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VAMOS A TOCAR LO MISMO

Por Giovanna Chamorro

 

 

Música flautista graduada de la Universidad de los Andes con Especialización en Periodismo de la misma universidad. Como intérprete, ha sido integrante de varias agrupaciones de música de cámara con las que ha interpretado obras del repertorio universal y tradicional colombiano. Desde el año 1999 se ha dedicado a realizar trabajos de gestión cultural de manera independiente. Actualmente, se desempeña como Coordinadora del Área de Música Colombiana del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá.

 

El maestro Álvaro Romero (q.e.p.d) se levantó de su silla indignado por lo que había escuchado. No podía entender cómo la Orquesta de cuerdas colombianas El Nogal, se presentaba en el concurso Mono Nuñez con un arreglo tan extraño de su obra "Humorísmo".  Lo que había hecho Fernando "el chino" León parecía estar desafinado. Nadie en Ginebra - Valle sabía que este músico bogotano había llegado con una propuesta muy clara "Vamos a tocar lo mismo pero no igual".

 

La tormenta que se desató después fue terrible. Algunos de los jurados defendían la propuesta que habían escuchado. Los otros, por el contrario, aludían una falta de respeto por la tradición. Finalmente,  el Chino León tuvo que llevar los papeles (partituras) para demostrar que lo que había sonado estaba escrito realmente. Así se ganaron el Mono Nuñez en 1986.

 

Este episodio en el Mono Nuñez no fue el primero. Ya años atrás, Fernando León había recibido críticas, ya había dado de qué hablar. Pero como él mismo dice "cuando uno quiere innovar cosas, no falta la persona que va buscarle el pero".

 

A pesar de comenzar su formación en la música colombiana con unos maestros muy tradicionales como su padre Álvaro León y el maestro Efraín Orozco, el chino León siempre supo  que había que hacer cambios en la música colombiana. No importaba la forma, sólo buscaba que la música evolucionara, que no se quedara estancada y no se muriera. Y precisamente, eso fue lo que logró con agrupaciones como el Trío Joyel, la orquesta el Nogal y más recientemente con el Quarteto colombiano, a las que ha pertenecido en calidad de director, arreglista y bandolista.

 

Para muchos, la historia de los tríos tradicionales se rompe con la llegada de Joyel. Antiguamente este tipo de agrupaciones siempre funcionaron musicalmente con la bandola como solista y el tiple y la guitarra como acompañantes con un carácter netamente rítmico. Con Joyel  el "chino"  León avanza por medio de la armonía para darle a todos los instrumentos la misma participación. Descubre que la riqueza tímbrica del tiple y la guitarra se podía aprovechar para hacer melodías y por qué no para ser los solistas.

 

Las críticas no se hicieron esperar. Algunos dijeron que era muy atrevido, otros "¡qué lástima el tiple!, ¡qué lástima la bandola!. Pero al "Chino" los comentarios no le importaron " yo quiero eso, lo siento y me gusta". Así, se genera un lenguaje que a la música colombiana le cambia un poco ese concepto tradicional.

 

Luego, con la formación de Nogal el maestro León continuó su labor como arreglista dándole importancia a los tres instrumentos. Pero ya no con un pequeño de trío, sino acompañado de 20 instrumentistas. Así fue como incursionó en la dirección de una agrupación que, basada en la estudiantina tradicional, tendía a un formato sinfónico. Por primera vez, se usaron en este tipo de agrupaciones otros instrumentos como la percusión sinfónica y el contrabajo. Pero lo que realmente logró llamar la atención de los académicos de la época, fue que los instrumentos típicos colombianos no sólo tocaban bambucos y pasillos, sino también porros, tangos y suites de los más destacados compositores europeos.

 

Para el maestro León, Nogal fue un laboratorio de experimentación musical. Con la orquesta típica logró llegar a conocer las más amplias posibilidades de cada uno de los instrumentos que la conformaban. Así mismo, le aportó a su labor como arreglista, ampliar un espectro sonoro y así poder hacer el mismo trabajo con las orquestas sinfónicas más importantes del país.

