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salud  Bloque de los 44 


En 1946Juan Domingo Perón ganó las elecciones presidenciales efectuadas en Argentina. La victoria del peronismo, sensiblemente sorpresiva, resultó un duro golpe para la Unión Civil Radical, que había conformado una coalición electoral con los conservadores, marxistas y socialistas llamada la Unión Democrática. La derrota electoral generó una crisis interna en la UCR, en la que los campos juveniles conocidos como "inflexibles", que venían desarrollando un programa de centro-izquierda conocido como Declaración de Avellaneda, y se habían organizado en el Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR), se encararon a las autoridades de tendencia conservadora del partido, llamados "unionistas", y cuestionaron su derecho a conducir la UCR.


En esas condiciones apareció el bloque de los cuarenta y cuatro, integrado originalmente por los cuarenta y cuatro miembros del Congreso de los Diputados radicales que resultaron escogidos en mil novecientos cuarenta y seis, cuya conducción fue de manera inmediata asumida por los inflexibles del MIR. Ricardo Balbín fue su presidente y Arturo Frondizi su vicepresidente primero.


Ante el desprestigio de la conducción de la UCR después de la derrota electoral, el bloque de los cuarenta y cuatro aceptó el liderazgo en verdad del partido.

Balbín preso. La fotografía fue publicada en mil novecientos cincuenta en la gaceta Time.

Frente al peronismo, el bloque de los cuarenta y cuatro mantuvo una situación de apoyo a la sanción de leyes sociales y relacionadas con el nacionalismo económico, mas se opuso a las reglas de peculiaridades anti-democráticas, como aquellas que limitaban las libertades de expresión y prensa, o bien proporcionaban extensas facultades a la policía. Asimismo se opuso al pacto que planteó el gobierno con Estándar Oil, para la explotación de yacimientos petrolíferos, entregándole un predio de cincuenta quilómetros cuadrados.


El gobierno peronista persiguió a los miembros del Congreso de los Diputados radicales del bloque de los cuarenta y cuatro, llegando a excluirlos de sus cargos, como en el caso de Balbín y Sanmartino, e inclusive a recluirlos, como a Balbín en mil novecientos cincuenta.


En general los radicales unionistas cuestionaron el activar de los inflexibles en el bloque de los cuarenta y cuatro por considerarlo "colaboracionista".


En mil novecientos cincuenta y dos, los unionistas propusieron que los miembros del Congreso de los Diputados radicales escogidos debían negarse a prometer por la nueva Constitución sancionada en mil novecientos cuarenta y nueve con mayoría del peronismo. Los inflexibles se opusieron a esa propuesta que significaba una amenaza a la institucionalidad, y aunque habían planteado su disconformodidad con la mayor parte con que fue sancionada la ley que declaraba la necesidad de la reforma electoral, juraron sobre la nueva constitución al aceptar sus ordenes.


La mesa directiva de ese organismo cargaba con una doble responsabilidad: combatir en el circuito y proteger la unidad de los cuadros. Para la primera función contaba con elementos valiosos, fogueados en el juego parlamentario y que veían facilitada su tarea por la inexperiencia de la bancada mayoritaria; la segunda misión se cumpliría además, puesto que bastaba con sostener encendido el liderazgo de sus líderes. En esa labor rivalizaban todos a través del alegato sensacionalista, una especialidad en la que relucían inflexibles y unionistas.


Acostumbrado al lenguaje sorprendente, Ernesto Sammartino no desperdició la primera ocasión que se le ofreció en mil novecientos cuarenta y seis para lanzar sus "dardos": "Ciertos miembros del Congreso de los Diputados que se sientan en los escaños de la mayor parte conocen, como Panurgo, las cuarenta formas del robo", exclamó en la sesión del ocho de agosto. Después, al atisbarse una inminente sanción contra él, ensayó esta explicación: "Yo no afirmé hurto, sino más bien robo y birla quien se apodera de la voluntad de sus conciudadanos a través de engaños y sofismas". En la sesión siguiente la mayor parte aprobó el despacho de una comisión integrada para tratar "el caso Sammartino", la que resolvió suspenderlo por 3 sesiones. El miembro del Congreso de los Diputados peronista Antonio Andreotti aprovechó para rememorar otra de sus oraciones urticantes: "Ese señor afirmó que tras las bambalinas está el patrón del circo, señalando a cada uno de ellos su papel; no se puede permitir que nos prosiga insultando de esta manera".


