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ıllı Clemente Onelli wiki: info, historia y vídeos


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salud  Clemente Onelli 


Clemente Onelli nació en la ciudad de Roma, Italia, el veintidos de agosto de mil ochocientos sesenta y cuatro. Era hijo de Vittorio Onelli, letrado romano. Siendo pequeño quedó huérfano; estudió hasta su mayoría de edad en el instituto papal de la ciudad de Roma, y más tarde en la Capacitad de Ciencias Naturales de la Universidad de la ciudad de Roma, singularmente orientado a la paleontología y geología, recibiéndose de diplomado a la edad de veintitres años.


Aprendió a leer y redactar, aparte del italiano natal, en latín, en heleno, y en francés. Aún en Italia, tomaría clases de de España, idioma que viviendo en la Argentina asimismo dominaría, de la misma manera que el mapuche y el tehuelche. Por último tomó la resolución de emigrar a América del Sur.


A la edad de veinticuatro años —a finales del año 1888— llegó a la Argentina. No se parecía al tradicional inmigrante de su temporada, puesto que era erudito en variados campos, desde historia natural, pasando por los tradicionales, filosofía, y teología. Apenas llegado, conoció a los científicos locales de entonces: Eduardo Schiaffino, Pedro N. Arata, Carlos Ameghino, Florentino Ameghino y Francisco Pascasio Moreno, entre otros muchos. Desde mil ochocientos noventa y nueve conocería y hasta su muerte en mil novecientos veinticuatro trabaría singular amistad y cooperación científica con el sabio Christofredo Jakob, al que publicaría abundantes artículos neurobiológicos de nivel internacional en la «Revista del Jardín Zoológico»; los dos veían como natural que esos resultados científicos, logrados en la tradición neurobiológica del Centro de salud Borda con cerebros de los pacientes allá fallecidos y de los animales fallecidos en el Jardín Zoológico que se equiparaban en el Borda, se publicaran en tal gaceta en competencia directa con las primordiales gacetas de las instituciones científicas alemanas, francesas y anglofonas. El criterio era percibirse y hacer ciencia en absoluta igualdad de condiciones con estas. Asimismo empezó Onelli a relacionarse con los museos del Plata, en especial con el Museo de La Plata muy vinculado primero con Ameghino y Moreno y después con Christofredo Jakob, puesto que Onelli era portador de propuestas de intercambio museológico entre las instituciones locales y las de la ciudad de Roma.


Por estas razones, ya en el año mil ochocientos ochenta y ocho Francisco P. Moreno lo había incorporado a la planta del Museo de La Plata, otorgándole labores de explorador y naturalista, singularmente en la busca de fósiles (cooperador de la ciudad de Santiago Roth) y piezas arqueológicas patagónicas, vocación exploratoria y naturalística que compartía con Jakob. También, así como este consiguió reunir en el Jardín Zoológico una biblioteca de ciencias naturales de veintidos.000 volúmenes, a los que sumó 6 mil ejemplares de las obras de Jakob que se empleaban para repartir en las escuelas públicas, primarias y secundarias. Esa biblioteca, muchos de cuyos ejemplares eran muy caros, formó el primordial repositorio bibliográfico de la Escuela Neurobiológica Argentino-Germana, con laboratorios en los presentes Centros de salud Borda y Moyano y en las Universidades de la ciudad de Buenos Aires y La Plata. Por convenios singulares, el último de los que fue suscrito en mil novecientos noventa, la tradición neurocientífica del Borda proseguía concurriendo a extraer los cerebros de los animales fallecidos en el Jardín Zoológico para efectuar sobre ellos sus investigaciones, habiendo formado de este modo prácticamente la mitad de sus más de 100 mil preparados neurobiológicos en neuroanatomía equiparada y humana; sus científicos asistían de forma regular a trabajar en la biblioteca del zoo formada por Onelli, Jakob y otros,. Al privatizarse el Jardín Zoológico, resultando concesionaria del mismo la compañía "Zoobotánico dos mil S. A.", se suprimió catalogar la biblioteca, y todo el fondo bibliotecológico sencillamente desapareció.


