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LAS
FLAUTAS DEL RÍO
Por:
Bernardo Caro Prieto
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Foto:
Bernardo Caro
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Al
desembarcar se escucha en la distancia, el rumor de flautas y tambores.
Al acercarse a una de las casas, los maestros Serafín, Esteban, Carlos,
Pedro, Ajaldo y Rito, se encuentran interpretando un tema original de la
agrupación. Este es el resultado de la travesía que aquí se describe
y que tuvo como objeto visitar en sus casas, a los maestros de la chirimía
del río Napi.
Navidad
en Guapi
En
Guapi población agrícola, minera y pesquera ubicada al sur del
Departamento del Cauca se inicia el recorrido. Toma un par de días
hacer los preparativos, contactar y contratar la canoa que hará el
viaje hasta San Agustín, un pequeño corregimiento ubicado a orillas
del río Napi.
Pero
además, en Guapi hay
fiesta. Entre las actividades que al final del año se llevan a cabo en
este municipio, se encuentra la celebración de las fiestas de navidad y
año nuevo. Sus habitantes con el ánimo de recrear y amenizar la novena
de aguinaldos, conforman grupos
de arrullos que durante nueve
días, realizan recorridos
y alboradas como preparación al nacimiento del niño Jesús. Se reúnen
en torno a las voces, la marimba
de chonta, los bombos, los cununos y el guazá,
instrumentos típicos de la música tradicional del sur del pacífico
colombiano, para interpretar en versos y responsorios los tradicionales arrullos. A través de estos cantos los habitantes de Guapi cuentan historias de la tradición oral,
narran anécdotas y recitan versos a sus santos, inspirados por el
ambiente festivo y por el anís del aguardiente caucano.
Dos
días antes de la navidad, algunos miembros de la comunidad inician la
construcción de la balsada. Ésta una embarcación armada uniendo tres
o más potrillos o canoas, en los cuales se levanta una
estructura de madera de dos o tres pisos, adornada con flores, hojas de
palma y luces de vela. Uno de los rituales más bonitos y vistosos que
ha ido desapareciendo y con ello, parte del legado de los primeros
afrodescendientes, quienes sometidos por los conquistadores y enajenados
de sus prácticas religiosas, encontraron en los rituales católicos una
forma de mantener la comunicación con sus dioses.
Cuentan
los pobladores que anteriormente se construían hasta tres balsadas. A
cada una le correspondía transportar la réplica de un santo católico.
En cada balsada se embarcaba un grupo de cantadoras de arrullos,
que acompañaban a su santo patrón en el recorrido. Las embarcaciones
partían de diferentes puntos para finalmente encontrarse en el muelle,
donde eran recibidas por los habitantes del pueblo en medio del
jolgorio. Año tras año los
pobladores de Guapi, que suman alrededor de 30 mil en el casco urbano,
han ido perdiendo el interés por estos rituales. Hoy, las festividades
navideñas son amenizadas por ruidosos equipos de sonido instalados en
tabernas y tiendas de los paisas, donde el vallenato y la música de
despecho son los ritmos que imperan.
Para
esta ocasión, la Empresa de Energía del Guapi - ENERGUAPI - quiso
resaltar esta tradición. Sus directivas aportaron los recursos para la
construcción de una única balsada que a cambio de velas fue decorada
con múltiples bombillos de colores alimentados por tres plantas eléctricas,
que además de aportar la electricidad, acompañaron con el ruido de sus
motores los arrullos de las
cantadoras y la música de la marimba. Así, a las 12 de la noche llegó
al muelle de Guapi la balsada que transportaba al niño Jesús y que fue
recibida entre pólvora, lluvia y el tradicional jolgorio.
Rumbo
al Napi
El
recorrido desde Guapi hasta el corregimiento de San Agustín, punto de
encuentro con los maestros de la Chirimía del Napi, debe hacerse en una
canoa no muy grande, pero que soporte el peso del
equipaje, los víveres necesarios para los dos días de trabajo y
siete personas incluidos los dos proeros,
quienes se encargan de
empujarla en las zonas secas del río y de señalar la ruta.
