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salud  Correo Central (Buenos Aires) 


Proyecto original

El viejo edificio de Correos y Telégrafos (mil ochocientos setenta y nueve-mil ochocientos ochenta y seis) el día de hoy es una parte de la Casa Rosada.Comienzo de las obras, en mil ochocientos ochenta y ocho.

En mil ochocientos ochenta y ocho el doctor Ramón J. Cárcano, directivo de Correos de la Argentina, teniendo presente el fuerte desarrollo de los servicios que brindaba la corporación, propuso la necesidad de edificar un edificio pensado particularmente para ser sede central del organismo. En ese entonces era presidente Miguel Juárez Celman y Buenos Aires era la flamante Capital Federal de la república. El estado procuraba probar su consolidación a través de magníficas construcciones públicas de forma de exhibir el grado de firmeza alcanzado por su sistema político y económico. La Dirección General de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas escogió al arquitecto técnico francés Norbert-Auguste Maillart para poner en práctica el proyecto. Este efectuó un diseño basado en el de la Central de Correos de la ciudad de Nueva York. Aprobado por el Poder Ejecutivo, Maillart empezó su trabajo en mil ochocientos ochenta y nueve en la manzana ubicada entre las presentes avenida Leandro N. Alem, avenida Corrientes y las calles Bouchard y Sarmiento. Dicho terreno fue cedido por la sociedad Las Catalinas, que a través de el relleno lo había ganado últimamente al Río de la Plata.


La primera interrupción del trabajo ocurrió en mil ochocientos noventa debido a la crisis económica y a la caída del presidente Juárez Celman.


Modificaciones


Recién en mil novecientos cinco el gobierno nacional autorizó una nueva partida de dinero para la terminación del edificio del Correo Central. Tras tantos años el proyecto de Maillart, que consistía en un edificio más chaval que el presente y con entrada por la avenida Leandro N. Alem, resultaba ya algo obsoleto no solo dado a que la demanda del servicio era mayor, sino más bien por el hecho de que no resultaba capaz para los últimos adelantos tecnológicos en el servicio postal. El Directivo General de Correos y Telégrafos, doctor Ernesto Bosch, propuso un nuevo programa de distribución para la construcción y en mil novecientos ocho se contrató de nuevo a Maillart para la realización de un nuevo proyecto, que fue aprobado en el mes de abril de mil novecientos nueve.


Se proyectaba ahora hacer un edificio más grande y con entrada por la calle Sarmiento. Para facilitar el acceso a los clientes del servicio y evitarles tener que bajar la fuerte pendiente de la calle Sarmiento y de la avenida Corrientes que desembocaban en la avenida Leandro N. Alem, se planificó la construcción de puentes y de calles peatonales a alto nivel soportados por arcos y columnas que unirían el borde superior de la barranca (calle veinticinco de Mayo) con las entradas elevadas del edificio. Rampas de suave pendiente comunicarían a dichas calles con la avenida Leandro N. Alem, que sería reservada para la circulación vehicular. Ciertos edificios del ambiente, como el de la Bolsa de Comercio de la ciudad de Buenos Aires y el Edificio Calvet, asimismo fueron construidos previendo estas calles que entonces no fueron efectuadas. La obra del edificio (no incluyendo las calles ni los puentes) se adjudicó por licitación en el mes de noviembre de mil novecientos once.


Versión final y también inauguración


En ese año Maillart entró en disconformodidad con las autoridades y se retiró del proyecto. Entonces la dirección de la obra, por resolución de la Dirección Nacional de Arquitectura, quedó al cargo de su primordial cooperador, el ruso Jacques Spolsky, que se había recibido de arquitecto técnico en Francia y viajado a la Argentina por convidación del mismo Maillart. Entre múltiples edificios, Spolsky ya había efectuado en el país el Palacio de Correos de Tucumán y el de la urbe de Rosario. Moriría quince meses ya antes de la inauguración del de la ciudad de Buenos Aires.


El proyecto original de Maillart tuvo entonces esenciales modificaciones, entre ellas la introducción de un esqueleto metálico en remplazo de los macizos de albañilería y substitución de los entre pisos de bovedillas por otros de cemento armado. Debido a que el terreno había sido ganado al río a través de el relleno fue preciso hundir dos ochocientos ochenta y dos conduzcas de hormigón de diez m promedio cada uno de ellos con una loza que reúne la cabecera de exactamente los mismos para asegurarse una cimentación conveniente a la naturaleza del sitio.


