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VIVA
LA CUMBIA
Abajo
el reggaeton
Por
Manuel Antonio Rodríguez
Músico,
Pedagogo Musical, Investigador y Productor Musical.
Gestor
de: www.musicalafrolatino.com
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Manuel
Antonio Rodríguez
Foto:
musicalafrolatino.com |
Amigas
y amigos, con esta expresión no pretendo discriminar ni mucho menos
irrespetar ningún género o aire musical alguno, solo quiero manifestar
mi inconformidad por el hecho de que en Colombia las músicas de
tradición oral y las prácticas sonoras populares atraviesan una CRISIS
DE DIVULGACIÓN, lo que nos conlleva a nombre propio (quien les escribe
estas líneas) y miles de compatriotas (recojo opiniones de un sin
número), a lanzar una voz de protesta en forma respetuosa con el fin de
obtener eco y apoyo en la verdadera difusión de la música popular
colombiana.
Colombia
es un país rico en diversidad cultural, cuna de grandes compositores e
intérpretes, con una gama y potencial artístico que cualquier país del
mundo envidiaría, donde se cultivan géneros musicales de amplia
variedad.
Pues
bien, nuevamente les hacemos una cordial invitación especialmente a la
mayoría de comunicadores sociales, maestros de escuelas, productores
musicales, casas disqueras, ministerios de Educación, Cultura,
comunicaciones y demás comprometidos con el arte musical, para que todos
conjuntamente realicemos campañas de difusión y cultivo de nuestras
tradiciones so pena de comprometer nuestra identidad cultural colombiana
ante el mundo.
Muchos
colombianos (círculo de artistas especialmente) nos preguntamos porqué
la música popular Nacional se encuentra en estado de abandono, postrada
en un sitial bajo, sin apoyo decisivo estatal, de la empresa privada, de
los grandes medios radiales y televisivos, de las disqueras, de la gran
prensa escrita y otros entes publicitarios. Esto nos lleva a formularnos
algunos interrogantes:
¿Será
acaso que a los colombianos no nos gusta nuestra propia música? ¿O más
bien será que como la mayoría de medios radiales y televisivos no la
difunden porque no produce “rating” y en consecuencia no es “comercial”?
¿Tal vez será que nuestra estigmatizada música popular colombiana solo
las escuchan gentes de clases sociales bajas, o la población adulta, o es
música arrabalera, pasada de moda, con temáticas campesinas o rurales,
monótona y solo para parroquianos? ¿Quizá repercutan las doctrinas
neoliberales y las políticas de globalización que persiguen reducir las
expresiones culturales en los pueblos latinoamericanos de los últimos 25
años? ¿Será que las músicas populares colombianas entraron en la era
de la “industrialización del arte”? ¿Será que la verdadera música
colombiana es la que triunfa internacionalmente desde el jet set
farandulero de Miami, Los Ángeles y Nueva York?
Muchos
colombianos estamos convencidos de algo:
SI
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE MASAS DIFUNDEN LA MÚSICA POPULAR
COLOMBIANA, SEGURAMENTE TENDREMOS MÁS SENTIDO DE PERTENECIA CON NUESTRA
PATRIA, NOS BENEFICIAREMOS MUCHOS CULTORES DEL ARTE MUSICAL Y SOBRE TODO,
EXPORTAREMOS AL MUNDO UNA IMAGEN LIMPIA Y FRESCA DE NUESTRA CULTURA.
De
seguir así y no dar un timonazo y replanteamiento de políticas
culturales, seguramente a la vuelta de diez o quince años cualquier
delegación cultural colombiana que nos represente en el exterior ya no
llevará ruana, carriel, alpargatas, ponchos, mochilas, abarcas tres
puntás, sombrero vueltiao, tiples, bandolas, cuatros, maracas, gaitas,
tambores, marimbas, cununos y demás atuendos e instrumentos típicos de
nuestro país sino “gafas oscuras”,”aretes”, “botas texanas”,
“piercing”, “tatuajes”, guitarras eléctricas, “hard rock”,
“ska”, “trance”, “regueton”, etc.
La
música popular colombiana hace parte de nuestra identidad nacional, es un
patrimonio que no podemos dejar acabar por nefastas políticas foráneas
que pretenden inculcarnos un discurso falso, light, rosa, payolero,
gomelo, de noticias “gallegas”, farándula maquillada, doblajes,
montajes y un afán mercantilista, simplista y mediocre.
Con
ese pensamiento seguimos atrasados, copiando todo aquello que provenga de
afuera sin criterio ético, estético, moral, sino simplemente por estar
en la moda “in”, no midiendo las consecuencias que deja el fin
lucrativo por el lineamiento y la pérdida de valores que en muchos casos
deja en la juventud colombiana.
