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ıllı Expedición de Almagro a Chile wiki: info, historia y vídeos


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salud  Expedición de Almagro a Chile 


División de las capitulaciones españolas en Sudamérica en el siglo XVI.

La gobernación de Nueva Toledo fue creada por el emperador Carlos I el veintiuno de mayo de mil quinientos treinta y cuatro para Diego de Almagro, quien no había resultado favorecido en el reparto de gobernaciones de mil quinientos veintinueve para Francisco Pizarro y Simón de Alcazaba y Sotomayor. Almagro recibió una franja de doscientos leguas en dirección norte-sur que empezaban más o menos en el paralelo 14° S, cerca de Pisco, que correspondía al máximo sur de la gobernación de Nueva Castilla concedida a Pizarro.


La gobernación tenía como límite oriental a la línea del Tratado de Tordesillas, la que para los españoles se encontraba a los 46º 37’O, con lo que se le daba un pequeño recorrido de costa en el océano Atlántico. Recluía por el sur con la Gobernación de Nueva Andalucía, concedida a Pedro de Mendoza, un tanto al sur de Taltal a los 25° 31' 26''S. Al occidente se encontraba el océano Pacífico.


En el instante de enterarse de la creación de la gobernación, Diego de Almagro se encontraba cruzando el río Abancay cuando se dirigía al Cuzco. La real cédula nombraba a Almagro: gobernante, adelantado y capitán general de Nueva Toledo. Después de entrar Almagro en Cuzco, se generaron desavenencias entre Almagro y los partidarios de Pizarro, que concluyeron con la firma por los dos el doce de junio de mil quinientos treinta y cinco de un acta de concordia. Los dos conquistadores se reconocieron sus gobernaciones y renovaron sus pactos efectuados en Panamá para la conquista del Perú, acordando dividir entre los dos las riquezas que consiguieran. Los enfrentamientos de límites serían elevados al emperador y mientras la línea lindante se ubicaría al sur del Cuzco, quedando esa urbe en poder de Pizarro.


Pizarro estimuló a Almagro a dirigirse a explorar un territorio situado al sur llamado Chile, del que afirmaban los incas estaba poblado de oro.


Almagro gastó más de un millón y medio de pesos oro en los preparativos de su expedición a Chile, mandó agentes reclutadores de soldados a la Urbe de los Reyes y juntó de manera fácil quinientos españoles para la expedición, muchos de los que lo habían acompañado al Perú y otros procedían de la expedición de Pedro de Alvarado a Quito. La fama de esplendidez de Almagro facilitaba el reclutamiento. Iban asimismo en la expedición unos cien esclavos negros y unos mil quinientos yanaconas para el transporte de las armas, ropas y alimentos. De las 2 sendas posibles cara Chile por los caminos del Inca que partían del Cuzco, Almagro escogió la que bordeando el lago Titicaca se internaba en la presente Bolivia, pasaba por las provincias argentinas de Jujuy, Brinca y Catamarca y cruzaba a Chile atravesando la cordillera de los Andes. Desechó la senda ribereña que atravesaba el desierto de Atacama, seguramente debido al riesgo de perder allá a sus caballos por la carencia de agua y forrajes.


Las noticias que les llegaban sobre el val de Chile eran falsas, puesto que los incas planeaban una rebelión contra sus dominadores y deseaban que aquel conjunto tan abundante de españoles se alejara de Perú, a sabiendas de que al sur solo hallarían indígenas hostiles. Almagro le solicitó al inca (rey del imperio designado por Pizarro) Manco Cápac II que les preparase el camino mandando a 2 dignatarios al lado de 3 soldados españoles a caballo a fin de que en los puntos del tránsito se acatasen las órdenes de Almagro. El inca les entregó al más alto jefe religioso del imperio, el Villac-Umu y asimismo a su hermano menor llamado Paullu Inca (o bien Pablo Inga). Los comisionados debían avanzar con una fuerte escolta indígena hasta el pueblo de Tupiza a doscientos leguas del Cuzco y fueron recogiendo el oro y la plata que hallaban por donde pasaban para dar a Almagro, malmetiendo a los indígenas contra los españoles.


Luego Almagro confió a Juan de Saavedra que se adelantara con una columna de cien a ciento cincuenta soldados a fin de que, a la distancia de unas ciento treinta leguas, fundara un pueblo y lo esperara con llamas, alpacas y el maíz y también indígenas de relevo que pudiera reunir en aquellas regiones. Saavedra creó el pueblo de Paria en el punto en donde Almagro y Pizarro habían acordado se dividieran provisoriamente sus jurisdicciones. Los preparativos de la expedición fueron efectuados con gran celeridad, puesto que veinte días tras el acuerdo con Pizarro, Almagro se puso en campaña, si bien ciertas versiones apuntan que salió apresurado por miedo a que Pizarro aprovechase la partida de sus hombres para atraparlo.