Una gran pelea


Dos meses después, una tarde en la que Sammartino atendía su estudio de letrado, en el tercer piso de San Martín cuatrocientos cuarenta y ocho, donde terminaba de instalarse en sociedad con David Blejer, recibió la visita de un hombre fornido. El diálogo fue breve: -Yo actué con en la segunda y en la tercera, doctor. -Usted no actuó conmigo en parte alguna y no lo conozco. ¿Qué desea? -Bueno, es cierto, no me conoce, mas insultó al coronel y no se lo vamos a permitir. ¡Vengo a solicitarle cuentas! Sammartino consiguió empujarlo fuera del estudio y cerró la puerta; al otro lado, con un pequeño revólver, el atacante vociferaba: "¡Te mataré! ¡Abran que lo líquido!". Blejer salió con Ricardo Panello, empleado del estudio, y así como un vecino de piso, el ingeniero Pietranera, lo redujeron hasta desarmarlo. Fue fácil, pues el cargador de la pistola había caído al suelo incomprensiblemente. Rato después, un agente de la ley se ocupaba del arma y de su dueño, quien no ofreció la menor resistencia; de esta manera pudo establecerse que se trataba de Manuel Costa, un de España de treinta y siete años que había servido al caudillo conservador Alberto Barceló. "Evita lo mandó para matarme, mas tomó tanto vino que le salió mal", celebró risueñamente Sammartino.


En junio de mil novecientos cuarenta y siete Sammartino se despachó contra una serie de artículos firmados por Perón en los diarios oficialistas. "La historia se comienza, para él, con su llegada; ¿y ya antes no existió nada en este país?. La torpeza mental, creo, no ha sido jamás defecto de los grandes presidentes argentinos, y el nuestro acusa ahora falta de ponderación mental y de equilibrio ética", protestó en el circuito.


Un duelo a pistolas

El Bloque de los cuarenta y cuatro, se pueden distinguir (de izquierda a derecha) primero a Arturo Frondizi y tercero a Ernesto Sammartino.

Apenas 3 días después, cuando basaba un proyecto sobre rendición de honores a funcionarios, Ernesto Sammartino decía:


Fue interrumpido por los legisladores peronistas, quienes le demandaron coléricos por una de sus oraciones más tajantes.Fue cuando afirmó la conocida frase:


Al escucharse estas palabras, una batahola sacudió el circuito y se vio a Colom intercambiar insultos con Sammartino; cuando estaban a puntito de golpearse, el miembro del Congreso de los Diputados radical Gregorio Pomar brincó de su banca y los apartó. Mas no se pudo impedir que al día después los dos volviesen a encontrarse en otro sitio más apropiado: la quinta de Héctor Sustaita Seeber, donde se efectuaría el duelo a pistola para "solucionar los agravios". Pomar y Dellepiane prohijaban a Sammartino, al tiempo que Antonio J. Benítez y Héctor Cámpora representaban a Colom. Cuando el juez del lance, Floro Lavalle, llamó a una reconciliación, los dos se negaron y solicitaron que si pese al primer disparo quedaban con vida, se autorizase un segundo tiro y solo a diez pasos de distancia en vez de veinte. "¡Esto es un asesinato!", advirtió Lavalle; mas no tuvo ocasión de confirmar su presunción, pues el armero, convocado para las 6 de la tarde, llegó con múltiples horas de retraso, cuando la visibilidad era escasa (debido a la espesa neblina), y con las armas sobrecargadas de pólvora -premeditadamente- a fin de que los tiros se desviasen. No hubo necesidad de usar las ambulancias mandadas por la presidencia, ni los servicios de 2 dadores voluntarios de sangre, puesto que los contendores resultaron indemnes.


