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En
qué Quedamos
“Música
Vallenata o de Acordeón”
Por
Félix Carrillo Hinojosa - Fercahino
Compositor,
ganador del Festival de la Leyenda Vallenata, en la modalidad de Canción
Inédita con el son " Mi Pobre Acordeón". Escritor del libro "
Sabiduría en los Cantos y Refraneros Vallenatos" próximo a publicarse por
el Grupo Editorial CAÑAGUATE. Periodista vinculado a varios medios como El
Espectador, El Tiempo y El Nuevo Siglo.
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Félix
Carrillo |
“Me
lleva él o me lo llevo Yo”
(Emiliano
Antonio Zuleta Baquero)
Rememorando a los juglares Vallenatos
que sin conocerse y con la sola referencia que en “ tal caserío hay
un músico y su obra ya empieza a ser comentada”, quiero dirigirme a
los aportes expresados por diversos autores reconocidos en el libro “ Mochuelos
Cantores de los Montes de Maria la Alta ” del filosofo Numas
Armando Gil Olivera, en donde además de hacer un análisis sociológico
de esa región Caribeña, recoge de viva voz, las expresiones de dos
creadores de la cultura musical colombiana como lo son Adolfo Rafael
Pacheco Anillo y Ramón Vargas Tapia ( Q.E.P.D . ).
En el prólogo del reconocido periodista y escritor, amante
del tema Vallenato, Daniel
Samper Pizano, plantea que a través de esa investigación, se obtiene el
propósito de reivindicar todo el aporte hecho a la cultura musical
vallenata, del hombre de las sabanas del Bolívar
grande, o sea Bolívar, Sucre y Córdoba,
cuando dice “ en el flamante mundo de la Vallenato
logia es la reivindicación del
llamado vallenato sabanero, denominación que más propiamente corresponde
a la música de acordeón de las sabanas del antiguo departamento
de Bolívar, San Jacinto y los Montes de Maria ”, situación
que no es cierta, debido a que la obra notoria de Adolfo Pacheco Anillo ha
sido propagada y querida, en las voces de nuestros más reconocidos
cantores e intérpretes vallenatos sumado al hecho relevante que cada vez
que éste personaje está dentro o fuera del Festival de la leyenda
Vallenata o una delegación de esa región caribeña concursa en el mismo,
el tratamiento de nosotros como buenos anfitriones, no ha dejado algo que
desear frente a ellos. Esto se lo ha ganado el creador Pacheco Anillo con
sus canciones que son vallenatas y el don de gente que posee, que también cuenta al final de
un resumen de cualquier actividad, que asuma el ser humano.
Luego interpreta, la postura del escritor Gil Olivera, que
toma como referente especial una obra de Adolfo Pacheco Anillo, titulada “
La Diferencia ”, “ el canto contrasta la actitud
abierta, conciliadora de los músicos sabaneros que interpretan tanto los
aires vallenatos como los de su región, con la actitud despótica
de los vallenatos que se dedican de manera exclusiva y excluyente a
cuatro ritmos canónicos: paseo, merengue, puya y son”.Y remata
diciendo, “ Así de caliente están las cosas ”.
Pero el prologuista va más allá cuando reafirma “son paginas
que contribuyen a consolidar el alegato cultural de esta rica región, a
cuyos aportes musicales aún no se les ha hecho justicia”. Termina
depositando en “los verdaderos amantes del vallenato –entre los
cuales hay muchísimos oriundos de Valledupar y Cesar – ven con
entusiamo y alegría el “destape” de la música de acordeón
bolivarense”, una responsabilidad
que está desde hace mucho
tiempo, manifiesta y ampliamente satisfecha en cada uno de los aportes
realizados por estas dos regiones del caribe colombiano. No he podido
entender a estas alturas, por qué ese “continuo alegato cultural”
del que habla Daniel Samper
Pizano. Máxime que “El
Porro”, “La Cumbia”,
“El Merecumbé” y “La
Gaita” han recibido en justicia, un reconocimiento nacional e
internacional, como ritmos ancestrales de nuestro país y de esa región
caribeña. Si no es así, qué podríamos aportar nosotros para que ello
ocurra?, o dónde está la labor no solo discográfica sino tesonera de
tantos valores que hicieron de esos ritmos toda una industria cultural?, dónde
quedó lo aportado por “
Los Corraleros del Majagual”, “Gaiteros de San Jacinto”, “Rufo
Garrido”, “Pedro Laza y sus Pelayeros”, las Orquestas “ Fuentes”
y “Sonolux”, “Lucho Bermúdez”, “Pello Torres y los Diablos del
Ritmo”, “Petrona Martínez”, “Totò la Momposina”, sumado a
las incontables orquestas y bandas, hechas por hombres que atesoraron su
labor bajo el lema del deber cumplido.
