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ıllı Bernabé Aráoz wiki: info, historia y vídeos


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salud  Bernabé Aráoz 


Era miembro de una extensa familia de mercaderes locales, de esencial fortuna personal. Desde joven se alistó en las milicias, y apoyó la Revolución de Mayo desde puestos secundarios.


Cuando Belgrano dirigía el "éxodo jujeño" cara Córdoba, Aráoz reunió tropas en el campo y persuadió a Belgrano de presentar batalla en la urbe de Tucumán, contrariando las órdenes del Primer Triunvirato. Luchó bajo las órdenes de Juan Ramón Balcarce en la batalla de Tucumán del veinticuatro de septiembre de mil ochocientos doce, que quizá haya sido la más esencial de las victorias de la guerra de la independencia argentina. Los españoles no pudieron nunca regresar a invadir el territorio argentino tan al sur, tampoco volvieron a tener tanta superioridad militar.


Participó en la batalla de Brinca con el grado de coronel y retornó a Tucumán, a organizar nuevos refuerzos para el Ejército del Norte. Cuando ese ejército retornó derrotado del Alto Perú, formó múltiples otros regimientos, esta vez bajo las órdenes de San Martín, y asistió en la construcción de la fortaleza protectora al lado de la urbe, llamada La Ciudadela.


En abril de mil ochocientos catorce fue nombrado Gobernante de la provincia de Brinca del Tucumán, y cuando Tucumán se apartó de Brinca, fue el primer gobernante titular de Tucumán, provincia que incluía a Catamarca y Santiago del Estero, en el mes de octubre de mil ochocientos catorce.


Era un patriota entusiasta y contundente, mas conforme las Memorias de José María Paz,


Con la caída de Alvear tras la rebelión de Fontezuelas, Aráoz se hizo confirmar en el cargo por una reunión en el Campamento de la Ciudadela, donde la repercusión militar era ineludible. El centralismo había cedido algo, mas solo en beneficio de las capitales de provincia, no de las urbes de la ciudad de Santiago y Catamarca. En contestación, en el mes de septiembre de mil ochocientos quince reventó una rebelión autonomista en la ciudad de Santiago del Estero, dirigida por el coronel Juan Francisco Borges, mas las tropas de Aráoz lo vencieron de forma fácil.


A partir de principios de mil ochocientos dieciseis, al regreso de los derrotados de Sipe Sipe, el Ejército del Norte se estableció en Tucumán y pasó a depender únicamente de esa provincia, en tanto que el gobierno nacional privilegió al Ejército de los Andes. El gobernante salteño Güemes debió hacer frente únicamente con sus fuerzas locales a las invasiones realistas. Aráoz se las ingenió para sostener a su provincia en funcionamiento, forzando a todos y cada uno de los mercaderes a aportar contribuciones “voluntarias”


Pero desde mil ochocientos dieciseis, se halló con otro huésped costoso: el Congreso de Tucumán. El ahínco calidad la pena, en tanto que el nueve de julio se declaraba la Independencia nacional, por la que todos y cada uno de los tucumanos ya se habían pronunciado.


A fines de mil ochocientos dieciseis, Borges volvió a tomar el poder en la ciudad de Santiago, mas esta vez fue atacado por 3 regimientos mandados por Belgrano, que lo derrotaron y fue fusilado.


Pero con el Ejército del Norte no le fue tan bien: Aráoz tuvo consecutivos enfrentamientos con el general Belgrano, que desautorizó acciones de Aráoz, aun en cuestiones salarios de los funcionarios. Por su lado, Belgrano acusaba a Aráoz de obstruir de manera permanente el socorro que precisaban las tropas. A consecuencia de ello, el general pidió repetidamente la remoción de Aráoz al Directivo Supremo Pueyrredón. Este prefirió respaldar políticamente a Belgrano y, en el mes de septiembre de mil ochocientos diecisiete, el catamarqueñoFeliciano de la Mancha Botello sustituyó a Aráoz. Este pasó los un par de años siguientes retirado en sus fincas rurales, aguardando su ocasión.


Desde mediados de mil ochocientos dieciocho solo quedaba en Tucumán una parte del Ejército del Norte, el resto había marchado cara el centro del país por orden del Directivo Supremo. En el mes de noviembre de mil ochocientos diecinueve, ciertos oficiales del desarticulado Ejército del Norte detuvieron al gobernante Mancha Botello y al general Belgrano. 3 días después, un Cabildo Abierto nombraba gobernante a Bernabé Aráoz. Esa revuelta fue calificada por el general Paz como "...la primera chispa del incendio que cundió entonces por toda la República", mas en la práctica, todo el litoral ignoraba la autoridad del Directorio y del Congreso desde hacía años, la Banda Oriental estaba prácticamente absolutamente ocupada por los portugueses, y Brinca proseguía sola su guerra en el norte. La chispa contribuyó al incendio, mas fue de las últimas: solo faltaban el motín de Arequito, la batalla de Cepeda y la revolución cuyana de Mariano Mendizábal; y todas y cada una se cumplirían en menos de 3 meses.