El cirujano Jorge Alberto Taiana, presto a intervenirlos quirúrgicamente, guardó su instrumental; Colom se fue de manera directa al despacho presidencial, donde Perón lo abrazó efusivamente, y Sammartino se estrechó en brazos de Arturo Frondizi, en cuyo vehículo retornó. Sus versiones siempre y en toda circunstancia guardaron restos de la vieja disputa: "Como el armero tardó tanto, ofrecí batirnos a revólver. Los 2 estábamos armados. Mas no me dejaron", recordó Colom. 'El armero tardaba por el hecho de que Colom lo había coimeado; por culpa suya no sirvieron los tiros", se quejaría Sammartino. Mas el armero era un amigo de Lavalle, quien no deseaba el duelo.


Estos incidentes habían engendrado la idea de expulsar a Sammartino del parlamento, criterio que admitió la mayor parte de la comisión singular destinada a estudiar su situación y que fue debatida en la sesión del cinco de agosto de mil novecientos cuarenta y ocho. El informante José María Conte Grand, historió las intervenciones de Sammartino y las calificó de "ofensivas y humillantes". En disidencia, basó su despacho de minoría el miembro del Congreso de los Diputados radical Alfredo Vítolo, quien apeló a citas históricas: "Al cerrar el parlamento británico, en mil seiscientos, Cromwell colgó un cartel que afirmaba 'Se arrienda esta casa'. Cuando la oposición es silenciada, deja de existir el gobierno republicano y la mayor parte comete un golpe de Estado, como afirmaba Royer Collard en la cámara francesa". Rato después, Sammartino optó por hacer su defensa y exclamó: "No hemos venido acá a ensayar reverencias frente al látigo ni a danzar lanceros. Esta no es una boíte de tendencia, ni un club social. Esta es la Cámara libre de un pueblo libre y un presidente de la República no puede charlar como el jefe de una tribu al compás de tambores de guerra, para despertar el odio o bien la adhesión de las turbas ululantes. ¿Hemos planteado quizá alguna cuestión cuando el presidente afirmó, el veintitres de junio último, que este era un pueblo en el que había diez millones de vagos, o bien cuando expresó que es un pueblo de acomodadizos?". Por último, Sammartino se lamentó de "ser el protagonista del profundo drama que vive el régimen parlamentario argentino" y remarcó su voluntad de "reincidir una y mil veces en emplear el derecho de palabra y de pensamiento".


La votación fue antecedida de un altercado entre Bernardino Garaguso y Ricardo Balbín, quienes dialogaban fuera del debate:


Un año tras la expulsión de Sammartino, su correligionario Agustín Rodríguez Araya corría idéntica suerte, a causa de un alegato pronunciado en santa Fe a lo largo de la campaña para escoger gobernante. La tarde de la votación terminante, el nueve de junio de mil novecientos cuarenta y nueve, Rodríguez Araya se defendió con un nuevo ataque: "Afirman que me referí a Alí Babá, mas esto es poco, equiparado con el IAPI, por el hecho de que en el IAPI está la lámpara de Aladino, y quien la frota se enriquece en un 10 por ciento ". Exhibiendo pomposamente un cúmulo de documentos que desbordaban el pupitre de su banca, el legislador radical preguntó: "¿Dónde se encuentran las mil toneladas de rayón que el IAPI prometió adjudicar a los mercaderes? Yo tengo acá la respuesta: están a cargo de Miguel Miranda, quien tras un personero se las adjudicó a sí mismo. ¿Qué fue de los mil automotores que iban a ser lanzados al mercado y que fueron adjudicados al señor Lima? Yo tengo copias de los expedientes que prueban esas irregularidades".