Por fortuna y eso debido al Festival de la Leyenda Vallenata,
nosotros nos hemos dedicado a defender los cuatros ritmos que nuestros
ancestros crearon como es el Paseo,
Son, Merengue y Puya. Por ellos, hemos sido conocidos en el ámbito
musical de Colombia y el extranjero.
Siempre consideró CONSUELO ARAÚJONOGUERA, no por
capricho o malisdicencia folclórica como ha sido malinterpretado, es más,
así lo dejó entrever en su libro “Vallenatología”,
que existían en diversos puntos de la geografía caribeña, varias
expresiones del Vallenato. Por razones muy personales, producto de su
investigación y un sentido común que siempre le acompañó, no dejó de
comentar el deber que existía en cada uno de nosotros frente a su
protección, divulgación y cuido, para que los elementos citadinos que se
veían venir, no desviaran su
fuerza narrativa y poética. Y por ello,
llegó a visionar que esta música cubriría a todo el país, como
ha ocurrido. Habló de las “escuelas” al interior de
esta muestra cultural, las que hoy día, fundamentado en la ciencia, tendrían
una mejor explicación, ya que ella sin ser etnomusicóloga, socióloga o
antropóloga, veía una ruptura de estilos en cada una de las regiones,
que a veces sobrepasaban razones étnicas, de entornos y generacionales,
en cada uno de los focos de esa música que emergía con gran fuerza. Como
a muchos les ha frenado su norte crítico esto de la “clasificación”,
con el permiso de su creadora Consuelo AraùjoNoguera, no hablemos de ello
y enfoquemos la discusión en la variedad de “estilos” que
posee el creador nuestro.
Otro de los elementos rescatables del aporte de “La
Cacica”, a la cultura vallenata, es que a través del Festival, más
de un creador se despertó y expuso su talento, para hacerse conocer o
reeditar su trayectoria ya lograda. A estas alturas, no he podido
encontrar los elementos excluyentes y arbitrarios que haya usado ella,
para arrinconar las capacidades musicales de los concursantes de esa
querida región sabanera. Si existen, me gustaría conocerlos y si hay
lugar a debate estoy dispuesto a hacerlo.
Del libro “Mochuelos Cantores De Los
Montes De Maria La Alta”, es rescatable la rica y variada sociología
que plantea su autor, sobre esa hermosa región del Caribe
Colombiano y que compromete a ésta y futuras generaciones a defender y
encontrar con ahínco, las causas, consecuencias y posibles soluciones al
mal social, político, cultural y económico que padece Colombia y
por ende, esa bucólica tierra. Ya en el plano musical, hace uso de las
voces, más que autorizadas de Adolfo Pacheco Anillo y Ramón
Vargas Tapia, para cubrir de trazos y versos musicales a una región que
por ancestro es melodía. Dejan entrever los mismos, las influencias
recibidas en asuntos de “tejer mochilas” como también en lo de
musicalizar sentimientos. Por ello, no es raro hallar un profundo vínculo
entre la “chuana” o gaita San Jacintera, “el Chicote” de
nuestros ancestros en Atanquez – Cesar – y “los
decimeros” de Lagunita y la Sierra de los Brito, cerca
de Barrancas – Guajira - . Qué nos reafirma esto?, que no somos tan
distintos pero tampoco
iguales. Ese es uno de nuestro mayor valor agregado.
Muchos censuran la postura de “LA CACICA” frente a
la protección y proyección del Festival de la Leyenda Vallenata y de
nuestra música. Sin entrar en defensa de nuestra querida e inolvidable
mujer de la cultura popular, ya que ella, a través de su talante e
inteligencia supo hacerlo, no comparto, más si respeto, la postura del
cantautor Adolfo Pacheco Anillo, que en la pagina 63 expone lo siguiente: “pero
en el festival lo derrotaron. ¡Ñerda! Que
frustración tan grande. Lo derrotaron porque Consuelo
Araujo quería demostrarle a la gente que eso era de ellos; que el
vallenato era de Valledupar, de la provincia de Padilla, y que de ahí
se exportó al Magdalena y a la sabana. Ella no quería que le quitaran
eso; siempre fue una mujer de pensamiento muy egocéntrico, muy yoísta.
