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ıllı Félix de la Peña wiki: info, historia y vídeos


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salud  Félix de la Peña 


Nació en San Miguel de Tucumán, cabecera de la tercera Intendencia en relevancia del Virreinato del Río de la Plata. Hijo de Don José Hermenegildo de la Peña- Campestre y Aráoz, y de doña Manuela Díaz de Sobrecasas y Ladrón de Guevara.


Desarrolló sus actividades en Córdoba y, el quince de diciembre de mil ochocientos treinta, contrajo matrimonio con Eugenia Funes Allende -hija de José Roque Funes-. De allá nacieron 4 hijas y un hijo: Eugenia, Donatila, Perseverancia, Irene y también Ignacio de la Peña y Funes.


La oligarquía mercader de Córdoba


Félix de la Peña fue un triunfante mercader acopiador perteneciente a la aristocracia de Córdoba. Esta, estaba compuesta en su mayoría por un núcleo de mercaderes que durante las décadas de mil ochocientos treinta y mil ochocientos cuarenta amontonaron fortunas en el comercio a distancia y la explotación de barracas, prensas de enfardar, guardes mayoristas y tiendas.


En el periodo precedente a la Batalla de Caseros, fue distribuidor del Estado cordobés consiguiendo numerosas prerrogativas comerciales y fiscales desde su relación con el gobernante Manuel López -de la Peña era cuñado de Antolín Funes, yerno del gobernante-. De esa forma, como otros miembros de la clase mercader local, conseguía permisos singulares de venta (llamados "Exclusivas") y libre tránsito de mercancías, la reducción de derechos de aduana, el perdón de multas aplicadas por contrabando, la indemnización por pérdidas en el remate de recursos o bien por motivos políticos, el pago de mejores costes por sus productos a través del canje de los cueros de propiedad del Estado por efectos militares y la cancelación de deudas por préstamos de ganado (llamados "auxilios") en menores plazos.


Así, sus relaciones comerciales y su fortuna le dejaron ocupar cargos de relevancia en el manjeo de las relaciones comerciales de Córdoba. De la Peña integró el Consulado de Comercio de Córdoba -órgano predececesor de la Bolsa de Comercio de Córdoba- en 2 oportunidades: desde mil ochocientos cuarenta y uno hasta mil ochocientos cuarenta y cuatro y por segunda vez, después de ocupar un escaño en la Sala de Representantes, desde mil ochocientos cuarenta y nueve hasta mil ochocientos cincuenta.


La caída de López el veintisiete de abril de mil ochocientos cincuenta y dos, lejos de expulsarlo del poder, abrió un nuevo esquema de gobierno donde los ámbitos de forma tradicional vinculados al comercio sostuvieron el poder político mediante asociaciones que adherían a las ideas de la revolución triunfante. De esta forma, en el mes de octubre de mil ochocientos cincuenta y dos participó de la fundación del "Club Constitucional de Córdoba".


En mil ochocientos cincuenta y cuatro integró la delegación provincial del Banco Nacional de la Confederación Argentina, órgano encargado de las funciones de la Administración General de Hacienda y Crédito Público. Al siguiente año, participó de la conformación del Partido Liberal en Córdoba. Este, no era un partido en un sentido moderno; sino, una coalición de interes de tipo comercial y financieros, de tipo tradicional, que ligan a sus miembros. Es escogido Representante a la Legislatura.


Al instalarse el Consejo Administrativo de la Municipalidad de Córdoba, el nueve de julio de mil ochocientos cincuenta y siete, es escogido Vicepresidente del mismo. No continuará un buen tiempo en las funciones municipales. Elegido Representante por tercera ocasión, el catorce de octubre de ese año acepta la presidencia de la Reunión legislativa.


La secesión de la ciudad de Buenos Aires dividió a los cordobeses en 2 bandos. Evocando a los contendientes de la lejana Guerra de Crimea, que encaraba a las grandes masas de Rusia contra una alianza de fuerzas menores mas mejor armadas y disciplinadas de turcos, franceses, ingleses y también italianos, dieron en llamarse "Rusos" y "Aliados" respectivamente.


