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El
CONJUNTO DE MARIMBA DEL SUR DEL LITORAL PACÍFICO COLOMBIANO: ENCUENTROS
Y DESENCUENTROS CON LA HERENCIA AFRICANA[i]
Por:
Ana María Arango
Antropóloga
de la Universidad de los Andes
Bogotá
- Colombia
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Ana
María Arango en el Ministerio
Foto:
Laboratorio Cultural |
Los
estudios sobre la música tradicional latinoamericana se han
caracterizado por enfocar sus análisis y perspectivas metodológicas
hacia la problematización y el permanente cuestionamiento de sus orígenes
triétnicos. En este sentido ha existido una preocupación por
determinar la herencia indígena, la ibérica y la africana, no
solamente en los estilos musicales, sino también en sus contextos y
significaciones. Evidentemente, es imposible sumergirse en los estilos
tradicionales, populares e incluso académicos de América Latina sin
tener a la vista las posibles influencias que pudo haber dejado con el
correr de los siglos el encuentro de tres culturas distintas en este
continente. Sin embargo, los estudios que a partir de 1920 y 1930 se han
preocupado por los estilos tradicionales en el Nuevo Continente, se
caracterizan por tener una relativa variabilidad y flexibilidad en el
enfoque que reciben las herencias étnicas y culturales (Béhague,
1999).
El
grado de influencia africana en la música negra de América, por lo
general, ha sido más evidente y significativa que en otro tipo de
manifestaciones sociales y culturales (Nettl y Béhague, 1973: 247). La
música y la literatura oral (poesía, cuentos, leyendas, mitos, etc)
son dos elementos fundamentales dentro de los estudios sociales de las
poblaciones negras ya que éstas, por su situación histórica en el
continente africano y en América, se mantuvieron ajenas al mundo
letrado de la cultura occidental. Por otra parte, no es una exageración
afirmar que la historia musical en América durante los siglos XIX y XX
se encuentra altamente ligada a las técnicas y modos de interpretación
musical de los afrodescendientes.
Sin
embargo, desde los conceptos y la metodología convencional de la
disciplina histórica no resulta fácil hablar de supervivencias
africanas (Kubik, 1990: 164); los mecanismos de aculturación en el
comercio esclavista fueron fuertes -y más acentuados en unos lugares
que otros-, las fuentes de documentación son escasas, y, en muchos países
del Continente Americano, la identidad negra se ha convertido en una
fuerte herramienta política que, en muchos casos, ha permeado la
actividad artística y académica relacionada con el conocimiento histórico
y las manifestaciones culturales de los afrodescendientes.
La
complejidad en la determinación de los rasgos africanos, europeos e indígenas
en las tradiciones musicales de América significa abiertamente un reto
tanto para aquellos que buscan abordar su estudio desde los saberes
especializados occidentales, como para aquellos músicos -creadores e
intérpretes- que han adquirido un compromiso con la supervivencia de
las culturas musicales locales. Este artículo, al exponer los elementos
principales de la música del conjunto de marimba del litoral Pacífico
colombiano, da un panorama general del sincretismo que existe entre la
herencia española y la africana en esta tradición musical. Así, al
ilustrar la complejidad de estos legados en la música de marimba del
Litoral Pacífico colombiano, este artículo plantea la necesidad de
abordar tales manifestaciones a partir de nuevos
paradigmas. Por lo tanto, los nuevos estudios deben trascender el
discurso hegemónico y letrado, centrándose en los procesos de creación
y utilizando las nuevas técnicas, medios y fenómenos sociales y económicos
del mundo actual como
herramientas en los procesos de recreación
de antiguos legados culturales
y en la construcción de nuevas tradiciones musicales.
Social
y políticamente, el Litoral Pacífico colombiano está dividido en dos
grandes zonas: una zona norte, que corresponde al departamento del Chocó,
y una zona sur, que abarca los departamentos del Cauca, Valle del Cauca
y Nariño. Estas dos zonas
han sufrido procesos sociales e históricos diferentes, y su tradición
musical es un reflejo de ello. Así como a lo largo del litoral las
comunidades negras tienen algunos rasgos comunes -estructuras sociales y
económicas semejantes y un medio geográfico similar-, en algunos
aspectos como la tradición oral, los cantos tradicionales, las
leyendas, las narraciones, los platos típicos, etc, estas dos regiones
muestran ciertas constantes y, al mismo tiempo, un sinnúmero de
variantes que se reflejan en su tradición musical y sus manifestaciones
tanto sacras como profanas.
La
música del Litoral Pacífico se caracteriza por tener una alta
funcionalidad en los acontecimientos
especiales y en el día a día de los pobladores de esta región.
Así, esta música se divide en los estilos que se interpretan en
contextos sagrados y aquella que acompaña las reuniones sociales,
fiestas, carnavales, y demás eventos de carácter profano. Las dos
manifestaciones fundamentales de la música profana de las comunidades
negras del Pacífico son la Chirimía,
en el Chocó, y, en el sur del Litoral, el conjunto de marimba.
Existen notables diferencias entre los repertorios de estos
dos grupos: los modos de expresión musical del sur del Pacífico, a
diferencia del Chocó, que tienen una mayor influencia europea, muestran
a grandes rasgos una evidente similitud tanto rítmica como instrumental
con la música africana (Nettl, 1973: 245). La presente exposición se
detendrá en los elementos característicos y las condiciones históricas
y actuales que acompañan el conjunto
de marimba.
El
conjunto de marimba está integrado por una marimba, dos cununos,
dos bombos y uno o varios guasás. La marimba es un
xilófono con resonadores de bambú y 18 o 24 láminas de chonta. El cununo
es un tipo de membranófono con forma cónica y tiene un sistema de
tensión por cuñas que, indudablemente, responde a uno de los
legados de África occidental. El otro membranófono es el bombo,
que es un tambor cilíndrico con dos membranas que se toca con dos palos
y que es un legado de la música de banda española de los siglos XVII y
XVIII. Finalmente, el guasá, es un sonajero de forma tubular que
probablemente proviene de la zona de Guinea, y que es el instrumento que
llevan las cantadoras para acompañar sus arrullos y cantos en general.
Como
vemos, la mayoría de los instrumentos que conforman el conjunto de
marimba son un legado
del continente africano; la marimba, por ejemplo, es un tipo de
xilófono con resonadores construido con teclas de madera de chonta,
pero su origen es africano. En África
este instrumento recibe nombres como "majimba",
"limbu" o "linda", los cuales son sufijos del idioma
de los bantúes y quieren decir objeto o instrumento musical[ii].