Expedición de Almagro a Chile, pintura de fray Pedro Subercaseaux.

Almagro salió del Cuzco el tres de julio de mil quinientos treinta y cinco con cincuenta hombres y se detuvo en Moina (a cinco leguas al oeste del Cuzco) hasta el veinte de ese mes, detenido por el inopinado arresto del inca Manco Cápac II por Juan Pizarro, acción que le dio inconvenientes. En el Cuzco Almagro dejó a Rodrigo Orgóñez reclutando soldados para unirse a la expedición, cumpliendo Juan de Rada exactamente la misma comisión en la Urbe de los Reyes.


Dejada atrás Moina, Almagro se dirigió por el camino del Inca recorriendo el área occidental del lago Titicaca. Cruzó el río Desaguadero y se halló con Saavedra en Paria a inicios de agosto, quien había reunido a sus fuerzas a cincuenta españoles más, que pertenecían al conjunto del capitán Gabriel de Rojas, y que decidieron desamparar a su jefe y dirigirse a Chile. Rojas había partido anteriormente del Cuzco por orden de Pizarro en misión de descubrimiento cara el sur con sesenta españoles y regresó a esa urbe prácticamente solo. Almagro ordenó que los expedicionarios continuaran cerca del lago Augallas todo agosto, en espera del derretimiento de las nieves de la cordillera de los Andes, mientras que se dirigió a Tupiza con doce hombres a caballo, sitio en donde lo aguardaba Paullu Inca. A lo largo del camino había recibido la nueva de la llegada al Perú del prelados de Panamá, Tomás de Berlanga, encargado por el rey de resolver las diferencias entre Almagro y Pizarro, mas siguió viaje a pesar de que sus amigos le pidieron que volviera para proteger mejor su causa.


En Tupiza Paullu Inca y el Villac-Umu habían recogido oro de los tributos de la zona. Los 3 españoles que los acompañaban, mientras que aguardaban a Almagro, se habían dedicado al pillaje y prosiguieron viaje sin aguardarlo. Una caravana que aparentemente procedía de Chile con noventa cero pesos de oro fino de los tributos al Inca fue entregada a Almagro. Esto renovó los bríos de los expedicionarios haciéndoles olvidar los sufrimientos de la marcha. Acá Almagro efectuó una nueva pausa de un par de meses en la expedición, aguardando que llegaran las tropas, que lo fueron haciendo en conjuntos y acopiando alimentos. En Tupiza Almagro se notificó de los 2 caminos posibles para llegar a Chile, desechando el del desierto de Atacama.


Antes de que Almagro llegase a Tupiza, el Villac-Umu se escapó de la expedición con todos y cada uno de los porteadores y volvió al norte con planes de aprovechar la división de las fuerzas españolas. Mas Almagro y sus hombres prosiguieron adelante, puesto que todavía contaban con Paullu Inca como aliado. Los españoles debieron tomar porteadores por fuerza para poder transportar los avituallamientos, esto ocasionó más de un enfrentamiento con los naturales. Aun hasta exactamente el mismo Almagro estuvo a puntito de morir a manos de un indígena que lanzó una flecha y erró dándole al caballo, que cayó encima de Almagro y le ocasionó serias heridas.


Con más contrariedades, incluyendo la pérdida de bagaje en manos indígenas, los españoles llegaron por último al norte de Brinca, en la vieja Chicoana (en los vales Calchaquíes, no la presente Chicoana en el val de Lerma), el último paso ya antes de atravesar los Andes. En Chicoana los expedicionarios se detuvieron un par de meses para lograr provisiones. Los guías que pudo hallar apuntaron a Almagro que para llegar a Chile había 2 caminos, uno por el desierto en el que debían transitarlo en conjuntos pequeños y otro por un paso cordillerano cubierto de nieve. Almagro se decidió por este último y partió de Chicoana en el tercer mes del año. Ya los deshielos habían empezado y hallaron crecido al río Guachipas y debió ser atravesado a pie un día con la pérdida de llamas, y la deserción de los porteadores quienes aprovecharon para huir.


En su avance por la cordillera, los expedicionarios padecieron muchas penalidades, en tanto que paseaban agotados por el frío, el congelamiento de sus manos y pies, y por la complejidad de un suelo lleno de guijarros pequeños, de bordes afilados, que les destrozaban las suelas de los zapatos y las herraduras a los caballos. El helado tiempo de la cordillera mató a una gran parte de los yanaconas que comenzaron a dejar en la senda como un camino de muerte, puesto que no tenían la ropa conveniente y andaban a pie desnudo, y a múltiples de los españoles cuando se quitaban las botas, se les caían los congelados dedos de los pies.