El miembro del Congreso de los Diputados Ernesto Sanmartino en la década de mil novecientos cuarenta.

Cuando el miembro del Congreso de los Diputados peronista Argaña procuró interrumpirlo, el radical Federico Fernández de Monjardín lo detuvo: "¡Cállese la boca y déjelo charlar, lengua de papel de lima!". Agustin Rodríguez Araya ensayó una explicación, aduciendo que el título de Alí Babá era para el gobernador santafecino y no para el presidente; que "las versiones taquigráficas de la policía no son precisas y no merecen fe, pues es exactamente la misma policía que trató de destruirle los testículos a Cipriano Reyes, a quien atraparon por una supuesta violación de la ley de juegos, justo cuando iba a acompañarme en la vira proselitista". La bancada peronista no le creyó y, media hora ya antes de votar su descomido, lo vio salir del circuito con otros 4 legisladores: Alfredo Vítolo, Ricardo Rudi, Emir Comerciante y Oscar López Serrot, quienes lo acompañarían hasta la embajada uruguaya en pos de asilo.


"Mas Visca -recordaría Rodríguez Araya-, preocupado por mi suerte, sugirió trastocar el orden de los alegatos, de tal modo que charlaría ya antes que Arturo Frondizi, y de este modo tendría tiempo de huir antes que la votación me quitara la inmunidad parlamentaria. De ahí que salí apenas acabé el alegato. La policía procuró proseguirme, mas mi amigo Antonio Tealdi cruzó su vehículo en la calle y les impidió el paso.Realmente, el bloque había resuelto que dejara el país ya antes de la sesión, para eludir peligros, y sostenerme oculto en la casa de López Serrot, a la espera de una fuga planeada para sacarme con el yate del miembro del Congreso de los Diputados Salvador Córdoba; mas me fui de allá y entré sorpresivamente al circuito, para no defraudar a quienes confiaban en mi valor. Anteriormente hice gestiones ineficaces frente a las embajadas de México y Brasil, donde el diplomático Francisco Quijano, primero, y el general Freytas Almeyda, después, me negaron asilo, aduciendo los 2 ser amigos de Perón. Los uruguayos, en cambio, me prometieron abrir la puerta y después dejaron que Alfredo Palacios, Nicolás Repetto, Sánchez Viamonte, Julio A. Noble y Elpidio González viniesen a visitarme".


Un escándalo acompañó el resultado de la votación, en la que Rodríguez Araya fue expulsado por ciento ocho votos contra treinta y siete. Cuando salían los peronistas del circuito, Uranga vociferó: "¡Ahí se retira la brigada de los degolladores!". y Nerio Rojas delimitó, con su habituada parsimonia: "Está bien, pues esto está cada vez peor".


Balbín, Cattáneo y Yadarola sancionados


Apenas 3 meses después, el propio presidente del bloque radical, Ricardo Balbín, era asimismo descomedido por resolución mayoritaria de la Cámara, a pedido del juez rosarino Alejandro Ferrarons, quien se veía impedido de procesarlo por desobedezco, debido a la inmunidad parlamentaria. Tocó al miembro del Congreso de los Diputados Vicente Bagnasco basar el despacho oficialista: "Conozco realmente bien el lenguaje de los radicales -afirmó-, a quienes agrada incurrir en desobedezco para desacreditar al gobierno y emplearlo de trampolín".


La contestación estuvo en boca de Pastor, a quien Garaguso interrumpió continuamente, calificándolo de "oligarca pastorizante", mas la mejor defensa la hizo el propio inculpado:


El final estaba previsto: José Astorgano solicitó cerrar el discute y pasar a votación. Las cantidades fueron contundentes: ochenta y siete a treinta y siete en favor de la expulsión de Balbín. Hubo chillidos hostiles de los dos bandos y se levantó la sesión frente a la mirada impávida del presidente Cámpora, quien veía traer bollos de papel cerca de su estrado, que le lanzaba Ricardo Rudi. Mario Gil Flood, otro radical, prefirió lanzar un grueso volumen de diarios de sesiones, que se estrelló encima de la mesa de los taquígrafos.