Los Rusos eran los viejos federales puros, circunstancialmente aliados al presidente de la Confederación Justo José de Urquiza y antiporteñistas. En sus filas revistaban Alejo Carmen Guzmán, Agustín San Millán, José Pío Achával, Jerónimo Cortez, Eduardo Ramírez de Arellano, Felipe Yofre, José Mateo Luque y Manuel Lucero, entre los primordiales animadores. En mil ochocientos cincuenta y ocho apoyaron la nominación a gobernante de la ciudad de Santiago Derqui.


Los Aliados eran de pensamiento liberal y próximos a la postura de la ciudad de Buenos Aires, regida por Bartolomé Mitre. Se resaltaban en este bando Félix de la Peña, Justiniano Posse, Rafael García, Antolín Funes y Augusto López, entre otros muchos, ciertos de ellos connotados rosistas de antaño. En mil ochocientos cincuenta y ocho apoyaron la nominación a gobernante de Mariano Fragueiro, por entonces Miembro del Senado de la Confederación Argentina.


El veintitres de mayo de mil ochocientos cincuenta y ocho, la Reunión de Miembros del Congreso de los Diputados de Córdoba escogió a Fragueiro por veintisiete a diecinueve votos, quien organizó el Partido Liberal en la Provincia de Córdoba. No obstante, la asunción de la ciudad de Santiago Derqui como Presidente de la Confederación Argentina, el cinco de marzo de mil ochocientos sesenta, marcó el comienzo de una etapa de alta inestabilidad institucional en Córdoba, signada por el enfrentamiento político y la tensión permanente, entre el gobierno de Paraná -sede del gobierno confederado- y las autoridades locales.


Aceptada la renuncia de Mariano Fragueiro, la Reunión de Miembros del Congreso de los Diputados designó el veinticuatro de julio de mil ochocientos sesenta a Félix de la Peña, ahora apoyado en las fuerzas del Partido Federal, como gobernante interino, y después "gobernante en propiedad". La elección del mercader tucumano procedía de los ámbitos de forma tradicional vinculados al comercio, quienes sostenían el control del intercambio y el predominio sobre los campos productivos.


De la Peña siguió la obra de su predececesor, dividiendo extensos departamentos en áreas que facilitasen su administración y colonización de las tierras. Brotaron de este modo el Departamento San Justo, como un desprendimiento de Río Segundo, y el Departamento Unión, del Tercero Arriba. Por entonces, era puesto en marcha el primer molino de vapor en la provincia, siendo las harinas, los productos de cuero y alguna extracciones minerales los que estimulaban aquella economía cordobesa.


La intervención federal de 1861


De la Peña debió empezar una frágil política de equilibrios para proteger la estabilidad de su gobierno en frente de las presiones del presidente Derqui, quien ejercitaba repercusión en la política local a través del miembro del Congreso de los Diputados Mateo Luque.Si bien escogido por "los rusos", apoyándose en el expresidente Urquiza, sostuvo al liberal Luis Cáceres como ministro de gobierno como salvoconducto cara Bartolomé Mitre.


La estrategia de supervivencia política funcionó hasta el derrocamiento y ejecución extrajudicial del gobernante de San Juan, Antonino Aberastain, por el gobernante de San Luis, el coronel Juan Saá; y la siguiente rebelión del coronel confederado José Iseas contra el gobernante puntano. Iseas es vencido por las fuerzas de Saa, refugiándose en Córdoba. El gobernante de San Luis solicita a de la Peña su extradición, que este niega.


Saá acusa a de la Peña de complicidad con Iseas mediante los editoriales "El Ecuánime", periódico de orientación liberal propiedad del ministro Cáceres. La situación se aguza cuando Saá, ascendido al grado de General del Ejército, anuncia que se dirigirá a Córdoba "a hacer justicia". Félix de la Peña condena este activar, organizando las milicias y contestando que rechazará "la fuerza por la fuerza".