Ella hizo su libro y su festival. El festival fue creación de García Márquez;
después López Michelsen la respaldó. Entonces ella lo dividió: el
vallenato vallenato; el vallenato bajero y el vallenato sabanero. Al
principio ella se confundía con el festival. Le puso al músico Colacho
Mendoza, porque Colacho no estaba en la
misma nota de Landeros; quería que estuvieran los dos, para sacar
al sabanero; para demostrar que lo sabanero era inferior a lo de allá,
del Valle de Upar, donde estaban los mejores ejecutores del Acordeón. Eso
lo hizo también en el primer festival, cuando Emiliano y Alejo Duràn se
enfrentaron. El que iba a ganar era el viejo Emiliano, y eso lo hizo difundir así en
el Valle de Upar, a pesar de que el viejo Emiliano había pasado ya su
mejor época y Alejo Durán estaba
en su apogeo. Pero fue tanta la superioridad de Alejo que los jurados
debieron bajar la cabeza ante el acordeón del negro”. Es
necesario precisar y corregir varias situaciones planteadas por
nuestro admirado creador. Todo concurso, ya sea de belleza, literario o
musical tiene sus reglamentos o parámetros que al final rigen o modelan
el temperamento de quienes se someten a él. En el caso que nos
corresponde, debo decirle que es un tema que no tiene ninguna justificación
por parte de los habitantes de la sabana, porque conociendo a Nicolás
Mendoza Daza, jamás se prestaría para
ser utilizado en su momento o en la actualidad, de comodín
por Consuelo Araujo
Noguera u otra persona, para salir de ganador en un concurso tan exigente
como es el nuestro. Con el
respeto que merece aún después de muerto Andrés Gregorio Landero Guerra
y sumado todo su palmarés, se dio una serie de factores musicales que
incidieron en el resultado. Entre ellos, El respaldo en la Caja
de Rodolfo Castilla y Guacharaca,
Adán Montero, situación que no tuvo el representante de la Sabana. En la
ejecución de la Puya, cuando Nicolás Mendoza Daza interpretó “Cuando
el Tigre está en la Cueva” de Juan Muñoz Mejía, se notó
profusamente la diferencia con Andrés Landero Guerra que terminó “Fandangueando”
su puya. Es más, muchos argumentaron que Nicolás Mendoza Daza era un músico
de la élite vallenata, que era muy poco su recorrido artístico. Tamaño
despropósito, ya que en ese instante, tenía un trabajo de más quince años,
entre grabaciones cantando y tocando o acompañado por otros cantantes,
entre ellos, Isaac Carrillo Vega. Y si fue después, con el sonado “Rey
de Reyes”, que más le podían pedir sus detractores, si venía de
triunfar con todas las voces más premiadas del Vallenato, Jorge Oñate,
Alfonso Zuleta, Carlos Lleras Araujo, Diomedes Díaz y Silvio Brito. Si a
esto le sumamos, la gallarda postura de Gilberto Alejandro Durán Díaz,
cuando reconoció sus yerros en la ejecución del acordeón. No hay razón
alguna, para desconocer el valor artístico y ante todo moral, de un
hombre como Nicolás Elías Mendoza Daza.
Ahora, en lo relacionado a la postura personal de Consuelo Araujo
Noguera, considerada por muchos, entre ellos, Adolfo Pacheco Anillo, de “Egocéntrica”
y “Yoista”, que no es más, que el resultado de su estilo tan
peculiar que a “cierta gente ” no le gustaba. Era eso, su “estilo”,
que pocos llegaron a descifrar y quienes lo logramos, tuvimos amiga y crítica,
sin perder la esencia inmensa de su amistad. Si ella, no asume esa
defensa, por el solo hecho de tener al frente una cultura tan machista
como la nuestra, en lo relacionado con la gestación, nacimiento, crianza
y darle su mayor estatus, el
Festival de la Leyenda Vallenata, dónde estaría?. Eso fue lo que
hizo ella, así le tocara debatirse con el más encopetado de los caciques
feudales del valle y de otras regiones , que vieron antes de iniciarse
este evento folclórico, como una muestra
de poca clase social y música con prematura muerte. Será que a
estas alturas Consuelo Araujo Noguera no tiene toda la razón y no creen,
que valió la pena confundirse con el evento mismo, al fin y al cabo era
su hijo. Es más, si la música de la sabana hubiese tenido una protectora
y líder como lo fue “La
Cacica” con el Vallenato, el desarraigo que están padeciendo los
cultores de esa región, no fuera tan evidente.
