírez se comprometía a invitar a Artigas a unirse al tratado, no ya como subordinado, sino más bien como aliado del “gobernador de la Banda Oriental”. Y en una cláusula segrega, el gobernante porteño se comprometía a dar rebosante material de guerra a los jefes federales.


La debilidad del gobierno porteño se hizo pronto evidente en los intentos de restaurar a Balcarce. Sarratea, apoyado por los caudillos litoraleños, debió no obstante renunciar frente a la resolución de la Junta de Representantes de no respaldarlo y fue sustituido por Miguel Estanislao Soler. Soler puso en libertad a los congresales partidarios de establecer una monarquía, detenidos por una de las cláusulas segregas del tratado del Pilar. Por esta razón se encaró con las tropas de López y Carrera en la batalla de Cañada de la Cruz el veintiocho de junio, mas fue derrotado. Los federales cercaron Buenos Aires a lo largo de prácticamente un par de meses, procurando restituir a Sarratea, hasta el momento en que el dos de agosto las tropas a cargo de Manuel Dorrego, sucesor de Soler, rompieron el lugar y los forzaron a recular. López se replegaría a territorio santafesino hasta ocupar una situación más provechos y se encararía de nuevo a Dorrego, batiéndolo en la Batalla de Gamonal.


Mientras tanto, las noticias de la firma del Tratado del Pilar habían llegado a Artigas; la exclusión de la Banda Oriental de los pactos provocó su enfrentamiento con los caudillos litoraleños. Artigas, batido por los luso-brasileiros en la batalla de Tacuarembó, se replegó cara Entre Ríos. Interpretándolo como un intento de imponerse sobre él, Ramírez tomó las armas contra su antaño jefe y lo encaró en una veloz sucesión de batallas.


Fue derrotado en Las Guachas, mas el veinticuatro de junio lo derrotó en una refulgente maniobra en la batalla de Las Tunas, en que hizo un inteligente empleo de la artillería, a cargo del comandante Lucio Norberto Mansilla, mandado en su ayuda desde Buenos Aires.


Tras una victoria menor cerca de Sauce de Luna y otra cerca de Goya sobre Pedro Campbell, atacó el propio campamento de Artigas en Ábalos, cerca de Curuzú Cuatiá, ya en la provincia de Corrientes, y lo derrotó totalmente el veinticuatro de julio. Este sería el fin de la etapa del liderazgo ejercido por Artigas en el litoral.


Mientras sus segundos perseguían a Artigas por todo el territorio correntino, Ramírez ocupó la urbe de Corrientes, hizo detener a Campbell y a Mariano Vera y se hizo nombrar gobernante. Poco después, tras procurar resistir en Misiones, Artigas debió cobijarse en el Paraguay del dictador Francia hasta su muerte, más de veinte años después.

República de Entre Ríos

El veintinueve de septiembre, Ramírez expidió en Corrientes un Reglamento Constitucional para las 3 provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones. El veinticuatro de noviembre fue escogido en GualeguayJefe Supremo de la República, de donde le vino el mote del Supremo Entrerriano, que jamás empleó. 6 días después proclamaba en el territorio de esas 3 la constitución de la República de Entre Ríos, una provincia federal que deseaba unirse a el resto en una federación de iguales, y no una nación soberana.


La República sería fugaz, mas la labor que efectuó en ella Ramírez fue intensa. Sancionó reglamentos en lo militar, lo político, lo económico y la colecta de impuestos, suprimiendo los derechos de importación. Efectuó la división del territorio en departamentos, cuyos gobernantes en lo civil y militar serían escogidos por la población de su jurisdicción. Estableció un régimen de administración de justicia, un servicio de correos, ordenó la realización de un censo y dictaminó la obligatoriedad de la enseñanza primaria, incluyendo la alfabetización y la aritmética. Prohibió además de esto la matanza de ganado cimarrón, fomentando la cría en estancias y la agricultura. Bajo su auspicio se efectuaron los primeros comicios en la zona. No cabe sorprenderse de que en ellos triunfase Francisco Ramírez.