Así las cosas, el veinticuatro de mayo de mil ochocientos sesenta y uno, el Congreso de la Confederación Argentina decidió la Intervención federal de Córdoba al cargo del mismo presidente Derqui. Como el gobernante de la Peña anuncia que resistirá la intervención, el presidente Derqui y el ministro de guerra José María Francia se instalan con tropas confederadas en los campos de La Tablada. La resistencia cordobesa se derrumba y el quince de junio, sin usar las armas, Derqui se estableció en la capital cordobesa, remplazando a de la Peña; que inútilmente se dirige a Entre Ríos a solicitar el apoyo del expresidente.


El día de los 6 gobernadores


La legislatura de Córdoba había escogido gobernante a José Severo de Olmos, que no se encargó de forma inmediata por fungir en Paraná como Ministro del Interior. De momento, desvanecido el riesgo de un alineamiento de las autoridades cordobesas con las fuerzas porteñas de Mitre, el veinte de julio de mil ochocientos sesenta y uno Derqui nombra interventor federal a Fernando Félix de Allende. Naturalmente, el nuevo comisionado era "federal", mas cuando el jefe del Partido Federal, el general Urquiza, entregó la Batalla de Pavón a Mitre, Allende no lo prosiguió en el renuncio, sino salió a la campaña a organizar la resistencia a la previsible invasión mitrista, delegando para esto la gobernación en Tristán Achával, primo de Derqui.


Aprovechando la ausencia del Interventor y defraudando la confianza de los federales, el comandante confederado Manuel de Olascoaga, jefe de la Guarnición de Córdoba, entendiéndose con los mitristas cordobeses, se rebeló. El doce de noviembre de mil ochocientos sesenta y uno, Olascoaga depuso a las autoridades federales y atrapó a Tristán Achával; obligándolo a producir una resolución –que no se hizo eficaz en el momento– de reposición en el cargo de Gobernante de Córdoba a Félix de la Peña. Sin embargo, hizo proclamar gobernante a José Alejo Román, perteneciente al ala autonomista del liberalismo, que dirigía Justiniano Posse.


Así las cosas, el dieciseis de noviembre de mil ochocientos sesenta y uno -conocido como "el día de los 6 gobernantes"-, el presidente del Superior Tribunal de Justicia, Juan del Campillo, prestó juramento de ley como Gobernante de Córdoba, por el hecho de que de este modo lo disponía la línea de sucesión establecida por el artículo 49º de la Constitución Provincial de mil ochocientos cincuenta y cinco. A continuación, sin abandonar, delegó su poder en Román, quien lo ejercitaba en verdad en la urbe de Córdoba apoyado en las fuerzas de línea lideradas por Olascoaga.


Al pronunciamiento del mendocino Olascoaga, sucedió otro del comandante de los departamentos del Este, Luis Álvarez, que mantenía al ex- gobernante de la Peña. Las milicias de la Sierra y del Sur continuaban fieles al comisionado federal Allende bajo el mando del comandante Francisco Clavero. Este, organizó la defensa militar del gobierno del comisionado federal; mas el dieciocho de noviembre el coronel Luis Álvarez derrotó a Clavero en el combate de La Huertilla y el veinte en el Bajo del Molino de López.


El avance de las fuerzas porteñas tras la matanza de Cañada de Gómez provocó la renuncia de Allende, que además de esto desautorizó a Clavero y dejó fuera de competencia todos y cada uno de los gobernantes federales: el propio Allende, Tristán Achával, de Olmos y del Campillo. Pese a ello, Olascoaga y Román no consiguieron comprenderse con Álvarez y Félix de la Peña. La Provincia de Córdoba tenía 2 gobernantes y los dos eran del mismo partido.


El litigio entre ellos se resolvió políticamente, siguiendo la hábil propuesta de Luis Cáceres: Román traspasó el poder a Félix de la Peña el diez de diciembre y este –según había acordado– presentó su renuncia el día quince frente a la Reunión de Miembros del Congreso de los Diputados dominada por el campo peñista. Satisfechas de esta manera las ambiciones y demandas de las dos facciones liberales, se nombró gobernante provisorio al tucumano Marcos Paz, mandado de Mitre y apoyado por las tropas de ocupación del general Wenceslao Paunero, que habían ocupado Córdoba.


