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salud  Banco Central de la República Argentina 


En el artículo sobre economía se advirtieron múltiples inconvenientes, por favor, edítalo para mejorarlo:Estas deficiencias fueron encontradas el diez de septiembre de dos mil dieciseis.

La economía argentina en vísperas y a lo largo de la Gran Depresión


A fines de la década de mil novecientos veinte la economía argentina experimentaba una caída en la actividad económica asociada con el caiga de los costes internacionales de las exportaciones y con la reversión del ingreso de capitales.


Si bien la inestabilidad del valor de las exportaciones era un fenómeno por demás conocido, observándose alteraciones por motivo de factores climáticos como asimismo fuertes oscilaciones en los términos de intercambio, esta coyuntura se vio agravada dado a que la esencial entrada de capitales que primaba de antemano al estallido de la Primera Guerra Mundial prácticamente se había detenido con el inicio de la Gran Depresión.


Depresión del 30


La conjunción de estos factores afectaba sensiblemente la entrada y salida de oro del país, generando inevitablemente, bajo un sistema de patrón oro, cambios significativos en el volumen de los medios de pago y los préstamos de la economía.


El régimen de patrón oro, implicaba un sistema automatizado donde el oro o bien las divisas eran cambiados por moneda nacional en la Caja de Conversión a un género de cambio fijo. Este régimen cambiario no dejaba flexibilidad en la alteración del género de cambio, y como consecuencia, en instantes de


tensión, se recurría frecuentemente a la suspensión de la convertibilidad.


El inconveniente se daba por el hecho de que el volumen del dinero circulante, los depósitos y los préstamos se regían por los vaivenes del ámbito externo, y de esta forma quedaban desmantelados de lo que ocurría con la economía familiar.


Fue conque cara fines de mil novecientos veintinueve se juzgó preciso desamparar el régimen de patrón oro para eludir la salida de metálico del país. No obstante se efectuaron exportaciones oro para atender servicios de la deuda pública y asimismo para intentar estabilizar el valor de la moneda.


Con posterioridad a los acontencimientos de mil novecientos veintinueve, cuando se desmoronó la bolsa de la ciudad de Nueva York, se ahondaría la crisis bien entrada la década del treinta. Para ese entonces la economía argentina ya se hallaba sacudida por los efectos de la Gran Depresión. Aparte de la mengua en la tasa de desarrollo, sus primordiales secuelas fueron la caída del peso de las exportaciones en la economía y la reducción de la tasa de inversión.


En este contexto, la salida de G. Bretaña del patrón oro motivó que cara fines de mil novecientos treinta y uno se aplicase en la Argentina un sistema de control de cambios que Raúl Prebisch, años después, identificaría como completamente preciso para llevar adelante una “política monetaria nacional”.


Por su parte, en lo que refiere al sistema bancario, la legislación de forma temprana autorizó al Banco de la Nación Argentina (BNA) a efectuar redescuentos al resto de los bancos de la plaza (Ley nueve mil cuatrocientos setenta y nueve de mil novecientos catorce) y por su parte a la Caja de Conversión a redescontar documentos al BNA (Ley nueve mil quinientos setenta y siete). Recién en mil novecientos treinta y uno el BNA debió recurrir a la Caja de Conversión, puesto que de antemano asistía a el resto bancos del sistema con sus recursos. De esta manera, en instantes en que existían inconvenientes de liquidez en el mercado, el BNA funcionó como un “prestamista de última instancia” dada la ausencia de un banco central en el país.


A partir de ese instante, se ampliaron las fuentes de creación de dinero dominantes en Argentina. Por una parte el campo externo, siendo que las entradas de oro a la Caja de Conversión determinaban el incremento de la oferta monetaria, y las salidas de oro una contracción de exactamente la misma.