En África no existen marimbas con resonadores de bambú como las de
Colombia; los resonadores de las marimbas africanas son calabazas y su
forma es esférica.
[ii].
En África no existen marimbas con resonadores de bambú como las de
Colombia; los resonadores de las marimbas africanas son calabazas y su
forma es esférica.
En
su viaje hacia Europa y América la marimba africana perdió una de sus
principales características, que consistía en tener un orificio tapado
por una o varias telarañas que producían un timbre muy particular
mediante la producción de ciertos armónicos. En palabras de Egberto
Bermúdez, la posible explicación a esto es
la presencia de
este instrumento en rituales de cultos a antepasados, en los cuales la
presencia de la voz del antepasado es importante y no puede ser
directamente una voz, tanto sonora de instrumento como humana, porque
esto traería consigo la ruptura de la relación que existe entre la
persona que es el
intermediario -o chamán-, entre el pueblo y los antepasados. Así, la
voz tiene que ir disfrazada con una máscara si es humana, o con este
tipo de aparatos si es un objeto sonoro...Este aspecto ritual se ha
perdido en la marimba colombiana; sobrevive sin embargo, de una manera
periférica en la marimba de origen africano de Guatemala, ya que en sus
resonadores de cajón o tabla, existe una especie de membrana en el
orificio[iii].
La
marimba del Pacífico es interpretada por dos músicos: el tiplero,
quien percute las teclas más agudas, y el bordonero, encargado de
percutir las teclas más bajas de la marimba. Éste último sigue
en la marimba fijo y circular, mientras que el primero improvisa
y recrea en su marimba los toques tradicionales- bunde, juga, berejú,
etc-. La marimba tradicional del Litoral se caracteriza por
reproducir en sus teclas de chonta una escala iso-heptatónica[iv];
sin embargo, como veremos más adelante, tal característica de su
tonalidad ha ido cambiando.
Los
dos bombos, al igual que los cununos, se reconocen como macho y hembra pero también
son comúnmente reconocidos como bombo o cununo arrullador y bombo o cununo golpeador.
Tales denominaciones se asocian
a su función como instrumentos con un patrón fijo, o instrumentos que
tienen la libertad de improvisar. Sin embrago, no existe en la región
una convención generalizada con respecto a cuál de ellos es el que
lleva el formato libre y cuál de ellos es el que cumple un papel fijo
en la interpretación (Bermúdez, 1985).
En
el baile de marimba o currulao del sur del Litoral encontramos, entre
otros, la juga (deformación de la palabra "fuga", género
musical europeo), el patacoré, el bambuco viejo, el berejú, y el
pango. En el contexto funerario encontramos los alabaos para velorio de adulto, y
los novenarios y el chigualo para el velorio de niño[v];
además, se encuentran también unos cantos especiales para los velorios
de santos (Bermúdez, 1986: 117).
Los
versos tanto de la zona del Chocó como del sur del Pacífico tienen las
mismas características estructurales y temáticas, presentando arcaísmos
poéticos hispánicos, especialmente del romance y la décima.
Los textos de las canciones que interpreta el conjunto de marimba están
compuestos, por lo general, por versos octosílabos que se cantan
intercalados con los estribillos (Bermúdez, 1986: 119). Según George
List, en esta zona se conservan textos de canciones que hasta hace muy
poco, o tal vez todavía, se pueden hallar en algunas zonas de España
(List, 1989: 584).
Otra
característica de estas canciones es la presencia de versos
improvisados por los glosadores; sin embargo, en las interpretaciones
actuales es posible encontrar ciertos cambios relacionados con esta práctica
y, a medida que pasa el tiempo, son
menos frecuentes los glosadores; hoy en día se observa que las
cantadoras son las encargadas de la parte vocal de las piezas utilizadas
en estos contextos de baile de marimba
(Bermúdez, 1986:119). En cuanto a su temática, estos versos
representan diferentes motivos y situaciones; sin embargo el más común
es el correspondiente a la religión católica. La música que se
interpreta en los contextos religiosos presenta generalmente versos,
secciones o textos completos de romances antiguos utilizados seguramente
dentro de la educación religiosa de la población esclava durante los
siglos XVII y XVIII.
La
música tanto religiosa como profana de la Costa Pacífica en los
departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca, además
de su gran herencia hispánica en la forma y el contenido de sus
textos, se caracteriza por tener un alto grado de parentesco con las
formas africanas debido no sólo a su similitud instrumental, sino también
al color y a la escala tonal de las voces de cantadores y cantadoras en
su interpretación de cantos fúnebres -velorios y chigualos- y
cantos profanos tradicionales (Bermúdez, 1986; Friedemann, 1986:
415; List, 1989; Nettl y Béhague, 1985).
Como
lo plantea Whitten, otro
escenario en el que se desenvuelve la cultura
musical del Litoral son las salas de baile que, como lo aclara
Bermúdez, no corresponden a bailes de salón como imaginamos los bailes
europeos; con esta expresión Whitten se refiere a las reuniones
sociales de los negros, en las cuales el conjunto de marimba cumple un
papel fundamental dentro de los vínculos
sociales (citado por Bermúdez, 1999: 53).
El
grupo de marimba interpreta sus ritmos en diferentes contextos. Al
referirnos a un escenario profano hablamos del baile de marimba o
currulao, donde se ven representados el erotismo, la coquetería y los
juegos de pareja.
La
principal danza tradicional del sur del Litoral es el currulao. Su carácter
es fundamentalmente hispánico y se basa en un sutil movimiento del la
cadera. Esta danza representa el cortejo entre un hombre y una mujer. El
hombre comienza bailando mientras que la mujer con un poco de
indiferencia lo mira de reojo y mueve su cabeza de un lado a otro. Después
de que el hombre ha insistido, convence a la mujer y ésta, con un sutil
movimiento de cadera, comienza a bailar y cambia de lugar con su compañero
haciendo figuras circulares con el resto de parejas que participan en el
baile. Luego el hombre, como una demostración de su poder, fuerza y
hombría, “zapatea” -golpea el piso fuertemente con los pies-
mientras mueve los brazos y, mirando fijamente los ojos de su compañera,
la invita a que siga compartiendo esta danza con él.
Durante
casi cuatrocientos años los esclavos africanos llegaron forzosamente a
América. Fueron España, Portugal, Holanda, Inglaterra y Francia los países
que, legal o ilegalmente, participaron en la trata de esclavos y los
llevaron al Nuevo continente desde el África Occidental. Africanos
procedentes de etnias como congo, angola, lucumís, fulo, bran,
biafaras, mandingas, yolofos y fulopos fueron llevados desde los puertos
de Loanda, el Mina, Cacheo, Sierra Leona, San Tomé y las islas Cabo
Verde. Como estrategia de dominación los europeos mezclaron a los
negros de las diversas etnias, y en dichos puertos ejercieron fuertes
mecanismos de aculturación mediante la enseñanza misionera (Del
Castillo, 1982: 5, 19).
