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A todos nuestro lectores les damos la Bienvenida a Laboratorio Cultural

Al iniciar esta nueva etapa vuelve a la memoria lo planteado el primer día que la Corporación Laboratorio Cultural decidió crear la revista: apoyar, difundir y profundizar en el conocimiento de las distintas manifestaciones que se gestan alrededor de la música colombiana y brindarle a Colombia y al mundo una ventana con una muestra de esa riqueza cultural-musical que hace tan maravilloso este país.

Justamente pensando en lograr ese objetivo, hemos reestructurado la revista y presentamos esta nueva cara de Laboratorio Cultural Revista.

Implementamos nuevas secciones que irán siendo ampliadas y perfeccionadas con el paso de los meses. Lo invitamos muy cordialmente a pasearse por todas ellas y descubrir más cosas de su interés. En esa medida, lo invitamos a visitar nuestra sección Academia, en donde usted podrá encontrar textos y artículos sobre pedagogía musical e investigaciones en música, entre otros, además de toda la actividad cultural-musical alrededor de la academia.

En esta sección damos la bienvenida a nuestros nuevos aliados, FLADEM, Foro Latinoamericano de Educación Musical, quienes presentarán interesantes aportes a nuestra Revista, que sin duda servirán para enriquecer el conocimiento que nuestros lectores tienen acerca de la música colombiana.

La Red Nacional de Festivales de Música Tradicional Colombiana sigue contando con la presente sede virtual, por lo tanto espere de primera mano información importante sobre los festivales en su propia sección.

Esperamos que esta nueva cara de Laboratorio Cultural sea de su agrado y no olvide dejar sus comentarios en la sección Comunidad. Sus aportes y opiniones son de vital importancia para mejorar nuestra revista.

 

 

LA EXCEPCIÓN CULTURAL EN EL TLC

 

Los Tratados de Libre Comercio son acuerdos entre naciones que buscan reducir las tarifas arancelarias y eliminar las prácticas restrictivas del comercio internacional para que productos y servicios puedan circular libremente entre los países firmantes del acuerdo. Los Tratados de Libre Comercio no son algo nuevo, en realidad son una tendencia que ya viene desde hace unos años y hacia la cual se dirige inevitablemente el mundo. Nuestro país no está exento de esa tendencia; actualmente, como todos lo sabemos, Colombia se encuentra negociando las condiciones para lograr un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y aunque aún no está firmado, hecho que nos permite asegurar que aun no existe tal acuerdo, sí se ha hecho presente una preocupación generalizada por el futuro comercial de nuestro país a luz de este tratado. Distintos sectores de la economía nacional se han pronunciado en defensa de sus intereses, la mayor preocupación de dichos sectores es la falta de garantías que tienen  nuestros productos para competir en igualdad de condiciones con los productos estadounidenses. El sector cultural, al igual que los demás, no se ha quedado atrás a la hora de tomar una posición al respecto, pues frente a la llegada inminente del tratado se creó la Coalición por la Diversidad Cultural cuya posición es clara: excluir a la cultura de los acuerdos comerciales que se logren en los Tratados de Libre Comercio.

 

En los últimos tiempos, se ha entrado en un debate frente a la forma como se debe asumir la cultura en las negociaciones de los tratados de libre comercio. Francia y Canadá han sido los abanderados de la llamada “excepción cultural” es decir, que para estos países la cultura debe ser excluida de los tratados de libre comercio; ya que al dejarla en manos de las leyes del mercado (se vende lo que las masas consumen) se atenta contra el derecho a la diversidad cultural, pues estas leyes tienen una clara tendencia a la uniformización. Por su lado, Estados Unidos ve a la cultura como una industria más que no tiene porqué ser protegida. Colombia se encuentra en una posición complicada frente al tema de la excepción cultural, sin embargo, como lo he dicho antes, la Coalición se ha pronunciado en favor de la postura francesa y canadiense.

