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ıllı Cabildo de Buenos Aires wiki: info, historia y vídeos


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salud  Cabildo de Buenos Aires 


Cabildo Abierto, veintidos de mayo de 1810.Primera fotografía del Cabildo original, tomada en mil ochocientos cincuenta y dos. Aún tenía el reloj de España de mil setecientos sesenta y tres, y el Escudo Nacional en la testera. Apreciar la localización -parcialmente cercana al Cabildo- de la Pirámide de Mayo la que en la actualidad está apartada cara el centro de la Plaza de Mayo.Edificio del Cabildo en mil ochocientos sesenta y cuatro, ya con el reloj inglés y la Plaza Mayor arbolada con paraísos, apreciar que todavía la Pirámide de Mayo si bien ya exornada con relieves y una estatua, se hallaba considerablemente más cercana al Cabildo que en nuestros días.

Cuando Juan de Garay creó claramente la urbe de la ciudad de Buenos Aires en mil quinientos ochenta, la humildad del asentamiento era tal que no fue construido un edificio para instalar el Municipio, sino sus asambleas se efectuaban en las casas de los vecinos, encerrando a los presos en las casas de exactamente los mismos cabildantes.


El gobernante Hernandarias primero cedió una de las construcciones del Fuerte a fin de que funcionase como Sala Capitular, y después ordenó la instalación de un horno de tejas para la obra del edificio propio para el Cabildo.


Primera construcción


El tres de marzo de mil seiscientos ocho, el regidor Manuel de Frías planteó la necesidad de edificar un cabildo. Ese treinta de junio, Hernandarias comunicó que los trabajos ya habían empezado. El lote para el nuevo edificio ya había sido asignado por Garay en mil quinientos ochenta.


En realidad el solar, ubicado al frente de la Plaza Mayor, se hallaba contra lo regulado por las Leyes de Indias, que establecían que el Cabildo debía situarse entre la Plaza y el Templo, al lado de las Casas Reales y a la Aduana, en un campo más lejano.


La obra se financió a través de nuevos impuestos a las naves que entraban y salían del puerto de la ciudad de Buenos Aires.


La construcción de las 2 humildes salas (la Sala Capitular y la Prisión) estuvo al cargo del alarife Juan Méndez, Hernando de la Gruta estuvo al cargo de la tirantería, Pedro Ramírez de las puertas y ventanas, Hernando Álvarez del revoque y blanqueo y unos tejeros brasileños de la techumbre.


Su construcción concluyó cara mil seiscientos diez, si bien al poco tiempo empezaron múltiples remodelaciones a su forma original que acabarían tras doscientos años.


En mil seiscientos doce concluyeron las obras de las Casas del Cabildo, que incluían un solar y locales que entonces se arrendarían. Tras un par de años, y debido a la cantidad de presos alojados, el Cabildo resultó chaval y debió ser destinado completamente a su función de prisión, con lo que las asambleas de autoridades se efectuaron en casa del gobernante y más tarde en el fuerte.


Debido a que a lo largo de múltiples años no se hizo un mantenimiento del edificio, pronto se lo vio en ruinas. El primitivo Cabildo empezó a desmoronarse ya en mil seiscientos treinta y dos, con lo que se emprendió la construcción de uno nuevo, que recién empezó en mil seiscientos treinta y cinco y se extendió a lo largo de más de 5 años debido a la carencia de fondos.En mayo de mil seiscientos ochenta y dos, las autoridades plantearon la construcción de un edificio de 2 plantas, que contendría:



  • Planta alta: Sala Capitular y Fichero.
  • Planta baja: prisión para personas privilegiadas, calabozos comunes para hombres y otro para mujeres, cuarto para vigilancia y habitaciones para jueces y escribanos.

Sin embargo, el proyecto no avanzó, y la urbe se satisfizo con sostener el viejo edificio, deficiente conforme empezaba a medrar la población.


Segunda construcción


En mil setecientos once la Corona autorizó a que se realizase una construcción más sólida.