La
historia de los afrodescendientes a lo largo del continente americano,
especialmente aquella relacionada con sus manifestaciones culturales y
modos de vida, no ha dejado de ser un misterio para quienes, estando
inmersos en los paradigmas académicos occidentales, otorgan una alta
importancia a las manifestaciones letradas de cada episodio vivido por
las sociedades del pasado. Tal vez esto se debe a los pocos documentos y
crónicas existentes sobre la época, a la invisibilidad del negro en
Colombia (Friedemann, 1984: 511) y a que los pocos relatos o documentos
que hablan de los negros provienen de un discurso eminentemente blanco.
El
vacío histórico -existente en las costumbres cotidianas de los
esclavos que llegaron al Nuevo Reino, los libres y los todavía esclavos
de la República- es una brecha enorme que no ha podido resolverse por
medio de las herramientas tradicionales de la historia. En efecto, son
muchas las preguntas que nos quedan y que en un ínfimo grado nos pueden
solucionar los documentos existentes (Romero, 1998: 105). Así, la
tradición oral tiene mucho que decir. Al acercarnos a las lógicas de
la palabra cantada, dicha o recitada, el cuerpo gestual y danzante, además
del despliegue iconográfico, podemos intuir algunos hechos que marcaron
la historia de las comunidades descendientes de esclavos en Colombia
(Maya, 1998, 193); sin embrago, es necesario realizar este tipo de
estudios con mucho cuidado si se pretende hacer una lectura de cómo fue
realmente el pasado.
La
empresa conquistadora de la Nueva Granada contó con la presencia de
africanos desde un periodo relativamente temprano. Estos esclavos
llegaron por Cartagena y estuvieron presentes en la colonización de
territorios de minas como Nueva Remedios (1590), Zaragoza (1580) y Cáceres
(1576) en el Nuevo Reino de Granada (Colmenares, 1976: 299- 342). Sin
embargo, sólo hasta finales del siglo XVI, con el conocimiento de la
riqueza aurífera, el resultado aparentemente efectivo de algunas
encomiendas y las posibilidades de acceso por el camino de Cali a
Buenaventura, para establecer el comercio directo con Panamá y
Guayaquil por mar, se le prestó atención a la colonización del Pacífico
(Romero, 1995: 22).
Germán
Colmenares cuenta por qué llegaron los negros esclavos a la Costa del
Pacífico. Según él, hacia 1610 hubo una fuerte decaída en la
explotación del oro debido a que, aún cuando el oro no se había
agotado totalmente, el nivel de la técnica empleada se presentaba como
un límite insalvable. Por otra parte, la fuerza de trabajo (fuera indígena
o de esclavos negros) se deterioraba muy rápido, y los costos de su
mantenimiento se elevaban a medida que la explotación minera iba
restando brazos a la agricultura (Colmenares, 1989: 26). Estas dos
razones conducen, sin duda, a que en el siglo XVII se acentúe la mano
de obra esclava en el Pacífico colombiano. Sin embargo, ésta ya había
sido pedida desde finales del siglo XVI por la élite de los centros
mineros a la Corona Española. Según William Sharp, el auge de la minería
de oro en la zona del Chocó se dio entre 1725 y 1785, y entre 1759 y
1782 se duplicó el número de esclavos en la región (citado por
Colmenares, 1989: 131).
Realmente
son muy pocas las fuentes y documentos que se tienen sobre las
situaciones que socialmente vivían los esclavos en el periodo de
esclavitud en la Costa Pacífica. Sin embargo, existen algunos
hechos reveladores que pueden ser tomados como una luz dentro del propósito
de entender cómo se pudieron preservar algunos elementos africanos en
las costumbres y especialmente en la música de las poblaciones negras
del litoral.
En
primer lugar sabemos que en esta región,
la existencia de comunidades o individuos cimarrones fue muy poca
(Mcfarlane, 1985: 74, Palacios
Preciado, 1978: 153- 174 ; Romero, 1998: 115 )[vi].
Uno de los aspectos señalados por Mcfarlane
en su estudio sobre los cimarrones en Colombia en el siglo XVIII,
el es hecho de que los esclavos de las áreas mineras del Pacífico
estaban separados de sus congéneres de otras provincias no sólo por
las vastas distancias de terreno montañoso y difícil, sino por su
distribución en pequeñas comunidades esparcidas en amplias áreas,
hecho que obstaculizaba cualquier esfuerzo sistemático para organizar
comunidades fugitivas o para derrocar a la esclavitud.
Diego
Mario Romero plantea para la región del sur del litoral, la existencia
de un sistema económico y social en el cual se puede pensar en espacios
para los esclavos mineros, en los que era posible dedicarse a otro tipo
de actividades diferentes a la minería y en donde podría haber una
estrecha cohesión social (Romero, 1998: 106). Estos espacios
permitieron entonces la recreación de expresiones culturales como lo
que más tarde se definiría como
baile de marimba o currulao. Sin embargo, estos espacios estuvieron
presentes desde una época temprana?
Para
responder a esta pregunta existe realmente
poca documentación. No obstante, al escuchar el repertorio de la
tradición musical de estas comunidades,
podemos pensar en un tipo de integración en el que no existió
un espacio de producción cultural muy lejano de los intereses y las
doctrinas de la cultura católicadominante.
Diego
Mario Romero piensa que el poblamiento del Pacífico sur
en el siglo XVIII estaba "definido por la formación de
familias desde el mismo momento de vinculación de los esclavos a las
actividades mineras. Los esclavos se hicieron parientes más allá de la
simple reproducción biológica del grupo, siendo lo más definitivo los
reconocimientos sociales de un grupo de trabajo como integrantes de una
comunidad" (Romero, 1998: 106). Para entender las dinámicas
familiares que vivieron los esclavos es necesario despojarse de una visión
que involucre las lógicas
familiares desde nuestra perspectiva occidental, y entender estas formas
de organización desde el complejo social que estuvo determinado
plenamente por los intereses económicos de un sector dominante.
