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A todos nuestro lectores les damos la Bienvenida a Laboratorio Cultural

Al iniciar esta nueva etapa vuelve a la memoria lo planteado el primer día que la Corporación Laboratorio Cultural decidió crear la revista: apoyar, difundir y profundizar en el conocimiento de las distintas manifestaciones que se gestan alrededor de la música colombiana y brindarle a Colombia y al mundo una ventana con una muestra de esa riqueza cultural-musical que hace tan maravilloso este país.

Justamente pensando en lograr ese objetivo, hemos reestructurado la revista y presentamos esta nueva cara de Laboratorio Cultural Revista.

Implementamos nuevas secciones que irán siendo ampliadas y perfeccionadas con el paso de los meses. Lo invitamos muy cordialmente a pasearse por todas ellas y descubrir más cosas de su interés. En esa medida, lo invitamos a visitar nuestra sección Academia, en donde usted podrá encontrar textos y artículos sobre pedagogía musical e investigaciones en música, entre otros, además de toda la actividad cultural-musical alrededor de la academia.

En esta sección damos la bienvenida a nuestros nuevos aliados, FLADEM, Foro Latinoamericano de Educación Musical, quienes presentarán interesantes aportes a nuestra Revista, que sin duda servirán para enriquecer el conocimiento que nuestros lectores tienen acerca de la música colombiana.

La Red Nacional de Festivales de Música Tradicional Colombiana sigue contando con la presente sede virtual, por lo tanto espere de primera mano información importante sobre los festivales en su propia sección.

Esperamos que esta nueva cara de Laboratorio Cultural sea de su agrado y no olvide dejar sus comentarios en la sección Comunidad. Sus aportes y opiniones son de vital importancia para mejorar nuestra revista.

 

 

SAN PELAYO ENTRE LA MUSICA Y LA DANZA

 

Por: William Fortich Díaz

 

Rueda de Fandango. Foto: Willaim Fortich

 

San Pelayo, la capital mundial del porro y sede permanente del Festival Nacional de ese aire,  festeja  un evento que expresa cabalmente la cultura sinuana en toda  su integralidad.

Cada año, a fines de Junio y principios de Julio, el pueblo se viste con sus mejores atuendos: los pelayeros preparan su residencia y su corazón para recibir a familiares, amigos y fuereños. Todos los rincones de la vivienda se llenan de improvisadas camas y las inigualables hamacas en las que reposará mas de un “guayabo” pelayero, fruto además, de los juegos del amor.

Los patios perderán la tranquilidad bucólica del verano que acompaña la vida cotidiana para convertirse en parqueaderos, inmensas cocinas para alimentar los ejércitos de invitados y no invitados que llegan a San Pelayo.

El Festival del Porro y las vacaciones del mes de Junio, son el pretexto para congregar la familia, hacer la comilona de viuda de carne salada, sancocho de gallina, chicharrón o mote de queso y conversar entorno a los “chismes” anécdotas y sucesos que de una u otra forma afecta a la familia.

Conversar, por que ella, “la conversa” es una directa y cercana forma de vida del sinuano cuya oralidad fecunda el amor y la amistad. La oralidad no se opone a la escritura, pero aquella es una condición básica del carácter y de la personalidad espontánea del sinuano. El hablar es parte principal en la vida generosa, gesticulante de una cultura de río y ciénagas.

El porro y las bandas de músicos son los convocantes para renovar los lazos familiares y de amistad que constituye una terapia increíble para consolidar el amor por el pueblo.

En esas reuniones de patios, puertas y esquinas, habrá risas, recuerdos, lágrimas y silencio que explotan en el corazón, pero sobre todo, habrá palabras vibrantes saltando de boca en boca para animar la vida.