Todavía no acabaría el año mil novecientos cuarenta y nueve sin que el Bloque de los cuarenta y cuatro -la cantidad era ya simbólica- padeciera un nuevo desgajo. El doce de diciembre, en una sesión a la que no asistieron los radicales, sería eliminado asimismo el miembro del Congreso de los Diputados Atilio Cattáneo. 3 días ya antes, Perón había advertido por radio que "combatiría sin pausa y sin tregua, a la oposición oligarca, disfrazada de radicales, socialistas y marxistas". El dictamen de un tribunal militar, elevado al ejército, terminaba de engendrar un decreto por el que se prohibía "el empleo del uniforme y los títulos del grado al teniente coronel Cattaneo". La Cámara de Miembros del Congreso de los Diputados hizo suyo el dictamen y votó la expulsión sin dilaciones. Las razones no fueron dadas, mas a absolutamente nadie escapaba que el delito de Cattáneo había sido una oferta pública hecha a Perón en un alegato de esos días en San Salvador de Jujuy, donde dijo: "Señor Presidente, le adquirió su quinta de San Vicente en cincuenta y cinco pesos; al mismo coste en que la valuó al hacer su declaración de recursos, el siete de junio de mil novecientos cuarenta y seis". La oración le valdría asimismo un juicio por desobedezco, puesto que -conforme los jueces- no podía dudarse de la palabra presidencial.


Por mencionar "en forma sibilina, de rondón y con triquiñuela -afirmó el miembro del Congreso de los Diputados Benito Ottonello- a los criminales subidos en la función pública", otro legislador radical, Mauricio Yadarola, fue acusado de "desorden de conducta" y suspendido por diez sesiones el veintidos de junio de mil novecientos cincuenta. La votación fue noventa contra diecinueve, se practicó después de un premeditado cierre de discute, pedido como siempre y en toda circunstancia por Astorgano. Yadarola conminó con "reincidir una y mil veces", lo que no pareció trastocar a Cooke, quien le afirmó sutilmente: "Supongo que va a haber descartado la posibilidad de que los cimientos de nuestra fuerza política tambaleen por sus críticas .


El bloque radical prosiguió batallando sin lograr alterar en un ápice la política oficial ni herir su poderío político, como afirmaba Cooke; mas su lucha tenía otro sentido y cumplía los objetivos trazados: aumentar la popularidad de sus líderes y preservar para el radicalismo el rango de segundo partido y eje electoral de la oposición. Ellos eran la bandera de queja antiperonista en el Congreso de la Nación.


La pérdida del fuero parlamentario forzó a los miembros del Congreso de los Diputados radicales expulsados de la Cámara a huir del país, evitando la prosecución policial que se desató tras ellos. Sammartino, Rodríguez Araya y Cattáneo, escaparon en ese orden a cobijarse en Montevideo, donde ciertos años ya antes, en mil novecientos cuarenta y cuatro, había llegado el primer conjunto de políticos opositores.


"Aquella vez, con el propósito de provocar un golpe de efecto -conforme explicaría Américo Ghioldi- las figuras políticas más representativas se escaparon al Uruguay, por una sugerencia de un ámbito de militares antiperonistas que procuraban desgastar al gobierno". Divididos en ámbitos ideológicos, si bien respondiendo a afines objetivos, crearon entonces en Montevideo 2 agrupaciones. Primero fue la 'Asociación de Mayo', que impidió el acceso a los marxistas, y también incorporó a Nicolás Repetto, Alfredo L. Palacios, Luciano F. Molinas, Santiago Nudelman, David Tieffenberg, Guillermo Korn, Esteban Rondanina y Octavio Palacios. El otro ámbito se reunió en 'Patria Libre'.






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