Aún persistía en su propósito de enfrentar a los portugueses para recobrar la Banda Oriental y anular la repercusión luso-brasileira en la zona de frontera, mas precisaba más fuerzas militares, singularmente de infantería. Creyó hallarlos en Paraguay, y en tal sentido entabló correspondencia con el dictador Francia, bajo cuyo régimen el país contaba con un poderoso ejército.Como este se negase, decidió invadir ese país y restituirlo a la organización de las Provincias Unidas. Aguardaba reclutar unos treinta mil paraguayos y emplearlos para expulsar a los portugueses de la Banda Oriental. Pidió el apoyo de López mientras que concentraba su ejército en Corrientes mas este comenzaba a alejarse de él. Una década atrás, el gobierno porteño había intentado ocupar el Paraguay por la fuerza por una expedición militar, uno de scuyos objetivos había sido reclutar diez mil paraguayos para el Ejército de las Provincias Unidas; en mil ochocientos veintiuno, Francia contaba con tres mil hombres y edificó navíos y lanchas como base de la Armada paraguaya.


Ramírez le solicitó al santafesino quinientos milicianos, un escuadrón de dragones y un batallón de pardos y negros. Asimismo pidió ayuda a Buenos Aires conforme lo firmado en el Pilar, aguardando percibir dos mil reclutas. En conjunto, ya tenía más de tres mil hombres y una escuadra regular para tal empresa, conforme José Luis Busaniche «habría destruido a Francia, sin duda, y el Paraguay sería el día de hoy una provincia de la República Argentina».


Pero, sin dejar siquiera iniciada la labor, se fue cara Entre Ríos en el mes de enero de mil ochocientos veintiuno.


Tras la derrota de Dorrego, Buenos Aires había quedado acéfala; la Junta de Representantes, presionada por Juan Manuel de Rosas, escogió como nuevo gobernante a Martín Rodríguez. Este se reunió con López el veinticuatro de noviembre de mil ochocientos veinte. en la estancia de Tiburcio Benegas, donde por mediación de Rosas y del gobernante cordobés Bustos se firmó el Tratado de Benegas, que disponía la asamblea de una Convención General en Córdoba.


El Tratado dejaba solo a Ramírez en su empeño para liberar la Banda Oriental, y anulaba múltiples de las disposiciones del Tratado del Pilar. El Supremo escribió a Rodríguez, preocupado por la repercusión de los viejos partidarios del Directorio en el nuevo gobierno. Le demandó el envío del armamento y tropas que se habían acordado a Entre Ríos. Insistía además de esto en la necesidad de declarar la guerra a Portugal.


La falta de contestación lo llevó a procurar conseguir la mediación de López, o bien en su defecto su apoyo a un ataque contra Buenos Aires. Mas la rivalidad entre los caudillos y el pacto del santafesino con Buenos Aires y Córdoba le quitó el posible apoyo del santafesino. Tanto Bustos como Rodríguez estimaban que el prestigio de Ramírez y la impetuosidad con la que había decidido recobrar la Banda Oriental eran una amenaza a la unidad del país. Contribuyó asimismo a ello la continuada coalición de Ramírez con Carrera, que en ese entonces había conseguido rebelar a los ranqueles del oeste de la provincia de la ciudad de Buenos Aires, que ocasionaron grandes pérdidas a los porteños.


Desengañado, Ramírez decidió tomar armas contra Buenos Aires de nuevo y contra López. El Supremo concentro dos mil hombres y navíos para cruzar el Paraná, estaba en la cima de su poder al vencer a Artigas y apoderarse de Corrientes.


A principios del mes de mayo de mil ochocientos veintiuno, el coronel Anacleto Medina cruzó de forma exitosa el río Paraná hacia santa Fe, y atrapó las monturas de López, privando a este de su caballería. Poquitos días después, el cuerpo primordial del ejército de Ramírez desembarcaba asimismo cerca de Coronda. Allá tomó por el flanco a la columna dirigida por el tucumano (al servicio de la ciudad de Buenos Aires) Gregorio Aráoz de Lamadrid, que se dirigía a fortalecer a López, y la desarmó.


Mientras tanto, Mansilla estaba al cargo de llevar la infantería por navío hasta santa Fe (capital). Mas Mansilla traicionó a su jefe: condujo la tropa a santa Fe, mas volvió a embarcarla poco después y ordenó el retroceso. La escuadra porteña destrozó la flota de Ramírez, cortando las comunicaciones con Entre Ríos, y también impidiendo el avance de Ramírez y Medina cara el sur.