Y
cómo es posible que la sección cultural algunos noticieros de
televisión se ocupen de promocionar artistas de afuera sin valorar lo que
pasa en nuestro mercado interno.
Que
tristeza nos da a muchos colombianos escuchar noticias de farándula que a
diario se transmiten como si a los colombianos nos importara más la vida
personal de “Paulina Rubio” o de “Ricky Martin”, que el estado de
salud del maestro José Barros o las condiciones sociales y laborales de
los músicos nacionales por ejemplo.
Cuan
equivocadas están nuestras lindas “pechugonas” promocionando artistas
extranjeros primero que los nuestros, es una forma de incrementar el
desempleo, de pisotear nuestra dignidad, de menos preciar lo que somos.
De
lejos, el canal regional TELECARIBE se perfila como el mejor transmisor de
eventos artísticos y culturales en el país, seguido por TELEANTIOQUIA Y
TELEPACÍFICO que le apuestan en sus espacios por un país mejor.
Seguimos
añorando aquella SEÑAL COLOMBIA de contenidos educativos y culturales
que nos ayudaba a reconocernos como nación. Cuánto daríamos por volver
a ver programas como “Yurupari”, “Noches de Colombia”, “Tierra
colombiana”, “Espectaculares JES”, “Maestros”, “Aluna” “El
Show de Yimmy”, el mismo “Show de las Estrellas pero en vivo” y
otros, en los cuales aprendíamos al menos un poco sobre nuestras
costumbres y sobre nuestros artistas.
Da
vergüenza observar que la gran televisión Nacional nos invade con “Telebovelas
y Realitys”, sin darnos la oportunidad de observar al menos un programa
musical serio donde se represente las distintas facetas del pentagrama
Nacional tradicional o moderno.
En
Colombia debería haber una legislación que por lo menos obligue a las
emisoras a promocionar así sea una hora diaria la música popular
colombiana de todas las regiones, sin contraprestación comercial alguna,
como una forma de afianzar nuestro sentido patrio, así como se obliga a
transmitir el himno Nacional.
En
vez de “pataditas y agüitas” con temáticas “lloronas” y “doblajes”
de solo “Balanatos y rancheras”, a muchísimos colombianos nos
gustaría que la televisión Nacional y privada transmitiera conciertos y
festivales “en vivo y en directo”, documentales relacionados con
nuestra idiosincrasia, nuestro entorno y nuestra identidad, programas que
instruyan.
Y
la gran prensa escrita capitalina así como promociona en una página
entera los viernes la farándula roquera, pues también debería impulsar
el talento nacional para que se beneficien músicos, compositores,
arreglistas, casas y sellos disqueros, empresarios, orquestas, tríos,
conjuntos, la industria turística y todos aquellos que pertenecemos al
mundo del arte.
La
única salida para que podamos salir adelante musicalmente en el contexto
local e internacional es creer en lo nuestro, no importa si estas músicas
provengan o no de estratos bajos, campesinos, indígenas,
afrodescendientes, mulatas, populares, etc. al fin y al cabo, es un
reflejo de lo que somos.
Es
una lástima ver que la nueva generación de jóvenes colombianos no tiene
casi la oportunidad de conocer música de su país, por la sencilla razón
de que como no se difunde entonces está “out”, en muchas ocasiones,
la mayoría de muchachos no tienen la culpa de no conocer obras clásicas
del repertorio criollo como “La pollera colorá”, “Pueblito viejo”,
“Espumas”, “El camino de la vida”, “El testamento”, “María
varilla”, “Colombia tierra querida”, “San Fernando”, “La
piragua”, etc. Pero en cambio e irónico, se saben la última moda del
“hit parade” norteamericano y europeo.
En
Colombia asimilamos, nos enriquecemos y nos gustan muchas expresiones
musicales de otras latitudes como la música clásica o erudita, el jazz,
el rock, la salsa, rancheras, boleros, baladas, el merengue, rap, la
samba, el bossa nova y el mismo reguetón que seguramente tendrá su “tumbao
sabroso” etc, pero tampoco podemos pensar que son mejores que las
nuestras y de mayor importancia.
No
obstante, en medio de esta crisis, todavía vemos pujanza y creatividad de
miles de compatriotas a lo largo y ancho de la geografía nacional que
organizan festivales y concursos como una forma de preservar tradiciones y
legados culturales.
