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A todos nuestro lectores les damos la Bienvenida a Laboratorio Cultural

Al iniciar esta nueva etapa vuelve a la memoria lo planteado el primer día que la Corporación Laboratorio Cultural decidió crear la revista: apoyar, difundir y profundizar en el conocimiento de las distintas manifestaciones que se gestan alrededor de la música colombiana y brindarle a Colombia y al mundo una ventana con una muestra de esa riqueza cultural-musical que hace tan maravilloso este país.

Justamente pensando en lograr ese objetivo, hemos reestructurado la revista y presentamos esta nueva cara de Laboratorio Cultural Revista.

Implementamos nuevas secciones que irán siendo ampliadas y perfeccionadas con el paso de los meses. Lo invitamos muy cordialmente a pasearse por todas ellas y descubrir más cosas de su interés. En esa medida, lo invitamos a visitar nuestra sección Academia, en donde usted podrá encontrar textos y artículos sobre pedagogía musical e investigaciones en música, entre otros, además de toda la actividad cultural-musical alrededor de la academia.

En esta sección damos la bienvenida a nuestros nuevos aliados, FLADEM, Foro Latinoamericano de Educación Musical, quienes presentarán interesantes aportes a nuestra Revista, que sin duda servirán para enriquecer el conocimiento que nuestros lectores tienen acerca de la música colombiana.

La Red Nacional de Festivales de Música Tradicional Colombiana sigue contando con la presente sede virtual, por lo tanto espere de primera mano información importante sobre los festivales en su propia sección.

Esperamos que esta nueva cara de Laboratorio Cultural sea de su agrado y no olvide dejar sus comentarios en la sección Comunidad. Sus aportes y opiniones son de vital importancia para mejorar nuestra revista.

 

 

LAS FLAUTAS DEL RÍO

 

Por: Bernardo Caro Prieto  

Foto: Bernardo Caro

 

Al desembarcar se escucha en la distancia, el rumor de flautas y tambores. Al acercarse a una de las casas, los maestros Serafín, Esteban, Carlos, Pedro, Ajaldo y Rito, se encuentran interpretando un tema original de la agrupación. Este es el resultado de la travesía que aquí se describe y que tuvo como objeto visitar en sus casas, a los maestros de la chirimía del río Napi.

 

Navidad en Guapi

 

En Guapi población agrícola, minera y pesquera ubicada al sur del Departamento del Cauca se inicia el recorrido. Toma un par de días hacer los preparativos, contactar y contratar la canoa que hará el viaje hasta San Agustín, un pequeño corregimiento ubicado a orillas del río Napi.

 

Pero además, en  Guapi hay fiesta. Entre las actividades que al final del año se llevan a cabo en este municipio, se encuentra la celebración de las fiestas de navidad y año nuevo. Sus habitantes con el ánimo de recrear y amenizar la novena de aguinaldos, conforman  grupos de arrullos que durante nueve días, realizan  recorridos y alboradas como preparación al nacimiento del niño Jesús. Se reúnen en torno a las voces, la marimba de chonta, los bombos, los cununos y el guazá, instrumentos típicos de la música tradicional del sur del pacífico colombiano, para interpretar en versos y responsorios los tradicionales arrullos. A través de estos cantos los habitantes de Guapi cuentan historias de la tradición oral, narran anécdotas y recitan versos a sus santos, inspirados por el ambiente festivo y por el anís del aguardiente caucano.

 

Dos días antes de la navidad, algunos miembros de la comunidad inician la construcción de la balsada. Ésta una embarcación armada uniendo tres o más potrillos o canoas, en los cuales se levanta una estructura de madera de dos o tres pisos, adornada con flores, hojas de palma y luces de vela. Uno de los rituales más bonitos y vistosos que ha ido desapareciendo y con ello, parte del legado de los primeros afrodescendientes, quienes sometidos por los conquistadores y enajenados de sus prácticas religiosas, encontraron en los rituales católicos una forma de mantener la comunicación con sus dioses.

 

Cuentan los pobladores que anteriormente se construían hasta tres balsadas. A cada una le correspondía transportar la réplica de un santo católico. En cada balsada se embarcaba un grupo de cantadoras de arrullos, que acompañaban a su santo patrón en el recorrido. Las embarcaciones partían de diferentes puntos para finalmente encontrarse en el muelle, donde eran recibidas por los habitantes del pueblo en medio del jolgorio. Año tras año  los pobladores de Guapi, que suman alrededor de 30 mil en el casco urbano, han ido perdiendo el interés por estos rituales. Hoy, las festividades navideñas son amenizadas por ruidosos equipos de sonido instalados en tabernas y tiendas de los paisas, donde el vallenato y  la música  de despecho son los ritmos que imperan.