Entrados en este punto, es importante definir un poco el sector cultural en Colombia; saber quiénes lo conforman para tener claro a quienes podría llegar a afectar el TLC y a quienes les conviene en mayor o menor medida abogar por una excepción cultural y sobre quiénes recaen los intereses Estadounidenses. Según el Ministerio de Cultura, el sector cultural es amplio, heterogéneo y asimétrico. Por un lado, se encuentran las industrias culturales que tienen un gran impacto dentro de la economía nacional y mundial. Estas industrias son: Cinematográfica, Fonográfica, editorial y medios de comunicación. Además, cabe señalar que estudios recientes a nivel mundial incluyen dentro de las industrias culturales a los subsectores: publicidad, diseño, arquitectura, artesanías, software e investigación en ciencias sociales y humanas. Sin embargo, en mi opinión, existe dentro del sector cultural otro subsector que no tiene gran impacto dentro de la economía nacional pero que hace parte importante de este engranaje y es el que tiene que ver con el espectáculo vivo (el teatro, la danza, la producción de eventos), las expresiones artísticas no comerciales ligadas estrechamente a la creación y las manifestaciones culturales de las comunidades étnicas o “minorías” urbanas. Este último subsector es de vital importancia, ya que, desde mi opinión, en él se encuentra no sólo la mayor parte de la Diversidad Cultural de nuestro país, si no que, además, tiene un valor agregado intangible.

 

La Coalición por la diversidad cultural, a pesar de tener representantes de todos los subsectores culturales, se centra primordialmente en defender las industrias culturales pues son las de mayor interés para Estados Unidos en el Tratado de Libre comercio.  Teniendo en cuenta que esas Industrias Culturales que ahora se valen de la diversidad cultural para defenderse del TLC no han sido a lo largo de la historia las mayores defensoras y difusoras de nuestra diversidad cultural, ¿vale la pena que todo el sector cultural defienda la excepción cultural frente al TLC? ¿Necesita realmente nuestro sector de la excepción en los TLC para sobrevivir en medio de esa ley imperante de la oferta y la demanda o no es indispensable en la medida en que a la luz de los TLC, el sector cultural no está incluido en su totalidad y por ende con o sin TLC, con o sin excepción, ese último subsector, que no hace parte de las industrias culturales, seguirá en su constante lucha por sobrevivir? ¿No será la excepción una forma de defender los intereses de las industrias culturales, intereses que no han beneficiado realmente a todo el sector cultural? Quizás si, quizás esa lucha a favor de la excepción, a pesar de todas las quejas que podamos tener con respecto a nuestras industrias culturales, es importante también para todos los que hacemos parte de ese último subsector. Existen posiciones encontradas al respecto.

 

La primera de ellas dice que las industrias culturales que hoy hablan de excepción, entre ellas destaco a los medios de comunicación, se han convertido en monopolios que no permiten la entrada a expresiones y manifestaciones contrarias a sus propios intereses comerciales. Los medios de comunicación por ejemplo, se han convertido en el centro de grandes críticas por su baja calidad en cuanto a contenidos, su papel poco educativo, su tendencia a la uniformización, su poco interés en dar a conocer la diversidad de manifestaciones culturales existente en nuestro país, la falta de respeto para con nuestros creadores, la falta de respeto para con el público… entre otras cosas. ¿Porqué  defender del TLC a una industria tan decadente y tan poco representativa del sentir colombiano?, ¿Porqué no permitir la libre entrada a otros medios internacionales, quizás más educativos e interesantes como por ejemplo “Discovery Chanel”?, ¿Por Qué dentro de la industria fonográfica defender del TLC a las disqueras que han hecho tanto daño a nuestros creadores, uniformando lo que debe y no debe escucharse, sepultando, con firmas de contratos inescrupulosos, el talento de muchos de nuestros artistas? Tengamos en cuenta, que gracias a los “meritorios” esfuerzos de una reconocida disquera colombiana los artistas de todo el país no tienen su propia ley de seguridad social, pues fue derogada.  Además, acaso gracias a esas industrias nuestro mercado cultural no se encuentra ya inundado de productos extranjeros? Un claro ejemplo de eso es que en Colombia, sin necesidad de tener TLC, entre el año 2000 y 2002 se estrenaron 587 películas en cines colombianos de las cuales sólo 14 eran de producción nacional. Frente a esta realidad, qué sentido tiene apoyar una excepción cultural en el TLC, si con o sin él, la visibilidad de nuestra propia diversidad cultural es casi nula y las industrias culturales nacionales lejos de beneficiar a todo el sector, han cuidado muy bien de sus propios intereses llevándose por delante otro tipo de manifestaciones propias de Colombia y apoyando en gran medida manifestaciones extranjeras?

