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LA
EXCEPCIÓN CULTURAL EN EL TLC
Los
Tratados de Libre Comercio son acuerdos entre naciones que buscan reducir
las tarifas arancelarias y eliminar las prácticas restrictivas del comercio
internacional para que productos y servicios puedan circular
libremente entre los países firmantes del acuerdo. Los Tratados de Libre
Comercio no son algo nuevo, en realidad son una tendencia que ya viene
desde hace unos años y hacia la cual se dirige inevitablemente el mundo.
Nuestro país no está exento de esa tendencia; actualmente, como todos lo
sabemos, Colombia se encuentra negociando las condiciones para lograr un
Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y aunque aún no está
firmado, hecho que nos permite asegurar que aun no existe tal acuerdo, sí
se ha hecho presente una preocupación generalizada por el futuro
comercial de nuestro país a luz de este tratado. Distintos sectores de la
economía nacional se han pronunciado en defensa de sus intereses, la
mayor preocupación de dichos sectores es la falta de garantías que
tienen nuestros productos
para competir en igualdad de condiciones con los productos
estadounidenses. El sector cultural, al igual que los demás, no se ha
quedado atrás a la hora de tomar una posición al respecto, pues frente a
la llegada inminente del tratado se creó la Coalición por la Diversidad
Cultural cuya posición es clara: excluir a la cultura de los acuerdos
comerciales que se logren en los Tratados de Libre Comercio.
En
los últimos tiempos, se ha entrado en un debate frente a la forma como se
debe asumir la cultura en las negociaciones de los tratados de libre
comercio. Francia y Canadá han sido los abanderados de la llamada
“excepción cultural” es decir, que para estos países la cultura debe
ser excluida de los tratados de libre comercio; ya que al dejarla en manos
de las leyes del mercado (se vende lo que las masas consumen) se atenta
contra el derecho a la diversidad cultural, pues estas leyes tienen una
clara tendencia a la uniformización. Por su lado, Estados Unidos ve a la
cultura como una industria más que no tiene porqué ser protegida.
Colombia se encuentra en una posición complicada frente al tema de la
excepción cultural, sin embargo, como lo he dicho antes, la Coalición se
ha pronunciado en favor de la postura francesa y canadiense.
Entrados
en este punto, es importante definir un poco el sector cultural en
Colombia; saber quiénes lo conforman para tener claro a quienes podría
llegar a afectar el TLC y a quienes les conviene en mayor o menor medida
abogar por una excepción cultural y sobre quiénes recaen los intereses
Estadounidenses. Según el Ministerio de Cultura, el sector cultural es
amplio, heterogéneo y asimétrico. Por un lado, se encuentran las
industrias culturales que tienen un gran impacto dentro de la economía
nacional y mundial. Estas industrias son: Cinematográfica, Fonográfica,
editorial y medios de comunicación. Además, cabe señalar que estudios
recientes a nivel mundial incluyen dentro de las industrias culturales a
los subsectores: publicidad, diseño, arquitectura, artesanías, software
e investigación en ciencias sociales y humanas. Sin embargo, en mi opinión,
existe dentro del sector cultural otro subsector que no tiene gran impacto
dentro de la economía nacional pero que hace parte importante de este
engranaje y es el que tiene que ver con el espectáculo vivo (el teatro,
la danza, la producción de eventos), las expresiones artísticas no
comerciales ligadas estrechamente a la creación y las manifestaciones
culturales de las comunidades étnicas o “minorías” urbanas. Este último
subsector es de vital importancia, ya que, desde mi opinión, en él se
encuentra no sólo la mayor parte de la Diversidad Cultural de nuestro país,
si no que, además, tiene un valor agregado intangible.
La
Coalición por la diversidad cultural, a pesar de tener representantes de
todos los subsectores culturales, se centra primordialmente en defender
las industrias culturales pues son las de mayor interés para Estados
Unidos en el Tratado de Libre comercio.
Teniendo en cuenta que esas Industrias Culturales que ahora se
valen de la diversidad cultural para defenderse del TLC no han sido a lo
largo de la historia las mayores defensoras y difusoras de nuestra
diversidad cultural, ¿vale la pena que todo el sector cultural defienda
la excepción cultural frente al TLC? ¿Necesita realmente nuestro sector
de la excepción en los TLC para sobrevivir en medio de esa ley imperante
de la oferta y la demanda o no es indispensable en la medida en que a la
luz de los TLC, el sector cultural no está incluido en su totalidad y por
ende con o sin TLC, con o sin excepción, ese último subsector, que no
hace parte de las industrias culturales, seguirá en su constante lucha
por sobrevivir? ¿No será la excepción una forma de defender los
intereses de las industrias culturales, intereses que no han beneficiado
realmente a todo el sector cultural? Quizás si, quizás esa lucha a favor
de la excepción, a pesar de todas las quejas que podamos tener con
respecto a nuestras industrias culturales, es importante también para
todos los que hacemos parte de ese último subsector. Existen posiciones
encontradas al respecto.