 

A Fernando León, y gracias al trabajo colectivo que realizó con otros músicos de gran importancia, se le atribuyen los cambios que sufrió la bandola en el siglo XX. Estos cambios se evidencian en la técnica y en el instrumento mismo. Las bandolas antiguas tenían dieciséis cuerdas, Fernando las redujo a doce y amplió el ancho del diapasón o del brazo de la bandola. Otra vez las críticas no se hicieron esperar.  Dijeron que el sonido que producía dicho aparato era más afín a la bandurria o a la mandolina  europeas que a la bandola colombiana. Fernando defendió su trabajo mostrando que las bandolas de dieciséis cuerdas lejos de proyectar un sonido libre hacían un sonido duro y rígido. Por otro lado, logró demostrar por él mismo, con su virtuosismo, que se necesitaba menos fuerza en la mano izquierda y por lo tanto se ganaba agilidad. 

 

Pero en realidad, no sólo es por su aporte y  los cambios que ha hecho en la música por lo que el maestro León es recordado.  Una prueba de ello es la cantidad de anécdotas que los amigos del "chino" pueden contar. El maestro Aicardo Muñoz, tiplista del Trío Joyel, recuerda que el "Chino" León en un concurso en Villavicencio fue abandonado por los otros dos integrantes del Trío Trébol. Aún así ganó el premio como el mejor interprete de la bandola. Recuerda que fue con la plata de ese premio que el maestro León  se compró dos canarios, un mico y un loro. Que los dejó en el hotel dos días mientras se fue a parrandear a Restrepo y que se gastó casi toda la plata pagando los daños que hizo el mico en ese establecimiento. Otros recuerdan que, en una de sus tantas noches de bohemia, tuvo que descompletar su colección de relojes dándole uno de ellos a un soldado "que se lo iba a llevar por violar un toque de queda y por irrespeto a la autoridad". Cuentan que cuando el soldado le pidió los papeles el maestro León le dijo "no mi soldado, yo toco de oído".

 

El maestro Fernando recuerda especialmente cómo después de una parranda, un compañero de su carrera inconclusa, la medicina, alguna vez lo dejó recluido en una clínica de reposo cercana a Chía en donde estuvo durante dos días "como un loco".

 

Para los que conocen bien a Fernando León, él representa un símbolo, un eslabón y un genio. Así mismo, lo tildan de hiperactivo, de parecerse a una ardilla, de ser un niño grande y de no decirle no a un amigo. Otros lo llaman loco y bohemio. Los que lo conocen menos saben que es un músico con un talento desbordante. Un personaje al que hay que reconocerle muchos de los cambios que convirtieron la música de la región andina colombiana en lo que es hoy.

 

Fernando el "chino" León actualmente es mucho más reposado. Para él, su matrimonio, hace trece años, fue como la culminación del "parrando" y el comienzo para organizarse, pensar ya más bien en proyectar la vida. Ahora vive tranquilo con su esposa Pilar y su hija Susana quién sacó la hiperactividad de maestro pero que, desafortunadamente, no se ha inclinado mucho por la música.  Fernando dice que tuvo la fortuna, a través de la bohemia, de conocer los grandes exponentes de la música colombiana como Oriol Rangel, Alex Tovar, Jaime Llano, los Cristancho y Gerardo Arellano, de quienes ha aprendido todo lo que ha logrado acumular. En muchos casos, agrega, "lo que hice fue producto de la bohemia y de la parranda".

 

Tiene el proyecto de volver a reunir al Trío Joyel con el fin de sacar una producción discográfica que incluya temas que nunca hayan sido grabados en el formato de trío. Espera nunca dejar la música, seguirla oyendo, tocando y escribiendo. Pero sobre todo seguir innovando.

 

Bogotá DC - Colombia

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