Después de rehusar en mil setecientos veintidos un proyecto del ingeniero Domingo Petrarca, por considerarlo demasiado costoso, el veintitres de julio de mil setecientos veinticinco empieza la construcción del nuevo edificio, conforme planos de los arquitectos jesuitas Giovanni Battista Primoli y Andrea Bianchi, castellanizado en la colonia como Andrés Blanqui. En un inicio la planta efectuada por Primoli tenía forma de una "o bien" constituida por una suma de habitaciones, si bien a Blanqui le tocó el diseño de la parte más notoria: la testera. Siendo Blanqui de origen lombardo, conforme con los estudios llevados en el s. XX por Dalmasio Sobrón- la arquitectura de la testera está más relacionada con el barroco de Lombardía, en donde tuvo vigencia una tradición manierista, que con el propio de España. Por otro lado Blanqui estaba más inspirado por tratadistas italianos del s. XVI como Palladio, Serlio y Vignola; de ahí que que, a pesar de ser un edificio bastante parco, para el Cabildo porteño Blanqui utilizó el arco albertiano por el que se reanuda el motivo del arco triunfante romano con la peculariedad que en el Cabildo se le usa sobrepuesto en 2 plantas: en el centro de la galería superior que da al balcón y en el centro de la galería inferior. Otro elemento de la tradición lombarda son las pilastras toscanas pareadas de tal modo que forman nichos entre ellas (en la tradición italiana semejantes nichos servían para situar estatuas en ellos, si bien en el Cabildo esto jamás se hizo), semejantes pilastras articulan decorativamente al muro de la testera. Otro elemento del barroco lombardo es la cornisa curva de la torre semejante a la del Santuario de ella Madonna dei Ghirli.
La construcción se vio postergada con la partida de los arquitectos a la urbe argentina de Córdoba en mil setecientos veintiocho en donde se dedicarían a la persecución de las obras de la Catedral de dicha urbe. Los trabajos en el Cabildo porteño se reiniciaron en mil setecientos treinta y uno, al cargo de los maestros obreros Miguel Acosta y Julián Apreciado. En el mes de agosto de mil setecientos treinta y uno se reiniciaron las obras que de nuevo se suspendieron en mil setecientos treinta y dos por carencia de presupuesto. De esta manera, la edificación fue entregado para su empleo cara mil setecientos cuarenta.


En mil setecientos cuarenta y ocho, un conjunto de carpinteros y herreros encabezados por Diego Cardoso dotó de puertas y rejas al Cabildo, y frente a la pobreza del Municipio, se les llegó a abonar por su trabajo con barras de chocolate. En el mes de octubre de mil setecientos sesenta y tres fue comprado en Cádiz un reloj para instalar en la torre del edificio, que con sus campanadas se resaltaría en la apacible urbe, hasta el momento en que en mil setecientos setenta el gobernante Bucarelli ordenó que dejara de sonar.


En mil setecientos sesenta y cinco, se dio por terminada la torre del Cabildo, y en mil setecientos sesenta y siete se amplió la prisión cara los fondos del terreno, pudiendo recién entonces separar a hombres de mujeres. En el mes de febrero de mil setecientos setenta y nueve ocurrió un acontencimiento prácticamente fabuloso, cuando en una tormenta la torre del edificio fue alcanzada por un rayo (conforme versiones, este tocó de manera directa la oración "Casa de Justicia", borrando la sílaba Jus), y los mecanismos del reloj quedaron con seriedad dañados. En mil setecientos ochenta y tres se consiguió concluir la Capilla y se añadieron más calabozos, y en mil setecientos noventa y cuatro la construcción fue sometido a una restauración general. El balcón concejil de hierro fue agregado a fines de s. XVIII.


Después de los acontencimientos de la Revolución de Mayo, de los que el Cabildo fue epicentro, este organismo fue disuelto en mil ochocientos veintiuno, y desde el año siguiente empezaron a marchar en la construcción fueros civiles.


Durante las próximas décadas el Cabildo se sostuvo sin mayores modificaciones, e inclusive su reloj empezó a padecer recurrentes averías debido a su antigüedad, en tiempos de Juan Manuel de Rosas, al punto que un cronista francés comentó burlonamente, en mil ochocientos cincuenta, que el gobernante acabó ordenando a los relojeros de la urbe que ajustaran sus relojes cronómetros al reloj del Cabildo, sin importar un mínimo la hora que diera. En mil ochocientos sesenta, este reloj fue sustituido por uno adquirido en la casa inglesa Thwaites & Reed, al paso que el viejo reloj de España fue trasladado a la iglesia de Balvanera, donde sería de nuevo reemplazado por otro, no se sabe más de él.