El
planteamiento de Romero, ante las diversas dinámicas grupales y de
interacción con una sociedad dominante, puede ser una luz frente al
entendimiento de las dinámicas sociales que permitieron la existencia
de algunos rasgos africanos en las expresiones culturales de las
comunidades del Pacífico centro sur como los cantos fúnebres, los
cantos sagrados y profanos y el conjunto de marimba. De esta manera,
tales manifestaciones no pueden ser entendidas por fuera de un contexto
grupal; para Romero
Las
actividades de trabajo minero y las condiciones para el sometimiento en
los grupos de trabajo y centros habitacionales o Reales de Minas,
requirieron de una fuerza de trabajo en conjuntos, en grupos,
y sobre todo, en determinados patrones uniformes de control
social, lingüístico, cultural y religioso para grupos, no para
individuos. En primera instancia, ello es una contradicción con las
pretensiones de controles individuales hacia los esclavos, puesto que se
estaba trabajando con grupos que simultáneamente aplicaba fuerza de
trabajo a las explotaciones mineras; a no ser que se aplicara una
estructura carcelaria con controles individuales a esfuerzos comunes, lo
que implicaba también de varios capataces o una fuerza de policía
relativamente numerosa, con la que no se disponía en la costa Pacífica
(Romero, 1998: 116).
Esta
posición en primer lugar, nos hace apartarnos del mito de la existencia
de caracteres musicales africanos que sobrevivieron en territorios
apartados, o en palenques que estuvieron fuertemente censurados por una
sociedad blanca represiva. En segundo lugar, nos lleva a pensar la
subsistencia y reproducción de la marimba africana dentro de un
contexto colectivo en el cual, la estrategias de adaptación permitieron
que en un medio como la selva del Pacífico, fuera posible la recreación
de antiguos códigos iconográficos, instrumentales y corporales que
cumplieron una función primordial dentro de las vivencias de
los esclavos y sus vínculos con la sociedad que los sometía.
Sólo
en la medida en que se analicen profundamente los elementos que subyacen
en las formas de la música tradicional de la zona sur del litoral, va a
ser posible de algún modo, hacer un intento por entender el tiempo en
el cual tuvo lugar la fuerte adopción de estructuras hispanas dentro de
los modos musicales de la población. El contexto religioso constituye
un escenario fundamental dentro de los mecanismos de aculturación desde
la cultura dominante, y la relación entre música y catolicismo así lo
demuestran.
Las
dinámicas de interacción social y expresión artística tradicional,
por lo tanto, tienen su génesis en los mecanismos y formas de
comportamiento que se constituyeron y se fortalecieron en medio
de patrones sociales, económicos y culturales, que desde un
principio fueron impuestos bajo un sistema colonialista y -en el caso de
litoral Pacífico- esclavista. El demonio es un elemento común dentro
en las lógicas de interacción por parte de una hegemonía católica y
las comunidades campesinas de Colombia (Ocampo, 1996: 15)[vii].
En el caso específico del Pacífico sur, en la escena religiosa, es
posible ver la apropiación
del demonio como mecanismo de adaptación y de defensa de los negros
ante la sociedad dominante, la cual por su parte encontró en la
demonización de las prácticas culturales de los esclavos, un
instrumento efectivo para su ejercicio de aculturación y dominación
(Borja, 1998: 137- 152)[viii].
Veamos
ahora desde una perspectiva bastante general, las condiciones actuales
que acompañan el conjunto de marimba en el Litoral. Esta descripción
hace parte de un trabajo de campo realizado en el municipio de Guapi
durante los meses de junio y julio del 2000. Este trabajo etnográfico,
se basó además de la observación, en entrevistas realizadas a los músicos
tradicionales más reconocidos de la región.
Tradicionalmente
el baile de marimba siempre ha estado relacionado con un contexto
profano, aunque en Guapi durante la última década, algunos músicos e
intelectuales de la ciudad han intervenido para que la marimba participe
también en las fiestas religiosas que se celebran en la iglesia del
pueblo.
Los
bailes de marimba o currulao se caracterizan por la interpretación de
todos los instrumentos pertenecientes al grupo de marimba que vimos
anteriormente: marimba, cununos, bombos y guasás. En el terreno de la
tradición religiosa, los
instrumentos de percusión -guasás, bombos y cununos- participan en los
arrullos y es posible algunas veces encontrar la participación de la
marimba; sin embargo generalmente son sólo los instrumentos de percusión
los que hacen parte de este ritual. Además, también encontramos dentro
de las dinámicas sagradas, los velorios de adultos y los chigualos, en
los que solamente se
escuchan las voces del glosador y las respondedoras.
Las
prácticas tanto en el terreno sagrado como en el profano, no pueden
entenderse en las poblaciones negras del Pacífico a partir de fronteras
muy definidas, ni tampoco pueden ser abarcadas desde las lógicas del
catolicismo occidental (Friedemann y Arocha, 1986: 402- 414). Así, es
común ver el juego y el baile, en los velorios y
arrullos de los pobladores guapireños.
El
baile de marimba tradicional por ejemplo, ha sido entendido por muchos
como un tipo de ritual. Bruno Nettl se refiere al baile de marimba o
currulao como una especie de ritual profano, una ocasión en la que
existe un contenido altamente simbólico (Nettl, 1973:155 ). Por su
parte, Whitten describe este baile como una especie de integración
social en el que se desarrollan comunicaciones personales; para él,
"el currulao proporciona un contexto expresivo que permite
que la estructura familiar y marital se reajuste cuando la necesidad lo
exige" (citado por Nettl, 1973: 155). Tal vez la observación de
Whitten no puede confirmarse al pie de la letra en las manifestaciones
sociales de nuestros días, sin embargo los relatos de los viejos así
lo indican. Según Genaro Torres,
Esa
era la música de bailar y divertirse del cristiano. Porque cuando un
canto está bien cogido... ya uno no se acuerda que se va a morir más.
Un baile de marimba que se coja bien cogido... Ave María hombre!
Nosotros bailábamos ocho días aquí con los mayores. Matábamos
puercos, gallinas, para darle de comer al que seemborrachaba y era pa´
cuidarlo porque se turnaban. Era pa´ acostarlo ahí y cuando se
levantaba venía era a comer... Bien cuidado y veníamos vuelta cogida.
No... Es que baile más alegre que este no hay... Por Dios Santo! Este
baile si es berraco, muy alegre, si señor! Ocho días bailando sabroso,
con gusto. Nada de peleas, la gente era alegre, contenta.[ix]
Los
instrumentos del conjunto de marimba son generalmente interpretados por
hombres dejando para las mujeres el canto. En Guapi y en la mayoría de
las regiones de la Costa, es usual que participen varias cantadoras como
respondedoras y que el glosador sea un hombre; sin embargo, a medida que
pasa el tiempo, los patrones van cambiando y es posible encontrar que no
existe un orden especial dentro de los cantadores. Un aspecto que sigue
siendo muy importante es el uso de un guasá por parte de los cantadores
mientras cantan y responden. Las voces y los guasás son dos elementos
que deben estar siempre unidos, y cantadora que se respete debe llegar
siempre al baile o al arrullo acompañada por
su instrumento.
