|
La música de la Costa Caribe como un paradigma de modernidad y globalización: el caso de la música de fusión del pacífico colombiano
Por:
Ana María Arango
Antropóloga de la Universidad de los
Andes
|

|
|
El Fruto
de Curupira |
Durante
el siglo XX la costa Caribe colombiana fue una región de
contrastes. Sus territorios fueron al mismo tiempo sinónimo de
tradición y de modernidad -de riqueza y de pobreza, de
analfabetismo y de ilustración-, y las manifestaciones musicales
que se gestaron durante dicho periodo así lo demuestran. El siglo
XX fue testigo del nacimiento de variados repertorios que
estuvieron a la vanguardia de la producción musical del país y a
la vez se cobijaron bajo un velo de tradición, magia y exotismo[i].
Entre
finales del siglo XIX y principios del XX, el Caribe colombiano
fue la puerta de entrada más importante a nuevos estilos
musicales y nuevos instrumentos que cambiarían el repertorio del
legado colonial. Ciudades como Cartagena, Lorica, Santa Marta, Mompox y Barranquilla fueron el epicentro de un
movimiento musical caracterizado por nuevas propuesta estilísticas.
La zarzuela, la polka, la mazurka, la danza, la rumba y el
fox-trot fueron sólo algunos de los géneros que se importaron al
territorio nacional tras el intercambio cultural que promovían
las migraciones europeas y el comercio de extracción[ii].
Como
plantea Albrecht Schneider,
es a partir del siglo
XIX cuando la música comienza a estar muy vinculada a los
espacios lúdicos de la sociedad capitalista. Por otra parte, a
partir de este periodo, la música folklórica y tradicional es
tomada y transformada para recrear a la gente y asume un carácter
popular[iii]. El
universo del entretenimiento y la música grabada
adquirieron gran importancia en las ciudades emergentes de todo el
mundo; y serían las músicas tradicionales las que en gran medida
le ofrecerían a dicho universo el repertorio estratégico para el
fortalecimiento de la industria discográfica y de radiodifusión.
La
música de la costa Caribe participó en este
nuevo movimiento cultural caracterizado por la popularización
de estilos folklóricos por medio de la industria discográfica
emergente y la radiodifusión. La década de los 30 se encargaría
de legitimar estilos tropicales con orquestas como A#1 y las
“Emisoras Fuentes” contrarrestando los ideales nacionalistas
que promovían una identidad musical basada en el pasillo y el
bambuco.
La
costa Caribe fue la abanderada de la industria fonográfica en el
país con Discos Fuentes, empresa
que ofrecía un repertorio basado en
la música tropical bailable. Dicho repertorio se impuso a
través de la radio no solamente en la costa Caribe sino también
en Bogotá y otras ciudades en la década de los años 40[iv].
Para
Peter Wade la razón que explica la inmensa popularidad de la música
de la costa Caribe colombiana es su ambigüedad; es decir, su
filiación al mismo tiempo con imágenes modernas y tradicionales[v]. De esta manera, podemos
pensar que es esta dualidad la que permite que exista una
identificación simultánea de varios
sectores de la sociedad. Por otra parte, Siguiendo el
planteamiento de Schneider vemos que cuando se habla de música
comercial y popular, no
puede trazarse una dicotomía entre modernidad y tradición[vi];
la popularización por medios tecnológicos, necesita de los
repertorios tradicionales. Así, la connotación moderna o la
connotación tradicional surge dependiendo del contexto y de los
intereses del discurso que se plantea sobre la música, y como
sabemos, muchas veces dicho discurso es ajeno al hecho sonoro en sí
mismo. En este sentido, ¿es entonces la música de la costa
Caribe, sus ritmos, organología, letras, etc. un paradigma de
“modernidad” en el discurso que describe y
legitima el panorama de
la “música colombiana”?
