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Carlos
Piña en Cartagena
Por Juan Ensuncho Bárcena -
Cartagena de Indias, mayo 14 de 2004
Cada
noche trae algo nuevo. Algo de misterio. Algo oculto. Algo de magia en sus
entrañas perforadas de luz. En eso estaba pensando cuando ingresé al
Teatro para degustar el concierto de la Orquesta Sinfónica de Colombia.
Llegué justo a tiempo. Recién
había comenzado la función. Apenas tuve tiempo de mirar el programa,
corrí el pesado cortinaje vino tinto e ingresé a la Sala. Busqué a
tientas un buen lugar en platea, me acomodé y listo. "Íntima",
poema sinfónico de Adolfo Mejía me sumergió en la luz crepuscular de la
ciudad, en sus viejos candiles, en sus tiempos de aceite en botijuela. Un
bello homenaje de la Orquesta al maestro de la música cartagenera del
siglo XX, en su Teatro.
Él
acaba de entrar con un amigo de la ciudad. Siempre tiene amigos donde
quiera va. Atraviesan el lobby. Corren el pesado manto rojo. Ven a los músicos
ponerse de pie, en retirada. Deciden devolverse a la cafetería. Conversan
desprevenidos.
Después de la obra del
maestro Mejía, hubo un descanso para la reubicación de los músicos
quienes se disponían a interpretar al "cura rojo", Antonio
Vivaldi. El Concierto en Si Bemol Mayor No. 16 para Oboe, Violín, Cuerdas
y Cembalo fue simplemente sublime; con la desbordante alegría y placidez
que produce el maestro del barroco veneciano. Le siguió el Concierto en
Sol Menor No. 33 para Violín, Oboe, Pequeña Orquesta y Cembalo, con la
destacada participación de Jorge Andrés Pinzón Mejía en el Oboe y
Federico Andrés Hood Pérez en el Violín. En especial me pareció muy
bien logrado el Larghetto, exquisito, lleno de esa atmósfera un
poco triste, reflexiva y solitaria del violín extendido.
Al
terminar la primera parte del programa, ese algo me hizo levantar de la
silla. Tomé rumbo al Lobby, con intenciones de fumar. No había salido aún
de la sala cuando me tropecé con alguien. De inmediato detallé en su
delgada fisonomía, en su expresión sorprendida, en su cabello al ras, en
su sonrisa franca. Carlos Piña Díaz, en persona.
Después de un abrazo de
paisano, amigo y admirador de su obra, se me ocurrió preguntar: "¿Maestro,
y qué hace por acá?". Se quedó pensativo, como quien recibe una
pregunta indiscreta. Entonces, corregí: "Mejor dicho, ¿qué hago yo
por acá? Este es su espacio natural". Soltó una carcajada y me
explicó el motivo de su presencia en la ciudad. Ha venido a Cartagena
como Invitado Especial en el gran Homenaje Nacional al maestro Lucho Bermúdez,
de quien arregló hace años un muy buen disco que Colombia recuerda en la
voz de Juan Carlos Coronel.
Él es Carlos. El niño
bueno de Marusa. El gran amigo. El compadre que aún sigue abrazando a sus
ahijados. El buen padre. El heredero de una tradición importante de músicos:
Los Piña a la música colombiana son lo que los Bach a la alemana.
Días
de Festival
Desde hace un par de años
he venido dándole vueltas a la idea. El casete ha viajado conmigo a todas
partes, ha soportado mi constante ir y venir entre San Marcos,
Barranquilla y Cartagena. Se trata de una entrevista que le hice al
maestro en la sala de mi casa, después del almuerzo. Entre vasos de
Whisky, anécdotas y sobre todo música, atinó a responder un
cuestionario extraído -en parte- de Gatopardo.
Por aquellos días, en San
Marcos, celebrábamos en su honor el IV Festival del Porro Cantao. Él lucía
radiante, feliz, satisfecho de que su amado pueblo estuviera reconociendo
y exaltando su labor de intérprete y arreglista consumado. Respondió
franco, auténtico, espontáneo, como lo merecía el cuestionario.
¿Cómo
se imagina la vida después de la muerte?
No soy tan profundo para
pensar después de la muerte. Quisiera imaginármela, pero no lo consigo.
¿Qué
olor lo devuelve a la infancia?
La guayaba.
¿Cuál
es el último libro que no fue capaz de terminar?
Cien años de soledad,
porque se me perdió.
¿Qué
hora prefiere para el amor?
El amanecer.
¿Cuál
es el cambio de look más radical de su vida?