En mil novecientos dieciseis, un año una vez que la compañía constructora trasfiriera los contratos a la Compañía General de Obras Públicas, el poder Ejecutivo decidió suspender la construcción de los puentes y las calles a alto nivel mentados debido a la mala coyuntura económica y a la carencia de materiales provocadas por la Primera Guerra Mundial. Esto tuvo como consecuencia un cambio en la predisposición de los locales, oficinas y vestíbulos. Los ventanales, que el día de hoy pueden verse en el segundo piso del lado de la calle Sarmiento, habían sido realmente pensados en primera instancia como las entradas al edificio. Fue preciso entonces añadir entrepisos y derribar otros para transformar los locales secundarios del primer y segundo subsuelo en vestíbulos destinados a las entradas primordiales y a los grandes halls donde se instalaron ventanas. Para no alterar la arquitectura de los frentes se le añadió un basamento cuya altura alcanza la diferencia de nivel entre las calles veinticinco de Mayo y Av. Leandro N. Alem, o sea, el piso bajo y el primer entresuelo.

El palacio todavía en construcción (mayo de mil novecientos veinte)

En mil novecientos veintitres se agotaron los fondos. Se sancionó una nueva ley para entregarlos y se adjudicó el trabajo a una nueva empresa. El veintiocho de septiembre de mil novecientos veintiocho, un par de semanas antes que el presidente Marcelo Torcuato de Alvear terminara su orden, se lo inauguró y se lo llamó «palacio» en el sentido neoclásico.


Durante los primeros ordenes del gobierno del presidente Juan Domingo Perón tuvo sus oficinas en la edificación la Primera Dama Eva Perón y funcionó la fundación que lleva su nombre.


En mil novecientos noventa y siete fue declarado monumento histórico nacional (ley doce y seiscientos sesenta y cinco) por su calidad arquitectónica y su relevancia histórica. En dos mil dos dejó de marchar como distribuidor de las cartas que se mandan desde o bien cara el país. y hasta el año dos mil nueve solo la entrada primordial por la calle Sarmiento prosiguió siendo empleada como Oficina de Correos y venta de filatelia, mientras que el resto del edificio quedó inactivo, en parte a consecuencia del desarrollo de las nuevas formas de comunicación que superaron al correo postal.


Centro Cultural

Obras del Centro Cultural del Bicentenario en el mes de abril de 2010Obras de rehabilitación a lo largo del año 2010 Centro Cultural Néstor Kirchner

Al acercarse las celebraciones del Bicentenario de la Revolución de Mayo el gobierno nacional resolvió llamarlo instalar allá el «Centro Cultural del Bicentenario» y llamó, en el dos mil seis, a un concurso internacional de anteproyectos a fin de decidir que nuevo empleo darle para detallar tal propósito. En el concurso se presentaron más de trescientos cuarenta estudios de arquitectura de más de veinte países. El primer premio se dio en el mes de noviembre de ese año, por resolución unánime del jurado, a los estudios de arquitectura Bares y Asociados (B4FS), de La Plata, y Becker-Ferrari, de la ciudad de Buenos Aires.


El proyecto plantea la restauración, reciclaje y puesta en valor de un edificio histórico, por un lado; y la integración de nuevos elementos arquitectónicos, por otro. De esta forma, la intervención sobre la construcción se divide en 2 partes: el área Histórica o bien Ritual, sobre la calle Sarmiento, que recibe los procesos de restauro como la fachada; y el área Industrial, sobre Avenida Corrientes, que es objeto de múltiples transformaciones en su interior con el propósito de cobijar extensas salas de música y exposiciones dotadas de la más alta tecnología.