Cuando
hablamos de la música del Caribe colombiano varias imágenes
vienen a nuestra mente. Podemos pensar en diversos formatos
musicales como el grupo de gaitas, el grupo de caña de millo, las
bandas, la música de acordeón o los sextetos que interpretaban música
cubana y se popularizaron entre los años 20 y 40. En la presente
ponencia cuando hablamos de la música del Caribe colombiano
hacemos referencia a tres tipos de formatos: la banda para música
bailable con el formato de orquesta cubana que se popularizó con
artistas como Lucho Bermúdez y Pacho Galán, el conjunto de
vallenato, y las orquestas de las últimas décadas que
interpretan estilos caribeños y africanos como el reggae, el
soukous, la soka, el juju y los demás estilos que desembocaron en
la champeta colombiana.
Cuando
estudiamos la música del Caribe colombiano es imposible
desconocer sus
relaciones con un Caribe global: Cuba, Curazao, Puerto Rico,
Trinidad y Tobago, Jamaica, San Andrés y Providencia y, todas las
conexiones que allí se generan con el resto del mundo. Estas
conexiones son las que le dan un carácter cosmopolita a nuestros
puertos del Caribe y enriquecen las imágenes de magia, exotismo y
modernidad sobre la región. Teniendo en cuenta estos matices
discursivos que existen sobre el repertorio musical caribeño
colombiano trataremos de comprender ¿hasta qué punto dicho
repertorio es un paradigma, una imagen fuerte de popularidad y
globalización? Y ¿de qué manera ha influenciado los parámetros
musicales de los llamados grupos de fusión del sur del litoral
Pacífico colombiano?
II.
Música del Pacífico: ¿Primitiva, auténtica y natural?
El
litoral Pacífico colombiano es concebido en el espectro de las imágenes
regionales como una zona lejana, virgen, mágica, selvática y
primitiva. Su música no es ajena a estas imágenes; tanto la
chirimía del Chocó como la música de marimba del sur de la
costa pacífica, son vistos a la luz de estas
imágenes exóticas y etnocentristas.
El
litoral Pacífico, al igual que todos los territorios colombianos,
se encuentra inscrito dentro de una serie de imágenes concretas
respecto a su comida, sus comportamientos sexuales, su capacidad
para el trabajo, su música, etc. Como señala Peter Wade, en el imaginario nacional existen una
serie de relaciones entre los territorios regionales y la música;
una especie de “geografía musical”[vii]
.Así, las coordenadas que desde el interior se han construido
ante la geografía física y humana del Pacífico, intervienen
contundentemente en las imágenes ligadas al repertorio musical de
la misma. Por este motivo el Pacífico es hasta cierto punto un
buen escenario para comprender las incursiones de elementos
concretos incorporados a un discurso de modernidad. Desde este
punto de vista, tomando la música de la Costa Caribe como un
paradigma de absorción de nuevos estilos, cosmopolitismo y
“modernidad”, y la música de marimba como un terreno que se concibe aparentemente
virgen, puro, primitivo y natural, ¿cómo la música
caribeña colombiana y la música caribeña en general intervienen
en las lógicas de popularización en los nuevos grupos de fusión
del sur del Pacífico?
Durante
el siglo XX la música de marimba en su formato original[viii]
fue ajena a los
procesos de popularización y comercialización. Por este motivo
-aunque desde finales de los noventa los instrumentos del conjunto
de marimba han sido acogidos por algunos
movimientos de músicos jóvenes que se autodefinen como
grupos de fusión-, ante muchos, siguen siendo instrumentos
invisibles, vírgenes o simplemente exóticos.
El
mapa de representación de las regiones colombianas percibe en
ocasiones a la costa Caribe como un símbolo de modernidad[ix].
Como vimos anteriormente, esto se debe a su carácter cosmopolita
y, desde el punto de vista musical, al papel de pionera en la
vanguardia de un sinnúmero de estilos musicales. Sin embrago, el
Puerto de Buenaventura en la costa Pacífica, que hacia los años
70 desplazó económicamente a Barranquilla y Cartagena[x],
también se convirtió a finales del siglo XX en una fuente
receptora de nuevos estilos caribeños y estadounidenses[xi].
Pero
¿por qué con el auge de Buenaventura no existió una apertura
significativa hacia la música tradicional del Pacífico por parte
de los sectores del interior de país, como sí ocurrió con la música
del Caribe?
La
ciudad de Cali fue la beneficiaria directa de las exportaciones e
importaciones en el Litoral; y como lo plantea Lise Waxer en su
estudio sobre la salsa en Cali[xii], los caleños acogieron
la música antillana y especialmente la salsa neoyorquina como una
forma de mantener un nexo con el resto del mundo[xiii].