Aráoz era un jefe taimado, poco dado a enfrentar los enfrentamientos que pudiese eludir, mas decidido cuando no se le daba opción. Como otros caudillos de su temporada, tenía más apoyo en el campo que en la urbe. Su segundo gobierno fue buenísimo, considerando los inconvenientes que debía enfrentar.


Un congreso escogido en especial decretó una Constitución para la República de Tucumán, una contestación regional al inconveniente del país anarquizado. Esta República no era independiente del resto provincias, sino formaba con el resto una sola entidad. El nombre de república no significaba (en ese entonces) más que "estado", en su sentido local o bien nacional, de forma indistinta. Solo quería decir que Tucumán dejaba de ser una dependencia de un gobierno central, para formar más un Estado Federal con el resto provincias. En verdad, sería la manera en que verdaderamente se formó la Nación desde mil ochocientos cincuenta y dos.


Pero Santiago del Estero se negó a respaldar a Aráoz; y en el mes de marzo de mil ochocientos veinte, bajo la dirección del coronel Juan Felipe Ibarra, reventó una revolución que nombró a este gobernante. Aráoz procuró machacar esa revuelta, mas no solo fracasó, sino se ganó la enemistad del gobernante de Brinca, Güemes. Este culpó a Aráoz con lo que calificó como la escasa ayuda prestada por Tucumán a la Guerra de la Independencia.


Aráoz no solo no cooperaba con los intentos de Güemes de marchar al Alto Perú. El veintitres de enero de mil ochocientos veintiuno, Ibarra comunicaba a Güemes que se veía obligado a defenderse del aguardado ataque de Aráoz, añadiendo que


Güemes invadió la provincia de Tucumán.El coronel Saravia ocupó Catamarca, donde derribó a Juan José de La la villa de Madrid —cuñado de Aráoz— y nombró una junta de gobierno. Un ejército de salteños y santiagueños se dirigió sobre la capital, intimando a Aráoz su renuncia al mando. En Rincón de Marlopa, a las puertas de la urbe, el general Abraham González derrotó sorpresivamente a Güemes. Unos días después, los realistas hacían su último avance hasta Brinca, ocasionando la muerte de Güemes.


Enseguida, Aráoz reconoció la autonomía de la ciudad de Santiago del Estero. Mas su gobierno tenía muchos opositores en la urbe capital y, a fines de septiembre de mil ochocientos veintiuno, Catamarca se apartaba de Tucumán.


Tres días después, el general González derribó al gobernante Aráoz, que debió huir solo cara el campo. Desaparecía la República y empezaban lo que serían diez años de guerras civiles prácticamente continuas en la provincia, y pasarían por el sillón de gobernante prácticamente veinte personas. Aráoz retornó al gobierno por un par de semanas, mas fue expulsado nuevamente; logró el poder efímeramente por un par de veces más.


En octubre de mil ochocientos veintidos volvió al gobierno por última vez, por prácticamente un año. Alcanzó a poner algo de orden en el caos de los meses precedentes, e inclusive pudo aportar algo para el Ejército de los Andes, que San Martín había llevado hasta Lima.


Pero Javier López lo derribó a fines de 1823; esta vez, Aráoz escapó a Brinca. Fue el peor fallo de su vida. Las otras veces que había sido derrotado se había dirigido al interior de su provincia, entre sus gauchos que lo adoraban. Mas ahora estaba en Brinca, donde era odiado por los gauchos de Güemes y por el gobernante Médanos. Este detuvo a Aráoz y lo entregó en Trancas, al oficial tucumano José Martín Ferreyra, en la frontera entre las dos provincias, el veinticuatro de marzo de mil ochocientos veinticuatro. Tras el sumario levantado por el Sargento Mayor y escribano Juan Antonio Yolis,[1]? Aráoz fue fusilado inmediatamente. Yolis le acusa de procurar untar a sus escoltas y por este motivo lo manda a fusilar.


Aráoz ha pasado a la historia como el creador de una supuesta independencia de su provincia, lo que no se ajusta a la verdad histórica. Fue un patriota entusiasta, un enorme organizador de ejércitos y el mejor gobernante de Tucumán en bastante tiempo. Si en un largo plazo fracasó, fue por razones extrañas a su voluntad, que tampoco pudieron evitar sus sucesores a lo largo de otra década. Su ejecución procuraba la paz, mas ocasionó la continuación de la guerra civil a lo largo de otros 7 años.






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