La
marimba todavía suele ser tocada por los más viejos, aunque los jóvenes
demuestran mucho interés. La parte alta de la marimba -que es tocada
por el músico que recibe el nombre de tiplero-, será tocada por
el más viejo, en parte como una señal de respeto; mientras que el
acompañamiento de la parte baja-tocada por el bordonero- por lo
general está a cargo del más joven. Los otros jóvenes y viejos,
acompañantes o visitantes, se irán rotando los bombos y el cununo,
estableciendo una especie de competencia que consiste en el que más
fuerte golpee, el que mejor lleve el ritmo y el que tenga más
resistencia.
Los
acontecimientos religiosos en Guapi son un importante espacio para
preservar las formas musicales y su amplio repertorio, y para promover
la participación de los músicos dentro de las prácticas sociales, dándoles
un especial reconocimiento dentro de éstas. En el pueblo es común que
algunos de los músicos, en los días de cada santo, se encarguen de
acompañar a las cantadoras en la interpretación de los arrullos
correspondientes. Así, los guapireños desarrollan sus prácticas
religiosas con una alta participación de percusionistas y cantadoras, y
una reapropiación del terreno de lo sagrado en medio de su vida
cotidiana y en las lógicas de la calle.
Generalmente
los arrullos se interpretan por las calles del municipio y cuando es la
festividad de un santo importante, la gente sale con sus instrumentos
por el río e interpreta una y otra vez los cantos especiales de la
celebración, hasta llevar la música a otras veredas. Así, salen de la
iglesia dos comparsas, una se embarca en una canoa acompañada de
bombos, cununos y guasás, y la otra recorre las calles con los mismos
instrumentos y cantando alegremente mientras los vendedores del mercado
y la gente que va por el camino, se une al arrullo y le responde al
glosador con su voz y con su baile.
Nina
S. de Friedemann y Jaime Arocha (1986: 402- 414), señalan que ésta es
una característica general en los pueblos del Pacífico; así, en el
Litoral, al igual que en otras regiones de Colombia, las celebraciones
en honor a los santos tienden a centrarse en la población, la calle o
el río, más que en la iglesia y el sacerdote. Sin embargo, cada vez es
menor el número de personas que se suman a esta procesión y con el
tiempo ha comenzado a existir una especie de categorización dentro de
aquellos que participan en
este evento. De esta manera, aquellos
que pertenecen a las clases altas del pueblo ya no hacen parte de los
arrullos y muchas veces llevan a cabo sus ritos funerales basándose
en las manifestaciones religiosas del interior y olvidando los alabaos
y chigualos. En este sentido, son
las clases sociales bajas y
las veredas más alejadas las que muestran claramente las
tradiciones religiosas más antiguas y autóctonas[x].
Todos
los pueblos en el Pacífico celebran el día de su Santo Patrón o una
Santa Patrona; aunque existen en cada uno de ellos santos que son muy
importantes, el patrón es el más significativo y la celebración en su
honor toma más tiempo en los preparativos. En algunos municipios se
piensa que el año y todos
los eventos se divide en
antes y después del día del Santo Patrón[xi].
La
patrona de Guapi es la Inmaculada Concepción y su día es el 8 de
diciembre; día en el que hay
una elegante y distinguida celebración en la iglesia. Sin embargo, es
realmente la víspera el
momento más significativo del gran día. Para recibir a la Inmaculada
Concepción, todo el municipio se prepara; se hacen las bebidas
(guarapo, tomaseca, biche, tumbacatre), y los músicos deben estar
alerta para preparar el repertorio
-nuevo o tradicional- dedicado a la Santa Patrona.
En
las veredas se construyen las tradicionales balsadas, que
consisten en una construcción de aproximadamente tres pisos que se hace
con madera sobre unas canoas pegadas, las cuales se iluminan con el propósito
dar un hermoso espectáculo sobre el río Guapi. El piso más alto de la
balsada está reservado para el altar de la Inmaculada Concepción,
en el piso intermedio van los encargados de la pólvora
-la cual anuncia a los habitantes de Guapi la llegada de las balsadas
desde las veredas- y finalmente, el primer piso está reservado para los
músicos, las cantadoras y las personas de la vereda que hicieron la balsada.
De cada vereda sale una comisión y existe una competencia entre los
decoradores de las diferentes balsas y los diferentes grupos de músicos
que interpretan los arrullos. Al llegar a Guapi, se baja a la Inmaculada
Concepción y siguen los arrullos. Después de llegar a la iglesia los
diferentes grupos de marimba se acomodan en la plaza principal y tocan
al mismo tiempo; su meta consiste en acumular el mayor número de público.
Así, es el pueblo el que se encarga de decidir cuáles son los mejores
en percusión, marimbero y cantadoras.
Una
vez se acaban los arrullos, sigue la vaca loca; ésta consiste en
un barril lleno de guarapo que la gente debe alcanzar para llenar unas
vasijas, esquivando a una “vaca” (palo largo de madera con unos
cuernos por delante y una cola por detrás que está prendida de fuego), que es manejada por dos jóvenes. La labor de la vaca loca
es cuidar que nadie se acerque al barril de guarapo. Son los más jóvenes
del municipio los que participan y los que después llegan a sus casas
con grandes cantidades de guarapo para emborracharse durante toda la
noche -y hasta varios días- al ritmo de marimba, bombos, cununos y guasás.
Después
de comprender a grandes rasgos el contexto que acompaña la música de
marimba en el sur del litoral Pacífico nos preguntaremos por los
posibles legados del continente africano que permanecen y siguen vivos
en esta tradición musical. Es fundamental, sin embargo, pensar la música
y sus legados étnicos y culturales a partir de sus propiedades como
hecho sonoro, su dimensión simbólica y sus funciones y contextos en un
grupo social. En este sentido, los legados culturales que intervienen en
una cultura musical deben ser reconocidos en relación con la compleja
interacción entre el contenido estructural, social y simbólico del
quehacer musical.
Así,
observamos a grandes rasgos cuáles elementos podrían ser considerados
parte de una herencia africana. En primer lugar, una de las principales
características de la música africana es la alta participación
comunitaria, aún cuando en estas comunidades existen músicos
profesionales. Por otra parte, esta música también se caracteriza por
tener una estrecha relación con los acontecimientos sagrados y profanos
de las comunidades, y, por lo tanto, siempre cumple una importante función
social (Nettl, 1973: 157).