 

Esta primera premisa es un poco peligrosa, pero hace parte de las inquietudes que en diferentes periódicos de circulación nacional han manifestado los lectores frente al tema.  No podemos escudarnos en las múltiples e incontables fallas de nuestra industria cultural para cerrar la puerta y decir simplemente, como solemos decir los colombianos, “es problema de ellos, no me importa”. A pesar de todas las diferencias somos un solo sector y lo que ocurra con una parte de ese sector nos afecta a todos, bien o mal, nuestra industria cultural, justamente por ser colombiana y por compartir esos esquemas de comportamiento colombiano, que sólo conocemos y entendemos nosotros mismos, son las más indicadas para apoyar las manifestaciones propias de nuestra diversidad cultural. Además, a pesar de que ese último subsector, que no hace parte de la industria  comercial de la cultura, no se encuentra directamente relacionado con los planteamientos del TLC, sí existen dentro de las discusiones del acuerdo premisas que podrían llegar a  afectar directamente este subsector. Por ejemplo, el tema de la propiedad intelectual. Tengamos en cuenta que en Colombia existen muchos conocimientos y expresiones artísticas tradicionales de propiedad colectiva o de uso publico que no están patentados en ninguna parte, que son muy difíciles de patentar puesto que no fueron creadas en su totalidad por alguien en especial o no pertenecen a una comunidad especifica y que bien o mal, nuestra legislación muy escuetamente protege al reconocer el derecho de autor desde la creación misma de las obras y ese reconocimiento, desde que se pueda demostrar, no requiere necesariamente de un registro. También ese reconocimiento desde la creación misma de la obras, hace que de alguna manera, los conocimientos tradicionales de nuestras culturas indígenas, por ejemplo, puedan pertenecer a ellas sin necesidad de registro. Tengamos en cuenta que para muchas de nuestras comunidades indígenas el conocimiento no pertenece a nadie, pues esta ahí, en la memoria de sus viejos y en la naturaleza que los rodea, por esta razón, para ellos no tiene porqué ser patentado. Sin embargo, a la luz del TLC, esta circunstancia podría cambiar, pues dentro de los puntos de discusión del acuerdo, la propiedad intelectual es uno de los temas candentes, ya que Estados Unidos quiere imponer el sistema Copyright que acepta la propiedad intelectual no desde el momento de la creación misma, si no desde el momento en que se patenta. La obra no pertenece a quien la crea si no a quien la patenta. Bajo ese sistema ¿Cómo haríamos para proteger de entidades inescrupulosas esas expresiones de propiedad colectiva o de uso público?, ¿Cómo vamos a defender los conocimientos tradicionales de nuestras culturas indígenas que no están patentados y que para su cultura esa patente no debe existir?. Son tantas las expresiones y conocimientos propios de nuestra diversidad cultural que no se encuentran patentados, que de aquí a que hagamos la lista y los patentemos todos, ya se ha firmado y establecido el TLC y ya han venido muchas empresas nacionales e internacionales a apropiarse de muchos de ellos. Además, ¿A quien se los vamos a patentar, si muchas de esas expresiones o manifestaciones culturales no tienen una cabeza visible con el derecho suficiente a quedarse con los derechos de propiedad intelectual de las mismas?. Ese es un ejemplo en el que vemos claramente que el TLC sí nos afecta a todos y que hasta que no tengamos unas claras políticas de propiedad intelectual, por ejemplo, o unas claras políticas culturales, no podemos quedar a merced de los tratados de libre comercio sólo porque nuestras industrias culturales no funcionan como todos quisiéramos.