En Córdoba el Partido Liberal estaba dividido en 2 facciones de poder realmente fuertes. Los "mitristas", más moderados y menos exigentes, conducidos por Féliz de la Peña, Juan del Campillo, Augusto López y Luis Cáceres. Los "ultraliberales", organizados en el Club Libertad y defensores de una mayor autonomía provincial sin la tutela de ejércitos de ocupación, representados por Justiniano Posse, Antonio del Viso y Manuel D. Pizarro. Estos, tenían menos unión al "mitrismo" que Félix de la Peña. Estos hombres, dominaron la escena política provincial a lo largo de toda la Década de mil ochocientos sesenta. La Provincia de Córdoba vivió en esos años el mayor periodo de inestabilidad a nivel político.


Las pujas de poder entre los ámbitos liberales gastó al gobernante Marcos Paz, inútil, en palabras de Régulo Martínez, de "manejar doctores en la urbe y gauchos malos en la campaña". El pensamiento de Paz se ve reflejado en su misiva del treinta y uno de diciembre de mil ochocientos sesenta y uno a Mitre:


El veintiocho de enero de mil ochocientos sesenta y dos, el general Paunero sustituyó a Paz.Desde el gobierno, persiguió a los genuinos federales y llegó a separar de sus cátedras universitarias a conspicuos profesores, como Clemente Villada, Jerónimo Cortés, Clodomiro Oliva y Marcos Figueroa, y hasta le quitó la jubilación al doctor José Severo de Olmos, ex- ministro de la Nación.Esas arbitrariedades, sumadas a la presencia amenazante del ejército de ocupación porteño, no hicieron sino más bien exacerbar los ánimos.


Una fracción del entonces Partido Liberal consiguió imponer la convocatoria a elecciones y consiguió el triunfo del médico Justiniano Posse, quien aceptó el dieciseis de marzo. Paunero lo hostilizó de mil formas, mas, por suerte, en el mes de julio se retiró a Villa Nueva, donde continuó hasta fines de mil ochocientos sesenta y dos.


El diez de junio de mil ochocientos sesenta y tres se generó en Córdoba una revolución contra el gobernante Tiene, encabezada por el federal Simón Luengo, que designó gobernante a José Pío Achával. El general Ángel Vicente Peñaloza, viejo federal antirrosista, más conocido como “el Chacho”, marchó hasta acá en apoyo de este último y el trece de junio entró en la urbe, donde fue recibido con júbilo. Paunero vino en su busca y el día veintiocho de ese mes se encararon en la Batalla de Las Playas, sitio donde hoy día está la Factoría Argentina de Aeroplanos (Fadea).


El combate fue encarnizado y “el Chacho”, derrotado, debió huir a San Luis. Las atrocidades cometidas en esa ocasión por el coronel Ambrosio Sandes se anotan entre las páginas más siniestras de la historia argentina. Terminada la batalla, hizo ejecutar a los oficiales, dejó los cadáveres allá tirados y llevó a pie a los presos hasta el Bajo de López -el día de hoy distrito General Paz-, donde mandó a decapitar a ochenta jóvenes, en su mayor parte estudiantes universitarios que se habían ofrecido como voluntarios.


En tanto, la presencia del general Paunero en Córdoba se volvió un factor de inestabilidad institucional. El diecisiete de julio de mil ochocientos sesenta y tres, el gobernante Tiene, presionado por la autoridad militar del Ejército de ocupación, renunció, denunciando la actitud del “hombre que el día de hoy veja a Córdoba”. El tres de noviembre de mil ochocientos sesenta y tres debió dejar la gobernación Benigno Ocampo –a pesar de ser escogido por repercusión de Paunero–, por haber pedido a Mitre que el ejército porteño se retirara de la provincia.