Como
vimos anteriormente, la música de marimba también es una especie de
ritual profano en el que es
complejo definir las fronteras entre lo terrenal y lo que se considera
sagrado. Sin embrago, en la cultura musical del litoral Pacífico los
cantos fúnebres, además de reflejar el fuerte adoctrinamiento católico
en su temática religiosa y la utilización de un español arcaico,
también reflejan una alta retención de rasgos africanos en el estilo y
manejo del canto responsorial. Es dentro del contexto de estos ritos
funerarios, más que en la música misma, encontramos costumbres muy
alejadas del interior de Colombia; en ésta prácticas, y sobre todo en
los chigualos (velorios de niños), nos encontramos con la
presencia de elementos como el juego y el baile. De esta manera se
reproducen en ellos constantes encuentros entre lo divino y lo humano,
el santuario y la calle, la tristeza y la alegría, el juicio y la
embriaguez. Como vemos, tanto el baile de marimba como los cantos fúnebres
y arrullos se caracterizan por hallarse en un punto fronterizo entre lo
sacro y lo terrenal, y tal característica, así como la alta
participación comunitaria en el quehacer musical, puede ser considerada
un importante legado del continente africano.
En
segundo lugar, entramos a discutir algunas de las características de la
estructura musical que se consideran parte de la herencia de la cultura,
o las distintas culturas que llegaron como esclavas al Nuevo Continente.
La riqueza del ritmo y la riqueza en los instrumentos de percusión es
una propiedad fundamental en los conjuntos y orquestas
afrodescendientes. Para
Bruno Nettl los principios formales básicos de la música africana están
en su brevedad, repetición, improvisación, variación, y en la
existencia de una estructura binaria y una compleja polifonía[xii].
Para este autor estas características están fundamentadas en la
capacidad que tienen los africanos para mantener rigurosamente el tempo
dentro de sus estructuras rítmicas[xiii].
Así, “lo más sorprendente de las formas musicales africanas es su
dependencia de unidades breves, y, en muchos casos, de técnicas
antifonales o responsoriales” (Nettl, 1973: 168).
Todas
estas características y propiedades, como vemos en los ejemplos, se
encuentran presentes en la tradición de la marimba colombiana. Para
comprender mejor el legado musical dentro de lo que podríamos llamar “memoria tonal” tomaremos como ejemplo el estudio de
Carlos Miñana sobre las marimbas del municipio de Guapi. Miñana escoge
nueve marimbas de diferentes épocas y fabricantes. Este etnomusicólogo,
en un principio, no pretende afiliarse a ninguna tradición africana
específica y, después de un exhaustivo análisis de tipo técnico,
define los posibles elementos que determinan una innegable conexión
entre la marimba colombiana y las africanas. En este sentido, el interés
de Miñana es establecer la afinación de estas marimbas para cuestionar
una posible memoria auditiva o ciertos rasgos de aculturación que
pudieron haber influido en los conceptos de tonalidad de este
instrumento.
Después
de examinar con ayuda de un afinador las
tonalidades de cada una de las teclas de todas las marimbas y
analizar los datos estadísticamente, este investigador se encuentra con
que la mayoría de éstas son iso-heptatónicas, es decir que su octava
se divide en siete partes iguales. Una vez realizado este análisis, Miñana
encuentra –siguiendo el estudio del etnomusicólogo Curt Sachs[xiv]-
que las marimbas de África, específicamente la de Uganda, tienen esta
misma propiedad. Por tal motivo, Miñana concluye que las poblaciones
negras de la Costa Pacífica han logrado conservar en su memoria
auditiva un rasgo eminentemente africano, que si, bien ha enfrentado
fuertes procesos de aculturación[xv], no obstante “se ha
mantenido con un buen nivel de fidelidad” (Miñana: 1990: 16).
Finalmente,
entraremos a discutir la última de las dimensiones que consideramos
dentro del quehacer musical de un grupo social: la dimensión simbólica.
La música de marimba está acompañada de una serie de creencias en las
que no hay una mención especial a deidades y no existe, con respecto a
los instrumentos, una
relación generalizada de poderes sobrenaturales.
La
dimensión simbólica de esta cultura musical tiene conexión con imágenes
y estereotipos pertenecientes a un periodo poscolonial. Así vemos
permanentemente creencias ligadas a la figura del demonio. Además,
existen una serie de significaciones relacionadas con el proceso de
construcción de la marimba y los demás instrumentos; para muchos, por
ejemplo, existe una relación directa entre el estado anímico de las
personas en el momento de un toque de marimba y la edad o el tipo de
animal al que pertenece la piel de los tambores. Sin embargo, tales
creencias tienen un limitado componente mágico en comparación con las
creencias religiosas y supersticiones que acompañan las prácticas
musicales, los instrumentos y los modos de socialización en países
como Cuba, Brasil y República Dominicana, entre otros.
Es
importante señalar, sin embargo, que los estudios de los elementos simbólicos
en las prácticas musicales del Litoral y, específicamente, del grupo
de marimba, son realmente limitados y prácticamente inexistentes. Por
tal motivo es necesario proponer nuevos análisis que mediante el
trabajo de campo, puedan llegar a comprender las relaciones míticas y
simbólicas que subyacen en esta
práctica social y musical.
Después
de comprender a grandes rasgos la cultura musical del Pacífico y su
relación con legados del
Continente Africano desde la música en sí misma y su componente social
y simbólico, podemos decir, en primer lugar, que éstos tres elementos
tienen fuertes nexos y dependencias entre sí, y, en segundo lugar, que
es realmente imposible establecer los legados del quehacer musical de
este continente desde rígidas fronteras y desde los parámetros que se
desprenden a partir de la
tradición letrada y académica.
La
música de los negros a lo largo del continente americano se caracteriza
por constituirse como un sistema de expresión cultural y de comunicación
en el cual convergen una serie de convenciones y recodificaciones
creados por individuos que
tuvieron que adaptarse a una dinámica esclavista, nuevas formas de
socialización, y diferentes estrategias de apropiación y dominio del
entorno natural. Como vimos anteriormente, las dinámicas en las que se
moviliza la música en el sur del Litoral Pacífico son una combinación
de la cultura católica totalmente correspondiente a la dinámica
esclavista, y ciertos elementos que pueden reconocerse como africanos.
Sin embargo, los límites entre tales elementos culturales son muy difíciles
de determinar.