Para los vallecaucanos y con ellos, para la gente del litoral Pacífico
-incluyendo no solamente Buenaventura sino también los
territorios, pueblos y ciudades pertenecientes a los departamentos
del Cauca y Nariño-, la música antillana[xiv] se convirtió rápidamente
en un bien simbólico fundamental dentro de la configuración de
una identidad regional[xv].
En
el panorama de la música tradicional y popular colombiana, la música
de marimba se mantuvo relegada a contextos campesinos y
tradicionales, y a espectáculos de tipo folklórico. Hacia los años 60 el conjunto de Buenaventura, Peregoyo y su combo se encargó
de popularizar bajo el formato de orquesta cubana[xvi]
géneros del litoral como el currulao y el porrro chocoano[xvii].
Con ellos, la canción “mi Buenaventura” fue inmortalizada y
se convirtió en pieza clave dentro de las orquestas populares que
tenían como repertorio clásico las canciones de Jose Barros,
Lucho Bermúdez y Pacho Galán entre otros.
Los
patrones musicales del Caribe colombiano y la música antillana en
general, incluso en el trabajo de
Peregoyo y su combo y
Tito Cortés, marcaron
las lógicas de proyección de la música del sur del litoral Pacífico
y sus nuevas composiciones. Por otra parte, la inmersión de música
del Chocó dentro de este trabajo y, como veremos también más
adelante, en los noventa, ha sido una estrategia fundamental
dentro de la popularización de un repertorio que se proyecta como
la música del Pacífico en general. Así, es importante tomar en
cuenta los fuertes nexos rítmicos y melódicos que existen entre
los estilos musicales de la costa Caribe y el Chocó.
III.
La música del caribe en la tradición del sur de la
costa Pacífica
Los
parámetros estéticos inherentes a una industria musical, son
decisivos cuando se busca la expansión de ésta en un contexto
cultural y geográfico diferente. Para Egberto Bermúdez, el
eclecticismo es un criterio fundamental
en el uso de recursos estéticos e instrumentales dentro de
aquello que comienza a ser definido como música popular. Por lo tanto la adaptación,
transformación y síntesis se convierten en conceptos creativos
fundamentales dentro de esta industrialización de la música[xviii].
El grupo Bahía, pionero en la fusión de la música de marimba,
bajo una posición bastante práctica y ecléctica acoge elementos
musicales, simbólicos y contextuales de la música del caribe
colombiano y la música antillana en general, para popularizar sus
nuevas propuestas.
Los
elementos musicales característicos de la música caribeña son
un paradigma muy fuerte dentro de la formación de los músicos en
Cali y en el Pacífico en general desde los años veinte y
treinta. No es descabellado afirmar que muchos de los músicos de
esta región se formaron -antes o al mismo tiempo- con la música
de la Sonora Matancera y de Joe Arrollo, que con las canciones
rituales y tradicionales de sus
pueblos. Así, es posible ver que si
la música autóctona del litoral, con los arreglos de este
grupo, está dejando atrás muchas de sus propiedades
instrumentales y vocales, el esquema de la música antillana y del
caribe colombiano, es tal vez el patrón musical más fuerte que
en nuestro caso, matiza los elementos de cambio y de “fusión”[xix].
Mi
trabajo de campo durante seis meses con el grupo Bahía me permitió
encontrar fuertes nexos entre la música caribeña y la emergente
música comercial del Pacífico[xx].