 

Ahora, alguien podría decir que el TLC no nos está prohibiendo generar políticas culturales y eso es cierto. El TLC no dice en ninguna parte que Colombia no pueda generar sus propias políticas de cultura, los países que han firmado el acuerdo como Chile o como México han seguido creando su propias leyes y políticas con relación a la cultura. Entonces, sí podemos seguir legislando sobre nuestra propia cultura ¿Cuál es el temor?

 

No debemos olvidar que por ley, en Colombia, los acuerdos internacionales están por encima de la propia constitución. Nosotros no podemos generar leyes o decretos o reformas constitucionales que vayan en contra de alguna norma o premisa acordada y firmada en algún acuerdo internacional. Eso quiere decir que en caso de que se firme el TLC, a la hora de generar políticas culturales, antes de mirar la constitución, debemos mirar el TLC para no ir en contra de nada que ya se haya firmado en dicho acuerdo. Nuestras políticas culturales aunque son un avance, aún son demasiado pobres, nuestra ley general de cultura la 397 de 1997 está muy coja aún, hay muchas cosas que nos falta legislar, hay muchos conceptos nuevos que se deben incluir, por ejemplo el de patrimonio inmaterial, o por ejemplo, el hecho de dar a las industrias culturales un espacio más amplio dentro de dicha ley. Nos falta mucho todavía para tener una verdadera ley general de cultura que vaya acorde con todo lo que el sector involucra. Y para hacer eso, si en algún momento, Dios quiera, se nos “ilumina el coco”, debemos tener la suficiente autonomía para legislar adecuadamente, sin ninguna presión externa como lo sería el TLC. Recordemos que este tratado no tiene un periodo especifico de vigencia, así las cosas, si se firma, al parecer, será para siempre. ¿Qué vamos a hacer el día que veamos necesario implementar una política cultural que vaya en desacuerdo con el TLC? Triste, seguramente ya no vamos a poder llover sobre mojado. Esta es una de las razones por las cuales esa excepción cultural es vital. En cuestión de políticas culturales nuestro sector aún está muy débil como para afrontar ese Tratado de Libre Comercio.

 

Dentro de los detractores de la excepción cultural, encabezados por EEUU, se afirma que la cultura, en la medida en que los productos culturales son explotados con el fin de obtener un beneficio comercial y son objeto de intercambios a nivel internacional, son una industria como cualquier otra que no tiene porque, al igual que otras industrias, ser protegida. Además, se ha planteado que es un sector débil, frágil que merece protección cuando por ejemplo en Colombia en el año 2000 la participación del sector en el PIB era del 2,06 %, sin contar las artesanías, el vídeo, el patrimonio (museos, bibliotecas, fiestas, carnavales, monumentos, festivales etc.), la publicidad, la arquitectura, el software, la investigación en ciencias sociales y humanas, y el diseño, microempresas del sector cultural y economía informal relacionada; frente a otros sectores fuertes de la economía que no superaron ese porcentaje como por ejemplo trabajos de construcción y construcciones (1,41); café sin tostar y transformado (1,77%), servicios de hotelería y restaurante (1, 94%); y productos químicos básicos y elaborados, excepto plástico y caucho (2,13%).[1]. ¿Cómo va a ser débil un sector cuya participación en el PIB (Producto Interno Bruto), supera el del café? ¿Por Qué se le va a dar la excepción a un sector que como vemos tiene la capacidad de competir en el mercado internacional?.

 

Si bien la industria cultural tiene una amplio poder y participación en el mercado no debemos olvidar que es un sector complejo que aún no se encuentra bien delimitado, que es asimétrico y que no esta vendiendo un producto como cualquier otro. “Las industrias culturales son sectores que conjugan la creación, la producción y la comercialización de bienes y servicios cuya particularidad reside en la intangibilidad de sus contenidos y su carácter cultural”[2]. Carácter que marca la identidad, el pensamiento y la esencia de una nación. ¿Cómo dejar estas cosas a las leyes del mercado? es como dejar el alma del país en manos de los comerciantes. Como dejarle al mercado nuestra propia alma. Gracias a esa ley de la oferta y la demanda han desaparecido de la faz de la tierra culturas milenarias, tradiciones que hicieron parte de la memoria de la humanidad, ¿Cómo permitirle al mercado que nos diga qué culturas deben vivir porque son las que más venden y qué culturas deben desaparecer porque comercialmente no significan nada?. 