Ahora, este evento lo crearon personas que tenían su razón de
ser, frente a lo hecho hasta ahora por Campesinos analfabetas y
semiletrados. Que son los argumentos de mala fe que siempre esgrimen,
entre ellos, la aparición del escritor Gabriel García Márquez
y expresidente Doctor
Alfonso López Michelsen en la Música Vallenata. Estos dos
personajes, tienen su cercanía con este folclor por razones de sangre,
que al final, son de un poder tremendo. Quien lo dude, es bueno que lo
averigüe.
Tampoco es cierto, la analogía que hacen entre Nicolás
Mendoza Daza y Andrés Landero Guerra y lo de Emiliano Zuleta Baquero
frente a Alejo Duran Díaz. No se puede dar por cierto, todo lo que emite
el pueblo. No siempre ese monstruo de mil cabezas va en concordancia con
los designios de Dios. Pero quiero dejarle una prueba: Si Consuelo AraùjoNoguera,
tenía como su único candidato a Emiliano Zuleta Baquero, por qué lo dejó
irse a celebrar al barrio las tablitas, para luego por ese hecho, ser
eliminado a los tres llamados. Si ella quitaba y ponía al jurado, éste
debió elegir inmediatamente a Emiliano Zuleta Baquero y no plantear una
segunda presentación. Se le olvida a nuestro apreciado cantautor, el
aprieto en que puso a los mencionados concursantes, un joven de Maríangola
llamado Ovidio Granado, que con la voz y guacharaca de Miguel Yaneth,
fallecido
y Rodolfo Castilla en la Caja, les demostró que no solo los
arriba mencionados, eran los que podían llevarse la corona como primer
rey del Festival de la Leyenda Vallenata. Me gustaría conocer ese acerbo
probatorio que llevó al creador Adolfo Pacheco Anillo, para decir con
tanta certeza lo expuesto. Es
más, seria importante que miráramos con un poco de detenimiento, el
jurado que eligió a Nicolás Mendoza Daza, rey del Segundo Festival.
En lo atinente al libro “
Vallenatología ”, tema de debate siempre que de este folclor haya
que hablar, se han detenido siempre en la “clasificación”, pero
no apuntan sus dardos a decir siquiera, que este texto es el punto de
partida y estimuló a más de uno, en la investigación sobre el Folclor,
sus raíces, presente y futuro del mismo. Y si miramos más allá de la
nariz, encontramos que hace 36 años no había un evento en donde vaciar
tanta música represada. Hoy tenemos el
Festival de la Leyenda Vallenata, que por sus conquistadas
connotaciones folclóricas, se erige por voluntad propia como el primero
de su género y que le compite en igualdad de condiciones, a más de uno
en Colombia y el resto de América. Esto me hace presumir, que la actitud
planteada por “La Cacica” valió la pena asumirla.
El Vallenato en su contexto musical no es un solo ritmo. Éste,
está sustentado en “El
Chicote”, “El Pilón”
y “La Tambora”, que le
sirvieron de fundamentación instrumental y rítmica al nacimiento de “El Paseo”, “ El Son”, “El Merengue” y “La Puya”,
con un atenuante que enriquece al que le escucha y es, la de tener
una dancística abierta que le
brinda al bailador una mejor manera de expresarse como quiera, frente a
sus ritmos, a diferencia de : “El
Bambuco”, “La Cumbia”, “El Porro”, “El Pasaje y Joropo”,
“El Currulao”, “La Guabina”, “El Bunde”, “El Torbellino”,entre
otros, que para “ bailarlo” hay que someterse a una rígida coreografía, que es
válida y respetable para cada uno de esos folclores.
El folclor vallenato también ha vivido procesos de
aculturación y transculturación, zambaje, mestizaje y todos esos
componentes que enriquecen a Colombia.