Las obras empezaron en los primeros meses de dos mil diez, y avanzaron velozmente en la etapa de restauración de testeras, transformación de la bóveda en un mirador vidriado (que no respetó el estilo precedente) y en la adaptación de la llamada "parte noble" en salas de exposiciones. En el marco de los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, la Presidente Cristina Fernández de Kirchner inauguró este primer ámbito del centro cultural el veinticuatro de mayo de dos mil diez. Se efectuó una exposición temática sobre personajes históricos de la gesta emancipadora, retratados por el artista plástico Ariel Mlynarzewicz. Ese treinta y uno de mayo, el centro cultural fue cerrado para proseguir más con comodidad con los trabajos internos.


Durante el dos mil doce las obras de construcción prosiguieron en la otra mitad del edificio que incluye los auditorios y salas de conciertos. Ese año se rebautizó al como “Centro Cultural doctor Néstor Carlos Kirchner”. Debido a la extensión de la obra fue caratulado por ciertos medios como el "Colón del Siglo veintiuno", la rehabilitación demando un presupuesto de mil millones de pesos.


El Centro Cultural Kirchner cuenta con cien mil metros cuadrados, más de diez salas de múltiples usos y una capacidad de hasta cinco mil visitantes. Su inauguración tuvo lugar el veintiuno de mayo de dos mil quince.

Testera lateral a la avenida Alem

En la temporada en que fue planeado el Palacio de Correos, el Estado procuraba que las edificaciones oficiales tuviesen toda la pompa posible de forma que reflejasen el apogeo económico del instante. A esto se le llamaba «arquitectura de prestigio». Su estilo es de repercusión francesa, conforme los cánones de la École des Beaux-Arts parisina, con techo a mansarda y una bóveda truncada, un cuerpo saliente en la parte central y ventanas que van desde el piso hasta el techo. Tiene una magnífica testera mirando al sur adornada con 4 columnas monumentales y rebosantes molduras onamentales, incluyendo copones sobre la cornisa.


Está construido sobre un terreno de doce y quinientos m² y su superficie total edificada es de ochenta y ocho y cincuenta m². Su altura es de más o menos sesenta m. Tiene nueve pisos: subsuelo, planta baja, y 7 pisos altos. El arquitecto técnico Jorge Liernur marca de qué forma el arquitecto técnico Maillart escogió organizar al edificio en torno a un patio central, mas debió recurrir a añadir 2 patios menores para conseguir ventilar la enorme cantidad de oficinas que requería el Correo. Con esto, marca que el Palacio muestra “una relación poco armoniosa entre patio y masa edificada”, puesto que Maillart sostenía la horizontalidad de las edificaciones académicos. En aquella temporada aún había resistencia a la construcción de los primeros edificios en torre o bien rascacielos, como ideales para oficinas.


En su interior se preservan las salas originales de atención al público, estatuas (de M. Fiot, M. Chirico y otros), pinturas (de Bernaldo de Quirós, Lola Frexas y otros) y refinados cerramientos de vitraux que en mil novecientos noventa y tres fueron restaurados por la arquitecto Victoria Braunstein, mereciendo por esto el Primer Premio Nacional a la Mejor Intervención en el Patrimonio Edificado (mil novecientos noventa y seis).


A la entrada primordial se accede por una extensa escalinata que conduce al Hall de Buzones y también de forma inmediata se entra a lo que fue el salón de atención al público. Este tiene una enorme altura y está alumbrado por la luz que entra por las lucernas que se hallan a la altura del 4° piso. Sus oficinas primordiales cuentan con suntuosos decorados y boisserie artesanal.


En sus comienzos tenía avanzadas maquinarias para la conducción mecánica de la correspondencia que ocupaban 4 pisos y cuya capacidad de trabajo era múltiples veces superior a sus necesidades. Se trataba de un sistema de avanzada que tenía una serie de cilindros y cintas transportadoras por las que circulaba la correspondencia de forma automática. Esto hizo que en sus primeros años hubiese un sinnúmero ociosa de empleados, razón por la que se decidió detener el funcionamiento de la maquinaria por veinte años.


El proyecto del estudio B4FS para convertir al Correo Central en el nuevo Centro Cultural del Bicentenario fue organizado tratando al edificio como 2 partes: el “área noble”, donde se hallan las oficinas administrativas, los viejos salones de atención al público, las escaleras primordiales y lo más valioso del edificio, tanto en temas de espacio como de decoración y significado histórico; y el “área industrial”, que entiende más de la mitad del edificio original, y llega hasta el frente de la Avenida Corrientes.