Con solo setecientos hombres en condiciones de combatir, campó en Coronda para valorar su plan de acción; allá recibió noticias de que Lamadrid, con más de mil quinientos hombres, artillería, caballos y trescientos ochenta pesos fuertes que Buenos Aires remitía para asistir a López, avanzaba sobre su situación. A pesar de que Martín Rodríguez había indicado a Lamadrid que se reuniera con López ya antes de emprender acciones, este procuró aprovechar la situación, y procuró sorprenderlo cerca del río Carcarañá. Mas Ramírez, sobre aviso, había conseguido contar con sus fuerzas y maniobró de tal forma que consiguió hacer huir a las tropas de Lamadrid, quedándose con los caballos, el parque y los fondos.


Sin embargo, la victoria le costó prácticamente la mitad de su tropa y la situación se hacía exasperante. Un par de días después, debió enfrentarse con las tropas de López que le cortaba el paso cara Córdoba, donde pensaba replegarse, buscando rodear a sus contrincantes y cruzar el Paraná cerca de Corrientes. Frente a la superioridad del oponente, debió huir en la mitad de la refriega con apenas dos cientos de hombres y marchó cara el oeste.


Pocos días después, halló un refuerzo inopinado en una columna de setecientos hombres dirigida por Carrera, que asistía a su ayuda desde la provincia de San Luis. No obstante, no pudieron pactar un plan de acción: Carrera pretendía cruzar cara Chile, al paso que Ramírez juzgaba más ventajoso dirigirse a Corrientes. Para ganar tiempo atacaron a Bustos en Cruz Alta, mas fracasaron ante su situación protectora. Carrera conseguiría acercarse a la cordillera, mas sería vencido y detenido por orden del gobernante mendocino Tomás Godoy Cruz, que lo hizo fusilar.


Ramírez, por su lado, siguió camino cara el norte por la sierra, procurando recabar ayuda de la oposición local a Bustos, mas fue perseguido por una partida mandada por este. El diez de julio, uno de los oficiales de López lo derrotó en una breve batalla en Chañar Viejo (cerca de Villa de María de Río Seco y de la ciudad de San Francisco del Chañar), donde fue de nuevo vencido. Consiguió escapar, mas al descubrir que su amante (la Delfina, que había luchado a su lado a lo largo de toda la campaña) había sido capturada, retornó a salvarla.En ese instante fue fallecido de un balazo.


Fue degollado y su cabeza clavada en una pica y después mandada a López, quien la hizo embalsamar y la exhibió en una jaula, en la puerta del Cabildo santafesino.


La República de Entre Ríos no subsistió a Ramírez. Por un corto tiempo lo sucedió su medio hermano Ricardo López Jordán, mas el coronel Mansilla se levantó en contra suya el veintitres de septiembre y se hizo seleccionar gobernante. Esa nueva provocó la restauración de la autonomía por la provincia de Corrientes y, a fines de octubre, López Jordán se exilaba en Paysandú. La República fue dada por fallecida y Mansilla se alió con santa Fe y Buenos Aires. El veintidos de enero de mil ochocientos veintidos se firmó el Tratado del Cuadrilátero, que convocaba un nuevo congreso en la ciudad de Buenos Aires. La guerra por la Banda Oriental reventaría por último en mil ochocientos veinticinco, mas llevaría a la independencia del Estado Oriental del Uruguay.


La figura de la concubina de Ramírez, que ha pasado a la historia sencillamente como la Delfina, si bien poco se sabe de ella, ha atraído la atención de los historiadores. Era una portuguesa, cuyo origen todavía se ignora, a la que Ramírez atrapó en los enfrentamientos de los portugueses con Artigas. Diríase que esta mujer rubia pertenecía a la nobleza portuguesa establecida en San Pedro del Río Grande y que por tal origen nobiliario se le apodaba la Delfina.


Tomada cautiva, Ramírez se enamoró de ella, hasta el punto de romper su compromiso con Norberta Calvento, hermana de uno de sus mejores amigos. La Delfina estuvo al lado de Ramírez desde ese momento, de manera especial en el frente; hábil como amazona y en el empleo de las armas, vestía uniforme militar (normalmente una chaquetilla roja y sombrero tipo chambergo con una pluma) con charreteras de coronel.


El día de la muerte de Ramírez fue salvada por Medina y salvó su vida. Cruzando el Chaco consiguió volver a Concepción del Uruguay, donde subsistió dieciocho años a su pareja.






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