En nuestra música y cada uno de nosotros, hay vivos vestigios de la
cultura Europea, Negroide e Indígena. Por ello, el hombre de la provincia
reconoce el papel determinante que cumplieron ritmos externos como: “La
Ranchera”, “El Corrido”, ”El Tango”, “El Couple”, “El
Bolero”, “La Guaracha”, “El Danzón”, “El Foxtrox”, “El
Pasillo”, “El Vals”, “El Mambo” o de manera
interna, “El Porro”,
“La Cumbia” y “El Merecumbé”. Sumado a ello, valdría la pena
que ustedes reconocieran el proceso migratorio ejercido por nuestros
juglares a las Sabanas del Bolívar Grande. Entre sus pertenencias
no faltó nunca, un Acordeoncito de uno o dos teclados, una mochila o peyòn,
lleno de plantas medicinales que unido a su fama de curandero de culebra y
de otros maleficios, dejaron profundas huellas que sirven de unión para
ambas culturas. Prueba de ello, está Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital.
Que no es solo Sabanero, también tiene su tronco Vallenato. Por eso él,
es grande al interpretar la rica música de la tierra de su madre
Dioselina Vital al igual, cuando recurre a las raíces del viejo Alfredo
Enrique Gutiérrez Acosta.
No en vano Carlos Araque, Francisco Rada Batista, Rafael
Gutiérrez, Calixto Ochoa Campo, Sebastián Guerra, Luis Enrique Martínez,
Abel Antonio Villa, Alejandro Durán Díaz, Juan Manuel Polo Cervantes
“Juancho Polo Valencia” sembraron grandes semillas difíciles
de desconocer en la cultura de las Sabanas del Bolivar grande.
Por lo tanto, es más que urgente y necesario, que los
investigadores, valores artísticos, seguidores y uno que otro mecenas de
esa región, trabajen unidos sin tantas divisiones tanto de forma como de
contenido, para no quedarse en el simple remoquete de “ Música de
Acordeón ” a lo aportado por tanta gente valiosa, entre
ellos, “ Los Corraleros de Majagual ”. Porque en lo atinente a
nosotros, si tenemos bien claro lo que es Vallenato y cuando consideramos
por razones propias de la obra, que ésta está enmarcada en nuestra
estructura rítmica. Es más, no dudamos un segundo en hacerlo ver, así esta obra venga de
las Sabanas del Bolívar grande. Prueba fechaciente, es que nosotros
consideramos que Adolfo Pacheco Anillo es un creador Vallenato, así él,
no se sienta a gusto con esa realidad.
Todos estos antecedentes, me permiten decirles que no es
cierto, que a los intérpretes vallenatos les queda difícil crear,
divulgar o llevar entre sus acordeones y voces, los acordes líricos de
una cumbia o un porro. Esas grandes diferencias están zanjadas y prueba
fehaciente de ello, son los triunfos de nuestros Acordeoneros en sus
Festivales, donde ustedes reemplazan el merengue y la Puya por el Porro y
la Cumbia. Es más, cuando El Binomio de Oro, los Hermanos Alfonso y
Emiliano Zuleta Díaz, Iván Villazón y Saúl Lallemand, Los Betos y
Jorge Oñate con Julián Rojas, han hecho uso de sus porros y cumbias, la
versatilidad de nuestros artistas queda en evidencia. Si hay alguna queja
al respecto, no he tenido conocimiento sobre ella. No sobra decirles, que
Calixto Ochoa Campo, natural de Valencia de Jesús – Cesar -, salió de
nuestras entrañas con todo el influjo musical que tenemos y un día
cualquiera, recorrió en nuestra representación toda esa tierra de la
Sabana. Allí se posesiono y con lujos de detalles en doble vía, logró
enriquecer a esa tierra para constituirse en el gran pilar creativo de “Los
Corraleros del Majagual” y de la Música Vallenata.