San Pelayo será otro y desde un mes antes o mas, por sus calles deambulará el espíritu de la música, anunciando que el festival se aproxima. “Pitosolo” recorrerá las calles del pueblo; se llama Elio Francisco Ramos, un músico que hizo parte de la Banda Aires de la Madera, un corregimiento de San Pelayo, y conjuntamente con Manuel Zapata Olivella y Delia Zapata Olivella, recorrió el mundo. Cuando regresó a su banda, esta había desaparecido. El Compae “Goyo” dijo que perdió el juicio por los efectos de la música y hoy, hace veinte años, se le ve por calles y caminos con un clarinete, tocando la música de la tierra, solo, con su “legión” de espíritus, sintiéndose un músico del mundo.

San Pelayo se llenará de música de hojitas, gaitas, “chiflidos” y viento, el viento mismo será música como en los tiempos precolombinos  del Zenú. El misterio de la música se levantará en cada residencia con la voz del clarinete, trompeta, redoblante, bombo, bombardino, en fin, de noche y de día, como la vida misma.

Entre tanto, los personajes mas importantes del pueblo serán los músicos y otros que engalanan con la riqueza de su ternura senil, el parque y las calles, como antaño lo hacían Adriana, Agustin Viellard, Manuel “Zumbio”, el “Ñato” Guerra, que ya  no están entre los vivos. En el XXIX Festival del Porro no escucharemos la dulce voz de la trompeta de Julio Paternina, ni el clarinete de Gil Guerra, pero en el parque, en el atrio de la Iglesia, en las calles y callejones del pueblo se percibirá la música cargada de recuerdos.

Esto todo es solo memoria del pueblo, memoria de los últimos treinta años, durante los cuales se ha visto un cambio fundamental. Hoy, quienes tienen veinticinco años (25) años, apenas tenían tres (3) cuando un reducido numero de muchachos y muchachas soñaban con el Festival y un 24 de Junio de 1977, vieron una alborada musical con una banda de músicos, infinita, organizada en el parque de San Pelayo, fue un amanecer gigantesco que no les cabía en el entendimiento, pero los llenó de nostalgia y llanto. Fue un reencuentro con el tiempo ido, con la música que casi no escuchaban tan directamente. Ya el disco y la radio habían reemplazado a las bandas, todavía no había tanta televisión.

Fue el inicio del segundo aire del Porro en general y del Porro Pelayero en particular. También de las bandas de músicos. Una segunda oportunidad para la música y el arte en San Pelayo, a partir del estudio de la tradición.

Hoy cuando se habla del aprendizaje significativo, esto es más cierto que nunca. Muchos en Córdoba han aprendido a escuchar a Beethoven con el Porro Pelayero.

Según nuestras fuentes, en este 2005 se están cumpliendo cien (100) años desde cuando José Lugo Espinosa y Samuel Herrera, dos Loriqueros traídos especialmente por los organizadores de los fandangos de pascua, fundaron la Banda “Ribana” de San Pelayo. Fue el inicio de la tradición bandistica de San Pelayo, que se consolido con la creación de obras musicales en aire de porros, fandangos, puyas, sobre un repertorio de danzones, valses, pasodobles, marchas y otros aires interpretados con las características impuestas por los pelayeros en las fiestas en corraleja, fandangos, velorios, funciones de iglesia y toda suerte de festejos populares.

La tradición recoge las prácticas, usos y costumbres de la segunda mitad del siglo XIX, época en la que predominaban los bailes Cantados o Fandangos Cantados y bailes de Cumbia que organizaban los barrios de “Pelusa” y “Tomate” durante las fiestas de pascua. Pelusa, era el barrio de “Arriba” y Tomate, el barrio de “Abajo”. Por eso los nombres de las primeras bandas de San Pelayo comprometen la tradición de los barrios “bajero” y “ribano” las bandas “Ribana”, “Bajera”, “Central”, le dieron a este pueblo el posicionamiento que sus condiciones políticas, económicas y sociales le negaron. De pueblo olvidado y triste, se convirtió en la Capital Mundial del Porro.