En
primer lugar, la influencia externa no es un fenómeno reciente en la música
africana. Esta música comparte ciertos rasgos con la música europea,
lo cual indica quizás la experiencia de un periodo de contactos hace
muchos siglos. También es probable el contacto con Indonesia, Cercano
Oriente y la India. Los xilófonos, por ejemplo, probablemente provienen
de Indonesia, o, tal vez, esta cultura musical influyó en la dirección
que ha seguido la evolución de los xilófonos y su interpretación en
África (Nettl, 1973: 160). Como lo plantea Nettl,
“la música africana se encuentra actualmente – y
probablemente ha sido así hasta cierto punto- en un estado de
transformación , y es difícil, tal vez inútil, tratar de aislar
elementos que no han variado. Antes, al contrario, nos corresponde
observar los cambios a
medida que ocurren, pues este es el método adecuado para estudiar la música
como un fenómeno vivo” (Nettl, 1973: 181).
Por
otra parte, es importante resaltar la perspectiva de Nettl ante los
problemas de aculturación musical tanto en el continente africano como
en América. Para él los elementos musicales que se mantienen ante un
choque cultural, como el que implicaron la colonización y la trata
negrera, son aquellos de la música africana que están muy
desarrollados pero que tienen, a la vez, una forma análoga con la música
europea. Así, según este etnomusicólogo, los elementos africanos que
se encontraron estaban, hasta cierto punto, en la música tradicional
y popular europea. ( Nettl y Béhague 1973: 230, 231;
Béhague, 1980: 240- 243).
Este
argumento tiene sentido si, como propone Fernando Ortiz, establecemos
una analogía entre el hecho musical y la esfera ritual y el mundo de
las deidades de africanos y europeos. Como sabemos, muchos de los santos
que aún hoy en día se adoran en Cuba corresponden a una deidad
africana y a la vez a un santo católico; es decir que son al mismo
tiempo santos y orishas. Esta consolidación ideológica fue posible
porque en el esquema de pensamiento africano existían también
diferentes figuras sagradas a las que había que adorar, al igual que en
la adoración de los santos del pensamiento católico (Ortiz, 1965:
108).
Nos
encontramos entonces frente a una gran dificultad para determinar la
herencia africana y, por lo tanto, es
importante acercarse a estos fenómenos musicales bajo la noción
de sincretismo. La música religiosa, por ejemplo, tiende a estar más
cerca de los estilos africanos que la profana; sin embargo, los
contextos religiosos afroamericanos sólo pueden ser entendidos como
manifestaciones sincréticas que surgen a partir de largos procesos de
adaptación y aculturación (Nettl y Béhague, 1973: 231).
Finalmente,
como lo plantea Kubik, es fundamental comprender que la esclavitud y la
colonización anestesiaron a los individuos hasta el punto en que
realmente no es fácil hablar de una memoria de los rasgos culturales
africanos. Existen, por lo tanto, condiciones psicológicas asociadas a
caracteres africanos que se encargan de construir un África imaginada a
partir de rígidos estereotipos. En este sentido, es importante entender
que ninguna cultura musical se encuentra absolutamente estable en la
historia, y la adopción de instrumentos africanos en los estilos
musicales que responden a las enseñanzas de un periodo colonial, es un
ejemplo de ello (Kubik, 1990: 164).
Todas
las razones que se ponen sobre
la mesa para ilustrar la complejidad de establecer rígidas fronteras en
los rasgos africanos, europeos y
prehispánicos en el Nuevo Continente, no pretenden en ningún momento
menospreciar los esfuerzos por seguir las huellas de un legado común en
las culturas musicales africanas y afroamericanas. Por el contrario, la
pretensión de esta exposición es plantear la necesidad de generar
nuevos paradigmas y formas de acercamiento a tales legados. Por tal razón
quiero concluir con una propuesta: los
legados de las antiguas culturas musicales deben comprenderse
desde la interacción y creación de nuevos vínculos musicales,
generados por aquellos que interpretan en sus prácticas cotidianas la música
ancestral que se recreó con la llegada de los esclavos al continente
americano. Por tal motivo, es sólo mediante el encuentro de estos
legados musicales, la improvisación y la generación de nuevas
posibilidades sonoras, contextuales y simbólicas, que se le da vida a
la música. Realmente es ésta la forma de lograr un verdadero
acercamiento con un legado común y con una esencia unificadora entre
quienes permanentemente recrean el orden sonoro, social y simbólico de
una ilimitada herencia africana.
Notas
al pie
[i]
Esta ponencia fue presentada en el Museo Histórico de Luanda-
Angola en el marco de conferencias del taller Odantalan, el 3 de
abril de 2002.
[ii]
Como lo señala Kubik, la
palabra marimba está asociada con los dialectos bantú. En
Mozambique y Malawi a este instrumento se le denomina “malimba”;
en Zambia se le llama
“silimba”, y los Sena la Malawi le dicen
“valimba” o “ulimba”. En
Angola y sur de Cameroon
se le denomina “marimba”.
En el este de África los instrumentos
llamados “marimba” son muy distintos (Kubik, 1989: 682).
[iii]
Conferencia sobre la música del Pacífico dictada por Egberto Bermúdez
en la Biblioteca Luis Angel Arango, Banco de la República, Bogotá,
1985.
[iv]Es
decir, que una octava se
divide en siete sonidos separados por intervalos
iguales (Miñana, 1990: 16).
[v]
Según List los
participantes del gualí interpretan cantos de juego, romances y décimas
junto con instrumentos musicales. Para este autor es interesante que
en esta región, por ejemplo, la canción de juego “el folrón”
es interpretada tanto por los niños en sus juegos, como por los
adultos en los velorios de niño. Además el modo en que esta canción
se interpreta, es el mismo dentro de los dos contextos y el mismo de
la Costa Atlántica (List, 1989: 578).
[vi]
Diego Mario Romero afirma que “ en la Costa Pacífica, aunque no
existieron intensivas fugas de cimarrones que hubieran producido
Palenques, fueron importantes los intentos exitosos de palenques en
el Castigo, en Nariño, y el famoso caso de la comunidad de negros y
zambos de Esmeraldas, al sur de Tumaco en la costa ecuatoriana...”
(Romero: 1998: 115).
[vii]
“Las leyendas sobre el diablo negro con cachos y cola son muy
frecuentes en Colombia: los pactos con el diablo, Satnás y el
Puente del Común, el demonio y la campana de Fómeque, el espeluco
de las, Meicuchuca y la serpiente, el venado de oro y otras. En
algunos casos las leyendas cuentan las triquiñuelas de los hombres
para deshacerse de los pactos diabólicos” (Ocampo, 1996: 15).