Pese a todos esos logros en ambas partes, no deja de
sorprenderme la posición de ciertos investigadores, que se dejan arropar
por el ambiente donde se hallan y le dan rienda suelta a la
imaginación y empiezan, a construir un discurso que va en contravía de
la verdad y ante todo, de sus
propios conocimientos. Es el caso de Simón Martínez Ubárnez, que en su
afán de querer prenderla una vela a la sabana y a sus excelentes
cultores, en detrimento de la tierra vallenata, al exponer en su elocuente
discurso lo siguiente, “ nunca
los Vallenatos hemos tenido la deferencia de agradecer ese presente que el
gusto colectivo –asumiendo la determinación de que su voz es la voz de
Dios...”, olvidando que
el Compositor y director de Turismo, organizador del Festival de la
leyenda Vallenata en los años 1972 y 1973, Doctor Alonso Fernández Oñate,
fallecido, participó con un paseo “Gracias por la Hamaca Grande”,
obra que fue exaltada por la junta organizadora de nuestro evento, al
recibir una mención especial. Sumado a esto, aparece el periodista
Alfonso Hamburger planteando una serie de conjeturas, las cuales me gustaría
conocer, “Cuáles son las
mentiras construidas a través del festival de la Leyenda vallenata”,
muy a pesar que él reconoce, que a su música le ha faltado dolientes y
las falencias que tuvo Andrés Landero y el que no lo era, proveniente de
la tierra Sabanera. O las que el escritor Ariel Castillo Mier acuña, al
emitir unos conceptos, que estoy seguro él, debe tener todos las pruebas que soporten sus señalamientos. Por ello, me gustaría
conocer los nombres de los que han visto en el merengue “El Pintor”
de Adolfo Pacheco Anillo una directa alusión a nuestro creador Rafael
Calixto Escalona Martínez, cuyo “Ego”
según Castillo Mier es “argentino”
“ y que después de viejo
se volvió pintor y novelista Naif”. Sobre su apreciación, le puedo
decir que: “ESCALONA, es el que mejor ha
pintado en sus canciones nuestra región y por ello su grandeza”. No
comprendo, por qué Usted valora lo creado por Adolfo Pacheco Anillo, en
detrimento de lo nuestro, al decir “una
canción que, como muy pocas
en el vallenato plantea una reflexión acerca del lenguaje poético, su
naturaleza, su función y sus relaciones
con otros lenguajes artísticos”. Siento, que lo ha hecho
pecar, su falta de conocimiento y estudio sobre nuestra música vallenata.
Por qué esa postura de defender a unos ritmos, debe ser enfocada por el
escritor Ariel Castillo Mier como “actitud
despótica de los
Vallenatos”. Me gustaría conocer los factores económicos, políticos y
sociales, que manipularon el desplazamiento de la música sabanera por la
vallenata. En donde señala, sin pruebas, si las hay que las presente, que
el Festival de la Leyenda vallenata es el “producto
de Alfonso López Michelsen, Gabriel García Márquez, Consuelo Araújo
Noguera, bajo “la complicidad” de los medios masivos de comunicación
y que producto de ello, la música vallenata está en el sitial donde se
halla”. Será que nuestra cultura musical y folclórica necesita del
aval del mar para lograr su consolidación?. Nuestros antepasados y menos
nosotros, hemos dividido cualquier expresión artística alguna. Lo que
nos encomendaron, ha sido la continuidad de todo ese legado
construido por ellos, que está lleno de música.
Haciendo uso del instrumento de la paciencia y como el
caracol, hemos hecho inmortalizar a una región conocida como “La
Gran Provincia”, con una música sencilla y raizal. No puede ser, que solo en la obra de nuestro admirado creador
Adolfo Pacheco Anillo, se encuentre los variados elementos de “razón,
sentido crítico y autoconciencia crítica”. En nuestra tierra también
hay de eso, que usted anota. Péguese un buen viajecito por la “provincia”,
para atenderlo como Dios manda y empezará a encontrar de manera
silvestre, un variado grupo de acordeoneros, cajeros, guacharaqueros,
compositores y cantantes, que
descifran el sentimiento que fluye de manera
natural, en cada rincón de nuestra tierra. Acá, “nosotros
seguimos mostrando a nuestros hijos sin tener que esconder a nuestros
padres y abuelos”, Porque nuestra música ha dado los saltos
generacionales que le permiten mantenerse. En ella, se destacan los
elementos rurales, campesinos y feudales hasta llegar a lo urbano, fuentes
constructora para que lo clásico,
moderno y postmoderno de nuestros creadores e intérpretes, sean
corresponsales directos de nuestra cultura musical.
“ En el Vallenato hay que crear
semillas libertarias,
para evitar el autoritarismo folclórico”
Fercahino |