Por otra parte, cuando el BNA en mil novecientos treinta y uno asiste a la Caja de Conversión para lograr recursos on-line con la vieja ley de redescuento de mil novecientos catorce, se incorpora otra fuente de creación de dinero, puesto que los préstamos al sistema de finanzas repercutirían en una expansión de la base monetaria. La tercera fuente de creación de dinero fue incorporada en mil novecientos treinta y dos con la colocación del Empréstito Patriótico, que dejó a la Caja de Conversión realizar préstamos al Gobierno.


Proyectos de creación de un banco central en la Argentina


La ausencia de una autoridad monetaria que cumpliese el rol de prestamista de última instancia fue señalada como la causa de niveles de encaje parcialmente altos en los establecimientos bancarios argentinos a inicios del siglo veinte.


Si bien existieron múltiples intentos de impulsar la creación de un banco central en la Argentina, ciertos proyectos no consiguieron avanzar en el Congreso. La interrupción de la conversión en mil novecientos veintinueve determinó que la Oficina de investigaciones Económicas, organizada en el BNA y formalizada en mil novecientos veintiocho incorporándose Raúl Prebisch como su directivo, arguyera sobre la necesidad de estudiar la creación de un banco central.


En la década de mil novecientos treinta se realizarían 3 proyectos. El primero en mil novecientos treinta y uno brotó del seno de la “Comisión Uriburu”, encabezada por el Ministro de Hacienda Enrique Uriburu y en el que Prebisch participó activamente.


Hacia mil novecientos treinta y tres, el nuevo Ministro de Hacienda, Alberto Hueyo, convoca a sir Otto Niemeyer, del Banco de Inglaterra, quien realiza un nuevo proyecto de creación de un banco central y otro de Ley de Bancos.


Sin embargo, en mil novecientos treinta y cuatro Federico Pinedo, ahora al cargo del Ministerio, pide a Prebisch comprobar el proyecto. De esta forma se introdujeron esenciales cambios a fin de dotar a la autoridad monetaria de elementos para la adopción de políticas anticíclicas, agregar la necesidad del saneamiento bancario que se materializaría a fines de diciembre de mil novecientos treinta y cinco con la creación del Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias, y organizar la Inspección de Bancos bajo la dependencia del Banco Central.


La creación del BCRA


El veintiocho de marzo de mil novecientos treinta y cinco se decreta la Ley de Bancos y después el Banco Central de la República Argentina empezó a marchar el treinta y uno de mayo de mil novecientos treinta y cinco en la mitad de una reforma monetaria y financiera que dejó reunir diferentes funciones en un solo organismo rector del sistema de finanzas.


En el diseño del BCRA fue vital la tarea de Raúl Prebisch, quien procuró hacer posible la moderación de las fluctuaciones económicas en el contexto de la crisis del ´30 que golpeó a la economía y al comercio mundial.


El primer presidente del BCRA fue Ernesto Bosch y Raúl Prebisch el primer gerente general. Desde sus comienzos el Banco Central fue instrumentado para llevar adelante operaciones de redescuento cara los bancos comerciales, observar el cumplimiento de la Ley de Bancos, ser el agente financiero del gobierno y regular la cantidad de dinero y crédito de la economía.


La ley de creación del BCRA establecía que sería una corporación mixta, donde el capital era aportado, mitad por el Gobierno Nacional, y la otra mitad por bancos nacionales y extranjeros establecidos en el país.


Esto cambiaría recién en mil novecientos cuarenta y seis, cuando el gobierno militar resultante del golpe de Estado del año '43, de tinte nacionalista, dispuso la nacionalización del BCRA el veinticinco de marzo de ese año, pasando a ser totalmente del Estado, y asumiendo un rol más extenso en la busca del pleno empleo y el desarrollo económico.


La nacionalización


El veinticuatro de febrero de mil novecientos cuarenta y seis, a lo largo del gobierno de hecho del general Edelmiro Farrell, se efectuaron las elecciones en que se escogió presidente a Juan Domingo Perón. Perón no aceptaría el poder hasta el cuatro de junio. No obstante, el veinticinco de marzo de mil novecientos cuarenta y seis, Farrell sanciona el Decreto-Ley doce y novecientos sesenta y dos, por el que se nacionalizó el Banco Central y todo el sistema bancario argentino. Esta Ley convirtió esencialmente la organización y la política bancaria del país.