Con motivo de las diferencias que habían dividido al Partido Liberal de Córdoba, y provocado la deposición del gobernante Roque Ferreyra, en el mes de julio de mil ochocientos sesenta y seis, una nueva legislatura impuso a Mateo Luque, del federalista Partido Constitucionalista, como Gobernante de Córdoba. La tensión social y las rebeliones militares no acabaron. El federal Simón Luengo encabezó 2 levantamientos armados entre julio de mil ochocientos sesenta y seis y agosto de mil ochocientos sesenta y siete.


El dieciseis de agosto de mil ochocientos sesenta y siete, aprovechando su situación de Inspector General de Milicias en el gobierno de Luque, Simón Luengo comenzó una revolución. Declaró su apoyo a Felipe Varela, se posesionó del gobierno provincial, detuvo al Gobernante encargado Carlos S. Roca y Allende y al Ministro de Guerra de la Nación Julián Martínez y ignoró la autoridad de Mitre.


El pronunciamiento de Luengo va a durar 13 días. Nicasio Oroño, Gobernante de santa Fe, avanza sobre Córdoba al frente de dos mil ochocientos soldados; el general Emilio Conesa, con la División Buenos Aires, se moviliza desde Villa Nueva. Entra a la urbe y restituye en el cargo de gobernante a Luque, que desautoriza a Luengo. Por último, este, terminó entregándose a Conesa el veintiocho de agosto.


Mateo Luque se había mostrado fiel al presidente Mitre, mas este lo consideró peligroso para su régimen. El general Conesa lo restituyó en el cargo de gobernante, mas limitó sus poderes tal y como si el gobernante fuera . Falto de poder real, Luque renunció exactamente el mismo día de la rendición de Luengo.


La reorganización institucional de Córdoba preocupa a Mitre. La Legislatura provincial retardaba la aceptación de la renuncia de Luque. El general José Miguel Arredondo –nuevo mandado militar del gobierno nacional–, penetró en una sesión de la Reunión de Miembros del Congreso de los Diputados en la que debía seleccionarse gobernador; la disolvió y designó una nueva de su agrado, con la que consiguió imponer el nombramiento temporal de Félix de la Peña el veintiuno de octubre de mil ochocientos sesenta y siete.


Félix de la Peña nombrado interinamente y después en propiedad, pudo llenar su periodo gubernamental, ejercitando una administración más estable y progresista que las precedentes. El orden social va a ser sostenido entonces por las tropas de línea que, bajo las órdenes del Ministerio de Guerra de la Nación Argentina, actuaren como garante de las jóvenes instituciones provinciales.


La epidemia de cólera de 1867


El cólera se había declarado en el tercer mes del año de mil ochocientos sesenta y siete en las provincias del Litoral Argentino, especialmente en las urbes de Rosario y San Nicolás, y al poco tiempo se registraron los primeros casos en las urbes de Córdoba y Villa María. Se piensa que el ingreso al país fue impulsado por la Guerra del Paraguay y el incremento del comercio.


El primer caso de la epidemia de cólera en la Provincia de Córdoba se diagnosticó el quince de diciembre de mil ochocientos sesenta y siete y el último el veintisiete de enero de mil ochocientos sesenta y ocho. A lo largo de ese tiempo, el cólera ocasionó el terror en la población, las escapadas y las procesiones fueron las estrategias usadas para salvarse de la enfermedad. La muerte le llegó a dos mil trescientos setenta y uno habitantes de la urbe de Córdoba y a cuatro mil en la campaña.


Cuando el cólera atacaba Rosario, en el otoño y también invierno de mil ochocientos sesenta y siete, las autoridades de la Provincia de Córdoba crearon una Comisión de Higiene, que tenía como misión producir las medidas precisas para prevenir el ingreso de la epidemia en la Provincia y, en exactamente la misma urbe. Para esto, instituyeron establecimientos destinados a imponer una cuarentena a aquellos viajantes que llegaban de las zonas donde “reinaba la enfermedad”. Los puestos de cuarentena estaban dirigidos por médicos en el Pueblo de Villa Nueva, en el sur de la provincia, y había otro a las afueras de la urbe de Córdoba.