Durante
el recorrido, río arriba por el Napi, se puede apreciar el sistema de
vivienda que durante años los habitantes de la ribera han construido
para enfrentar las inundaciones del río en épocas de alta lluviosidad.
Casas lacustres construidas en madera con balcones cuyas barandas
presentan calados. Escaleras que salen de la puerta principal y se
sumergen en el río. Potrillos
amarrados a la
orilla o estacionados entre los parales que soportan las viviendas.
Ropas extendidas al sol sobre las playas de piedra, pilones para el maíz
y por supuesto, postes y cableado eléctricos que hacen parte de la red
instalada por ENERGUAPI. En el trayecto cruzan canoas en las que navegan
algunos pescadores, familias enteras o solitarias mujeres de sombrero de
paja que regresan a sus hogares. La vida a la orilla del río es
tranquila.
En
el corregimiento de Calle Larga vive el maestro Nicolás Rentería, el más
veterano de la Chirimía. Con él a bordo y después de sortear a pie un
tramo bastante pedregoso del río, la canoa conducida diestramente por
Augusto Perlaza, actual director de la Chirimía el Napi, llega
finalmente a San Agustín. Luego de seis horas de recorrido, se
encuentran los demás integrantes de la agrupación.
Seis
hombres mayores que decidieron continuar con el legado de sus padres y
abuelos. Agricultores y pescadores de oficio que viajan desde sus
poblados de origen y se reúnen cuando son llamados por la comunidad,
para amenizar diferentes festividades tanto fiestas patronales como
matrimonios y bautizos. Gracias al esfuerzo de Augusto Perlaza, otro
poblador del Napi, han logrado organizarse como grupo musical
y han podido participar en eventos importantes como el Festival
Petronio Álvarez en el que han sido premiados con el tercer y segundo
lugar.
El
formato utilizado por la Chirimía del Napi, integrada por
afroamericanos, es el mismo que utilizan los grupos de chirimía indígena
de las zona del macizo de Almaguer
y la parte baja del Viejo Caldas. Esto es lo que la convierte en una supervivencia
aparentemente única de los procesos de mestizaje en la zona del bajo
Cauca.
Aunque
ni los investigadores y músicos de Guapi y Cali ni los viejos maestros
y las personas allegadas a la agrupación pueden explicar claramente el
origen de esta música en la región, algunos como Serafín argumentan
de manera contundente que su música viene desde la Creación del mundo.
Cuentan también, que sus antepasados subieron a la montaña a cortar el
arbusto de la chirimía con el que se fabrican las flautas y allí
se encontraron con los indígenas. Se le llama chirimía al árbol del
que se fabricaba el instrumento, luego al instrumento y finalmente a la
agrupación. Así explican los maestros de la Chirimía del Napi la
evolución de este vocablo, hasta convertirse en el nombre del formato
que actualmente ellos integran.
El
repertorio de la agrupación incluye algunos temas de la tradición y
otros compuestos por el maestro Rito que además de interpretar las
maracas en ocasiones canta. En su interpretación la Chirimía hace un
recorrido por aires y ritmos como el pasillo, el paseo, la rumba y el
bambuco viejo, una supervivencia musical característica del Valle de
Patía.
Dos
días con sus noches entre rumores de flautas y tambores. Muchas
fotografías, algunas grabaciones testimoniales y el compromiso de
trabajar para abrir espacios de visibilidad que le permitan a esta y
otras manifestaciones culturales pervivir en la tierra del olvido. Un
ejercicio que hace parte del encuentro con los sonidos, los cuentos y
las historias de este país fragmentado por el miedo y la violencia pero
que aún hoy, así como la Chirimía del Napi, lucha por mantener su
identidad.
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