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salud  Carapintadas 


El primero de los alzamientos tuvo lugar en la Pascua de mil novecientos ochenta y siete, con la disculpa de las acciones administrativas llevadas a cabo por la bóveda de las fuerzas armadas, sobre los adjudicatarios del Punto Final; personal con jerarquía de suboficiales y oficiales con grado menor a coronel (en tanto y cuando no se hubieran apropiado de menores y/o de inmuebles de desaparecidos), a lo largo del Terrorismo de Estado por haber prescripto las causas que no se hubieren gestionado ya antes de finales de mil novecientos ochenta y seis y principios. de mil novecientos ochenta y siete.


El mayorErnesto Barreiro, un factor de la inteligencia militar que había tenido participación activa en la opresión al movimiento obrero y popular en Córdoba, se negó a prestar declaración frente a la Cámara Federal de Córdoba con relación a cargos de tortura y asesinato que se le imputaban.


Barreiro fue detenido, a solicitud del juez eficiente, por la autoridad militar, y recluído en el Comando de Infantería Aerotransportada catorce del Tercer Cuerpo de Ejército, en la provincia de Córdoba. Cuando la policía procuró hacerse cargo de Barreiro por el desobedezco a la justicia, el personal del cuartel (ciento treinta, entre oficiales y soldados) se alzó, demandando el cese de los juicios.


Otras dependencias militares se sumaron a la acción, frente a la férrea oposición de la población civil, de manera especial las tropas a cargo del teniente coronelAldo Rico (entonces al cargo del Regimiento de Infantería de San Javier (Misiones)), quien se acantonó en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. Los reclamos de los apodados carapintadas incluían la destitución del jefe del Ejército, (proponiendo que los jefes que dieron las órdenes "el día de hoy están en libertad desprocesados, ascendidos y disfrutando de un privilegio que no merecen") y la demanda de una solución política para los juicios a los represores del proceso y "los del otro bando asimismo" conforme se afirmó en el documental hecho para el cronista Corbacho en Radio Mitre el dieciseis de abril de mil novecientos ochenta y siete. Aldo Rico concuñando de uno de los creadores de Montoneros decía: "si quienes dieron las órdenes van a la justicia no tenemos ningún inconveniente en ir todos a la justicia, mas ningún hombre de bien que vista uniforme militar puede protegerse escudándose en el sacrificio de sus subalternos".


Si bien el levantamiento contó con escasos apoyos públicos entre los responsables de tropa, la actitud del resto de las fuerzas armadas fue unánime: Alfonsín no contó con la subordinación precisa entre la tropa para sofocar militarmente a los carapintadas.


La actitud política y pública frente al levantamiento asimismo fue uniforme. Los primordiales partidos del país -UCR, PJ, UCeDé, PDC, PI, ordenador y PS- subscribieron el «Acta de Compromiso Democrático», oponiéndose a la actitud de los militares reconociendo los grados de responsabilidad en la opresión que habían sido anunciada por el PEN ya antes del intento de cuajo. Este último punto llevó a ciertas fuerzas de izquierda -el MAS, el PCR, el PO, y las Madres de Plaza de Mayo- a alejarse del conjunto de los firmantes. Manifestaciones populares se hicieron presentes en Campo de Mayo y la Plaza de Mayo, demandando la rendición de los rebelados. Imposibilitado de refrenar y ante situaciones poco claras Alfonsín marchó a Campo de Mayo para demandar la rendición, en lo que se le cuestionaría como una debilidad política. A su regreso, desde el balcón de la Casa Rosada, anunciaría la capitulación de los amotinados.


Barreiro huyó; fue capturado un par de semanas después. Tanto como Rico pasarían a manos de la justicia militar y civil, iniciándole al último una causa en los tribunales de San Isidro por rebelión.


Parecería que a raíz de este primer levantamiento carapintada, meses después, el gobierno habría decretado la Ley de Obediencia Debida, que satisfaría ciertos de sus reclamos; no obstante, exactamente la misma fue anunciada un mes ya antes del alzamiento, el veinticuatro de marzo de mil novecientos ochenta y siete en la localidad de Las Perdices, Córdoba, por el presidente Alfonsín y se fundamentaba en la promesa electoral de campaña de mil novecientos ochenta y tres de los 3 niveles de responsabilidad. Los juicios siguieron a lo largo del periodo del doctor Alfonsín. Los cuadros superiores del terrorismo de Estado y ciertos subalternos prosiguieron presos y procesados.


Sería nuevamente Rico la primordial figura del segundo intento de rebelión, que tuvo lugar el quince de enero de mil novecientos ochenta y ocho en la localidad correntina de Monte Caseros. El treinta de diciembre se le había concedido el privilegio de arresto domiciliario; un par de semanas después, mandó un comunicado aseverando que ignoraba la autoridad del Estado Mayor del Ejército y de los tribunales militares por no ver garantizada la justicia, y escapó. La autoridad militar, el teniente general José Caridi, sucesor de Ríos Ereñú, declaró a Rico en rebelión, y el ministerio de Defensa ordenó su atrapa y lo declaró en disponibilidad (destitución).