Onelli cooperó en la redacción del periódico El Diario. Con el auspicio de este medio, más la ayuda económica de Manuel Láinez y Ramón santamarina, se embarcó en un viaje de exploración al lago Argentino. Los pormenores de este periplo patagónico fueron descritos en su libro Escalando Los Andes, publicado en mil novecientos cuatro.


Al retornar de la Patagonia, exactamente el mismo periódico lo mandó de nuevo a ella, esta vez al campo de la Patagonia norte, en el cargo de corresponsal viajante, y con el encargo de que escribiera informes sobre los trabajos de construcción de las vías del tren que unirían Bahía Blanca con Neuquén. En todos y cada uno de ellos de sus viajes no desaprovechaba ocasiones para efectuar observaciones de la naturaleza, observar la conducta de los animales, y coleccionar ejemplares de la vegetación y la fauna patagónicas.


Su obra de mayor relevancia en ciencias naturales, siendo coautor de ella con Christofredo Jakob, es "Von Tierhirn zum Menschenhirn" (editorial: Lehmann Vlg., Munich, mil novecientos trece), publicada simultáneamente en la ciudad de Buenos Aires por Ediciones Kraft como "Atlas del cerebro de los mamíferos de la República Argentina". Allá los estudios equiparados entre especies acaban con la identificación de las peculiaridades cerebrales de cada especie dependiendo del habitat en que debe subsistir. En el instante en que empezaba a ser distribuida y festejada a nivel internacional como aporte neurobiológico de gran fuste, empezó la Primera Guerra Mundial (mil novecientos catorce-mil novecientos dieciocho). Ya fallecido Onelli, su coautor Jakob emprendería otro proyecto bibliográfico asimismo de primer nivel mundial, estructurado sobre un plan similar: los primeros tomos de la Folia Neurobiológica Argentina, que recién pudo empezar a publicar en mil novecientos treinta y nueve y cuya difusión quedó similarmente opacada por la Segunda Guerra Mundial (mil novecientos treinta y nueve-mil novecientos cuarenta y cinco).


En razón de sus conocimientos de la zona austral, por entonces en disputa entre la Argentina y Chile, en mil ochocientos noventa y siete Francisco Moreno lo había nombrado Secretario General de la Comisión de Límites; siendo además de esto su secretario personal y amigo.


En el año mil ochocientos noventa y ocho jugó un papel clave en el episodio lindante denominado: desvío del río Fénix, un curso fluvial que drenaba hasta ese instante cara el océano Pacífico.


Una compañía de galeses de Gaiman, postuló la factibilidad de mudar la dirección de ese río para irrigar una nueva colonia galesa en tierras hasta ese entonces absolutamente improductivas.Francisco Moreno, atisbó que esa obra podría ser la prueba práctica de su teoría en relación sobre que el límite entre los dos países debía correr por los altos y también inamovibles cordones andinos, y no por la divisoria de aguas oceánica, la que era inestable.


En enero de ese año, Moreno le confió la apertura de un canal artificial para desviar las aguas de ese río en dirección al cañadón del Deseado, esto es, el propósito era mudar la asignación oceánica de su cuenca a fin de que pase a drenar cara el océano Atlántico. Las labores habían de ser terminadas lo antes posible, puesto que pasaría por allá la comisión arbitral encargada de fijar el límite binacional. Onelli supo estar a la altura del reto, lográndo coronar de manera exitosa el cometido, justo una semana antes que llegue al sitio la comisión arbitral.