La
primera de ellas dice que las industrias culturales que hoy hablan de
excepción, entre ellas destaco a los medios de comunicación, se han
convertido en monopolios que no permiten la entrada a expresiones y
manifestaciones contrarias a sus propios intereses comerciales. Los medios
de comunicación por ejemplo, se han convertido en el centro de grandes críticas
por su baja calidad en cuanto a contenidos, su papel poco educativo, su
tendencia a la uniformización, su poco interés en dar a conocer la
diversidad de manifestaciones culturales existente en nuestro país, la
falta de respeto para con nuestros creadores, la falta de respeto para con
el público… entre otras cosas. ¿Porqué
defender del TLC a una industria tan decadente y tan poco
representativa del sentir colombiano?, ¿Porqué no permitir la libre
entrada a otros medios internacionales, quizás más educativos e
interesantes como por ejemplo “Discovery Chanel”?, ¿Por Qué dentro
de la industria fonográfica defender del TLC a las disqueras que han
hecho tanto daño a nuestros creadores, uniformando lo que debe y no debe
escucharse, sepultando, con firmas de contratos inescrupulosos, el talento
de muchos de nuestros artistas? Tengamos en cuenta, que gracias a los
“meritorios” esfuerzos de una reconocida disquera colombiana los
artistas de todo el país no tienen su propia ley de seguridad social,
pues fue derogada. Además,
acaso gracias a esas industrias nuestro mercado cultural no se encuentra
ya inundado de productos extranjeros? Un claro ejemplo de eso es que en
Colombia, sin necesidad de tener TLC, entre el año 2000 y 2002 se
estrenaron 587 películas en cines colombianos de las cuales sólo 14 eran
de producción nacional. Frente a esta realidad, qué sentido tiene apoyar
una excepción cultural en el TLC, si con o sin él, la visibilidad de
nuestra propia diversidad cultural es casi nula y las industrias
culturales nacionales lejos de beneficiar a todo el sector, han cuidado
muy bien de sus propios intereses llevándose por delante otro tipo de
manifestaciones propias de Colombia y apoyando en gran medida
manifestaciones extranjeras?
Esta
primera premisa es un poco peligrosa, pero hace parte de las inquietudes
que en diferentes periódicos de circulación nacional han manifestado los
lectores frente al tema. No
podemos escudarnos en las múltiples e incontables fallas de nuestra
industria cultural para cerrar la puerta y decir simplemente, como solemos
decir los colombianos, “es problema de ellos, no me importa”. A pesar
de todas las diferencias somos un solo sector y lo que ocurra con una
parte de ese sector nos afecta a todos, bien o mal, nuestra industria
cultural, justamente por ser colombiana y por compartir esos esquemas de
comportamiento colombiano, que sólo conocemos y entendemos nosotros
mismos, son las más indicadas para apoyar las manifestaciones propias de
nuestra diversidad cultural. Además, a pesar de que ese último
subsector, que no hace parte de la industria
comercial de la cultura, no se encuentra directamente relacionado
con los planteamientos del TLC, sí existen dentro de las discusiones del
acuerdo premisas que podrían llegar a
afectar directamente este subsector. Por ejemplo, el tema de la
propiedad intelectual. Tengamos en cuenta que en Colombia existen muchos
conocimientos y expresiones artísticas tradicionales de propiedad
colectiva o de uso publico que no están patentados en ninguna parte, que
son muy difíciles de patentar puesto que no fueron creadas en su
totalidad por alguien en especial o no pertenecen a una comunidad
especifica y que bien o mal, nuestra legislación muy escuetamente protege
al reconocer el derecho de autor desde la creación misma de las obras y
ese reconocimiento, desde que se pueda demostrar, no requiere
necesariamente de un registro. También ese reconocimiento desde la creación
misma de la obras, hace que de alguna manera, los conocimientos
tradicionales de nuestras culturas indígenas, por ejemplo, puedan
pertenecer a ellas sin necesidad de registro. Tengamos en cuenta que para
muchas de nuestras comunidades indígenas el conocimiento no pertenece a
nadie, pues esta ahí, en la memoria de sus viejos y en la naturaleza que
los rodea, por esta razón, para ellos no tiene porqué ser patentado. Sin
embargo, a la luz del TLC, esta circunstancia podría cambiar, pues dentro
de los puntos de discusión del acuerdo, la propiedad intelectual es uno
de los temas candentes, ya que Estados Unidos quiere imponer el sistema
Copyright que acepta la propiedad intelectual no desde el momento de la