En el otoño austral de mil quinientos treinta y seis llegaron al pie de la cordillera de los Andes. Las crónicas españolas no mientan el paso cordillerano empleado por Almagro para acceder a Chile ni dan pistas para identificarlo, el historiador chileno y también intendente de Atacama Carlos María Sayago en su obra Historia de Copiapó publicada en mil ochocientos setenta y cuatro afirma sobre la base de sus conocimientos regionales que Almagro cruzó los Andes por el paso de Come-Caballos. No obstante, Diego Barros Mentira en su obra Historia general de Chile (Tomo I) publicada en mil ochocientos ochenta y cuatro afirma sin mentar su fuente:


La historiografía siguiente chilena repitió la aseveración de Barros Mentira, por ejemplo: Jaime Eyzaguirre en Historia de Chile, pág. cuarenta y ocho de 1965; Sergio Villalobos en Historia del Pueblo Chileno Tomo I de mil novecientos ochenta. Estudiosos más recientes de Argentina y de Chile descartan por completo al paso de la ciudad de San Francisco en tanto que carece de aguadas y habría sido inaccesible para una expedición como la de Almagro, por lo que apuntan los puertos de montaña inmediatos cara el sur, como el paso Pircas Negras, el de Come-Caballos, el paso de La Ollita o bien el paso de Peñas Negras. Estos pasos son de menor altura y tienen cursos de agua en las dos pendientes de los Andes, que llevan al río Copiapó y sus vales en el lado chileno. Las investigaciones arqueológicas descubrieron tambos incaicos de apoyo para estos pasos cordilleranos, como el tambo La Ollita y los de Come Caballos, que hacen suponer que por ellos pasaba el ramal primordial del camino del Inca.


En mil quinientos ochenta y siete el gobernante del Tucumán Juan Ramírez de Velasco notificó que había escuchado que Almagro pasó por Londres, la vieja Shincal, situada en la senda al paso de Come-Caballos:


Un apoyo auxiliar al cruce por Come-Caballos es el relato de Gonzalo Fernández de Oviedo que afirma que cuando la retaguardia de Almagro a cargo de Juan de Herrada y de Juan de Guzmán llegó meses después a Copayapo tras pasar los Andes, contaron que habían comido los caballos que encontraron fallecidos y en buen estado de conservación en el paso andino.


Las dificultades aumentaron al internarse por ese paisaje helado, inhóspito y sigiloso, llegando aun a detener el avance por carencia de ánimos. El conquistador, preocupado por la fortuna de sus hombres, encabezó al lado de otros veinte jinetes un conjunto de avanzada, que atravesó la cordillera y tras cabalgar 3 días enteros, llegaron al val de Copiapó (en ese entonces Copayapu), recogiendo los alimentos que le proveyeron los indígenas que mandó inmediatamente para auxilio de sus hombres. Paullu Inca lo había antecedido y tenía preparado los alimentos.

Almagro llega al val de Copiapó.

Por fin el resto de la columna llegó a Copayapu con doscientos cuarenta españoles, mil quinientos yanaconas, ciento cincuenta esclavos negros y ciento doce caballos, entre los negros venía una mujer fiel a Almagro llamada Malgarida. Quedaron fallecidos en la travesía diez españoles, ciento setenta caballos y cientos y cientos de indígenas auxiliares.


En el val de Copiapó Almagro reunió quinientos cero ducados de oro y destrozó las obligaciones por un valor de ciento cincuenta cero pesos oro que sus capitanes le habían firmado de antemano en el Cuzco, diciéndoles que no podía ser acreedor de sus valientes y fieles camaradas.Almagro logró el favor de los indígenas locales deponiendo a un usurpador de un cacicazgo local y restituyendo al cacique Montriri, quien le fue agradecido y leal. Tras la natural restauración de energías a lo largo de una semana, se dio la orden de reiniciar la marcha en los primeros días de julio de mil quinientos treinta y seis, no obstante le abandonaron una multitud de yanaconas que dejaron prácticamente sin sirvientes a los españoles.


Al pasar por los vales de Huasco y Coquimbo Almagro recibió hostilidad de los indígenas, quienes los despoblaron para eludir ser esclavizados. Al llegar a Coquimbo Almagro endureció la mano y también hizo abrasar a múltiples culpables de haber matado españoles.