Onelli publicó en mil novecientos cuatro Escalando los Andes, un libro en que describe una exploración que había efectuado un año ya antes, y en la que, al pasar por el río Fénix, recordó la faena de 1898:


Como Onelli no solo era un enorme conocedor de las zonas australes, sino además de esto había emprendido estudios de química agrícola, el doctor Wenceslao Escalante, por entonces Ministro de Agricultura de la Nación, lo contrató a fin de que estudie las peculiaridades en los rubros agrícola y ganadero del Territorio Nacional de santa Cruz.


Luego de las actividades en la Patagonia sur, retornó a Buenos Aires. Tras mil ochocientos noventa y cinco formó una familia casándose con María Celina Panthou, hija de Julio Panthou Milberg y Ernestina Cabot Agrelo, los dos porteños. Una nueva labor oficial le fue encomendada: emprender la colonización de la Patagonia, desde la Dirección de Tierras de la Nación.


El Presidente Julio Argentino Roca, al concluir el año mil novecientos cuatro, le daría el trabajo que lo haría más conocido, ya parcialmente comentado: le dio la dirección del Jardín Zoológico de la Urbe de la ciudad de Buenos Aires, sustituyendo a su predececesor Eduardo Ladislao Holmberg. En frente de la compilación zoológica porteña continuaría a lo largo de 2 décadas, aun viviendo y su esposa en el zoológico (Onelli no dejó descendencia), hasta el veinte de octubre de mil novecientos veinticuatro, esto es, hasta el día de su muerte.


En su administración Onelli le dio un notable impulso al Zoológico, agregándole aspectos educativos, incorporando paseos en ponis, elefantes, y camellos, consiguiendo conocido incremento en el número de visitantes, los que pasaron de mil quinientos a quince cero apenas en el primer año de su administración. Ya fue comentada su capacitación de la biblioteca del Zoológico de veintidos cero volúmenes, su integración de otros seis mil volúmenes de obras científicas para escolares, la mayor parte en fascículos, producidas por su amigo Christfried Jakob, y el impulso dado a la capacitación en el Zoológico de una corporación comprometida con la transformación social del país a través de la enseñanza y la divulgación de las ciencias - magnífico proyecto en el que asimismo había embarcado al Zoológico su predececesor el doctor Eduardo Ladislao Holmberg. Se incorporaron al camino esculturas, esfinges talladas, fuentes, y otras obras de arte; y se pusieron carteles que notificaban a los visitantes el nombre y distribución original de cada animal. Entre múltiples logros técnicos, se resalta el nacimiento del primer elefante asiático en zoológicos de todo el planeta.


Convenció a las autoridades municipales a fin de que donen al zoo un ornamento de las Fiestas Mayas situado en la Plaza de Mayo, una enorme estructura metálica la que amoldó a fin de que sea la Jaula de Cóndores, armazón que en el siglo veintiuno cumple allá exactamente la misma función después de más de un siglo. La capacitación que semeja un paredón rocoso que cobija dentro, es una copia de la Piedra del Águila que exactamente el mismo Onelli había retratado en la Patagonia.


Dirigió a lo largo de su orden la «Revista del Jardín Zoológico» (segunda serie mil novecientos cinco-mil novecientos veintitres), fundada por Holmberg, al unísono que escribió una larga lista de temas y notas, los que en ella fueron publicados de manera conjunta con trabajos de los mejores científicos locales y recensiones bibliográficas de las más recientes novedades científicas extranjeras.