Los planes económicos del gobierno que aceptó en mil novecientos cuarenta y seis precisaban contar con las herramientas que dejaran poner a cargo del Estado los elementos ideales para poder cumplirlos.


Necesitaba que los industriales tuviesen fondos a su predisposición para facilitar el desarrollo de las actividades económicas de interés nacional. Para satisfacer las necesidades del comercio externo y también interno era preciso organizar un mecanismo de crédito que dejara al gobierno contar con medios de financiación que no estuviesen supeditados a intereses de bancos particulares ni a empresas extranjeras.


Debía poner al Banco de la Nación Argentina en condiciones de hacer operaciones de gran volumen, de operaciones que, con los recursos limitados que tenía y sin el apoyo de todo el régimen bancario, no podía hacer. Esta reforma tenía ese propósito: contar con un sistema bancario que se adaptara y respondiera a las necesidades y demandas de la economía mundial de la posguerra.


Debía detallar medidas de gobierno tendientes a reactivar la economía, industrializar el país, aprovechar las grandes riquezas nacionales y conseguir la absorción por capitales argentinos de las compañías de servicios públicos que se hallaban en poder de capitales extranjeros.


Las facultades que precisaba el gobierno, le fueron concedidas por esta nueva Ley, al Banco Central. Por ella se dispuso la nacionalización de los depósitos bancarios que en adelante, fueron recibidos por el Banco Central, por cuenta de la Nación. Los bancos no podían contar con de forma libre de los depósitos que recibían y para esto, precisaban la autorización del Banco Central.


Éste dirigía los depósitos sin depender de la voluntad de los bancos. Se dio a los depósitos bancarios la garantía total de la Nación, medida que generó la trasferencia de todos y cada uno de los depósitos en sus diferentes tipos al Banco Central, por cuenta del que se recibirían en el futuro los fondos.


Se logró de esta forma una herramienta de incuestionable valor para manejar el crédito conveniente a la política seguida por el Gobierno, regular los sacrificios de la política económica, cara un plan de promuevo y desarrollo. La nacionalización del Banco Central puso a cargo del Gobierno nacional, y por tanto, bajo su completa responsabilidad la emisión de la moneda, la regulación del crédito y la fijación de la política de cambios, para conseguir un mayor desarrollo económico, sosteniendo la ocupación industrial.


La República argentina, adhirió de este modo a la tendencia moderna, conforme la que la actividad bancaria ejercita una repercusión determinante sobre el desarrollo económico del país, y en consecuencia ha de estar plenamente a cargo del Estado.


Por Decreto Nro. ocho mil quinientos tres de mil novecientos cuarenta y seis, se declaró como «patrimonio nacional» el capital del Banco.


Para complementar las funciones del Banco Central, se crearon los próximos organismos:



  • Por Ley quince y trescientos cincuenta, del año mil novecientos cuarenta y seis, se creó el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio.(IAPI)
  • Instituto mixto de Inversiones Mobiliarias, que organizó diferentes disposiciones para regular el mercado bursátil.
  • Consejo Económico y Social que fue absorbiendo una parte de las funciones que tenía el Banco Central nacionalizado.
  • Se incorporó la existente Caja Nacional de Ahorro Postal, como dependencia del Banco.

El Banco Central tras 1955


El dieciseis de septiembre de mil novecientos cincuenta y cinco un golpe militar derribó el gobierno de Juan D. Perón, instituyendo un gobierno de hecho autodenominado Revolución Libertadora.


La dictadura militar de Pedro Eugenio Aramburu alteró, entre otras muchas, la carta orgánica del Banco Central, a través de el decreto ley 13126/1957.[2]?