Tomando la región del Caribe en su contexto global, entendiendo
los nexos que existen entre el caribe colombiano y las antillas en
general, encontramos varios puntos
de unión: 1) En géneros como el andarele y el son guapireño
existe una predisposición hacia la salsa. En este sentido, el
director musical del grupo habla de que es necesario “luchar”
contra la salsa, la cual está influenciando demasiado la
interpretación de los ritmos tradicionales y “arrasa con su
sentido musical”. 2) Encontramos movilización de las voces
entre un “estilo popular” y un “estilo tradicional”. De
esta manera, algunas canciones necesitan de una cantante y no de
una cantadora, debido a las exigencias de afinación y timbre de
ciertas canciones que buscan ante todo proyectarse bajo los
patrones estilísticos de la música comercial. 3) En la función
de los instrumentos de Bahía encontramos desplazamientos de tipo
rítmico y melódico. De esta manera, la marimba es desplazada por
el piano o la guitarra y algunas funciones rítmicas que cumplen
el bombo y los cununos, son desempeñadas por el bajo o
instrumentos de viento como el trombón y los saxos. Esta característica
aunque no es propia ni específica de la música caribeña, si es
una condición generalizada dentro del espectro de músicas
afrodecendientes que se desarrollan o se desarrollaron en
contextos de colonización y por lo tanto es un punto de unión
entre la música del pacífico y la música del caribe colombiano.
4) Los saludos o códigos sociales internos dentro de las
canciones, también son un punto de encuentro entre los nuevos
grupos del Pacífico y los conjuntos musicales del caribe
colombiano. 5) Finalmente, la métrica es también un factor
fundamental en el que ciertos patrones estilísticos del Caribe
van a definir el grado de asimilación de las canciones. Para los
músicos que no vienen del sur del Pacífico y que no han
interiorizado el metro ternario (6/8), resulta complicado
asimilarlo y no perderse de alguna manera en los estilos que le
están siendo insertados a la canción, como salsa, jazz, rap o
vallenato. Por el contrario, cuando se trata de música chocoana,
el metro binario (2/4) hace que exista un mayor entendimiento del
ritmo por parte de
aquellos que se encuentran inmersos en la música y la cultura
popular e internacional. Por este motivo, la música del Chocó va
a ser la preferida en los trabajos discográficos de grupos como
Bahía que buscan proyectarse fuertemente en la industria discográfica
y de entretenimiento.
Dentro
del contexto social de los grupos tradicionales de marimba, no
existe la noción de público como se entiende en la puesta en
escena de la música occidental y en este caso, de la música
popular caribeña. En este sentido, no hay una necesidad de
mostrarse, no hay noción de escenario. Las cantadoras cantan
mirando al marimbero y de esta manera le dan la espalda a los
espectadores, que por lo general no son considerados espectadores
con la connotación occidental. En la proyección pública de Bahía
todo gesto está anteriormente previsto y programado. Vemos además
el reflejo de una herencia caribeña en la teatralización del
repertorio por parte de los
intérpretes. En concierto, la fuerza de la escenificación está
concentrada en los cantantes. Ellos con sus gestos y baile,
acaparan la atención del público representando las canciones e
intercambiando pasos de baile llamativos, los cuales pueden ser típicos
del litoral, o coreografías
más sencillas para la gente, como salsa, merengue,
champeta, rock y rap.
Los
instrumentos por su parte también mantienen un papel muy
importante dentro del espacio escénico. Como mencionamos, los
patrones del concierto al estilo salsero, son muy fuertes en el
grupo; por lo tanto, en el escenario siguen por lo general las
pautas de comportamiento de sus grandes ídolos: Joe Arroyo,
Willie Colon, Ruben Blades, Los Van Van de Cuba, etc. Por otra
parte, hay un reconocimiento al talento individual, es decir, se
muestra al intérprete dándole espacio para que improvise e
interprete su “solo”.
Vemos
en estos ejemplos musicales y contextuales cómo existen patrones
determinados de la música bailable costeña y caribeña en
general, que se convierten en claras herramientas en la búsqueda
de reconocimiento y popularización en los grupos emergentes del
Pacífico y especialmente en
Bahía.
CONCLUSIONES
El
diálogo entre la música de las
dos costas que he querido ilustrar en esta ponencia y la
presencia de la música caribeña como un fuerte paradigma dentro
de la música popular del sur del litoral Pacífico y del Chocó,
no es un fenómeno que se restringe al panorama musical del siglo
XX; en la colonia existen claros ejemplos de los fuertes nexos
entre las culturas musícales de las dos costas. Sin embargo, en
el siglo XX la música tradicional de marimba se desarrolló
solamente en los escenarios tradicionales y folklóricos. Ahora,
tras las corrientes musicales que se han categorizado bajo el
nombre de world music, la música de marimba es reconocida y
acogida por músicos académicos o músicos provenientes del jazz
o del rock[xxi].