 

Para esta ocasión, la Empresa de Energía del Guapi - ENERGUAPI - quiso resaltar esta tradición. Sus directivas aportaron los recursos para la construcción de una única balsada que a cambio de velas fue decorada con múltiples bombillos de colores alimentados por tres plantas eléctricas, que además de aportar la electricidad, acompañaron con el ruido de sus motores los arrullos de las cantadoras y la música de la marimba. Así, a las 12 de la noche llegó al muelle de Guapi la balsada que transportaba al niño Jesús y que fue recibida entre pólvora, lluvia y el tradicional jolgorio.

 

Rumbo al Napi

 

El recorrido desde Guapi hasta el corregimiento de San Agustín, punto de encuentro con los maestros de la Chirimía del Napi, debe hacerse en una canoa no muy grande, pero que soporte el peso del equipaje, los víveres necesarios para los dos días de trabajo y siete personas incluidos los dos proeros, quienes se encargan de empujarla en las zonas secas del río y de señalar la ruta.

 

Durante el recorrido, río arriba por el Napi, se puede apreciar el sistema de vivienda que durante años los habitantes de la ribera han construido para enfrentar las inundaciones del río en épocas de alta lluviosidad. Casas lacustres construidas en madera con balcones cuyas barandas presentan calados. Escaleras que salen de la puerta principal y se sumergen en el río. Potrillos amarrados a la orilla o estacionados entre los parales que soportan las viviendas. Ropas extendidas al sol sobre las playas de piedra, pilones para el maíz y por supuesto, postes y cableado eléctricos que hacen parte de la red instalada por ENERGUAPI. En el trayecto cruzan canoas en las que navegan algunos pescadores, familias enteras o solitarias mujeres de sombrero de paja que regresan a sus hogares. La vida a la orilla del río es tranquila.

 

En el corregimiento de Calle Larga vive el maestro Nicolás Rentería, el más veterano de la Chirimía. Con él a bordo y después de sortear a pie un tramo bastante pedregoso del río, la canoa conducida diestramente por Augusto Perlaza, actual director de la Chirimía el Napi, llega finalmente a San Agustín. Luego de seis horas de recorrido, se encuentran los demás integrantes de la agrupación.

 

Seis hombres mayores que decidieron continuar con el legado de sus padres y abuelos. Agricultores y pescadores de oficio que viajan desde sus poblados de origen y se reúnen cuando son llamados por la comunidad, para amenizar diferentes festividades tanto fiestas patronales como matrimonios y bautizos. Gracias al esfuerzo de Augusto Perlaza, otro poblador del Napi, han logrado organizarse como grupo musical  y han podido participar en eventos importantes como el Festival Petronio Álvarez en el que han sido premiados con el tercer y segundo lugar.

 

El formato utilizado por la Chirimía del Napi, integrada por afroamericanos, es el mismo que utilizan los grupos de chirimía indígena de las zona del macizo de  Almaguer y la parte baja del Viejo Caldas.  Esto es lo que la convierte en una supervivencia aparentemente única de los procesos de mestizaje en la zona del bajo Cauca.

 

Aunque ni los investigadores y músicos de Guapi y Cali ni los viejos maestros y las personas allegadas a la agrupación pueden explicar claramente el origen de esta música en la región, algunos como Serafín argumentan de manera contundente que su música viene desde la Creación del mundo. Cuentan también, que sus antepasados subieron a la montaña a cortar el arbusto de la chirimía con el que se fabrican las flautas y allí se encontraron con los indígenas. Se le llama chirimía al árbol del que se fabricaba el instrumento, luego al instrumento y finalmente a la agrupación. Así explican los maestros de la Chirimía del Napi la evolución de este vocablo, hasta convertirse en el nombre del formato que actualmente ellos integran.

 

El repertorio de la agrupación incluye algunos temas de la tradición y otros compuestos por el maestro Rito que además de interpretar las maracas en ocasiones canta. En su interpretación la Chirimía hace un recorrido por aires y ritmos como el pasillo, el paseo, la rumba y el bambuco viejo, una supervivencia musical característica del Valle de Patía.

 

Dos días con sus noches entre rumores de flautas y tambores. Muchas fotografías, algunas grabaciones testimoniales y el compromiso de trabajar para abrir espacios de visibilidad que le permitan a esta y otras manifestaciones culturales pervivir en la tierra del olvido. Un ejercicio que hace parte del encuentro con los sonidos, los cuentos y las historias de este país fragmentado por el miedo y la violencia pero que aún hoy, así como la Chirimía del Napi, lucha por mantener su identidad.

 

Bogotá DC - Colombia

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