Los objetivos de esta reforma eran liberalizar el sistema de finanzas, quitar la nacionalización de los depósitos y la asignación por el Banco Central del crédito. Al Banco se le da un mayor grado de autonomía mas se prescribe que en el ejercicio de sus funciones se debía continuar las “directivas esenciales del gobierno nacional en materia de política económica”. Además se restringe el monto que el Banco puede prestarle al gobierno mas no se abandona totalmente el rol de la autoridad monetaria en el direccionamiento del crédito productivo, a través del control de la tasa de interés y el otorgamiento de redescuentos que dejaban bajar substancialmente el costo financiero los proyectos de inversión.[3]?


Esta nueva carta orgánica continuó actual hasta la reforma del año mil novecientos noventa y dos por la ley N.º veinte y quinientos treinta y nueve,[4]? donde las modificaciones se hicieron para compasar la misión y funciones del Banco Central a los lineamientos de la política económica y particularmente a la convertibilidad del peso con el dólar estadounidense.

La construcción de San Martín doscientos setenta y cinco, cuando todavía era Banco Hipotecario.

El Banco Central está formado por múltiples edificios que nuclean la manzana acotada por las calles Tte. Gral Juan D. Perón, Reconquista, San Martín y Sarmiento, en la city financiera del en el centro distrito de San Nicolás, urbe de la ciudad de Buenos Aires.


En el instante de su fundación, el banco ocupó la construcción de la calle San Martín n.º doscientos setenta y cinco, hasta ese momento sede de la Caja de Conversión desde mil novecientos siete. Había sido proyectado por los arquitectos Henry Hunt y Hans Schroeder, y construido entre los años mil ochocientos setenta y dos y mil ochocientos setenta y seis para alojar al Banco Hipotecario de la Provincia de la ciudad de Buenos Aires. Frente a la necesidad de ampliar las incipientes instalaciones, el contrafrente de la vieja casa bancaria fue rehabilitado, y en el centro de la manzana se edificó en mil novecientos treinta y siete un edificio que se llamó Central, con acceso por la edificación del ex- Banco Hipotecario, que se acabó en mil novecientos cuarenta.

Edificio de Reconquista doscientos sesenta y seis. A la izquierda, una parte del Anejo Reconquista doscientos cincuenta.

También en mil novecientos cuarenta se comenzaron las obras del tercer edificio del BCRA, con entrada por la calle Reconquista n.º doscientos sesenta y seis, y conectado a través de la edificación Central al de la calle San Martín. Su testera es prácticamente idéntica al viejo edificio de San Martín doscientos setenta y cinco, agrupando construcciones separadas por prácticamente cincuenta años de antigüedad.


En mil novecientos cuarenta y dos el Banco Central adquirió la construcción de la calle San Martín n.º doscientos dieciseis, asimismo proyectado por Hunt y Schroeder, como tercera sede de la Bolsa de Comercio de la ciudad de Buenos Aires. Había sido construido entre mil ochocientos sesenta y mil ochocientos sesenta y dos, y allá marcha hoy en día el Museo Numismático doctor José Evaristo Uriburu (h).


En mil novecientos cuarenta y seis el banco anexionó la edificación anexo a su sede, en la calle San Martín n.º doscientos treinta y cinco. Era propiedad de la empresa de seguros La Inmobiliaria, había sido proyectado por el arquitecto técnico Gino Aloisi en estilo neorrenacentista italiano, y también estrenado en mil novecientos veinte. El Banco Central lo alteró en mil novecientos sesenta.


Con el propósito de añadir más espacio para las instalaciones del banco al lado de la Sede Central, se llamó a un concurso de proyectos en mil novecientos noventa y nueve para un nuevo anejo. Los ganadores fueron los arquitectos Di Tata y Romero, y la edificación se inauguró en dos mil uno. Se trata de un cuerpo vidriado que aloja a la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias, que al tiempo proveyó un acceso directo al edificio Central, en el centro de la manzana.[5]?






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