Dicha invisibilidad en el panorama de la música bailable y
popular colombiana, promueve su exploración a partir de las
arraigadas lógicas de la música caribeña, en su función social y su
universo simbólico y musical.
La
comprensión de los condicionamientos de la industria discográfica y de entretenimiento a partir de los
estilos musicales emergentes en el sur del Pacífico, nos lleva a
la posibilidad de ver la reinvención de tradiciones simbólicas
ante las exigencias y los parámetros que se imponen desde ésta.
En este sentido, el Caribe se convierte en un fuerte paradigma
para la música popular bailable colombiana y dicha condición sólo
puede ser comprendida a
la luz de fenómenos transnacionales, si comprendemos que lo que
actualmente identificamos como música caribeña colombiana se
encuentra totalmente perneado por los escenarios, los sonidos y
los símbolos de un Caribe abstracto y global. Por otra parte, es
fundamental reconocer que los legados de este Caribe “global,
abstracto e imaginado” se remontan evidentemente a la época de
la colonización y, aun hoy en día, siguen revolucionando
nuestras culturas musicales desde la Guajira hasta el Amazonas.
La
música caribeña y la música del Pacífico no son entonces dos
estilos que se excluyan; tal vez con la inserción de los medios
de comunicación en las provincias del litoral, la salsa, el
vallenato y la champeta han invadido
fuertemente los espacios de interacción social que antes pertenecían
al conjunto de marimba. Sin embargo, vemos que estas nuevas
orquestas no ven en su música de fusión un mecanismo de rechazo
contra la música popular; por el contrario,
la ven como una oportunidad para
un punto de encuentro con los saberes de la música
tradicional. Y la explicación a esto es que ellos mismos se encontraban -y todavía se encuentran-
sumergidos en las lógicas de la “música bailable y
comercial”. En este sentido, siguiendo los parámetros ya
conocidos del mercado y los medios, el encuentro con la tradición
es una forma de recuperar una herencia musical, convirtiéndola en
un proyecto viable y competitivo en el panorama de la música
contemporánea[xxii].
Es
necesario comprender las nuevas culturas musicales, en medio de
las cambiantes relaciones entre el sonido, los significados y los
contextos o funciones sociales asociados a ellas. Los sonidos que
identifican la tradición musical de una sociedad pueden cambiar
lentamente y asociarse a nuevos discursos y prácticas sociales[xxiii]
o, podemos también encontrar por ejemplo, discursos ligados a la
música que muy poco tienen que ver con el fenómeno sonoro en sí
mismo[xxiv].
En el caso de la música del Litoral Pacífico es necesario por lo
tanto llevar a cabo un ejercicio etnográfico que tenga en cuenta
un análisis de identidades emergentes en una época de
globalización. De esta manera es fundamental tener miradas y
percepciones auditivas alternas en donde el punto de partida ya no
sea el discurso histórico ni las alianzas territoriales; como lo
plantea Arjun Appadurai, es necesario tratar de acceder a los vínculos
imaginarios de los actores sociales[xxv]. Desde
esta perspectiva, la influencia de las imágenes mediáticas y del
mercado discográfico, son fundamentales para entender sus
procesos de creación musical y sus prácticas sociales.
Notas
[i]
Peter Wade plantea que la
historia de la costa Caribe colombiana se encuentra inmersa en
dos campos ideológicos; uno conformado por todo aquello que
evoca tradición y otro, conformado por una serie de elementos
que evocan modernidad. La ambigüedad entre estos campos ideológicos
está relacionada además con otros estigmas que se le asignan
a la Costa como ser blanca y negra a la vez; y por otra parte,
ser la tierra del relismo-mágico: territorio en donde se
encuentran a la vez lo emocional y ficticio, y lo racional y
científico (Wade, 2000: 58).