creación misma, si no desde el momento en que se patenta. La obra no
pertenece a quien la crea si no a quien la patenta. Bajo ese sistema ¿Cómo
haríamos para proteger de entidades inescrupulosas esas expresiones de
propiedad colectiva o de uso público?, ¿Cómo vamos a defender los
conocimientos tradicionales de nuestras culturas indígenas que no están
patentados y que para su cultura esa patente no debe existir?. Son tantas
las expresiones y conocimientos propios de nuestra diversidad cultural que
no se encuentran patentados, que de aquí a que hagamos la lista y los
patentemos todos, ya se ha firmado y establecido el TLC y ya han venido
muchas empresas nacionales e internacionales a apropiarse de muchos de
ellos. Además, ¿A quien se los vamos a patentar, si muchas de esas
expresiones o manifestaciones culturales no tienen una cabeza visible con
el derecho suficiente a quedarse con los derechos de propiedad intelectual
de las mismas?. Ese es un ejemplo en el que vemos claramente que el TLC sí
nos afecta a todos y que hasta que no tengamos unas claras políticas de
propiedad intelectual, por ejemplo, o unas claras políticas culturales,
no podemos quedar a merced de los tratados de libre comercio sólo porque
nuestras industrias culturales no funcionan como todos quisiéramos.
Ahora,
alguien podría decir que el TLC no nos está prohibiendo generar políticas
culturales y eso es cierto. El TLC no dice en ninguna parte que Colombia
no pueda generar sus propias políticas de cultura, los países que han
firmado el acuerdo como Chile o como México han seguido creando su
propias leyes y políticas con relación a la cultura. Entonces, sí
podemos seguir legislando sobre nuestra propia cultura ¿Cuál es el
temor?
No
debemos olvidar que por ley, en Colombia, los acuerdos internacionales están
por encima de la propia constitución. Nosotros no podemos generar leyes o
decretos o reformas constitucionales que vayan en contra de alguna norma o
premisa acordada y firmada en algún acuerdo internacional. Eso quiere
decir que en caso de que se firme el TLC, a la hora de generar políticas
culturales, antes de mirar la constitución, debemos mirar el TLC para no
ir en contra de nada que ya se haya firmado en dicho acuerdo. Nuestras políticas
culturales aunque son un avance, aún son demasiado pobres, nuestra ley
general de cultura la 397 de 1997 está muy coja aún, hay muchas cosas
que nos falta legislar, hay muchos conceptos nuevos que se deben incluir,
por ejemplo el de patrimonio inmaterial, o por ejemplo, el hecho de dar a
las industrias culturales un espacio más amplio dentro de dicha ley. Nos
falta mucho todavía para tener una verdadera ley general de cultura que
vaya acorde con todo lo que el sector involucra. Y para hacer eso, si en
algún momento, Dios quiera, se nos “ilumina el coco”, debemos tener
la suficiente autonomía para legislar adecuadamente, sin ninguna presión
externa como lo sería el TLC. Recordemos que este tratado no tiene un
periodo especifico de vigencia, así las cosas, si se firma, al parecer,
será para siempre. ¿Qué vamos a hacer el día que veamos necesario
implementar una política cultural que vaya en desacuerdo con el TLC?
Triste, seguramente ya no vamos a poder llover sobre mojado. Esta es una
de las razones por las cuales esa excepción cultural es vital. En cuestión
de políticas culturales nuestro sector aún está muy débil como para
afrontar ese Tratado de Libre Comercio.
Dentro
de los detractores de la excepción cultural, encabezados por EEUU, se
afirma que la cultura, en la medida en que los productos culturales son
explotados con el fin de obtener un beneficio comercial y son objeto de
intercambios a nivel internacional, son una industria como cualquier otra
que no tiene porque, al igual que otras industrias, ser protegida. Además,
se ha planteado que es un sector débil, frágil que merece protección
cuando por ejemplo en Colombia en el año 2000 la participación del
sector en el PIB era del 2,06 %, sin contar las artesanías, el vídeo, el
patrimonio (museos, bibliotecas, fiestas, carnavales, monumentos,
festivales etc.), la publicidad, la arquitectura, el software, la
investigación en ciencias sociales y humanas, y el diseño, microempresas
del sector cultural y economía informal relacionada; frente a otros
sectores fuertes de la economía que no superaron ese porcentaje como por
ejemplo trabajos de construcción y construcciones (1,41); café sin
tostar y transformado (1,77%), servicios de hotelería y restaurante (1,
94%); y productos químicos básicos y elaborados, excepto plástico y
caucho (2,13%).[1].