Torre del Cabildo

El Cabildo, la Pirámide y San Ignacio, mil ochocientos sesenta y siete.

La torre, elemento propio en los municipios medievales, se incorporó claramente en mil setecientos sesenta y cinco. Si bien entonces padeció radicales modificaciones. En mil ochocientos setenta y nueve, avanzó el proyecto para instalar en el viejo edificio la Cámara Civil, puesto que el Poder Judicial no tenía todavía un edificio propio. El arquitecto técnico Pedro Benoit diseñó una reforma integral: elevó la torre diez metros y puso una bóveda azulejada con aires norteños, el techo perdió sus tradicionales tejas y los balcones fueron vestidos con balaustradas, la arcada primordial enmarcada por columnatas y toda la testera recibió un tratamiento italianizante.


Los gustos por la moda europea hacían que la arquitectura colonial fuera vista como pobre y también sosa, y de este modo el Cabildo fue simplemente disfrazado, perdiendo proporcionalidad y autenticidad: la desgalichada torre no tenía nada que ver en estilo con las arquerías coloniales ni con las balaustradas. No obstante solo duraría de esta forma cerca de una década.


Demolición y reconstrucción

El Cabildo con decoración italianizante y la fugaz torre de 3 pisos, en mil ochocientos setenta y nueve.

En mil ochocientos ochenta y nueve, debido a la apertura de la Avenida de Mayo, el ingeniero Juan Antonio Buschiazzo debió derribar un costado del Cabildo, con lo que desaparecieron los 3 arcos del lado norte. Se aprovechó la ocasión para derribar la torre construida por Benoit, puesto que su excesivo peso ponía en riesgo la estabilidad de la construcción. De esta forma la edificación perdió su simetría frontal, hasta el momento en que en el mes de agosto de mil novecientos treinta y uno, siendo presidente de factoJosé Félix Uriburu, se demolieron los otros 3 arcos del lado sur para abrir la diagonal Julio A. Roca, pese a las quejas extendidas.

Aspecto del Cabildo mutilado en mil ochocientos ochenta y nueve, todavía italianizante mas ya sin torre, cara mil novecientos treinta. Todavía faltaba que se demoliera un costado para abrir la Diagonal Sur.

Con motivo de esta demolición el Intendente José Guerrico aseveró que se había dado "un paso cara la total demolición del vetusto edificio que va a deber desaparecer lo antes posible puesto que de este modo lo demanda el progreso de la urbe" y pidió al poder ejecutivo nacional que le entregara la construcción a la urbe. Mas la campaña de los diarios contra el proyecto de demolerlo, encabezada por La Nación, llevó a una movilización pública que acabó por echar atrás el proyecto. En sus páginas de agosto de mil novecientos treinta y dos el jornal manifestaba que "ningún interés puede justificar la destrucción de la reliquia histórica más apreciada por los argentinos" y señalaba "el anhelo excesivo de la opulencia material". Entonces, el diecinueve de mayo de mil novecientos treinta y tres, se generó la sanción a la ley n° once seiscientos ochenta y ocho (merced a un proyecto de Carlos Alberto Pueyrredón) que dispuso la restauración de la Sala de Asambleas del Gobierno Patrio. Desde entonces y durante esa década del 30' se presentaron muy distintos proyectos para preservar el monumento histórico o bien darle una mayor grandeza.


El veintiocho de abril de mil novecientos treinta y ocho el Poder Ejecutivo nacional creó la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos, que un año entonces se instaló en el Cabildo como sede permanente. Esta comisión confió al arquitecto técnico Mario Buschiazzo la restauración de la Sala Capitular y las dependencias de la planta alta. Para conseguir esto Buschiazzo se fundamentó en planos del proyecto de Benoit, y consiguió restaurar las salas en el mes de noviembre de mil novecientos treinta y nueve, así como el primer piso. Para la restauración del resto del edificio procuró salvar los elementos originales, la mayor parte de los que se encontraban en el depósito municipal. El primordial inconveniente lo formó la testera siguiente, puesto que no se guardaba documentación de exactamente la misma, de forma que se optó por hacerla afín a la delantera. La torre se reconstruyó en hormigón para poder distinguir las partes nuevas de las viejas, y se redujo respecto al tamaño que tenía en la temporada de la colonia puesto que de haberlo preservado hubiera quedado desmedida con el menor tamaño de apenas 5 arcos que tenía ahora el Cabildo.