Afortunadamente
todavía podemos tener la oportunidad de escuchar, bailar y disfrutar de
una gaita en Ovejas (Sucre), una danza en Ginebra (Valle), un bullerengue
en Necoclí (Antioquia), una parranda vallenata en la plaza Alfonso López
en Valledupar, un currulao en Guapi(Cauca), un abozao en Quibdó, un
joropo recio en Villavicencio, una noche de cumbia y tambó en la plaza de
la Paz en Barranquilla, un rajaleña en Neiva, un bambuco montañero en
Medellín, un bambuco fiestero en Ibagué, una guabina en Vélez
(Santander), un Calypso en San Andrés, una tambora en Tamalameque
(Cesar), un pasillo en Aguadas (Caldas), una chalupa en Santa Lucía
(Atlántico), un chandé en Talaigua Viejo (Bolívar), un mapalé en
Cartagena, un porro en San Pelayo (Córdoba), un torbellino en
Chiquinquirá (Boyacá), un paseo vallenato en Fonseca (Guajira), y
cualquier cantidad de música popular y tradicional colombiana en la media
torta de Bogotá, por solo enumerar algunos lugares donde podemos tener el
privilegio de encontrar músicas urbanas y rurales.
Estas
manifestaciones culturales se les denominan de distintas formas y vienen
presentando transformaciones sustanciales en los últimos años debido a
los procesos y cambios sociales.
En
muchas partes del país se les llaman “Músicas folclóricas”, “Músicas
locales”, “Músicas regionales”, “Músicas tradicionales”, hasta
concluir con “Músicas Nacionales” y genéricamente “Músicas
populares”. Ellas se convierten en un complejo sistema o circuito
articulado de arraigo aborigen, afroide, hispano, Caribe, y multiétnico.
De
la Costa Caribe tenemos entre otros las siguientes formas musicales:
La
cumbia, la puya, la gaita, el merengue, el porro canteado, el son corrido,
parrandín, las décimas, los bailes cantados (Lumbalú, bullerengue,
chalupa, tambora, chandé, berroche, guacherna, zambapalo, pajarito,
fandango en lengua), mapalé, garabato, jorikamba, son de negro, congo,
tuna, son de farotas, pilandera, chicote, pilón, maestranza,
seré-sé-sé, chichamaya, letanías, etc.
Cantares
del campo (arreo, vaquería, zafra y grito de monte), etc.
En
el ámbito popular encontramos el género vallenato (paseo, son, merengue
y puya).
A
nivel popular urbano está el merecumbé, el tuqui tuqui, el pasebol, el
jalaito, el mece mece, el chiqui-cha, el tumbasón, el patacumbia, el
afro, el porro palitiao y tapado, el cumbión, el paseaíto, el son
palenque, el son de sexteto palenquero, la champeta, la terapia, etc.
De
la zona Insular (San Andrés y Providencia) tenemos el mento, calipso,
reggae, minue, quadrille, waltz, contra danza, mazurca, galop, schottish,
top dance, juba, socca, compás, etc.
La
Costa Pacífica se divide en norte y sur.
Del
pacífico norte (Chocó) encontramos aires como el abozao, jota, porro
chocoano, levanta polvo, makerulle, danza, contradanza, mazurca, polka,
pisón, pasillo chocoano, bambazú, saporrondó, tamborito chocoano,
anderele, etc., interpretados en formato “Chirimía”.
Del
pacífico sur tenemos toques como el Bambuco viejo, el currulao, la
bámbara negra, el aguabajo, patacoré, berejú, pregón, bunde, chigualo,
gualí, alabao, pango, juga, caramba, arrullo, loas, villancico, romance,
salves, caderona, canciones de boga, etc., interpretados por el conjunto
de marimba.
En
la región Andina contamos con aires como el Bambuco, el torbellino, la
guabina, el pasillo, el vals criollo, rajaleña, sanjuanero, bunde, caña,
vueltas antioqueñas, danza, música guasca y de carrilera, etc.
En
los Llanos Orientales se cultivan aires como el Joropo, galerón,
zumba-que zumba, pasaje, tonada, golpe, seis por derecho, seis por
numeración, seis corrido, carnaval, San Rafael, copla, romance, tonos de
velorio, quirpa, periquera, pajarillo, chipola, gaván, guacharaca,
reconcilio, quitapesares, perro de agua, etc.
En
la Región Amazónica se cultiva música aborigen, cantos y toque
rituales, mágicos relacionados con la madre naturaleza. En Leticia por
ser una ciudad fronteriza con el hermano país del Brazil se asimilan los
aires de Carimbó, Forró, Samba callejera y Samba cancao.
¿Entonces,
si tenemos todo ese acervo y bagaje musical, nos preguntamos porqué
carajos nos quieren imponer modas foráneas si somos considerados en el
contexto internacional como uno de los países más rico en diversidad
cultural? |