La cuarentena duraba 3 días, hasta el momento en que los viajantes pudiesen ingresar a la urbe de Córdoba. El personal policial tenía incumbencia, puesto que daba apoyo de fuerza y realizaba las disposiciones de la Comisión de Higiene, tanto en lo referido a la apertura de calles, como a la limpieza del río o bien la vigilancia de los establecimientos que pudiesen ser peligrosos, conforme las teorías de transmisión de la enfermedad de la temporada.


Las enfrentamientos administrativos atentaban contra las medidas de salud pública. En mayo de mil ochocientos sesenta y siete, 2 miembros de la Comisión de Higiene, el Protomédico Luis Warcalde y el Presidente de la Municipalidad de Córdoba presentaron un escrito al Gobernante de la provincia donde acusaban al subintendente de Policía de no cumplir ni realizar las disposiciones de la Comisión de Higiene para precaverse del cólera. La intervención oportuna el gobernante de la Peña procesó el activar de la comisión.


Entre las disposiciones que emitió el Gobernante de Córdoba para la lucha contra la enfermedad, se hallaban una serie de recomendaciones que iban desde una nutrición frugal, el aseo personal y de las habitaciones, hasta preservar el ánimo alto y no “tener temor al cólera”. Esto, se complementaba con la prohibición de efectuar asambleas donde se amontonaba un sinnúmero de gente. No obstante, a lo largo de la epidemia se hicieron procesiones y sus respectivas misas, incluso contra las disposiciones generales del Protomédico y de la Comisión de Higiene.


La Iglesia era la única corporación que por su grado de inserción social, su capital monetario y su organización, consiguió poner sus recursos humanos y su moblaje al servicio de los enfermos. Las autoridades eclesiásticas actuaban como un órgano estatal, tomando en cuenta que incontables lazaretos le pertenecían, lo que, asimismo producía tensiones por la interposición de funciones entre las órdenes religiosas y la Comisión estatal de higiene.


El tercer punto de enfrentamiento fue la resistencia, producto del miedo y la ignorancia dominantes en la temporada, de abundantes médicos que cuestionaron los métodos de prevención estatal y, en ciertos casos se negaron a atender a los enfermos. El gobierno provincial contrapuso la fuerza pública para vencer esa resistencia.


La Constitución provincial de 1870


La Reunión de Miembros del Congreso de los Diputados de Córdoba declaró precisa la reforma de la carta magna provincial. La convención constituyente se reunió el veinticuatro de octubre de mil ochocientos sesenta y nueve y, después de 39 sesiones, se aprobó la nueva constitución el diecisiete de septiembre de mil ochocientos setenta.


Desde ese instante, la estructura jurídico-institucional de la provincia adquirió un basamento más afianzado y rasgos propios definidos. Constaba de ciento 88 artículos y declaró la existencia de Córdoba como miembro de la Nación Argentina. En materia de derechos y garantías, se instauró la restricción de la pena de muerte -solo aplicable por jueces letrados-, se declaró ilegal el enfrentamiento en duelo y se consagraron principios en materia delincuente como el Non bis in idem, el derecho de defensa, el debido proceso penal, el Principio de presunción de inocencia y el procedimiento de Habeas corpus.


En materia de orden institucional, determinó la capital provincial y estableció la subordinación constitucional de la autoridad militar a la civil. Sostuvo el gobierno tripartito y también instauró la legislatura bicameral con la creación de la Cámara de Miembros del Senado de la Provincia de Córdoba. El Poder Ejecutivo proseguirá siendo unipersonal y de elección indirecta, mas se instaura el cargo de Vicegobernador de Córdoba -como garantía de estabilidad a nivel político-, el procedimiento de juicio político y un procedimiento de acefalia.


Se rehabilitó el sistema municipal, ampliando las facultades de los ayuntamientos mas sin alterar las estructuras actuales. En mil ochocientos cincuenta y siete, el Ayuntamiento era concebido como un cuerpo agremiado formado por 15 miembros y un presidente, con labores ejecutivas y deliberativas al unísono. Ahora, se creaba el Consejo Comunal Ejecutor y el Consejo Deliberativo.






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