[viii]
Los
relatos que existen en torno a la forma como se relaciona el demonio
con la marimba son diversos. En efecto, podemos encontrar relatos
que cuentan que existió una especie de demonización de la marimba
por parte de algunos representantes del catolicismo para alejar a
los negros de sus bailes y celebraciones, pero al mismo tiempo también
encontramos que existe una apropiación directa del demonio: se lo
presenta como aliado, competidor e incluso maestro en el arte de la
marimba.
Uno
de los relatos más populares que cuenta la prohibición del toque
de marimba por parte de la iglesia es el de el padre Jesús Mera.
Francisco Tenorio, marimbero y fabricante de instrumentos en Tumaco,
cuenta que el padre Mera emprendió una fuerte campaña -por
Barbacoas, por todo el río Patía, por Chaguí y Salahonda- para
que las marimbas fueran lanzadas al río, ya que éstas y sus bailes
eran la representación del demonio. Al mismo tiempo Francisco Tenorio relata cómo el marimbero
Francisco Saya del río Chaguí, llegó a convertirse en el
marimbero mayor, después de retar al demonio en un toque de marimba[viii].
En Guapi la presencia del demonio fue en otros términos. Veamos el
relato de Genero torres, músico marimbero e hijo del difunto
marimbero José Torres.
Estaba
mi papá haciendo una marimba y cuando eso, vio un hombre que venía
aquí por la orilla. Estaba yo muchachito... Y estaba mi papá
tocando y el hombre llegó. Entonces mi papá voltió a ver y vio el
hombre en el río y no fue cuento que se le vino saltando. Un hombre
larguito, guachoso, con un sombrero. Entonces le dijo mi papá
“buenas tardes amigo, cómo le va?” Dice mi papá “bien amigo
y usted cómo viene?” (Porque nosotros somos tratables)
“nosotros aquí, con ganas de trabajar”, y el hombre voltió y
le dijo “ah si ... señor”.
En ese momento yo le llevaba el agua a mi mamá, cuando en eso llegó
el hombre y comenzó a tocar...Mi papá le dijo “yo le doy al bordón”
y el hombre le contestó “si, dele al bordón” y comenzó a
tocar. Pero en eso vino mi papá y cuando él repicó la marimba se
le cayeron los tacos a mi papá de la mano. Entonces llegó mi mamá
y dijo: “bueno, y ese hombre que está allá quién es?”...Y eso
al hombre ya no le gustó y cuando mi papá lo buscó el hombre se
fue, se desapareció. Era el diablo; Remigio Garabato. Le enseñó a
mi papá a tocar. Entonces otro día volvió y se cogieron a tocar
pues. Entonces se le cayeron los tacos a mi papá de la mano.
Ah! Y le dijo el hombre: “usted está tocando con nervios
no?” Y llegó y lo sobó a mi papá y uh...! Carajo! Y se quedó mi papá tocando... Que de ahí no tocaba
más gente de ahí pa´ allá. Y aprendió con él... con el enemigo
malo. Le sobó las manos y ya no se le cayeron los tacos nunca más
hasta que se murió mi papá.[viii]
Otras
leyendas acompañan el encanto y la magia que guarda la marimba. Las
teclas de la marimba, se obtienen de la palma de chonta, que es la
palma del chontaduro. Desde que se busca la chonta para hacer el
instrumento, un serie de conocimientos y técnicas suficientemente
complejas, acompañadas de seres sobrenaturales, caracterizan no sólo
su construcción, sino su ejecución.
[ix]Testimonio
de Genaro Torres (músico marimbero, hijo del legendario
marimbero José Torres). Guapi,
vereda Sansón, junio
del 2000.
[x]
En el mes de junio del 2000, tuve la oportunidad de asistir a un
entierro en una vereda de Timbiquí. Allí pude presenciar la
importancia del glosador en el canto de los alabaos y
la alta participación de la comunidad campesina. A diferencia de lo
que viví en Guapi, pude ver que estas comunidades existe una mayor
retención en la tradición de los velorios y su herencia musical.
Estos campesinos cantaron toda la tarde del día anterior y toda la
noche; a mi llegada,
sus voces estaban desgastadas y casi todos habían bebido grandes
cantidades de aguardiente.
[xi]
Este es el caso de
Quibdó en donde el Patrón es San Francisco de Asís
y su fiesta es una de las más importantes y significativas
de Colombia ya que sus preparativos son múltiples y todos los
habitantes se comprometen, llegando a hacer comparsas tan coloridas
y abundantes como las del Carnaval de Barranquilla.
[xii]
Bruno
Nettl asegura que "en la mayoría de las culturas musicales
africanas se encuentran variadas características que son las que
otorgan peculiaridad a la música africana. 1)Los instrumentos son
numerosos; se utilizan por separado, como acompañamiento para el
canto, y en pequeños conjuntos. 2) Se tiende a simultanear por lo
menos dos expresiones musicales; de ahí que la polifonía esté muy
extendida, que sea común la ejecución de polirritmos
por conjuntos de percusión, y que incluso los ejecutantes de
instrumentos sencillos, como son el arco musical y la flauta,
consigan manipulando los armónicos que produce el arco o tarareando
al mismo tiempo que soplan, crear dos hechos musicales simultáneamente.
3) El sonido de la percusión es evidentemente el ideal;
instrumentos de percusión como el tambor, los xilófonos, las
sonajas, etc., con importantes, pero incluso en la utilización de
los instrumentos de viento que se tocan en grupos y cada uno de los
cuales producen solamente una nota, parece estar presente el
principio de la percusión, y del mismo modo los instrumentos de
cuerda de punteo, son mucho más numerosos que los de arco. 4)
La estructura melódica está dominada por la variación y la
improvisación sobre
motivos melódicos cortos. 5) Hay una estrecha relación entre
lenguaje y música. 6) Las melodías están construidas con segundas
mayores y terceras menores. 7)La música está asociada con la
danza, incluso más que en otros lugares. 8)Quizá lo más
importante es que hay una tendencia hacia el dualismo: así, las
melodías constan con frecuencia de dos frases; frecuentemente, la
interpretación corre a cargo de un solista y un coro; la polifonía
está habitualmente estructurada de forma que hay dos partes o
grupos de vocalistas o instrumentos; y hay a demás otros aspectos,
evidentes o sutiles que permiten descubrir la naturaleza
fundamentalmente binaria de esta música" (Nettl, 1973: 156).
[xiii]
Esta habilidad es denominada “sentido metronómico” (ver
Nettl, 1973: 174).
[xiv]
The wellspring of music, Da
Capo Press, Nex York, 1962, pp 228.
[xv]
Según el análisis de Carlos Miñana , la marimbas más nuevas en
las poblaciones negras del litoral Pacífico, están cada vez más
cercanas a la escala cromática occidental.
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