El que tengo ahora. (A ras)
¿Qué
invento casero lo sigue deslumbrando?
La cuchara e’ palo.
¿En
dónde le gustaría estar sentado?
A la orilla de la playa, en
Cartagena.
¿Cómo
supo que había llegado la mujer de su vida?
Después de tratarla un
tiempo.
¿En
qué amuleto sigue creyendo firmemente?
No tengo ninguno, pero me
gusta usar el reloj en la mano derecha.
¿Cuál
es el único ritual imprescindible en su vida?
Amanecer y llamar a mis
hermanas para preguntarles ¿cómo amanecieron?
¿En
dónde queda el paraíso?
El Viajano, 43 kilómetros
pa’ entro. En San Marcos.
¿Ama
a Dios sobre todas las cosas?
Sí, tengo mi Dios al que
amo, por el cual pienso que hay algo poderoso en el mundo.
¿Cree
en algo que nunca ha visto?
En estos momentos, creo que
no. Soy como Santo Tomás: si no veo, no creo.
¿De
qué se sigue arrepintiendo?
De no haber iniciado
estudios en armonía. A veces me quedo corto.
¿Cuál
es el insulto que más le ha dolido en su vida?
Una vez que, recién muerto
mi padre, me lo mentaron de mala forma.
¿Cuál
es el ingrediente imprescindible en sus comidas?
El suero.
¿Cómo
le gustaría morir?
De una forma instantánea.
De repente.
¿Qué
miedo de la infancia conserva?
El miedo a ciertos animales,
como la culebra o el sapo.
¿Cuál
es el motivo de su último desvelo?
¡Caramba! Eso es muy íntimo.
(Risas) Me lo reservo.
¿Cuál
fue el último objeto inservible que compró?
Un radiecito a un señor que
pide limosna.
Un
epitafio para su tumba
No lo he pensado, pero sí:
"Aquí yace alguien que fue un verdadero amigo".
¿En
qué invertiría los restos de su cuenta de ahorros?
¿Los restos? (Risas) En un
juego de parqués.
¿Cuál
es el aparato que aún no ha aprendido a manejar?
Hay muchos. Siempre he
querido aprender a manejar una tractomula.
¿Cuál
es el aparato que quiere que inventen?
Una cápsula que lo aísle a
uno de la rotación de la tierra, manteniéndolo en un lugar tranquilo,
para no tener que hacer viajes en avión.
¿Qué
ventajas tendría ser del sexo opuesto?
El que le pongan la silla a
uno pa’ que se siente. (Risas)
¿Cuál
es el régimen político ideal?
El socialismo democrático.
¿Qué
hazaña deportiva lo ha conmovido?
Cuando Cochise se hizo Campeón
del Mundo y cuando batió el récord de la hora.
¿La
hazaña artística que más lo ha conmovido?
Haber compartido escenario
con Justo Almario en Los Ángeles, y luego una grabación en Colombia.
¿Cuál
es el músico que más admira?
Colombianos: Justo Almario y
Francisco Zumaqué. Extranjeros, saxofonistas: Paquito de Rivera.
¿Cuál
es el compositor que más admira?
José Barros.
¿Qué
piensa de Alejandro Rodríguez?
Fue un compositor más que
todo costumbrista, vivió en este pueblo, a cada cual le conocía su
historia y sobre ello componía.
¿Cuál
es el recuerdo más grato que tiene de su padre?
La vez que me dijo que ya
estaba listo para iniciar mis estudios en saxofón, porque yo estudiaba
clarinete. También cuando me tocó el primer baile, en Sahagún, me puse
la primera chaqueta, la corbata... yo creo que tenía unos 13 años.
¿Y
el recuerdo más duro de él?
El día que murió me tocó
en los brazos, en la orilla de la ciénaga. Estaba jugando con mis compañeros
de barrio, él llegó con Elvira y Fanny. Sentí que iba mal, me acerqué
a él y se abrazó a mí. Cayó en mis brazos. Murió de un infarto.
Defina
en una sola palabra a los siguientes personajes:
Alfonso
Piña: Talento.
Berta
Piña: Astucia.
Juan
Piña: Buen Cantante.
Jorge
Piña: Buen Músico y Amigo.
Elvira
Piña: Talento, también.
¿Qué
sintió cuando el público lo aclamó la noche de clausura?
Yo no lo esperaba, la verdad
es que me sentí nervioso, pero a la vez con fuerza para expresar lo que
sentía en ese momento. Sigo agradeciendo a mis paisanos que por mí hacen
todo esto y que tengo la oportunidad de vivirlo. En vida hermano, en vida.
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