[ii]
El periodo de 1880 a 1930 fue, según Egberto Bermúdez, un
importante periodo en el proceso de transición de las
tradiciones campesinas coloniales a las tradiciones musicales
europeas, y de reconocimiento y legitimación de los llamados
“bailes de país” (1996:113). Así, durante el tiempo señalado
por Bermúdez, la
región Caribe se caracterizó por un
marcado proceso de urbanización en el que se
comenzaron a sentir contundentemente las rupturas entre el
campo y la ciudad. El nuevo repertorio urbano de la costa
Caribe colombiana contó en las últimas décadas del siglo
XIX con instrumentos como clarinetes, trombones, bombardinos,
saxofones, dulzainas, acordeones y armonios; así, dicho repertorio sería el gestor de géneros musicales tan
reconocidos actualmente como el porro, el merecumbé, el son,
el paseo y el merengue.
[iii]
Albrecht
Schneider expone
además la forma en que dicha preferencia por la música
tradicional fue desde los inicios de la industria fonográfica,
y sigue siendo hoy en día, un problema en la medida en que
promueve la explotación de los compositores folklóricos y
tradicionales. De esta manera esta música es considerada un
bien común y no hay reconocimiento real para los creadores de
dicho repertorio (Schneider, 1991: 302).
[iv]
“La creación de Discos Fuentes da inicio a la industria fonográfica nacional basada
en el repertorio de la música tropical bailable que se
empieza a imponer a través de la radio no sólo en la región
sino también en Bogotá y otras ciudades en la década de los
años 40. Así como había ocurrido en Cuba y en comunidades
hispanohablantes de algunas ciudades de los Estados Unido, se
convierte en el paradigma de la música “latina” y en la década
siguiente trasciende sus fronteras regionales y se convierte
en la música de entretenimiento y de bailes de las clases
medias y altas del país especialmente en los clubes sociales
de las grandes ciudades del país”
(Bermúdez, 2001: 19, 2000: 115)
[v]
Ver nota 1.
[vi]
Ver nota 3
[vii]
Según Peter Wade, las políticas culturales de una
nación tienen referencias espaciales necesarias: toda nación
tiene un territorio y, en el caso de Colombia una gran
variedad de identidades étnicas, culturales y raciales que
son captadas a través de una política espacial de relaciones
sociales”, esto es, “la manera como la gente piensa temas
como identidad y música está ligada a la manera como
conciben los espacios” (Wade, 2002: 3).
ver (Wade, 1997: 318).
[viii]
Cuando hablamos del formato tradicional del conjunto de
marimba nos referimos al conjunto de dos tambores cónicos de
origen africano llamados cununos, dos tambores cilíndricos de
origen europeo llamados bombos, uno o varios
sonajeros cilíndricos llamados guasás y un marimba de
origen africano con teclas de chonta y resonadores de bambú
interpretada por un tipliero en sus notas más agudas
y un bordonero
en sus notas más graves; el conjunto de marimba acompaña el
cantoresponsorial ejecutados por un cantante principal
(glosador o glosadora) y varias voces que alternan con éste y
reciben el nombre de respondedoras.
[ix]
Durante y siglo XIX y gran parte del XX, los puertos de
Cartagena, Santa Marta y Barranquilla tuvieron una importante
actividad económica. Hacia finales del siglo XIX Barranquilla
se convirtió en el puerto más importante y experimentó
importantes desarrollos tecnológicos y económicos que la haría
ser para muchos la puerta de entrada de la modernidad. Como
avances importante tenemos la construcción del ferrocarril
Sabanilla en 1871, la entrada de deportes como el fútbol, el
fortalecimiento de la industria textil y cervecera, la
institucionalización de la primera empresa urbanizadora y la
primera estación de radio llamada la Voz
de Barranquilla, entre otros (Wade, 2002: 55).
[x]
Wade, 2002: 56.
[xi]
La rumba, la salsa, el mambo y el rap, son algunos
de los géneros que procedían del Caribe y de Estados Unidos
y entrando por Buenaventura se convirtieron rápidamente en íconos
culturales de la región.
[xii]
Ver Lesi Waxer, 2000.
[xiii]
Cali es una ciudad con altos índices de producción y
consumo musical, esto se debe a que como lo plantea Lesi
Waxer, desde los 30´s y 40´s, la música grabada se convirtió
en un bien simbólico esencial en la cultura caleña. La
escena de baile en los clubes y griles nocturnos es todavía
un símbolo que identifica a los caleños. Y aunque la música
predilecta siempre ha sido la salsa, la música del Pacífico
está entrando cada vez más fuerte en estos lugares, llegando
incluso a los puntos más cerrados en su repertorio de clásicos
de la salsa (Waxer, 2000: 3).