Obras de reconstrucción del Cabildo colonial en mil novecientos cuarenta. En la fotografía, un aljibe que perteneció a la familia de Rosas y se instaló en el nuevo patio. (Foto: AGNA)Ya restaurado a su aspecto actual, en 1950

La restauración total fue estrenada el once de octubre de mil novecientos cuarenta y si bien la obra asimismo tuvo ciertas críticas, fue la primera restauración de un Monumento Histórico Nacional efectuada en la Argentina que procuró recobrarla a nivel científico.


La obra incluyó la creación de una plaza tras el edificio, que estuvo ocupada por vendedores itinerantes de libros viejos, mas en mil novecientos sesenta, con la llegada del sesquicentenario de la Revolución de Mayo, se los expulsó con la idea de crear una casa afín a los Altos de Riglos (un edificio colonial que existía en el lote vecino al Cabildo) y modelar un patio colonial que "ofreciese una visión de otrora en exactamente el mismo centro del Buenos Aires moderno".


Además, un ámbito del muro perimetral sobre el rincón de la calle Yrigoyen fue cambiado para la construcción de una boca de acceso a la estación Bolívar del subte, estrenada en mil novecientos sesenta y seis.


Comisión de Museos

Patio del Cabildo, remodelado en mil novecientos sesenta.

Sobre el patio trasero del Cabildo, el reputado arquitecto técnico Alejandro Bustillo diseñó en mil novecientos sesenta la sede de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos, el organismo nacional al cargo de la administración y mantenimiento de los museos y monumentos históricos de la Argentina. Ya antes de la restauración de mil novecientos cuarenta, ese espacio estaba ocupado por distintas oficinas y entornos agregados al viejo edificio del Cabildo cuando se lo había transformado en sede de la Cámara Civil en mil ochocientos setenta y nueve. Todas y cada una estas construcciones anejas fueron destruidas y se abrió al público el nuevo Patio del Cabildo, incluyendo un pasaje peatonal semi-público que conecta la Avenida de Mayo con la calle Yrigoyen, y en el que marcha hoy día un café.


La Comisión Nacional de Museos es una construcción de 2 plantas, que respeta el sobrio estilo colonial vernáculo y tiene entrada por Avenida de Mayo quinientos cincuenta y seis. Allá se hallan las oficinas de la Comisión y se vende al público los libros y gacetillas que exactamente la misma edita, con temática histórica y arquitectónica.

Guion del Regimiento n.º setenta y uno Highlanders capturado a lo largo de la primera invasión inglesa en mil ochocientos seis y exhibido al público como trofeo de guerra, en el Museo Histórico Nacional del Cabildo y de la Revolución de Mayo.

En el interior del Cabildo se halla el Museo Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo, donde se exhiben cuadros, retratos, piezas y joyas del siglo XVIII, el arca fiscal de Caudales, la imprenta que fuera instalada por el virrey Vértiz en la Casa de Pequeños Expósitos y la lámina de Oruro agasajada al Cabildo en ocasión de la victoria de mil ochocientos siete en frente de los ingleses (Invasiones inglesas).


En el patio puede observarse un aljibe de estilo barroco americano, de mil ochocientos treinta y cinco, que pertenecía a la casa donde nació y murió Manuel Belgrano (que estaba en la presente Avenida Belgrano cuatrocientos treinta, ya antes llamada Santo Domingo), político, militar y autor de la Bandera Argentina y otro, de estilo neoclásico, cuya placa asevera que perteneció al solar de Venezuela mil setenta, que desde mil ochocientos cincuenta y cinco perteneció a Doña Mercedes López de Osornio de Chaves (hermana de Agustina López de Osornio, que fue la madre de Rosas; y madrina de Juan Manuel de Rosas) y que fue donado al Cabildo el veinticuatro de diciembre de mil novecientos cuarenta.






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