Tres días después, el dieciocho de enero de mil novecientos ochenta y ocho, se lo halló en el Regimiento de Infantería cuatro de Monte Caseros. Rico volvió a producir un comunicado como "Ejército Nacional en Operaciones". Caridi, al frente del Segundo Cuerpo de Ejército, hizo en frente de las tropas insurgentes, las que se rindieron sin presentar batalla. Los detenidos fueron numerosos; Rico, tras declarar en público que no se arrepentía de sus actos y aseverar que la duda es la jactancia de los intelectuales, retornó a cárcel. Unos cuatrocientos treinta oficiales y soldados serían llevados a juicio por sus acciones en los 2 alzamientos; si bien los casos relativos al terrorismo de Estado y la tortura a lo largo de la dictadura redujeron para los oficiales de baja graduación, la queja de las facciones promilitares no cesó. Rico, desde su celda, se transformó en la primordial figura del Movimiento por la Dignidad Nacional y líder del Ejército Nacional en Operaciones que efectuó abundantes atentados entre mil novecientos ochenta y ocho y mil novecientos ochenta y nueve (bombas a los cines de Lavalle).


Un comando de ex--agentes de inteligencia de la Fuerza Aérea que tomó el Aeroparque Metropolitano en apoyo a Rico, fue reducido por la Gendarmería y la Policía Federal, juzgado en el fuero civil y militar en mil novecientos ochenta y ocho y también absuelto por Menem con el cambio de gobierno.


El último de los levantamientos a lo largo del gobierno de Alfonsín tuvo lugar el 1 de diciembre de mil novecientos ochenta y ocho, en el momento en que unos cuarenta y cinco oficiales de la unidad Albatros, un cuerpo de élite de la Prefectura Naval Argentina asaltó de armas el arsenal de las dependencias de Prefectura en Zárate, provincia de la ciudad de Buenos Aires, y se sublevó. Alfonsín, a su regreso del exterior, consideró el inconveniente menor, al no proceder del Ejército, mas los rebeldes se trasladaron a la Escuela de Infantería de Campo de Mayo, donde se sumaron a un conjunto de militares que coparon el cuartel. Su líder era el entonces coronel Mohamed Alí Seineldín, un veterano de la guerra de Malvinas, consultor de Manuel Noriega en la capacitación de comandos, y declarado miembro de la rama más nacionalista del Ejército, aseveró que el propósito era "salvar el honor" de las Fuerzas Armadas, mas ya en contacto con líderes justicialistas lo que procuraba era que Alfonsín firmase la amnistía general y también irrestricta asimismo para los miembros de las organizaciones político-militares de la década del '70.


Caridi movilizó tropas fieles y rodeó la guarnición de Campo de Mayo. Después de un combate de morteros donde un rebelde fue herido de muerte, Seineldín escapó a Villa Martelli. No obstante, múltiples otros conjuntos declararon su apoyo a los carapintadas en la provincia de la ciudad de Buenos Aires, como en la de Córdoba y Salta; la rebelión más esencial fue la del Batallón de Logística diez de Villa Martelli, en la periferia del Gran Buenos Aires, donde se dirigieron los rebeldes de Campo de Mayo evadiendo el cerco. El general Isidro Cáceres fue señalado por el mando fiel para encararlos, mas con órdenes de no comenzar acciones armadas salvo en el caso de extrema necesidad.


Acantonados, el cuatro de diciembre anunciaron sus exigencias: la destitución de Caridi, la extensión de la ley de Obediencia Debida a todo el personal militar salvo a los miembros de la Junta, amnistía para los procesados por los levantamientos precedentes, y también impunidad para todos y cada uno de los participantes en éste; salvo Seineldín. Los tanques fieles rompieron el cerco y ya sin poder lograr sus objetivos y en soledad, Seineldín fue procesado y detenido en Palermo de la misma manera que el resto del personal que participó tanto de la Prefectura Naval como del Ejército, como el mayor Hugo Abete, que no depuso las armas hasta días después. Caridi solicitó su pase a retiro. Seineldín continuó detenido y procesado hasta el momento en que, con el cambio de gobierno, Menem le dio el indulto.


A pesar de los entonces recientes indultos efectuados por el Presidente Carlos Menem que incluyeron a condenados, detenidos y procesados por terrorismo de Estado, levantamientos carapintadas y guerra de Malvinas y a jefes de las organizaciones político-militares de la década de mil novecientos setenta. Seineldín rompió con Menem y fue puesto bajo detención militar, y planificó una rebelión que se materializó el tres de diciembre de mil novecientos noventa, en queja contra la creciente injerencia del poder político en la bóveda militar. Uno de los primordiales impulsores de la asonada fue el Capitán Gustavo Breide Obeid, subordinado del Coronel Mohamed Alí Seineldín.


En la madrugada del tres de diciembre un conjunto de poco más de cincuenta militares ocupó el Edificio Libertador, las instalaciones del Regimiento I de Infantería, la factoría de tanques Tamse, el Batallón de Intendencia seiscientos uno y otras unidades. Conforme los rebelados, solo demandaban la remoción del generalato del Ejército Argentino.


Las Fuerzas Armadas, encabezadas por el titular del Ejército, teniente general Martín Félix Bonnet, sofocaron con violencia la rebelión y recobraron los objetivos tomados. El saldo fue de 13 fallecidos (5, civiles) y decenas y decenas de heridos.Durante el juicio Seineldín aceptó la total responsabilidad de las muertes que provocó dicho enfrentamiento, y efectúa un alegato conocido como "El Nuevo Orden Mundial" el siete de agosto de mil novecientos noventa y uno, en el que aduce supuestas maquinaciones del imperialismo de Norteamérica y su servidor en Argentina, Menem, en el desmantelamiento del Ejército y la defensa nacional.


Además de las incursiones políticas de los miembros más conspicuos de estas agrupaciones, se ha señalado a excarapintadas en labores de asesoramiento de conjuntos ultraderechistas y golpistas de Bolivia. En dos mil diez el carapintada Víctor Alejandro Gallo fue encausado por la apropiación ilegal de un hijo menor de una desaparecida.






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