[xiv]
Con música antillana hacemos referencia al mambo, la rumba,
el son, el merengue, el guanguancó, el bembé, la
guaracha y la salsa entre otros.
[xv]
Ver Alejandro Ulloa, 1992: 15
[xvi]
Estas orquestas cubanas estaban compuestas principalmente por
saxofones, clarinetes, trompetas, bombardinos, piano, batería
e instrumentos de percusión como congas, maracas y bongoes.
[xvii]
En el repertorio de Peregoyo
y su combo la música antillana cumplió un papel
fundamental, al igual que la música del Chocó.
[xviii]
Ver Egberto Bermúdez,
1985: 32.
[xix]
Arjun Appadurai plantea la necesidad de establecer en el
ejercicio etnográfico, una investigación densa en la cual se
ponga de manifiesto dentro de las actitudes y comportamientos
del grupo social en estudio, patrones que se derivan de una
cultura globalizada en donde los elementos que identifican
hacen parte de un mundo desterritorializado. Dentro de
los músicos del Pacífico encontramos que existe un
fuerte arraigo a la música popular proveniente de Cuba y que
desde hace más de cuatro décadas, esta apropiación musical
se ha manifestado en las expresiones musicales de la región.
(Appadurai, 1991: 19).
[xx]
Trabajo de campo para monografía de grado, Ana María Arango,
2002.
[xxi]
Actualmente vemos en los escenarios culturales de Bogotá, jóvenes
músicos que vienen de la esfera de jazz o del rock y que
ahora se encuentran interesados en la música colombiana y
específicamente la música de la costa Caribe y la costa Pacífica
colombiana, para generar nuevas propuestas musicales a partir
de mezclas estilísticas. Algunos de estos grupos son la
Mojarra Eléctrica, Curupira y Asdrúbal.
[xxii]
ver Nettl, 1980: 13
[xxiii]
Nettl, 1980: 13.
[xxiv]
Bermúdez, 1992: 66.
[xxv]
Appadurai, 1991: 9.
Bibliografía
APPADURAI,
Arjun
1991.
“Global Ethnoescapes: Notes
and Queries for a Transnacional Anthropology” .. Recapturing
Anthropology: Working in the present. G. R.
Fox (comp.) Santa Fe: School of
American Research Press.
BERMÚDEZ,
Egberto
1985.
“Algunos aspectos de la música popular contemporánea”.
Aspectos de la cultura del siglo XX. Bogotá:
Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Artes. Instituto
de Investigaciones Estéticas
1996.
“La música campesina y popular en Colombia: 1880-1930”.
Bogotá: Gaceta, Colcultura,, No. 32/33, abril, 1996,
pp113-120.
2000.
Historia de
la música en Santafé y Bogotá 1538- 1938. Bogotá:
Fvndación de Mvsica.
2001.
“El patrimonio musical del Caribe Colombiano: Una visión
histórica”. Texto inédito presentado en la Cátedra de
Historia del Museo Nacional, agosto 2001.
SCHNEIDER,
Albrecht.
1991.
“Traditional music, pop and the problem of copyright
protection”. Music in the dialogue of cultures:
Traditional music
and cultural policy. Baumann (Ed). Berlín: International
Institute for comparative music studies and documentation,
pp. 302- 316.
ULLOA,
Alejandro.
1992.
La salsa en Cali. Cali:
Universidad del Valle.
WADE.
Peter
1997.
Gente negra. Nación mestiza: dinámicas de las identidades
raciales en Colombia. Bogotá: Universidad de Antioquia,
ICAN, Siglo del Hombre editores, Uniandes.
2002.
Música Raza y Nación. Música tropical en Colombia. Vicepresidencia
de la República de Colombia, Departamento Nacional de
Planeación, Programa Plan Caribe. Traducción: Adolfo
Gonzalez Henríquez. Bogotá, Colombia.
WAXER,
Lesi.
2000.
“Hay una discusión en el barrio: el fenómeno de las
viejotecas en Cali, Colombia”. Bogotá:
III Congreso de Música Popular Latinoamericana,
agosto del 200, pp. 1- 11.
|