Entre 1905 y 1930, fueron creadas las obras musicales que hicieron famoso a San Pelayo y fué la invención de hombres humildes con apellidos muy conocidos en la región: Garcés, Ramírez, Paternina, Angulo, Galvan, Guerra, Herrera y muchos más, creadores de Maria Varilla, Soy Pelayero, el Pájaro, el Ratón, el Sapo Viejo, el Binde, el Pilón, la Mona Carolina, el Sábado de Gloria, el Tortugo, el Gran Narzo, No te Tires por el Suelo, Siete de Agosto, Catalina, Lorenza, Mocarí, La Seca, el Fandango Viejo Pelayero, la “Chucha” de la Perra y otras.

Esa tradición de música y danza, sacó a San Pelayo del anonimato, a finales de los años setenta (70), cuando un grupo de personas decidieron organizar el Bicentenario y Primer Festival del Porro Pelayero del 24 al 26 de Junio de 1977. Hasta ese momento la gente de este pueblo se avergonzaba de haber nacido aquí y huían de él, emigraban con una leyenda negra a cuestas, burlándose de sus políticos y administradores a quienes censuraban por su ineptitud y deshonestidad. De los Concejales se decía con alguna razón, que sesionaban ebrios. En fin hace treinta (30) años, la juventud acusaba a la clase dirigente de entonces de ser la responsable del olvido y atraso de San Pelayo. Los pelayeros que se iban del pueblo, jamas se reconocían de San Pelayo. 

 

Esto, cuando realizaremos el XXIX Festival del Porro, ha cambiado y se ha consolidado un proceso de identificación formidable que, no obstante, no ha cambiado radicalmente Viejos Vicios de la cultura política. Apenas se dan los primeros pasos para que el Festival del Porro sea organizado por una Fundación como entidad autónoma y democrática y no por una junta nombrada directamente por el alcalde de turno y compuesta por sus amigos.

Desde 1977, un trabajo paciente ha configurado un imaginario que le ha dado nueva forma y contenido a la Sinuanidad. María Varilla se ha erigido en un símbolo Categórico del Sinuano, como música y danza. Musicalmente es el himno popular del Departamento de Córdoba y coreográficamente expresa el sentimiento más puro de la cultura regional. Ella no es una mujer concreta, es un mito y como tal es solo espíritu que renace cada vez que la música extiende sus alas de mariposa invisible para sensibilizar a hombres y mujeres. El guapirreo es expresión de ese espíritu que se apropia del danzante. Ellas lo perciben, también los músicos. En ellas, la danza es un estado de levedad y sus pies apenas tocan tierra, las  caderas se mueven de izquierda a derecha en un movimiento de batir de palmeras al viento. Todo su cuerpo se mueve con increíble suavidad, esto es, no hay en el porro ni en el fandango un movimiento brusco. Es una danza con movimiento espiritual pero con propósito terrenal, se advierte en el rostro de ella y en los movimientos de él, quien la persigue tratando de atraparla con trampa: Lanzar el sombrero al suelo es una de ellas; pero ella se defiende con el manojo de espermas, de un acoso construido sobre la música. Esta crea el espíritu, mejor, revive el espíritu de la sinuanidad que ilumina el rostro de la mujer. Ella no se pertenece, el espíritu cabalga en ella en un desdoblamiento de la personalidad que la hace un ser etéreo en una danza de orígenes paradójico, judeocristianos, americanos y africanos, en una hibridación de varios siglos.

Así es San Pelayo, un municipio ubicado en el Sinú medio, en el Departamento de Córdoba, entre los meridianos 8 grados 58 minutos de latitud norte y 75 grados y 51 minutos de longitud oeste de Greenwich. Los suelos del municipio se hallan entre los 8 metros hasta las zonas mas altas ubicadas en las colinas de la parte occidental a unos 235 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura promedio de 28º grados centígrados, posee un area de 451.12 Kilómetros cuadrados y una población aproximada a los 40 mil habitantes. Su economía está sustentada en las actividades agropecuarias, ocupando el 60% del área territorial en la agricultura del maíz, algodón, yuca, fríjol, arroz, plátano, ñame, mientras la ganadería es extensiva de tipo tradicional bovina de doble propósito, con predominio de la raza Cebú.

 

Bogotá DC - Colombia

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