Estos indios habían asesinado a los 3 soldados mandados en vanguardia que habían llegado a Chile. Para su escarmiento, Almagro decidió darles un atroz castigo, reuniendo a todos y cada uno de los caciques esenciales de la región; entre ellos el apunchicAnien, enrostrándoles su crimen y condenándoles a fallecer en la fogata.


El castigo fue contado en la Relación de cosas acontecidas en el Perú... atribuida por unos a Cristóbal de Molina (apodado el almagrista o bien el chileno) y por otros a Bartolomé Segovia:


Durante la realización de su castigo le llegaron noticias de los caciques de la zona del Aconcagua, que deseaban efectuar amistad con los blancos, esto era merced a dos españoles renegados de Pizarro que estaban en la zona desde ya antes.


Se trataba de Gonzalo Pelado de Barrientos y Antón Cerrada, quienes realmente fueron los primeros españoles en descubrir y pisar territorio chileno.Gonzalo Pelado de Barrientos había sido ofendido por Pizarro haciéndole recortar las orejas y para no exhibir su ignominia se internó cara el sur del val de Zama, internándose más tarde cara el sur. Sería el más fiel cooperador de Almagro.


Durante su marcha a esa zona, el Adelantado tuvo noticias de un navío, el San Pedro que había recalado en la zona, (Los Vilos) dirigido por Ruy Díaz y que venía lleno de ropas, armas y alimentos para la expedición.


Al llegar al río Conchalí, en Los Vilos se halló con el otro de España ya mentado llamado Antón Cerrada quien ya había influido a los indígenas a dar una bienvenida pacífica a la columna de Almagro.


Al llegar al val del Aconcagua los españoles fueron bien recibidos por los naturales, por los consejos que les dio Gonzalo Pelado, de España establecido hacía años en Chile.


Sin embargo, exactamente los mismos naturales fueron mal influidos por el indio Felipillo, intérprete de los conquistadores, de las malas pretensiones de estos y su recomendación de atacarlos o bien huir de ellos.


Los naturales le hicieron caso, no se atrevieron a atacarlos y escaparon a lo largo de la noche, efectuando igual intento el indio Felipillo y múltiples yanaconas, tomando el camino del norte, mas este último intento no fructificó. Felipillo fue atrapado y descuartizado con caballos frente al Curaca de la zona como escarmiento.


El territorio que el Adelantado aguardaba hallar lleno de riquezas no cumplía ni sus más mínimas esperanzas, esto le ocasionó una enorme decepción, con lo que decidió mandar una columna de setenta jinetes y veinte infantes dirigida por Gómez de Alvarado a fin de que explorase el sur del territorio.


Cuando la columna llegó al río Itata, tuvo lugar en Reynogüelén el primer enfrentamiento entre los españoles y los mapuches, en la que la superioridad de las armas y la sorpresa por los caballos dejó una simple victoria de España en frente de indios muy guerreros y que se atemorizaron al ver el hombre montado a caballo como un solo ser. Esto no sería más que una pura reyerta en la futura y larga guerra de Arauco que empezaría Pedro de Valdivia.


Almagro al tener estas noticias, ponderó la situación y decidió no continuarse cara el sur.


Sin oro y con tan belicosos naturales, Almagro solo pensó en volver al Perú. Entre la opción alternativa de regresar a atravesar la cordillera, o bien dirigirse por el desierto, se decidió por la segunda opción. En un acto de reconocimiento al sacrificio hecho por sus hombres en la expedición, y que no fueron retribuidos con el ilusorio oro de esta zona, decidió disculpar las deudas que sus soldados habían contraído con él, destrozando todas y cada una de las escrituras que los comprometían.


El camino por el desierto de Atacama fue tan horrible como la travesía por la cordillera, días quemantes y noches heladas, la hostilidad de los indígenas, sin contar con la escasez de agua y comestible, mas de cualquier forma se le consideró mejor que la travesía por los Andes.


Salieron en conjuntos pequeños de no más de diez hombres haciendo jornadas de veinte km día a día. A lo largo del día se refugiaban bajo la sombra de los Tamarugos, en la Pampa del Tamarugal y paseaban por la noche.


Para ponerse a cubierto de una sorpresa en tanto que el Perú ardía en una rebelión general contra Pizarro, Francisco Noguerol de Ulloa se hizo a la mar y desembarcó en el caserío como protección adelantada de los expedicionarios continuando dieciocho días y después retornando por tierra a Arequipa en el mes de febrero de mil quinientos treinta y siete con la pérdida consignada de un hombre, Francisco de Valdés que murió ahogado en un río.


Tal era el estado físico en que llegó Almagro y sus seguidores que desde ese momento se les llamó los "rotos de Chile" a quienes viniesen de esas tierras. Solo se atrevería a ir a conquistarlo cuatro años después Pedro de Valdivia.






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