Buscó acrecentar la cantidad y calidad de los animales en exhibición creando 2 anejos, uno en el año mil novecientos siete en el distrito de Parque Patricios llamado Zoológico del Sur, y el otro en el año mil novecientos catorce en el entonces Parque Saavedra. El primero se vinculaba con el presente Centro de investigaciones Neurobiológicas en el Centro de salud Borda (el día de hoy Monumento Histórico Nacional), donde la entrada del Laboratorio de Jakob (Avenida Amancio Alcorta 1602; igual que Onelli en el suyo, asimismo Jakob por entonces vivía con su familia en la corporación que dirigía) se encuentra ubicada en frente de los Jardines Zoológico y Botánico del Sur. En estos, aparte de animales, se contaba con dos ejemplares vegetales exóticos, cada uno de ellos donado por las embajadas de cada país con la que la República Argentina sostenía relación. El Jardín Zoológico del Sur y su Jardín Botánico fueron diseñados por arquitectos paisajistas alemanes y decorados con unas cuarenta estatuas clasicistas, ciertas, como "El Gladiador Caído", de gran porte. Los dos proyectos, después de la muerte de Onelli, cayeron en el olvido: el Parque Saavedra jamás se desarrolló en el área científica, y en el del Sur todas y cada una de las esculturas, menos 2 de ellas (el "Gladiador", y el busto del doctor Enrique Finocchieto, ninguna en bronce), desaparecieron en décadas recientes; entonces, bienintencionados funcionarios municipales reprogramaron el parque incorporando numerosas áreas secas, empedradas.


Otro de sus proyectos contemplaba edificar un acuario bajo la avenida Las Heras, de sesenta m de largo por treinta y cinco m de ancho, y que al unísono comunicara el Zoológico con el Jardín Botánico.


Onelli, preocupado por la conservación de la naturaleza, fomentó múltiples leyes en defensa de los animales y vegetales. Entre ellas, se resaltan 2 por su popularidad: la celebración del Día del Árbol —en 1908—, y la del Día del Animal.Estudió métodos para progresar la nutrición y la calidad de vida de los animales cautivos, las Idiosincrasias de los pensionistas del Jardín Zoológico y la investigación del vínculo entre su psiquismo y las formas de sus cuerpos, preocupación característica de la Escuela Neurobiológica Argentino-Germana. Impulso el empleo sustentable de los recursos de animales silvestres, entre ellos: plumas, fibras, lanas, cueros, pieles, etc.


Su primordial prioridad fue la divulgación del conocimiento relacionado con los animales, de manera especial enfocado cara pequeños y adolescentes, y la muy extensa y profunda obra de Christfried Jakob que distribuía el zoológico se intitulaba, expresivamente, «Tratado de Biología General y Singular para empleo de la Enseñanza Elemental, Media y Superior en la República Argentina – en fascículos».


En mil novecientos veintidos, Onelli recibe el testimonio de Martin Sheffield, un buscador de oro de Norteamérica, tentándolo con la posibilidad de agregar al zoológico un animal único: con cabeza similar a un cisne de formas exorbitantes, y el cuerpo similar a un cocodrilo, quien además de esto dejaba como indicio grandes huellas en la ribera del lago Epuyén. Persuadido, Onelli organizó una expedición para apresar al supuesto plesiosauro, la que fue dirigida por Emilio Frey y José Chiagi, superintendente del zoológico, acompañados de cazadores con rifles para apresar elefantes, y revienta para minar el lago.


La gente reaccionó de forma negativa frente a la participación de cazadores, y el doctor Albarracín, Presidente de la Asociación Protectora de Animales, le pidió al Ministro del Interior que revocara la autorización para la atrapa, en tanto que las leyes prohibían la caza de animales en riesgo. Por último se resolvió el tema del permiso y la expedición prosiguió adelante.


La aventura sostuvo en desequilibrio a la sociedad argentina por un buen tiempo; afirmaría Frey:


De más está decir que la expedición retornó sin plesiosauro. La historia tuvo influencia internacional, llegando a ser comentada en publicaciones como la gaceta Scientific American.


Onelli creía, más que en el plesiosaurio, en exactamente la misma Patagonia y sus posibilidades:


En el año mil novecientos veintidos, Onelli fue directivo del mediometraje mudo argentino El misionero de Atacama, largo el día de hoy perdido. El argumento: «despliega las peripecias de un fraile franciscano en Brinca en temporadas de la colonia, la tarea educativa y particularmente su misión evangelizadora, los dos pilares del proceso de civilización».






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