 

Colombia tiene una riqueza inmensa en este sentido, expresiones de gran belleza que no tienen derecho morir sencillamente porque la ley del mercado así lo demanda. Esas expresiones son una parte importante del sector cultural y se deben proteger. Debemos tener en cuenta que aquí está en juego un derecho primordial y es el derecho a la diversidad cultural, el derecho de todas culturas por más “pequeñas” que parezcan a manifestar y a dar conocer sus propias expresiones. Pero también debemos recordar que toda esta diversidad, para poder salir a la luz, para poder ser fortalecida necesita de una plataforma adecuada, plataforma que sólo le puede dar el estado por medio de una legislación adecuada, legislación que no se debe dejar en manos de los Tratados de Libre Comercio.

 

El Tratado de Libre Comercio es una realidad que nos pisa los talones, una realidad que va a afectar nuestro futuro, por esa razón no debemos permanecer ausentes, debemos tomar una posición, pues están hablando de nosotros mismos y de lo que va a ser nuestra vida de ahora en adelante. El sector cultural a pesar de sus múltiples diferencias es uno sólo. Dejemos de vernos y de permitir que nos vean como “la casa bonita de la distracción”, “el segmento Light del noticiero”, “los recreadores del país”, somos más que eso, somos el pensamiento de nuestra nación, somos la forma de ser de Colombia, somos lo que nos hace diferentes de los demás países y debemos fortalecernos, defendernos y tomar posiciones criticas frente a la realidad que nos afecta.

En conclusión, pienso que la excepción cultural es importante, pero siendo pesimista también pienso que a Colombia, Estados Unidos no le va a permitir esa postura. Somos David peleando contra Goliat. Además, tengamos en cuenta que aunque el equipo negociador ha tenido y tiene presentes las inquietudes del sector, no es fácil luchar contra un país que tiene nuestra economía en sus manos, un país que fácilmente podría aplastarnos si nos quita sus beneficios arancelarios, que por cierto parece ser, se terminan en el 2006. Es decir, o firmamos el Tratado o nos quedamos sin beneficios arancelarios entre otros tantos. Sin embargo, tenemos la posibilidad de defender un pedacito de ese patrimonio que es nuestra cultura, entonces hagámoslo, no pasemos a la historia como la generación que sepulto en el TLC su mayor riqueza, la diversidad cultural colombiana, si nos dan la posibilidad, hagamos lo posible por conseguir mucho más de lo consiguieron países como Chile o México. Aún estamos a tiempo.

 

BIBLIOGRAFIA

 

Ministerio de Cultura, artículo “Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos”.

 

Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, documentos y notas de prensa de “El TLC con Estados Unidos”, publicado en la página Web.

 

Laura Márquez Elenes, Articulo “Diversidad Cultural e Industrias Culturales y Tratado de libre comercio de las Américas”, pagina web de la Revista Mexicana de Estudios Canadienses.

 

Coalición Colombiana por la Diversidad Cultural, Documento “Declaración de la Coalición Colombiana por la Diversidad  Cultural”.

 

Coalición Colombiana por la Diversidad Cultural. Documento “Posición de la Coalición”

 

Ministerio de Cultura, Documento “industrias culturales en Colombia”.

 

Divina Frau-Meigs, artículo “Excepción Cultural” políticas nacionales y mundialización”. Publicado en página web.



[1] Ministerio de Cultura, Informe Nacional de Economía & Cultura 2003

[2] Laura Márquez Elenes, Articulo “Diversidad Cultural e Industrias Culturales y Tratado de libre comercio de las Américas”, pagina web de la Revista Mexicana de Estudios Canadienses.

 

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