¿Cómo va a ser débil un sector cuya participación en el PIB (Producto
Interno Bruto), supera el del café? ¿Por Qué se le va a dar la excepción
a un sector que como vemos tiene la capacidad de competir en el mercado
internacional?.
Si
bien la industria cultural tiene una amplio poder y participación en el
mercado no debemos olvidar que es un sector complejo que aún no se
encuentra bien delimitado, que es asimétrico y que no esta vendiendo un
producto como cualquier otro. “Las industrias culturales son sectores
que conjugan la creación, la producción y la comercialización de bienes
y servicios cuya particularidad reside en la intangibilidad de sus
contenidos y su carácter cultural”[2].
Carácter que marca la identidad, el pensamiento y la esencia de una nación.
¿Cómo dejar estas cosas a las leyes del mercado? es como dejar el alma
del país en manos de los comerciantes. Como dejarle al mercado nuestra
propia alma. Gracias a esa ley de la oferta y la demanda han desaparecido
de la faz de la tierra culturas milenarias, tradiciones que hicieron parte
de la memoria de la humanidad, ¿Cómo permitirle al mercado que nos diga
qué culturas deben vivir porque son las que más venden y qué culturas
deben desaparecer porque comercialmente no significan nada?.
Colombia
tiene una riqueza inmensa en este sentido, expresiones de gran belleza que
no tienen derecho morir sencillamente porque la ley del mercado así lo
demanda. Esas expresiones son una parte importante del sector cultural y
se deben proteger. Debemos tener en cuenta que aquí está en juego un
derecho primordial y es el derecho a la diversidad cultural, el derecho de
todas culturas por más “pequeñas” que parezcan a manifestar y a dar
conocer sus propias expresiones. Pero también debemos recordar que toda
esta diversidad, para poder salir a la luz, para poder ser fortalecida
necesita de una plataforma adecuada, plataforma que sólo le puede dar el
estado por medio de una legislación adecuada, legislación que no se debe
dejar en manos de los Tratados de Libre Comercio.
El
Tratado de Libre Comercio es una realidad que nos pisa los talones, una
realidad que va a afectar nuestro futuro, por esa razón no debemos
permanecer ausentes, debemos tomar una posición, pues están hablando de
nosotros mismos y de lo que va a ser nuestra vida de ahora en adelante. El
sector cultural a pesar de sus múltiples diferencias es uno sólo. Dejemos
de vernos y de permitir que nos vean como “la casa bonita de la
distracción”, “el segmento Light del noticiero”, “los recreadores
del país”, somos más que eso, somos el pensamiento de nuestra nación,
somos la forma de ser de Colombia, somos lo que nos hace diferentes de los
demás países y debemos fortalecernos, defendernos y tomar posiciones
criticas frente a la realidad que nos afecta.
En
conclusión, pienso que la excepción cultural es importante, pero siendo
pesimista también pienso que a Colombia, Estados Unidos no le va a
permitir esa postura. Somos David peleando contra Goliat. Además,
tengamos en cuenta que aunque el equipo negociador ha tenido y tiene
presentes las inquietudes del sector, no es fácil luchar contra un país
que tiene nuestra economía en sus manos, un país que fácilmente podría
aplastarnos si nos quita sus beneficios arancelarios, que por cierto
parece ser, se terminan en el 2006. Es decir, o firmamos el Tratado o nos
quedamos sin beneficios arancelarios entre otros tantos. Sin embargo,
tenemos la posibilidad de defender un pedacito de ese patrimonio que es
nuestra cultura, entonces hagámoslo, no pasemos a la historia como la
generación que sepulto en el TLC su mayor riqueza, la diversidad cultural
colombiana, si nos dan la posibilidad, hagamos lo posible por conseguir
mucho más de lo consiguieron países como Chile o México. Aún estamos a
tiempo.
BIBLIOGRAFIA
Ministerio
de Cultura, artículo “Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos”.
Ministerio
de Comercio, Industria y Turismo, documentos y notas de prensa de “El
TLC con Estados Unidos”, publicado en la página Web.
Laura
Márquez Elenes, Articulo “Diversidad Cultural e Industrias Culturales y
Tratado de libre comercio de las Américas”, pagina web de la Revista
Mexicana de Estudios Canadienses.
Coalición
Colombiana por la Diversidad Cultural, Documento “Declaración de la
Coalición Colombiana por la Diversidad Cultural”.
Coalición
Colombiana por la Diversidad Cultural. Documento “Posición de la
Coalición”
Ministerio
de Cultura, Documento “industrias culturales en Colombia”.
Divina
Frau-Meigs, artículo “Excepción Cultural” políticas nacionales y
mundialización”. Publicado en página web.
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