Mientras se decidió restaurar íntegramente el área noble, usando sus espacios como salas de exposiciones, preservando el moblaje original y también interviniendo ligerísimamente, las testeras fueron adaptadas, eliminándose la flora y moho que medraban sobre ella y estropeaban el material, restituyendo molduras destruidas o bien eliminadas y tejuelas de pizarra en la estropeada mansarda.Como intervención fuerte, la bóveda original fue desmontada, sustituyendo las tejuelas de pizarra por cristales de vidrio polarizado, mas sosteniendo su forma, puesto que se la escogió como sala de conferencias y espectáculos y mirador urbano privilegiado, de acceso público. En el próximo nivel bajo la bóveda, se situará una batería de 4 microcines distribuidos en 2 niveles, y sobre el frente la Sala Eva Perón, donde Evita atendía en tiempos de la Fundación. Un piso más abajo, el Salón de Honor que asimismo va a ser restaurado.


Un patio interior de aire y luz coronado por una enorme lucerna marcha como fuelle interior entre el área noble y el área industrial, que fue destruida totalmente, dejando solo las testeras perimetrales y un campo mínimo de cada loseta, para situar un enorme espacio unificado de múltiples niveles de altura, de estilo moderno y arquitectura de avanzada. En el subsuelo, la sala de cámaras a la que se va a acceder desde unas escalinatas. En la planta baja, el espacio enorme que alojará en su centro a la sala de conciertos, encerrada en una estructura sostenida sobre patas inclinadas, que fue apodada “la Ballena Azul” por los arquitectos, debido a su forma globular y su recubrimiento azul. Sobre la “ballena” va a colgar una estructura llamada “chandelier”, sostenida por tensores del techo del edificio y tomando los últimos 3 pisos de altura. Con empleo extensivo de superficies vidriadas, va a funcionar con múltiples salones de exposiciones. Sobre el frente de la Avenida corrientes, usando una parte del edificio original, van a estar las salas de exposiciones permanentes.

Hasta el año mil novecientos ochenta y tres, la plaza fue un estacionamiento público, que entonces fue hecho subterráneo.

Para destacar la riqueza arquitectónica del edificio del correo la Dirección de Paseos de la Comuna inauguró en mil novecientos ochenta y tres (año mundial de las comunicaciones) una plaza del Correo en un solar, de seis mil quinientos treinta y cuatro m², que queda enfrente de la entrada primordial del edificio. Realmente, ya existía allá una plaza, desarrollada por Hables Thays a fines del siglo XIX, que en la década de mil novecientos treinta se había transformado en una playa de estacionamiento de autos y que en mil novecientos setenta y nueve estuvo a puntito de desaparecer debido a que se le había dado un permiso al Banco de Tokyo para edificar su casa central. Frente a la queja de numerosas entidades y ciudadanos ese proyecto quedó cancelado y se remodeló la plaza construyéndose además de esto un estacionamiento subterráneo para autos.


Sobre esa plaza se hallan, sobre la calle de la entrada primordial al Palacio, ciertas estatuas relacionadas con el correo. Una de ellas fue costeada por los Telegrafistas Argentinos y Empleados del Palacio del Correo de la Capital: se trata de la estatua del belga Luis Bruninx en homenaje a Samuel Morse, inventor del telégrafo, que fue efectuada en mil novecientos quince y que originalmente se encontraba en el hall central del Palacio del Correo.

La plaza del Correo en 2005

Un bajorrelieve en bronce con la figura del chasqui (correo a caballo de la temporada de la colonia) es obra del escultor argentino Mario Rubén Chierico.


También hay una estatua llamada El Cartero, del ítalo-argentino Salvador Gurrieri, mostrando el cuerpo entero de un cartero llevando la correspondencia.


Además de las estatuas hay un mástil que sustituye desde la rehabilitación de la plaza al erigido en mil novecientos treinta y ocho por la Dirección General de Correos y Telégrafos. A lo largo de la rehabilitación para el Centro Cultural Bicentenario en dos mil diez, la Plaza del Correo fue de nuevo cerrada al público para otro rediseño, que la integrará al edificio y suprimirá la terminal de colectivos urbanos que se hallaba sobre la Avenida Rosales.






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